La carta a Felipe II

 

Comentario de la carta:  (Referencia de José de Arteche, escritor e historiador)

Aguirre, después de premeditarlo largamente, aseguró la llegada del original de esta carta a su destino entregándola al sacerdote Contreras, cura de La Margarita, a quien puso en libertad después de exigirle juramento solemne de llevarla en propias manos a la Audiencia Realde Santo Domingo. Contreras, aunque rehusó al principio comprometerse por juramento, accedió más tarde a jurar, y luego cumplió lo prometido.

El original de esta carta, el que estrujaron las reales manos, trémulas por la cólera, de Felipe II, no se conserva. Pero Aguirre tubo buen cuidado de sacar copias de su misiva, por lo que en sí mismo suponía, y también, por lo que comprometía a los marañones a quienes enumera en ella. Es inútil que fray Pedro de Aguado en su “Historia de Venezuela”, que constituye algo así como la historia oficial de la expedición de Ursúa, rehúse insertar esta carta en su obra “por ser demasiado atrevida y desvergonzada”. La misma inaudita singularidad del documento hizo que estas copias se multiplicasen profusamente y fuesen leídas en América con la avidez que la misma clandestinidad asegura. Fray Reginaldo de Lizarraga, en su “Descripción breve del Perú”, alude al estilo de Aguirre con un elogio indirecto: “No trato de las cartas que dicen escribía a Su Majestad el Rey nuestro Señor; algunas vi en pedazos, llenas de mil disparates, aunque daba algún poco gusto leerlas, por sólo ver el frasis, que no se quien se lo ensefló”. Lizarraga comprende que, en una obra destinada a pasar por la censura oficial, el manifestar que leyó entera la carta de Aguirre es excesivo; por eso declara haberla leído “por sólo ver el frasis” y en pedazos, pero la leyó, y, además, a gusto. Hay sentimientos imposibles de disimular.

La carta de Aguirre a Felipe II, además de sucinta autobiografia, es una critica a fondo de la administracion colonial desde el punto de vista del soldado aventurero puesto a raya por aquella.No cabe duda de que Aguirre exagera los abusos, pero también es indudable que sus denuncias encierran una buena parte de verdad. Detrás de toda guerra, una muchedumbre de razones se agazapa.

Lope traduce en su carta el cansancio, las críticas, y en cierto modo, la exasperación de muchos hombres de su tiempo.

Pero lo más sorprendente de esta carta, lo que aseguró su traducción a otros idiomas y su difusión por Europa , es el lenguaje de increíble audacia con que Aguirre osa dirigirse a Felipe II, el monarca más poderoso del mundo. Lope de Aguirre se dirige a la sacra real majestad de Felipe II, el sombrío emperador del Orbe, no ya de igual a igual, sino como a “menor de edad”. Ningún hombre, sin duda, se atrevió a decir a Felipe las crudas verdades que Lope de Aguirre le escribió con tan salvaje y tan bella potencia estilista.
Al absolutismo del Rey, el Calvino de los conquistadores opone su propio absolutismo. A la intangible grandeza de la persona del Rey, el emigrado vasco opone su propia nobleza ultrajada.

Aguirre aparece todo entero, tal como era, en este documento impresionante, mezcla extraña de grandeza, de petulante megalomanía, de cinismo, de audacia, y, al último, de humildad. Pero en el conjunto brilla, sobre todo, su capacidad de juicio acerca de una determinada situación política.

El bellísimo y patético final de la carta, lleno de sonoras cadencias, inspira simpatía hacia su autor. Cuesta mucho admirar, si es que se puede admitir, que un hombre que con tal sentimiento se expresa, tuviese por oflcio el de “domar potros ajenos, y quitarles los resabios” que el cronista Vázquez le asigna. Podrán los cronistas acumular sobre Aguirre toda suerte de acusaciones, pero no cabe duda que el autor de semejante carta, obra maestra del género epistolar, posee personalidad, hay en él algo más que un asesino.

El caudillo marañón añade a su firma un extraño calificativo: El Peregrino. Aguirre ya no se apellida Traidor, ni Fuerte Caudillo, ni Ira de Dios, ni Príncipe del Perú y Tierra Firme, es algo aparentemente mucho más humilde: es El Peregrino. Aguirre, hombre sacudido por instintos elementales, cuya naturaleza ha roto el acuerdo entre la sensibilidad y la conciencia, nos descubre los abismos de su alma. Sabe que no puede conmover, pero se apiada de sí; en este momento no se acuerda de sus víctimas, se acuerda de sí mismo. La declaración cínica de su rebeldía y su manía persecutoria se resuelven en honda amargura. Presiente que le quedan pocos días de vida y repasa su vida: El Peregrino, resume en este califacativo su existencia entera. Toda su vida no fue otra cosa que peregrinación sin objeto; su ideal estaba demasiado alto. Es un hombre que se autocalifica como extraño,fuera de serie. Lope de Aguirre llama a su propio corazón. Nunca sabremos qué le contestó en aquel trance. El hombre que Lope era en el momento que dictaba ese singular apelativo saludaba tristemente al Lope que podía haber sido y no fue. Lope de Aguirre gime añorando otra cosa mejo, que ya, por desgracia para él, es inaprehensible.

 

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Como sabemos, el capitán, Lope, se rebeló contra los reyes de España, para convertirse en el primer revolucionario en contra de la colonización española. Sus doscientos hombres, a los que llamaba marañones, eran tan aguerridos y sanguinarios como él, cuya ira desbordaron a su arribo a las costas de Margarita en julio de 1561. Aquel día las campanas de la iglesia de Paraguachi informan del arribo de una embarcación española que ondeaba 2 banderas negras. Nada más bajar de sus canoas, el cura fue capturado y la mayoría de la gente confinadas en la iglesia. Lope exigió torturar a los hombres para que informaran el lugar donde enterraban sus riquezas, mientras que sus hijas y esposas eran violadas por los marañones que se apoderaron de la costa. Apenas pocos lograron huir hacia el cerro Guayamurí para llegar a La Asunción.

Según dicen, como rehén, Lope, apodado, la ira de Dios, llevaba algunos curas de la isla, y que luego arrojó en alta mar para que su Dios lo llevara hasta la orilla. En ese momento estaba el cura de la iglesia de Paraguachí, la primera edificación en su tipo en Venezuela, y que en su arrogancia de dejar una señal de su presencia en la isla, Aguirre, hizo incrustar en las paredes de la iglesia una lujosa vajilla de cerámica china finamente garabateada en atractivos colores y diseños. Luego esa curiosidad constituyó una atracción para los visitantes de ese recinto religioso, hasta que desaparecieron misteriosamente un día.

El asesinato de sesenta y cinco españoles, tres sacerdotes, cuatro mujeres, y el desacato se le atribuían a la autoridad del Rey de España. El 27 de octubre de 1561,  apuñala a su propia hija de nombre Elvira, para que no se convirtiese en “puta y ramera de todos”, como lo gritó al momento de introducir el filoso puñal en su corazón (con este hecho queda más que claro que el uso y costumbre de la época era la vejación de cautivas por parte de la tropa). Ante esta horrible escena, 2 marañones lo matan de dos disparos. Pero era tan bravo que dijo “mal tiro” cuando el primer disparo de arcabuz le abrió un surco en el pecho sin herirlo de muerte; un segundo después, exclamaría al segundo disparo: “pero este sí que es bueno”. Su cabeza cortada con su propia espada, fue expuesta en una jaula de hierro en Tocuyo, para que la gente viera la cabeza de la que brotaban “tan perversas maquinaciones”. Su mano derecha fue enviada a Mérida y la izquierda a Valencia. El resto del cuerpo fue echado de comer a los perros hambrientos.

