Sydney

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Estos días han estado con nosotros Eduardo y Olga Nebot. Eduardo es el director del ACFR de la Universidad de Sydney, donde estuve haciendo una estancia por seis meses. Le invité a dar una charla en la Universidad de Alicante, dentro del programa de doctorado y del Instituto de Investigación en Informática. Han sido cinco días muy intensos, donde hemos combinado el trabajo con el ocio.

Son una pareja entrañable, lo hemos pasado genial. Quizá haya sido un poco estresante para ellos, pero para nosotros ha estado muy bien. Ayer, cuando nos despedimos, nos quedamos con ganas de irnos otra vez a Sydney. Les echaremos de menos y esperamos mantener el contacto y volver a vernos pronto!!

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Todo tiene un principio y un final. Este es el final de mi estancia en Sydney. Han sido casi 6 meses de trabajo (no demasiado), viajes (algunos, no los deseados) y conocer otra cultura. Estas últimas reflexiones sirvan de despedida.

Australia es muy grande. Nos podemos hacer una idea de lo grande que es comparándola con Europa: casi son iguales (excepto Rusia, claro). No se puede pretender conocer todo Australia, excepto si tienes mucho tiempo (3 meses o así) y te dedicas exclusivamente a viajar. Mucha gente me pregunta: ¿te la conocerás entera, no? Ni mucho menos. Es como si un australiano pretende ir a Europa a conocerla en un mes. Podrá visitar lo más característico (véase turístico), pero nunca podrá conocer con detalle todo.

Se me ocurren algunos consejos, para alguien que pretenda visitar Australia. A nosotros, lo que más nos encantó fue la barrera de coral (Great Barrier Reef). Muy aconsejable reservar un barco para pasar una noche. Si podéis realizar antes un curso de buceo, mucho mejor. Nosotros hicimos snorkel y quedamos maravillados. Podéis ir a Cairns y desde allí pasar unos cuantos días más y ver Kuranda y Daintree. La zona de Uluru (Ayers Rock) también es aconsejable, pero con dos días o tres tienes más que suficiente. La Great Ocean Road también merece la pena. Y si quieres ver animales en su habitat natural, Kangaroo Island. Del resto de sitios que no conocemos, Darwin en el norte merece una excursión de dos días y el norte de Queensland tiene las mejores playas. Melbourne es una ciudad que también merece un buen paseo, mezcla de modernidad y clasicismo. Y claro, Sydney, la ciudad más grande de Australia con unos 4 millones de habitantes, os va a encantar y puede que desilusionar un poco si pasáis mucho tiempo en ella. Las playas de surfistas (Bondi, Manly) son un espectáculo (cuidado con los tiburones!).

Los Aussie (así se llaman a sí mismos los australianos y a todo lo típico, propio de Australia) son majos. No hemos tenido ningún problema con la gente, más bien al contrario. Hemos conocido a gente muy maja y desde el principio nos hemos encontrado “casi” como en casa.

Decidimos hacer un viaje a Nueva Zelanda y creo que fue la mejor decisión que tomamos. Pero te tiene que gustar la naturaleza y la montaña. Si es así, alquilad una caravana y tomaros con calma el viaje, dedicarle tiempo. No os arrepentiréis.

Estamos preparados para despedirnos de Australia y regresar con los nuestros, a nuestra casa, a disfrutar de verano otra vez (ya llevamos dos seguidos y vamos a por el tercero :-)).

Adiós Australia, mejor hasta luego, pues puede que regresemos. See ya soon, mate!

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El sábado 11 de abril fue el cumpleaños de Patricia. Le preparé una sorpresa que consistió en una noche en el hotel Hilton de Sydney. La habitación era genial, muy amplia, aunque el baño podría haber estado mejor. Casi no salimos de la habitación, para amortizarla :-). Estábamos en una planta elevada y teníamos unas vistas increíbles de Sydney.

Por la noche fuimos a cenar a Darling Harbour. Una buena cena acompañada de una botella de vino, como siempre. Después nos fuimos a dormir, pues todas las emociones del día nos dejaron agotados (es decir, el vino nos subió mucho y no nos teníamos en pie).

El desayuno estaba incluido y desayunamos hasta decir basta!. Todo buenísimo (para eso era el Hilton). Después a casa a descansar. Feliz cumpleaños, chiqui!

