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Panorama educativo noveldense en el XVIII

Por lo que se refiere al panorama educativo, a principios de siglo, la educación seguía siendo considerada como un lujo al alcance de quien pudiera permitírsela, y las niñas quedaban excluidas. Hacia 1742, Novelda tenía 2 maestros: uno para primaria (Tomas Ayala) y otro para gramática que sería nuestra secundaria (Baltasar Penalva). En vista de la bancarrota del Ayuntamiento del año 1742, ambos acumulaban retrasos en sus sueldos de incluso un año, pero no son algo excepcional, ya que otros llegaron a tardar 5 años en cobrar sus honorarios. Muchos de estos maestros eran presbíteros, por lo que su llegada suponía “una misa más” para la población.

La enseñanza en estos momentos se basaba en 4 ejes fundamentales: doctrina cristiana, la lectura, escritura y aprender a contar en primaria, y la gramática latina en secundaria, ya que era la lengua utilizada en las universidades. Para continuar sus estudios universitarios, los noveldenses solían hacerlo en las universidades más próximas a la localidad: Gandía y Orihuela.  En cuanto a los maestros, accedían a la condición de enseñantes tras superar una breve prueba, tras lo que la Hermandad de San Casiano les concedía el título. Esta pertenecía a la Corte, y tenía jurisdicción en todo el territorio desde su creación en 1643.

Con la llegada de los borbones, se reforzará la influencia del Estado que empezará a asumir competencias que hasta entonces solían estar derivadas en la Iglesia, como la educación. Y es que muchas escuelas estaban en manos de la orden de los Jesuitas, cosa que cambiará con su expulsión en 1767. Estas escuelas se quedarán sin maestros, por lo que el estado de Carlos III  tendrá que hacer una reforma educativa para secularizar la educación con los llamados “maestros de primeras letras”. Claro que al ser funcionarios, el centralismo borbónico les obligará a impartir las clases en castellano.

Y decimos esto porque la lengua mayoritaria en la Novelda del setecientos era el valenciano (o catalán, según se quiera ver). Por eso se intentó cortar de raíz instaurando el castellano en los primeros niveles educativos. Pero no todo será represión, pues habrá también una preocupación por el absentismo escolar, sancionándose el hecho de que los niños no asistieran al colegio, ya que el absentismo era algo muy extendido.

Otro punto importante será en 1783, cuando se iniciará el proceso para incluir a las niñas en el sistema educativo por orden del obispo de Orihuela, Josep Tormo.  Pero surgirá un problema con quien pagaría los gastos de la nueva Casa de Enseñanza para Niñas, y se acabará pidiendo que lo haga la marquesa Margarita Sureda, la esposa del señor de la villa. Gracias a ella, se creará la primera escuela para niñas de Novelda, del sur de Valencia y de las primeras en todo el estado. Es curioso que las dos maestras contratadas cobraran lo mismo que sus homólogos masculinos, cuando lo habitual era que cobraran poco más que la mitad, por lo que estamos ante una situación de igualdad inusual para la época. El nuevo colegio se ubicará en el antiguo hospital de San Diego.

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