Entonces, las cuatro banderas que usó él durante sus travesias fueron dos negras, una amarilla y otra azul. Todas con dos espadas cruzadas y la leyenda “Sigo” fueron tomadas como botín de guerra; una negra fue expuesta en Tocuyo junto a la cabeza de Aguirre; la otra negra se guardó en Barquisimeto; y la azul y la amarilla fueron colocadas sobre la tumba del padre de Lope de Aguirre en la iglesia de Santa María. La ira de Dios, como lo llamos fue un guerrero complicado y temerario, cruel con los vencidos, pero no más cruel que los que los usos y costumbres de la época aconsejaban, la carta de rebeldía enviada al Rey es un grito de justicia con ecos en la historia.

Dice Fray Pedro de aguado: …….comunicado y tratado cuál sería la mejor orden y el mejor medio y más breve que para efectuar su guerra y sujetar el Pirú se podría tener; y después de haber hecho muchas juntas y consultas sobre ello, y dado a todos sus pareceres, se vinieron a resumir en que la orden que para ello se había de tener era esta: acabados los bergantines o navíos, procurar con toda brevedad salir a la mar, y por la necesidad que de comida llevaban, hacer escala en la isla Margarita, donde por la poca resistencia que les podrían hacer, en pocos días se proveerían de lo necesario, así como pan y carne y agua, en lo cual no se había de detener de cuatro días arriba, y si allí hubiese alguna gente que los quisiese seguir, recibirla en sus navíos y partirse luego, a cabo del tiempo dicho e ir derecho al Nombre de Dios, y tomar tierra y puerto en un río que llaman del Saor, que está muy cerca del Nombre de Dios, y saltar allí en tierra de noche, y puesto toda su gente en armada y ordenanza, según que para semejante hecho se requería, irse derechos al pueblo o ciudad de Nombre de Dios y llevar la gente apercibida y repartida de suerte que antes que fuesen sentidos tuviesen tomado el puerto y sierra de Capira, que es paso para Panamá, para que ninguno con el alboroto pudiese ir a dar aviso a los de Panamá; y asegurado y tomado este paso, todos los demás con su príncipe dar en el pueblo y robarlo y saquearlo, y matar a los ministros que en él hubiese del rey y a todos los demás de quien se temiesen que les harían algún daño, y asolar y abrasar el pueblo, de suerte que los que por allí quedasen no pudiesen prevalecer contra ellos; y luego, sin más detenerse con los amigos que allí se le juntasen, ir sobre Panamá y hacer las mismas crueldades y robos que en el Nombre de Dios hubiesen hecho, y ante todas cosas tomar y asegurar todos los navíos que allí hubiese, porque alguno no se fuese y huyese y fuese a dar aviso al Pirú de su llegada y motín; y hecho esto, juntar el artillería que había quedado en el Nombre de Dios, con la que hubiese en Panamá, y fortificarse y hacer allí una galera que fuese tal cual para semejante negocio era menester, y otros navíos de armada, y en el ínterin que en Panamá estuviesen haciendo estas guarniciones, vendría ayudarles y favorecerles gente de Veragua y de Nicaragua y de otras muchas partes y más de mil negros, que, so color de tener y haber libertad, se les llegarían, y los armarían a todos, y con estas guarniciones y gentes y aderezos de guerra pasarían a Pirú, donde aunque estuviesen avisados y en arma, no serían parte para defenderse, porque allende del mucho y buen aparato de guerra que llevarían, así de gente como de armas, muchos amigos que en el Pirú tenían, en llegando, luego se les pasarían, y no había duda sino que en pocos días temían por suyo el Pirú; y como hombres que en tan breve tiempo entre si tenían ya hecha la guerra.

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En algún grado, la locura de Aguirre se ha desatado completamente. En calidad de  líder único e indiscutible, llegó incluso a diseñar una bandera típicamente suya, compuesta por dos espadas cruzadas que goteaban sangre. Un estandarte más que apropiado para quien había derramado tantos litros de líquido vital de compañeros y superiores.

Durante ese momento de la jornada, El Dorado había quedado ya olvidado por completo. El único oro que interesaba a Aguirre se hallaba en el Perú, a donde quería regresar.

Pero antes,  con sus hordas, llegó a isla Margarita de Venezuela, donde volvió a desatar toda su crueldad.  Los asesinatos se volvieron a suceder y Lope, con sus hombres se lanzó al saqueo y la  tremenda destrucción. Pese a estos excesos, Aguirre no dejó de practicar las purgas entre sus propios hombres. Teniendo miedo a nuevos intentos de derrocarle, fue eliminando a los que le parecieron sospechosos de conspirar contra él.

En este punto, Lope de Aguirre era totalmente consciente de que la Coronahabía puesto precio a su cabeza. En un gesto inesperado y un tanto puro, Lope redactó la importante carta  a Felipe II, en la que reivindica y reafirma su rebeldía, como hemos mencionado un poco antes, despachándose a gusto con el monarca, a quien acusa del lamentable estado de las Indias, denunciando la gran corrupción que alcanza a casi todos los estamentos de la Corona, y mientras tanto, reprochando el olvido que padecieron los que dieron su vida por su rey:

“Nos dé Dios gracia que podamos alcanzar con nuestras armas el precio que se nos debe, pues nos has negado lo que de derecho se nos debía. Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud, Lope de Aguirre, el Peregrino”.

Pese a que, en la carta, Aguirre hizo una amenaza a Felipe II con  “la más cruda guerra”, fue muy poco lo que podía hacer ante las tropas realistas. Hallándose en las cercanías de Barquisimeto de Venezuela, los soldados del Felipe II le dieron caza después de que la mayoría  de sus hombres le abandonara con el intento de lograr el perdón real. Según algunos cronistas, antes de caer, Lope mató a su hija Elvira, diciéndole: “Mejor morir ahora como hija de rey que después como hija de traidor y como puta de todos”. Un poquito después, le alcanzaban dos disparos de arcabuz. Uno de sus hombres, Custodio Hernández, le dividió la cabeza de un certero tajo. Como castigo ejemplar, los hombres del rey mutilaron el cadáver de forma cruel y horrible: le cortaron las manos y la cabeza, quedando ésta expuesta por días como castigo público a posibles imitadores.

Pues la vida de Aguirre terminó de esta manera y con ella llegó el  final a una desquiciante expedición que había partido en búsqueda de nuevas tierras, riquezas y oro, sin embargo, sólo cosechó sangre y dolor. En la nómina de muertes atribuidas al tirano, Lope de Aguirrre, se acumulaban por lo menos 72 almas. ¡Qué historia!

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Como lo que entendemos del sobrenombre El tirano de Lope de Aguirre, una vez iniciada la marcha,  quedaron evidentes las duras condiciones que les esperaban. Ante los inesperados peligros del río, por ejemplo, las fieras e insectos, los expedicionarios tuvieron que hacer frente también a los mosquitos, las fiebres e incluso la escasez de alimento, sin contar con las diferentes poblaciones de indios, entre los cuales, algunas hostiles fueron encontrando a su paso. Es decir, se les estaban acercando uno de los peligros más horribles.