Cumple Patri

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Este fin de semana ha sido muy tranquilo. Compras varias y visita al interior de la Opera House. Si no tienes la suerte de que haya una actuación que te guste, puedes contratar un tour de una hora donde te cuentan la historia de la construcción de este edificio emblemático. Empezaron por los años 50 y tardaron más de 16 años en terminarlo. Una curiosidad: aprobaron el diseño propuesto por un danés, pero no tenían ni idea de cómo llevarlo a término, pues la forma característica de la edificación fue un reto para los ingenieros. El proyecto inicial se estimó en 7 millones de dólares (de la época) y el coste total fue de 106 millones!! Lo que suele pasar.

Por dentro es genial. Tiene dos teatros principales y varias salas auxiliares. La sala principal cuenta con una acústica impresionante. Hicimos una prueba, aplaudir todos a la vez, y notabas cómo el sonido se iba prolongando y mitigando en el tiempo. Los asientos son ergonómicos, para proporcionar comodidad a los espectadores, pues algunas obras pueden durar más de 4 horas!!. La segunda sala fue construida un poco estrecha. Tienen problemas con ello, pues nos contaron que una compañía rusa no la pudo usar, debido a que necesitaban más espacio para sus piruetas. Ni cortos ni perezosos están empezando a realizar una obra que bajará el escenario y las butacas ¡8 metros! para poder expandir el escenario.

Dentro de la Opera House

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Este fin de semana tuvimos uno de los últimos viajes en Australia. Decidimos acercarnos por el sur, en un combinado entre Melbourne y Adelaide. El primer día hicimos un tour de un día por la Great Ocean Road. El tour parte de Melbourne a las 7:30 de la mañana y recorre esa histórica carretera que bordea la costa. Fuimos en un minibús con un conductor que iba contándonos cosas tanto de la carretera como de los sitios por dónde pasábamos.

La primera parada fue en un pueblo (no recuerdo el nombre) para desayunar. Necesitaba café. Después paramos en Bell Beach. El conductor nos dijo que fue donde se rodó la última escena de “Le llaman Bodhi”, pero también he leído por ahí que realmente se rodó en EE.UU. Después paramos en una carretera secundaria donde vimos koalas y había multitud de aves (sobre todo loros), a las que podías dar de comer. Se te subían a la mano, la cabeza, el hombro. Fue muy divertido. También paramos para hacer una pequeña excursión por el rain forest.

El punto final de la excursión era los doce apóstoles. Es una formación rocosa (bueno, no son rocas exactamente) en medio del mar. Esa zona está formada por tierra arenisca, comprimida durante millones de años. El mar y el viento, poco a poco, van erosionando la costa y producen islas de más de 20 metros de altura. El espectáculo es genial y las vistas merecían la pena, después de más de cinco horas de viaje por una carretera con muchas curvas. Además de los 12 apóstoles, vimos el London Brigde, otra isla que hasta hace 18 años estaba unida a tierra. Nos contaron que dos turistas cruzaron al punto más extremo y justo en ese momento se hundió el puente. Tuvieron que ser rescatados en helicóptero :-). Mucho turista, pero ya digo que merece la pena, mucho.

El regreso fue directo, por una carretera a Melbourne. Llegamos sobre las 9 de la noche, muy cansados. En el hotel (Alto on Bourke) tuvimos una sorpresa: el chico de recepción (muy majo el día anterior) se disculpó por no poder darnos de cenar (ya había cerrado la cocina) y nos invitó a una botella de vino, de 25$!

Great Ocean Road

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Hoy habíamos pensado pasar el día por el jardín botánico. Hemos cogido el autobús y al llegar a Central nos han desviado. No sabíamos bien porqué, por lo que cuando hemos estimado que estábamos a la altura de Town Hall nos hemos bajado. En Hyde Park había mucha fiesta y las calles estaban cortadas. Hemos visto mucha gente vestida de verde y se nos ha encendido la bombilla: el día de San Patricio (San Patrick’s Day). Es el día nacional de Irlanda (algo parecido al 12 de octubre en España). Nos hemos perdido el desfile, pero hemos entrado en el recinto donde se estaba celebrando la fiesta. No ha faltado una Guinness para camuflarnos entre la gente. Había actuaciones en directo, con bailes típicos irlandeses (esos que a Chandler de Friends le daban tanto miedo).

