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El e-diógenes 21 mayo 2007

Publicado por en Reflexiones personales , trackback

El síndrome de Diógenes tradicional se manifiesta en su etapa temprana por el hecho de que el individuo comienza a acumular utensilios con la excusa de pueden ser útiles en el futuro. Se compra un televisor nuevo y conserva el viejo para sacar de él piezas de repuesto, se compra una cazuela nueva y conserva la vieja por si pudiera reaprovecharla como recipiente ante eventuales goteras…

En un principio tiene la sensación de estar contribuyendo al medio ambiente y disfraza su conducta maníaca de reciclaje responsable. No consiente que se produzcan nuevos bienes para cubrir necesidades que se pueden cubrir con los utensilios que él va acumulando.

El problema es que tarde o temprano acaba acumulando los utensilios de otros. Un buen día pasa junto a un contenedor y se queda maravillado ante una mesita camilla que él no necesita, pero que sin embargo no concibe que haya sido relegada al olvido.

Una vez que empieza a adquirir el hábito de mirar en los contenedores acaba definiendo su propia ruta, que recorre como quien pasea por un mercadillo en busca de cosas que llevarse a casa. A diferencia de los mercadillos tradicionales, la satisfacción de adquirir algo no consiste en la sensación transgresora de haber gastado en algo que no necesita, ni en lo bien que ha sabido negociar el precio. La satisfacción consiste en sentirse especial por apreciar la valía de cosas que otros, ignorantes ellos, no han sabido apreciar.

Lo que en un principio comenzó como un reciclaje responsable, acaba degenerando en la instalación dentro de casa de un vertedero ilegal en toda regla. La supuesta utilidad de los utensilios guardados acaba perdiéndose por completo en el momento en el que es imposible acordarse de todo lo que se tiene y encontrar algo es como buscar una aguja en un pajar.

Nuevas formas de vida implican necesariamente nuevas enfermedades tanto físicas como mentales. Por algún motivo que desconozco nos resulta muy fácil percibir que una situación tal es indeseable para cualquiera, pero somos totalmente incapaces de verlo igual de claro cuando lo que se acumula son datos.

Que levante la mano, de un paso al frente y me tire piedras el que no conozca a alguien con problemas de espacio en su ordenador causados por acumulación de datos recolectados de internet.

Además cuando nuestro amigo nos lo cuenta sabemos casi con certeza que algunos de esos datos recolectados de internet tendrán un copyright que está siendo violado. ¿Cómo puede asegurar alguien con 100 Gbytes música y películas que tiene derecho a mantener copias de seguridad de todo? ¿Cuánta gente lleva un inventario riguroso de todo lo que compra o se preocupa de bajar sólo material libre en las redes P2P?

Con el software privativo ocurre aproximadamente lo mismo, aún cuando se haya comprado de forma legal, uno acaba guardando originales y copias incluso años después de que el software quede totalmente desfasado por la salida de nuevas versiones. Al fin y al cabo este software es un bien que se debe conservar por si acaso nos sirve en el futuro.

Es precisamente en este escenario en el que ha surgido espontáneamente un nuevo personaje que yo llamo el e-diógenes (diógenes digital). Se trata, en efecto, del equivalente digital al diógenes tradicional.

Una de las posibles soluciones para que el fenómeno no prolifere consiste en cambiar el concepto de qué es un bien. Lo primero es reconocer que existen dos tipos de bienes: los individuales y los colectivos. Los individuales son los que acumula el diógenes tradicional y se caracterizan porque el disfrute de los mismos corresponde a una única persona. Los bienes colectivos son los que puede disfrutar cualquiera por el hecho de ser persona.

Entre los bienes colectivos podemos mencionar: recursos naturales, infraestructuras construídas con fondos públicos y sobre todo ideas. Las ideas son un bien colectivo y ello no implica ningún problema, dado que se pueden duplicar a la velocidad con la que se comunican.

Si uno considera un material digital como un bien colectivo (similar en cierto modo a una idea) no tiene la necesidad de guardarlo. Si el material digital no fuese un bien en sí, sería posible hacer repositorios libremente accesibles donde todo estuviese catalogado y ordenado (no como en los vertederos caseros de los diógenes tradicionales). No sería necesario aprovechar un descuido de nadie para realizar el acto ilegal de duplicar el bien y guardar una copia por si la necesitamos en el futuro no tendría ningún sentido.

El síndrome de diógenes digital va íntimamente ligado a las licencias privativas. Mientras tanto los fabricantes de medios de almacenamiento se frotan las manos al ver la evolución del ancho de banda de las conexiones a internet, porque saben que sus ingresos serán tanto mayores cuanto mayor sea el caudal de datos que viaja hacia los ordenadores de los e-diógenes. El CEO de Seagate Bill Watkin afirmaba el año pasado: Let’s face it, we’re not changing the world. We’re building a product that helps people buy more crap and watch porn. Don’t forget pirating media.

Los e-diógenes necesitan discos duros más grandes y no nos parece ninguna barbaridad, aunque sí nos lo parecería si un diógenes tradicional quisiera comprarse una casa el doble de grande para poder almacenar todo cuanto ha recolectado.

Volviendo al origen del mal, no se puede obligar a los propietarios de los derechos de explotación de los materiales digitales a que conviertan en bienes colectivos sus materiales para que puedan colocarse en repositorios públicos, sin embargo podemos hacer propuestas para que en el futuro todo el mundo se replantee el concepto de qué es un bien:

Sin variar en nada el marco legal actual, la capacidad de disfrutar un material digital podría ser un bien aunque el material en sí no lo fuera. Hace tiempo que muchas empresas trabajan sobre esta última premisa: permiten la distribución de materiales digitales pero exigen compensación en caso de querer disfrutarlos.

Comentarios

1. Angel - 25 mayo 2007

Hola Abel, post interesante que invita a la reflexión.

Creo que cualquier disco duro está preparado para crear el síndrome de e-diógenes; es sólo cuestión de tiempo que el disco se llene y no se consiga encontrar nada (excepto lo más reciente). Esto es debido, principalmente, a que la estructura de almacenamiento del disco duro (carpetas, sub-carpetas y archivos) está basada en un almacenamiento físico (por ejemplo de libros, un libro debe estar en una subcarpeta).

Sin embargo Internet está preparada para que no se tenga el síndrome de e-diógenes, ya que todos los recursos que nos interesen se pueden organizar por enlaces, por tanto en Internet organizamos enlaces a recursos, pero no los almacenamos (ya que si lo descargamos va al disco duro).

Salu2

2. Marco - 7 agosto 2007

Hola Abel,
Todo comenzó con las pilas de diskettes, luego fueron CD’s, DVD’s, discos duros extraibles… es el afán por el coleccionismo, la inútil acaparación. Todo un vicio si no llega a ser una enfermedad