Además, otra cosa mala para ellos ocurrió. Las primeras suspicacias y conatos de motín tampoco tardaron en aparecer. Pasando las semanas, y después de más 700 leguas recorridas sin novedades sobre Omagua y El Dorado, empezaron a surgir las sospechas sobre los indios brasiles, los cuales decían conocer el paradero de las ricas tierras. Muchos hombres  también empezaron a hablar mal del gobernador, que pasaba los días solazándose con su amante mestiza, a la cual muchos culpaban dehaber hechizado a Ursúa y cambiar su carácter, mientras que ellos iban sufriendo diversos padecimientos. Las voces comenzaron a pedir el regreso al Perú. Cuando trascendieron este deseo, Ursúa castigó a los insurrectos a remar en su barca, como podemos imaginarnos, una humillación que muchos no iban a perdonar,

Fue así como se tejió la traición contra Pedro de Ursúa. Entre los cabecillas de esta rebelión estaban Fernando de Guzmán, Lorenzo de Salduendo y, claro, Lope de Aguirre. Además, así fue como el 1 de enero de 1561, una docena de hombres se acercaron sigilosamente hasta la tienda del gobernador, mientras éste dormía. Como lo recordaba Francisco Vázquez, autor de una de las crónicas más conocidas sobre los hechos:

“…se juntaron con el dicho D. Fernando hasta doce destos traidores, dejando prevenidos otros amigos y secuaces que, en oyendo su voy y apellido, acudiesen con sus armas y fueron al aposento del gobernador, y hallándolo solo, como solía estar, acostado en cama, le dieron muchas estocadas y cuchilladas, y él se levantó y quiso huir y cayó muerto entre unas ollas en que le guisaban de comer”.

Pedro no fue la única víctima en esa terrible noche. Juan de Vargas, teniente del gobernador, también fue atravesado por el filo de una espada traicionera. Una vez terminado la conspiración, Fernando de Guzmán fue nombrado general, mientras Lope de Aguirre se aseguraba el puesto de maese de campo y otros de los conjurados recibían también  importantes cargos , a pesar de que en su mayoría no estaban bien preparados para hacerlo.

Un poco más tarde, Guzmán y sus más allegados se decidieron a redactar un escrito en el que se referían los desmanes y errores supuestamente cometidos por su legítimo gobernador. Ese escrito pretendía servir de excusa por el crimen frente al rey Felipe II, y se quiso que todos los participantes en la conjura estamparan su firma en él. El primero en hacerlo fue Guzmán, acompañando la firma de la palabra “general”. A continuación “el Tirano”, Lope, hizo lo propio y aunque, sin hipocresías, escribió: “Lope de Aguirre, traidor”. Más tarde, aprovechó el momento y desveló sus auténticas intenciones. Lope declaró que asesinar al gobernador del rey, representante de éste en la jornada, equivalía a levantarse contra el monarca, crimen para el que no había perdón posible. Entonces propuso dar marcha atrás y el regreso al Perú, con el fin de conquistarlo y declarar un reino independiente del peninsular.  Para esto, decidió nombrar a Guzmán como príncipe del reino que pretendían hacer suyo, bajo el título de Fernando I el sevillano, mientras Aguirre desempeñaba con el mando militar.

Desde ese momento las sospechas se hicieron graves entre los  otros miembros de la expedición. Todos dormían con el arma cerca, por temor a un navajazo, una estocada o un disparo de arcabuz. Y tenían razón. Tras la muerte de Ursúa, y pese a  los acuerdos alcanzados entre los conjuradores y el resto de hombres, se extendió poco a poco la indisciplina y ocurrieron los asesinatos. Muchos de estos se produjeron, precisamente, por temor a los asesinatos y nuevas traiciones inesperadas. Así murieron a manos de Lope de Aguirre, por ejemplo, Cristóbal Fernández, Juan Alonso de la Bandera,  la mestiza doña Inés, el capitán Alonso de Montoya o el almirante Miguel Robledo,  así como Lorenzo de Salduendo, guardia del general Guzmán. En medio de este caos, Lope se destacó como el auténtico caudillo de los marañones, pues Francisco de Guzmán era sólo un títere que seguía sin saber los planes de Lope.

A pesar de su gran poder, respaldado por un pequeño ejército personal de más o menos cuarenta hombres, Lope quiso seguir adelante a una nuevo conspiración en su contra, y se decidió a acabar con el “príncipe” Guzmán y sus colaboradores más cercanos. En esta nueva refriega cayeron entre otros el sacerdote Alonso de Henao, a quien Aguirre atravesó de una estocada mientras dormía, pinchándolo en su camastro como a un animal. Luego se dirigió a casa de Guzmán y después de matar a sus más allegados, tocó el príncipe. Entre el Tirano y algunos de sus secuaces, acabaron con su vida mediante estocadas y arcabuzazos. Llegaba de esta manera a su fin, el corto reinado de un príncipe todavía sin tierras que gobernar.

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Según la historia grabada, en febrero de 1559, el capitán Pedro de Ursúa empezó los trabajos preparativos para el viaje, a través de buscar apoyos económicos entre comerciantes y personajes ricos. Ya en el comienzo de la jornada comenzaron los primeros inconvenientes, pues finalmente el dinero prometido por algunos no fue pasado, y fueron los propios participantes de la expedición quienes tuvieron que aportar sus ahorros y capitales. Eso es el exacto origen de la siguiente historia.

Dejamos al lado lo que ha pasado durante el proceso y vamos a ver el resultado de la historia. A ver, finalmente, Ursúa consiguió convocar el grueso de la expedición, formada por más o menos 300 soldados, 600 indios y 30 esclavos negros. A estos efectivos había que sumar la nutrida cohorte de amigos y parientes del propio Ursúa, a los cuales, se engargó muy importantes puestos. Entre ellos estaba Inés de Mendoza, una bella mestiza amante de Ursúa, cuya presencia fue mal vista desde el muy principio, y que a decir de unos de los cronistas que participaron en los sucesos, fue una de las causas de la catástrofe, como consecuencia de la mal influencia que ejercía sobre Ursúa.

En lo que se refiere a los efectivos militares, parte de ellos procedían de hombres traidores de otra expedición, la dirigida por Juan de Salinas y, otro grupo más, estaba formado por hombres del capitán Pedro Ramiro, hasta ese momento, establecidos en el pueblo de Santa Cruz de la Pocoa. Junto a ellos estaba también el horrible Lope de Aguirre, a quien le acompañaba su hija mestiza Elvira y otros muchos hombres de guerra enrolados en búsqueda de riqueza. Parece que alguien advirtió a Ursúa de que evitara reunir a Lope, debido a su carácter rebelde y pendenciero, pero el líder de la expedición no le hizo ningún caso a los consejos.

Ya como sabemos, la jornada, o sea, la expedición no empezaría hasta el 26 de septiembre de 1560. Poco podían imaginar que se trataba de ser un billete de una sola ida, o sea, era un viaje sin retorno, que pasaría a la Historia por los crímenes y crueldades que se sucederían en los siguientes meses. De verdad, antes de la partida ya se habían sucedido unos inquietantes incidentes que parecían presagiar lo que vendría más tarde. Durante la botadura, algunas de las embarcaciones construidas en el astillero improvisado en Santa Cruz de la Pocoa se fueron a pique irremediablemente, obligándoles a dejar un gran número de caballos y provisiones. La larga espera hasta que todo estuvo listo había sometido a la madera a muchos meses de exposición a la humedad de la región y a los insectos, así que cuando quisieron exportarlas se habían podrido sin ningún remedio.

Por otro lado, antes de emprender la marcha, y frente a la imposibilidad de alimentar a todos los participantes de la expedición en Santa Cruz, Pedro de Ursúa había mandado un grupo de hombres a un apartado pueblo de indios motilones. Ursúa engargó esta misión al capitán Pedro Ramiro, a quien acompañaban 50 soldados y dos caudillos: Francisco Díaz de Arlesamigo de Ursúa y Diego de Frías.

Sin embargo, éstos últimos dos tenían mucha envidia a Ramiro, pues ambicionaban para ellos el cargo recibido por el capitán. Muy resentidos, los dos se decidieron a dejar al militar y volver con Ursúa, pero en la mitad de camino, se encontraron con 2 soldados amigos suyos, a quienes convencieron de que el capitán Ramiro pretendía rebelarse contra el gobernador. Después de dar media vuelta, encontraron a Pedro Ramiro solo, mientras el resto de sus hombres habían cruzado un río. Pues en ese momento, se pusieron a aprovechar la circunstancia para ahogarle y cortarle la cabeza. No obstante, los dos caudillos no contaban con que el criado de Ramiro huyera al ver morir a su amo y pusiera a Ursúa al corriente de lo sucedido. Cuando los tuvo ante su presencia, el gobernador ordenó sin hesitación la ejecución de los asesinos cortándoles las cabezas. Pues lamentablemente, justo antes de comenzar, la expedición se había cobrado ya la sangre de 5 hombres.

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Para entender de manera adecuada las características de la jornada en búsqueda de El Dorado y los horribles hechos que en ella se produjeran es indispensable conocer la circunstancia del virreinato del Perú en esa época. Unas décadas después de la llegada de Pizarro y sus hombres, las situaciones sociales del territorio no eran nada halagüeñas. Las tierras, el poder y los privilegios se encontraban en manos del 10% de la población, al igual que el comercio, y los diferenciados caudillos se encontraban gobernados por una clase alta formada por algunos de los primeros conquistadores y otros individuos influyentes llegados de la península.

En ese momento, por otro lado, había una legión de desfavorecidos formada por indígenas y emigrados de la península que habían acudido en busca de riqueza, sin embargo, llegaron demasiado tarde al inicial reparto de propiedades y fortuna.

Además de estos últimos, deben destacar un grupo de hombres guerreros, que muchas veces llevaban décadas en las Indias tras las iniciales contiendas por la conquista y las posteriores guerras civiles que enfrentaron a diferentes bandos de españoles. Tras estos enfrentamientos fraticidas la mayoría de soldados habían quedado vagabundos, sin sueldo ni recompensa, intentando sobrevivir a la sombra de los señores.  Pues pertenecía Lope de Aguirre a este buen grupo de descontentos y desocupados hombres de guerra, que habían visto pasar su oportunidad de prosperar pese a haber dado su sangre y su vida por la Corona y la conquista de América. Fue esta atmósfera enrarecida y peligrosa, en la que se preveía la amenaza de rebelión y altercados, la que motivó la puesta en marcha de la jornada en busca de la fortuna de El Dorado que  Francisco de Orellana, ya había buscado algunos años antes, sin ningún éxito.

Años pasaron hasta 1558, el virrey del Perú de esa época, el marqués de Cañete, permitió la puesta en marcha de hasta 3 expediciones a diferentes puntos, con el intento de dar una ocupación a esa peligrosa e impredecible masa de soldados en paro y a otros marginales y desfavorecidos. Aquella mismo motivo fue la que, un año más tarde, le llevó a ordenar la jornada de omagua y El Dorado, con el capitán navarro Pedro de Ursúa a la cabeza de la misma. Ursúa, quien contaba con unos 35 años en ese momento, era un recién llegado al Perú, aunque acumulaba una importante hoja de servicios en la India. De esta manera, no fueron pocos los hombres de guerra que, viendo una posibilidad de entrar en actividad y lograr la gloria y la fortuna que la guerra les habían negado, se decidieron a enrolarse en tan rara búsqueda, esperando encontrar el oro y los tesoros de la región legendaria. Esto es el contexto, o sea, la situación de la jornada en ese momento.

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Pese a la extensa bibliografía que existe sobre Aguirre por una gran cantidad de cronistas o historiadores y la expedición de los marañones, los datos fiables sobre Lope de Aguirre son realmente escasos. Como sabemos, Lope nació en Oñate (Guipúzcoa) entre 1511 y 1515, siendo hijo segundón de una familia de hijosdalgo, y que con apenas 20 años decide dirigir sus pasos a Sevilla, donde embarcó para las Indias en busca de fortuna.

Ya en las Américas, alguna vez, parece ser que tomó parte en las llamadas  “guerras civiles”  que tuvieron lugar en suelo peruano. En un primer lugar en el bando realista apoyando a Vaca de Castro frente a las fuerzas de Almagro y, posteriormente, en las tropas de Núñez de Vela contra Gonzalo Pizarro. A pesar de estos detalles, poco más sabemos de nuestro protagonista hasta su participación en la jornada (así llamaban entonces a las expediciones de conquista o descubrimiento) que le haría tristemente célebre. A esta dificultad para encontrar información fiable hay que sumar la existencia, en la misma época, de un personaje igualmente llamado Lope de Aguirre, también de origen vasco, que al parecer fue veterano en las campañas de Italia y cuyos actos merecieron, al contrario que los de El Tirano, menciones favorables a su persona. Esta duplicidad de “Aguirres” podría haber llevado en algún caso a confusiones sobre ambos personajes.

Según el famoso cronista Javier Ortiz de la Tabla en un trabajo sobre Aguirre, es muy posible que quien a nosotros nos interesa, pueda ser identificado con el llamado “Fulano Aguirre”, mencionado por el Inca Garcilaso al hacer mención a un violeto incidente ocurrido en Potosí 1548, y cuyas características cuadran mejor con el personaje violento, alborotador y terrible que protagonizará años más tarde hechos increíblemente cruentos.

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Loco, ambicioso, cruel, sanguinario, tirano, rebelde, traidor, o peregrino. Esos son sólo algunos de los apodos y calificativos que se coleccionó a lo largo de su vida y tras su muerte, el conquistador español Lope de Aguirre. Una larga lista a la que hay que sumar los diferentes términos que salpican algunos de los lugares por los que pasó Lope de Aguirre durante su jornada en busca de Omagua y El Dorado: el Salto de Aguirre, en isla Margarita, en el río Huallaga o el Puerto del Traidor, son una muestra de ellos. Sus hazañas quedaron grabadas a sangre, traición, fuego, y destrucción, hasta el punto de que en Barquisimeto (Venezuela), donde murió asesinado, sus habitantes recuerdan aún hoy que en las noches más oscurasel alma en pena de Aguirre vaga perdida .

Tras la muerte del rebelde, el encolerizado Felipe II, ordenó la prohibición de citar su nombre y exigió la destrucción de cualquier escrito surgido de su pluma. Una suerte de damnatio memoriae que se completó con una sentencia condenatoria del Tribunal dela Audiencia de Santo Domingo, que recaía igualmente sobre su memoria, y con una tercera condena emitida por el Tribunal de Tocuyo, en la que se proclamaba a los hijos de Aguirre, ya fueran legítimos o bastardos, “infames por siempre jamás, e indignos de poder tener honra ni dignidad ni oficio público, ni poder recibir manda de pariente ni de extraña persona ni herencia”.

Durante su época, sus peripecias merecieron la elaboración de diversas crónicas, entre las cuales, algunas de ellas elaboradas por otros miembros de la expedición, y por tanto testigos directos de lo ocurrido, y en la actualidad han sido multitud los autores que, desde diferentes prismas, se han acercado hasta la oscura figura del vasco Lope de Aguirre e incluso la literatura, el cine y hasta el mundo de la comedia han reservado para él un espacio de honor. Aunque así, vale la pena descubrir poco a poco qué terribles crímenes cometió exactamente aquel hombre, cojo y corto de estatura a decir de las crónicas, para merecer tal interés y atenciones. A mí, me interesa el apodo, el Tirano. Entonces me gustaría profundizarlo un poco.

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La fuente de la juventud, símbolo de la inmortalidad, es una legendaria fuente que supuestamente cura y devuelve la juventud a quienquiera que beba de sus aguas o se bañe en ellas.

Leyendas entremezcladas

Durante milenios, el sueño de hechiceros, magos y alquimistas ha sido el de encontrar el elixir de la eterna juventud. Y leyendas llegadas de los rincones de la tierra hablan de ríos, fuentes, árboles, frutos y pócimas con poderes para rejuvenecer a los hombres.

Ya se consideraba, En Babilonia, el agua como símbolo de la vida, por su poder curativo y fertilizante. Se decía que la fuente y manantial de toda el agua se encontraba en el Golfo Pérsico y en remotos tiempos fue personificado como Ea “la casa del agua”, dios de las aguas dulces, que surtía las corrientes, canales y ríos.

En el epílogo del Código de Hammurabi se invoca al dios Adad para que prive a los enemigos de la lluvia del cielo y de las aguas de las fuentes.

Los asirios rendían culto a Ishtar, diosa del amor, purificadora de las aguas y patrona de los manantiales “que traen la vida”.

En Egipto se divinizaba al Nilo en el dios Hapi, abastecedor de fuentes y manantiales, y era representado sosteniendo dos plantas: el “papyrus” y el “lotus”, o bien dos vasos de los que manaban sendos ríos. Posteriormente y hasta el fin de las dinastías faraónicas, se consideró a Isis como el espíritu de las aguas, diosa de los ríos y de las fuentes que los alimentan o de las que nacen. Se la consideraba la madre bienhechora, esposa fiel y procreadora de Horus, el dador de vida y alimento a los difuntos, la esposa del dios de las inundaciones que con su légamo fertilizaba las tierras y la creadora del caudal del río Nilo.

Enla India, aparte de los dioses acuáticos de los Vedas, están las Apsaras, ninfas que habitan las aguas, fuentes, lagos y ríos, especialmente el Ganges. Se les atribuía la misión de conducir las almas de los guerreros muertos en los campos de batalla a la mansión del Sol.

Los griegos, desde los albores de su cultura, consideraron que el agua que manaba de las fuentes, corredora y murmuradora, poseía un espíritu personal inmanente, “daimon” o “numen”, al que dieron una forma concreta definida, relacionándolo con divinidades superiores como Hermes, Apolo, Artemisa y Dionisios.

En el Templo de Apolo, en Delfos, desde la roca Nimpea, manabala Fuente Castalia, hasta hoy recordada por la literatura.

Junto a fuentes o manantiales se ha ubicado ala Acacia, que recuerda a Hiram, el constructor del Templo de Salomón, y símbolo de la masonería hasta nuestros días; al loto, de la religión egipcia; el mirto, de los ritos iniciáticos de Eleusis, en Grecia; y, al muérdago, planta sagrada de los sacerdotes druidas.

Entre los romanos, “Fons” (Fontus o Fontanus) era una personificación de la divinidad de las fuentes y manantiales. Hasta hoy día, Roma es conocida como la ciudad de las Fuentes. En los tiempos antiguos ya existíala Fuente Lupercalen la colina del Palatino. Al pie del Aventino estabala Fuentede Picus. Otra al pie del monte Caelius. En el centro de la ciudad, las fuentes “Lautolae”, la fuente de Mercurio y la fuente de Catus (Fons Cati).

Los romanos atribuían a las fuentes una virtud profética. Así puede recordarse al rey Latinus acudir ala Fuente Albuneaa consultar el oráculo de Fauno.

Con la invasión de los bárbaros y las expediciones de las legiones romanas, llegó también el culto que a las fuentes y manantiales rendían los celtas y los francos.

Al ocaso del Imperio Romano, llega el Cristianismo con el bautismo de Cristo por San Juan con el agua del río y con las “Fuentes Bautismales” para sus seguidores.

Así pues, desde la mitología griega que contaba que los dioses bebían un elixir para ser inmortales, que la maga Medea mediante hechizos rejuvenecía a Esón, Padre de Jasón, el jefe de los Argonautas, pasando por el mito de Peter Pan hasta llegar al “Retrato de Dorian Grey” y las películas de ciencia-ficción con extraterrestres que conocen el don del rejuvenecimiento, la humanidad conoce estas leyendas.

Podría hablarse de que nos encontramos ante un mito atávico intrínseco a todas las culturas humanas. Por tal motivo no debe extrañar que los españoles que llegaron al Nuevo Mundo confundieran el verde exuberante de los trópicos con el jardín del Edén y confundidos sus propios mitos con las historias que les contaban los indios, emprendieran la búsqueda de míticas fuentes de la eterna juventud o de ríos que arrastraban oro y hasta de un árbol de la vida.

América fue una tierra fértil para fundir los mitos de los europeos con los autóctonos de las tierras recién descubiertas.

Los europeos, por ejemplo, llegaban cargados de historias como las que narró Juan de Bourgogne, bajo el nombre de Juan de Mandeville que circulaba en el viejo continente desde 1356 en que describió imaginarios viajes a extraños países en que conoció gigantes, enanos, y sobre todo, la fuente de la eterna juventud. Textualmente había escrito: “Junto a una selva estaba la ciudad de Polombé, y junto a esta ciudad, una montaña de la que tomaba su nombre la ciudad. Al pie de la montaña hay una gran fuente, noble y hermosa; el sabor del agua es dulce y olorosa, como si la formaran diversas maneras de especiería. El agua cambia con las horas del día; es otro su sabor y otro su olor. El que bebe de esa agua en cantidad suficiente, sana de sus enfermedades, ya no se enferma y es siempre joven. Yo, Juan de Mandeville, vi esa fuente y bebí tres veces de esa agua con mis compañeros, y desde que bebí me siento bien, y supongo que así estaré hasta que Dios disponga llevarme de esta vida mortal. Algunos llaman a esta fuente “Fons Juventutis”, pues los que beben de ellas son siempre jóvenes”.

Sin embargo, Juan de Mandeville murió en Lieja en 1372, pero se le rindieron múltiples homenajes a sus pretendidos e imaginarios viajes.

La Fuentedela Vida, dela Juventudo dela Inmortalidadestá muy entremezclada en su mítico origen con el Río dela Inmortalidad, el Árbol dela Vida, etc…

El Río de la Inmortalidad

En verdad, este mito tiene un origen distinto al dela Fuentede Vida. Su origen es semítico. El Río o manantial de vida perpetua, en el relato legendario tenía como misión conservar la vida en forma permanente, o sea, otorgar la inmortalidad.

La mitología sobre el río de la vida semítico parte, seguramente, del río descrito en el Génesis y se prolonga en otros ríos y en otras culturas.

Así encontraremos el Jordán, el río del bautismo, que da la vida eterna en un sentido espiritual; el río Nilo, que da la vida material; el río Ganges, enla India, que limpia y purifica. El río de Gautama-Buda y de Sidharta.

Se estima que al llegar Colón al Golfo de Paria y contemplar el gran río Orinoco y escuchar las leyendas de los indios, creyó que había encontrado el paraíso terrenal y el río que bañaba el jardín edénico: “Y así afirma y sostiene (Cristóbal Colón) que en la cima de aquellos tres montes que hemos dicho que vio desde lejos el marino vigía desde la atalaya, está el paraíso terrenal, y que aquel ímpetu de aguas dulces que se esfuerza en salir desde la ensenada y garganta sobredichas al encuentro del flujo del mar que viene, es de aguas que se precipitan de aquellos montes” (Cita de Pedro Mártir de Anglería).

Así como la desembocadura del Orinoco hizo pensar a Colón que se encontraba frente al Paraíso Terrenal, las leyendas y consejos de los indios contribuyeron a confundir más aún a los descubridores de América y a perseguir míticos ríos dela Inmortalidady a encontrarla Fuentedela Eterna Juventud, como se verá más adelante.

El Mito de la Fuentede Vida

Así como el mito del Río dela Inmortalidadtiene un origen semítico,la Fuentede Vida tiene un indudable origen enla India. Sumisión, a diferencia del Río dela Inmortalidad, no era hacer inmortal al hombre, sino renovar su vigor, rejuvenecerlo. Sin embargo, ambos mitos, al extenderse por el mundo, se confundieron y se complementaron.

La Fuentede Vida aparece enla Indiaen la primitiva tradición brahmánica y ha perdurado hasta hoy. Muchas dela Fuentesde Vida tienen, sin embargo, este nombre sólo en boca de los europeos, mientras que muchas de ellas son conocidas por los nativos sencillamente como aguas medicinales o curativas, como se vio enla Conquistade América. Fue la tradición traída por los europeos la que les dio el cariz que ellos querían inconscientemente que tuviesen.

La existencia de estas aguas curativas, se piensa, pudo haber sido el origen de la leyenda tanto enla Indiacomo enla Florida.

El poder del rejuvenecimiento, ya fuese en virtud de una fuerza sobrenatural, ya por efecto de la composición por drogas, sortilegios, etc., se creyó que era posible mucho antes de introducir en la leyenda dela Fuenteeste elemento de rejuvenecimiento. Siempre se tuvo el agua por recurso medicinal, y los hombres eran rejuvenecidos por la voluntad de los dioses; pero ambas ideas no se amalgamaron hasta más tarde.

En el pensamiento íntimo de griegos y romanos, no había fuente de juventud y de vida al alcance del hombre en este mundo, sino que el manantial de remozamiento sólo se hallaba en la vida futura o mundo espiritual. Al igual que el agua de inmortalidad de los semitas sólo se había hallado en el Paraíso, no en cualquier parte de la tierra y al alcance de cualquiera…

La leyenda de la fuente de vida no se conoció en Francia y Alemania hasta que se introdujo en dichos países procedente de Oriente, por lo que se estima que no hay razón para creer que se trate de un mito indoeuropeo. En la leyenda francesa se la conoce como “La Fontainede Jovent”, y en la alemana como “Jungbrunnen”. En cuanto a las versiones populares en que se mezcla con la leyenda semítica del agua de inmortalidad, hay que considerarlas como de origen oriental.

La leyenda de Alejandro Magno viajando ala Indiaen busca del agua de inmortalidad, contribuyó en gran medida a la amalgama de la leyenda semita con la india. A esto contribuyó no poco la historia contada por Juan de Mandeville que ubicó el Manantial de Inmortalidad enla India. Otrosescritores, por su parte, la ubicaron vagamente en algún lugar del Oriente.

En resumen, podría asegurarse que la leyenda de la fuente rejuvenecedora tuvo su origen enla India. Queésta, en el simbolismo europeo se combinó con el “agua de vida”, de origen semítico, y con el “manantial inmortal” de origen clásico, el que confiere vida eterna a los que han atravesado la frontera de la que ya no se regresa. Y que en América no hubo Fuente de Vida y sí sólo manantial medicinal, hasta que la leyenda traída por los europeos contó con las creencias de los nativos para formar un sincretismo del que nacióla Fuentedela Eterna Juventud, que con tanto ahínco trataron de encontrar, sin saber que sólo perseguían una atávica ilusión: Más aún si se piensa que el mito original ubicaba ala Fuentede Vida enla India, y los descubridores del Nuevo Continente pensaban y creían sinceramente estar en las Indias…

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En el año 1513, fue Ponce de León quien por vez primera pisó en América de Norte sabiendo de que eso era tierra virgen. Ese valiente militar español había sido gobernador de la isla de San Juan durante la época del gobierno de Nicolás de Ovando, pero cuando llegó Diego Colón a ser el nuevo gobernador de la España fue despedido, por eso quedó libre para empezar sus conquistas. Pidió permiso al reino para explorar y poblar al norte de la isla de Cuba y le permitieron. Según los indígenas de San Juan, había una famosa fuente de la eterna juventud que se hayaría en la famosa isla de Bimini, hallada por donde habían pedido descubrir.

Tras preparar 3 barcos que financió con su dinero, se puso a partir el 4 de marzo del puerto de San Germán, en la isla de San Juan. Tras buscar una isla,  se encontraron con cientos de ellas un mes más tarde. Y las primeras tierras que habían visto fueron las islas Bahamas por cuyo intrincado laberinto se introdujeron. Después de unas semanas de búsqueda de la fuente, además de desembarcar y embarcar con frecuencia, consiguieron llegar a lo que pareció una isla mayor y que era exactamente la península a la que llamaban Florida, nombre dado por la gran diferencia y colores de las flores. Y a lo mejor porque el día del descubrimiento fue exactamente el de la Pascua Florida.

Siguieron buscando alrededor de estas bajas y dobladas costas la fuente de la eterna juventud, dando vuelta en cada río, en cada bahía, en cada recoveco que tuviera agua buscando estos efectos fantásticos pero no lograron nada. Fueron seguidos muy de cerca por las tribus indias con las que sufrieron varios conflictos pero menos mal, con ninguna consecuencia grave.

Luego siguieron 3 meses buscando alrededor de  las Bahamas y la zona sur de las nuevas tierras volvieon a San Juan. Ponce de León hizo una solicitación del cargo de Adelantado de Florida y de Bimini que le otorgaron en el  siguiente año. No volvería a estas tierras hasta el año 1521 cuando organizó una expedición de colonización con más o menos 200 hombres. Sin embargo, no pudieron encontrar ni un sitio adecuado para desembarcar y allí donde lo hacieron fueron atacados por los indios Calusa, horrible tribu que habitaba en el sur de la península de Florida. Cayó herido el capitán Ponce de León en uno de estos ataques. Finalmente murió algunos días más tarde en la Habana.

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Al escuchar las noticias que relataban los náufragos de ciudades de riqueza sin límite ubicadas más al norte de la Nueva España, el Virrey de la Nueva España Antonio Mendoza organizó una primera expedición en busca de las siete ciudades de Cíbola dirigida por el fraile Marcos de Niza, que fue guiado por Estebanico. Esta primera empresa no tuvo éxito porque Estebanico fue asesinado en una aldea indígena, mientras que Marcos de Niza afirmó haber visto de lejos las siete ciudades de oro, pero afirmó no haber podido acercarse porque temía por su propia vida. La segunda expedición fue dirigida por el castellano Francisco Vásquez de Coronado que partió de Compostela Nayarit en el 1540. Era jefe de 300 españoles además de unos 300 empleados indígenas. En julio del mismo año, uno de sus lugartenientes, Tristán de Luna y Arellano, tomó poder de algunas aldeas llamadas Zuni, en el actual Nuevo México. Estos pueblos fueron reconocidos como las siete ciudades de Cíbola pero no fueron encontradas particulares riquezas o yacimientos. Coronado se dirigió hacia el norte con la meta de encontrar la ciudad de Quivira pero también esta aldea, cuyo nombre fue cambiado luego por el de Wichita, se encontró privada de riquezas. La cuarta empresa que exploró los actuales Estados Unidos meridionales fue aquella conducida por Hernando de Soto, el gobernador de Cuba. De Soto partió en el 1539 al frente de nueve naves, con seiscientos hombres bien armados y equipados. Rápidamente los españoles se enfrentaron con enormes dificultades ambientales, y muchos de ellos murieron de malaria cerebral.Cuando llegó a Alabama, De Soto asedió la aldea fortificada de Mabila, habitada por autóctonos Choctaw. El asedio causó más de mil muertos, pero al interior de la fortaleza no estaban las riquezas esperadas. De Soto murió en los meses siguientes tal vez a causa de una herida infectada. Sus peregrinaciones en búsqueda de enormes riquezas se tomaron como un desastre en el aspecto económico pero sus cronistas fueron los primeros en relatar detalladas descripciones de pueblos tribuales y de sus usos y costumbres. Lamentablemente esta búsqueda interminable de las siete ciudades de Cíbolay de un reino riquísimo, en donde los placeres materiales fueran satisfechos, causó el más grande genocidio involuntario de todos los tiempos. Los europeos, en efecto, transportaron varias bacterias y terribles virus, como por ejemplo el de la viruela. Este virus vivía principalmente en el interior del cuerpo de los animales transportados por los europeos (caballos, bovinos y cerdos). Cuando el virus tuvo contacto con los pueblos autóctonos fue una matanza: se estima, en efecto, que de las aproximadamente 25 millones de personas que habitaban en Norte América antes de la conquista europea (incluido México), unos 18 millones fueron diezmados por las enfermedades en los 50 años sucesivos.El norte del reino de la Nueva España, (correspondiente a los actuales Estados Unidos meridionales), volvió a ser poco interesante para los españoles y fue casi abandonado por aproximadamente un siglo.Cuando, en el 1672, los franceses se adentraron en el valle del Mississippi, al mando del explorador De la Salle, las grandes llanuras norteamericanas no estaban ya pobladas por numerosas tribus indígenas, sino que eran inmensas praderas casi deshabitadas.

Extraído de: http://www.yurileveratto.com/ Autor: YURI LEVERATTO

 

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El sueño de aguirre por el que desecha el dorado

 

El sueño de Lope de Aguirre y el de varios fieles seguidores suyos llamados por él sus marañones, produce lo que se considera la primera rebelión de América y es conocida como la “Ira de Dios” desde ese entonces.

Dice Fray Pedro de aguado:

…….comunicado y tratado cuál sería la mejor orden y el mejor medio y más breve que para efectuar su guerra y sujetar el Pirú se podría tener; y después de haber hecho muchas juntas y consultas sobre ello, y dado a todos sus pareceres, se vinieron a resumir en que la orden que para ello se había de tener era esta: acabados los bergantines o navíos, procurar con toda brevedad salir a la mar, y por la necesidad que de comida llevaban, hacer escala en la isla Margarita, donde por la poca resistencia que les podrían hacer, en pocos días se proveerían de lo necesario, así como pan y carne y agua, en lo cual no se había de detener de cuatro días arriba, y si allí hubiese alguna gente que los quisiese seguir, recibirla en sus navíos y partirse luego, a cabo del tiempo dicho e ir derecho al Nombre de Dios, y tomar tierra y puerto en un río que llaman del Saor, que está muy cerca del Nombre de Dios, y saltar allí en tierra de noche, y puesto toda su gente en armada y ordenanza, según que para semejante hecho se requería, irse derechos al pueblo o ciudad de Nombre de Dios y llevar la gente apercibida y repartida de suerte que antes que fuesen sentidos tuviesen tomado el puerto y sierra de Capira, que es paso para Panamá, para que ninguno con el alboroto pudiese ir a dar aviso a los de Panamá; y asegurado y tomado este paso, todos los demás con su príncipe dar en el pueblo y robarlo y saquearlo, y matar a los ministros que en él hubiese del rey y a todos los demás de quien se temiesen que les harían algún daño, y asolar y abrasar el pueblo, de suerte que los que por allí quedasen no pudiesen prevalecer contra ellos; y luego, sin más detenerse con los amigos que allí se le juntasen, ir sobre Panamá y hacer las mismas crueldades y robos que en el Nombre de Dios hubiesen hecho, y ante todas cosas tomar y asegurar todos los navíos que allí hubiese, porque alguno no se fuese y huyese y fuese a dar aviso al Pirú de su llegada y motín; y hecho esto, juntar el artillería que había quedado en el Nombre de Dios, con la que hubiese en Panamá, y fortificarse y hacer allí una galera que fuese tal cual para semejante negocio era menester, y otros navíos de armada, y en el ínterin que en Panamá estuviesen haciendo estas guarniciones, vendría ayudarles y favorecerles gente de Veragua y de Nicaragua y de otras muchas partes y más de mil negros, que, so color de tener y haber libertad, se les llegarían, y los armarían a todos, y con estas guarniciones y gentes y aderezos de guerra pasarían a Pirú, donde aunque estuviesen avisados y en arma, no serían parte para defenderse, porque allende del mucho y buen aparato de guerra que llevarían, así de gente como de armas, muchos amigos que en el Pirú tenían, en llegando, luego se les pasarían, y no había duda sino que en pocos días temían por suyo el Pirú; y como hombres que en tan breve tiempo entre si tenían ya hecha la guerra..

 

 

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Historia de la leyenda de El Dorado

lugar fabuloso perseguido por exploradores en el siglo XVI.

Según dicen los historiadores y cronistas, el origen del mito de El Dorado, el más famoso de cuantos estimularon la exploración y conquista del continente americano, se remonta al año 1534, donde un indio del territorio que hoy ocupa Colombia reveló a los españoles una de las ceremonias rituales del cacique Guatavita, que había de despertar la codicia de soldados y aventureros.

Cubierto el cuerpo desnudo con polvos de oro que se adhería a su piel mediante una tintura de trementina, el cacique, ante su pueblo, se embarcaba solo en la laguna de Guatavita; al llegar al punto en que se cruzaban dos cuerdas tendidas perpendicularmente de orilla a orilla, se bañaba y arrojaba al agua, en honor de la divinidad, valiosas ofrendas consistentes en piezas de oro y esmeraldas. Igual homenaje rendían sus súbditos.

Justamente basada en un hecho cierto, según se ha podido comprobar al estudiar las costumbres de los chibchas, la leyenda del indio dorado fue divulgada por los conquistadores, se extendió por el norte de América Meridional, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río dela Plata; pero no tardó en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente.

El mito concluyó por no guardar relación alguna con el cacique dorado, y se llamó El Dorado a las regiones auríferas y diamantíferas de distintos lugares de América, absolutamente imaginarios, a los que se creía emporio de riquezas incalculables.

En busca de El Dorado salieron muchas expediciones, tantas que en 1538, y en el plazo de una semana concidieron en las ya desoladas zonas de Guatavita las tres que dirigían Belalcázar, Federmann y Jiménez de Quesada, procedentes del Perú, Venezuela y Santa Marta, respectivamente.

Sir Walter Raleigh sobresale entre los extranjeros a quienes deslumbró la célebre leyenda, y que llegaron a América en pos de una quimera que tuvo también en Europa fervorosos propagandistas.

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(El Baztán, 1526 – Machifaro, junto al río Marañón, 1561) Conquistador español. Fue teniente gobernador de Nueva Granada (1545), donde llegó a ser gobernador interino un año después. Desde 1547 participó en varias expediciones de pacificación de los indios chitareros, taironas y muza. Fundó Pamplona (1549) y Tudela (1549). Fue Justicia mayor de Santa Marta. Tras varias tentativas de comandar una expedición al Dorado (y tras una estancia en Panamá), se le encomendó la misma en 1559 por el marqués del Cañete, virrey del Perú. Acudió con su amante Inés de Atienza. En 1561, durante la expedición, fue asesinado por Lope de Aguirre, que tomó el mando de la misma, dando así inicio a los sucesos sangrientos y desafortunados que rigieron la expedición en busca de las míticas riquezas.

 

PEDRO DE URSÚA EMPIEZA VIAJE EN BUSCA DEL DORADO.

Este conquistador llega a América de 15 años. En 1543 se encuentra en el Perú pero viaja a Cartagena para encontrarse con su tío don Miguel Díaz de Armendáriz quien llega como Juez de residencia de las Indias, con solo 17 años se convierte en teniente de gobernador del Nuevo reino de Granada titulo que ostenta durante dos años en reemplazo y en espera de la llegada del tío quien le encomienda entre otras cosas las conquistas de diferentes tribus como las Muzo y Guanes.

Lideró igualmente campañas en la sierra Nevada de Santa Marta antes y después de haberse desempeñado satisfactoriamente con tan poca edad como Gobernador encargado del territorio colombiano pese a la oposición de los hombres de Quesada.

Se lo conoce además como el pacificador de los negros insurrectos de Panamá y alrededores. Funda varias ciudades en territorio de Colombia como Pamplona.

Estando en la Sabana de Bogotá siempre trata de hacer expedición en busca del Dorado lo que inicialmente obstruye su tío y después cuando este entra en desgracia, los Oidores del Nuevo Reino de Granada, viaja Ursúa al Perú y con el beneplácito del Marqués de Cañete emprende esta expedición fatídica para él, parte el 26 de septiembre de 1560 en busca del Dorado vía el río Amazonas con 370 soldados y 500 esclavos indios y algunos negros.

El link a la obra completa del padre Aguado lo encuentran en el Menú: Bibliografía en Bibliografía Digital. Los apartes de la relación de esta expedición pertenecen al Libro décimo, capitulo primero y dice:

…En esta sazón se trataba en el Pirú de unas provincias que ciertos indios brasiles habían dado por noticia muy ricas, por las cuales ellos afirmaban haber pasado viniendo huyendo de sus tierras y naturalezas, que era la costa del Brasil, de la cual salieron de conformidad más de doce mil indios con propósito de ir a poblar a otras provincias que más les contentasen, aunque algunos son de parecer que más lo hicieron por irse a hartar de carne humana a otras partes, con los cuales dicen que traían consigo dos españoles portugueses; y después de haber andado y peregrinado más espacio de diez años así por el río Marañón como por otras provincias, vinieron a salir por la provincia y río de los Motilones al Pirú, donde dieron esta noticia que llaman Dorado y ellos dijeron llamarse de propio nombre Omegua; y así mismo había dado nueva de esta noticia o de otra que en este río Marañón hay, el gobernador Orellana, que bajó o anduvo por este río del Marañón cierto tiempo.

Luego que la jornada del Dorado se publicó en el Pirú, que fue principio del año de cincuenta y nueve, Pedro de Orsúa, gobernador de ella, sabiendo y entendiendo por la noticia que tenía, el golfo dulce que se había de navegar y pasar, y que para ello era necesario algún género de navíos o barcos, los cuales se habían de hacer en alguna distancia de tiempo, luego incontinente, y porque después de junta la gente no se detuviesen, buscó con toda diligencia todos los más carpinteros y calafates y otros oficiales de hacer navíos, de los cuales juntó veinte y cinco, y otros doce negros carpinteros, y haciendo todos los pertrechos de herramienta y clavazones y otras cosas que para hacerse los navíos o barcos eran menester,..

Así por los inconvenientes dichos como por la poca posibilidad que tenía, porque aunque había sido mucho tiempo capitán en el Nuevo Reino de Granada, no alcanzaba muchos dineros, detúvose más de año y medio en juntar la gente, la cual es cierto que no juntara si no le favorecieran muchos vecinos y otras personas con dineros, para proveer las necesidades de algunos soldados y repararse de pólvora, plomo y arcabuces, caballos y otras armas y municiones, que para aquella jornada y la guerra de ella forzosamente eran menester; a cabo del cual tiempo, habiendo echado por delante toda la más gente que había podido haber, se partió de la ciudad de Lima, yendo casi como retaguardia de su gente, porque no se le quedasen algunos en el camino.

Lo que bien sabido es esta expedición fue llamada la primera rebelión de América por el desenlace de la misma.

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Este mito se originó en el siglo XII, cuando los Moros atacaron y conquistaron la ciudad de Mérida, en España. Se narra que siete obispos abandonaron la ciudad con maravillosas reliquias e inmensos tesoros y que se escondieron más allá del mundo conocido. Comenzó a correr el rumor de que cada uno de ellos construyó una fantástica ciudad en una tierra lejana, más allá del Mar Océano, como era llamado el Océano Atlántico. Estas ciudades eran distinguidas con los nombres de Aira, AnhuibAnsalli, Ansesseli, Ansodi,  Ansolli y Con. Por mucho tiempo se pensó que las siete ciudades estaban situadas en Antilia, la legendaria isla situada en el MarOcéano.

El origen del nombre Antilia puede derivar de la Atlántida descrita por Platón en el Timeo y Crizia o quizá del latín anterior en cuanto es considerada anterior al Cipango descrito por Marco PoloPlutarco, en sus Vidas Paralelas, escribió que el cónsul español Quinto Sertorio tuvo contacto con algunos navegantes que afirmaron haber avistado unas islas a aproximadamente cuarenta días de navegación desde Marruecos. El erudito PaolodalPozzoToscanelli las dibujó a unas 700 leguas (3500 kilómetros) de las costas españolas, dándoles una exacta ubicación en el Mar Océano.

En los tiempos de Cristóbal Colón tenían la convicción de que las sietes ciudades estaban situadas en Antilia. Sucesivamente comenzó a pensarse que estaban situadas en Norte América. La primera expedición que llegó a los actuales Estados Unidos meridionales tuvo lugar en el 1528, al mando de Panfilo de Narváez. La empresa se enfrentó con enormes dificultades ambientales y además hubo continuos enfrentamientos con los nativos guiados por el Cacique Hirrihigua.  Casi todos los que viajaron murieron, excepto Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y un esclavo bereber llamado Estebanico.

Los cuatro se alejaron lo más que pudieron de esos lugares tan hostiles avanzando hacia el oeste en los actuales estados de Alabama,
Louisiana y Texas. Su increíble viaje duró unos ocho años, durante los cuales conocieron varias tribus indígenas, logrando sobrevivir. Llegaron finalmente a Culiacán, en Sinaloa, territorio que hacía parte de la Nueva España, contando haber visto enormes riquezas.

 

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca escribió un libro en donde narró la aventura, titulado “Naufragios”. En este libro se describieron ciudades de oro y riquezas sin límites, y rápidamente comenzó a pensarse que el territorio atravesado por cuatro aventureros fuera el reino de las siete ciudades, que se llamaron “de Cíbola“, porque anticamente el bisonte, numeroso en las praderas norte-americanas, se denominaba “cibolo”.

 

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Definición de El Dorado

El Dorado es un lugar mítico que se suponía que tenía grandes reservas de oro y que fue buscado por los exploradores españoles e ingleses con gran empeño, atraídos por la idea de un lugar con calles pavimentadas de oro, en donde el preciado metal era algo tan común que se despreciaba. Muchos de ellos murieron en el intento por descubrir la ciudad, ya que las largas expediciones transcurrían por la selva y a la dureza del terreno había que unir la falta de provisiones. Se suponía que estaba ubicado en alguna parte del centro de Colombia y tambien en las zonas de la amazonia, como Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, e.t.c, pero en especial en zonas de la Nueva Granada.

 

Origen de la leyenda 

Se tiene constancia del mítico Dorado por primera vez en Quito, donde se le habla a Jiménez de Quesada sobre ese fabuloso reino. Se formó allí la leyenda de El Dorado, «El Hombre Dorado», «El Indio Dorado», «El Rey Dorado». Imaginado como un lugar, El Dorado llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este lugar legendario.

En busca de este reino legendario de oro fue primero enviado Don Ángel Guerra por la corona de la Reina Isabel la Católica, sin suerte después de una profunda búsqueda por el Amabaya, sus pasos fueron seguidos entonces por Don Francisco de Orellana y Don Gonzalo Pizarro quienes partieron de Quito en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.

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