Luego nos hemos ido hacia la zona del palacio de la ópera y hemos comido allí. Al regreso hemos visto una cosa que nos ha dado mucho “miedo”: una marcha para reclamar Sydney como ciudad santa católica. Con una cruz al principio de la marcha y con carteles de “Jesús manda en Sydney”.

San Patrick’s Day

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Al empezar a escribir los posts de Sydney, un chico de España, Juan, escribió unos cuantos comentarios preguntándome cosas sobre Australia, si merecía la pena traerse portátil, y alguna cosilla más. No pudimos vernos en Sydney porque yo estaba fuera cuando él estaba aquí.

Pues resulta que el último día en Ayers Rock, mientras estábamos esperando al autobús que nos llevaba al aeropuerto, se me acercó una persona y me preguntó: “eres Miguel, verdad?”. Vaya, en la otra punta del mundo y alguien que me conoce (y que yo no conozco). Resulta que era Juan. Menuda casualidad! No tuvimos mucho tiempo, porque nos fuimos enseguida, pero tuvimos una buena charla y nos reímos. Son esos momentos, con cierta gente, que conectas aunque no nos conozcamos de nada.

Estas son las cosas que te hacen pensar en las casualidades. Casualidad y causalidad. Porque no sólo se encontraba en el mismo lugar (Ayers Rock), el mismo día que yo, sino que se alojó en el mismo hotel (dentro del resort hay varios hoteles) y estaba en la puerta justo en el momento que nos fuimos. Aquí dejo una foto para inmortalizar el momento. Juan: deja en un comentario la dirección de tu blog (tengo la memoria de un pez). Esperamos que os sirvieran las entradas al parque ;-).

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El último día en Ayers Rock lo dedicamos a ver la salida del sol en Uluru. No levantamos a las 5 de la mañana, dejamos el hotel y a las 6 ya estábamos en Uluru. Uluru se encuentra dentro de un parque nacional, y tienes que pagar unos 25$ por persona para entrar (el pase lo puedes usar por tres días). Cuando amanece, Uluru, que está formado por roca arenosa, va cambiando de color. Es marrón al principio y se va tornando rojo conforme el sol incide en él. Desayunamos viendo el amanecer, aunque las moscas empezaban a hacer de las suyas.

Luego nos dieron una vuelta por la roca (el perímetro es de varios kilómetros). Nos contaron historias aborígenes. Una muy bonita trata sobre una serpiente, Kunia. Cuenta la leyenda que la serpiente (de varios metros de grosor) anduvo por la roca y fue a parar a un sitio concreto. Resulta que hay una formación rocosa que tiene forma de serpiente. Varias marcas en la roca se usaron para confirmar el recorrido que hizo la serpiente. Incluso el rastro que dejaba el agua en la roca se dice que es la sangre de Kunia. Vimos una zona cubierta con pinturas aborígenes, que se supone que era la escuela, donde los abuelos enseñaban a los nietos todo lo que tenían que saber, pues los padres se encargaban de cazar y recolectar frutos. Hay zonas con agua permanente y hay bastante vegetación, para la zona semiárida en la que estábamos. Existen muchos sitios sagrados para los aborígenes, que no dejan que se fotografíen. A estos, no les gusta nada que la gente suba a Uluru, aunque mucha gente lo hace. Existe una cadena que te permite ascender más fácilmente, aunque el día que estuvimos no estaba permitido subir. La razón que argumentan los aborígenes es que no quieren que nadie muera allí (mucha gente ha muerto subiendo, es bastante complicado). Para los aborígenes, cada cual debe morir en el país que le vio nacer, con sus seres queridos. Su país se entiende como el sitio concreto (su casa) donde nació.

No vimos ni un aborigen en Uluru. Nos contaron que existe una comunidad aborigen más “civilizada” en el parque, y otra que es nómada y que se rige más por las constumbres ancestrales. Una cosa que nos resultó muy curiosa es que del precio de la entrada al parque, sólo una cuarta parte va a los aborígenes. Vaya tela. Incluso ponían carteles que te lo decían y que por favor dieras algo para mantenerlos. Vaya tela.

Ayers Rock-Spirits of Uluru

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El siguiente día en Ayers Rock fuimos a Kings Canyon. Nos levantamos a las 3:30 de la mañana y a las 4 ya estábamos en la carretera, con un autobús y un guía. Kings Canyon está a más de 300Km de Ayers Rock. Pudimos dormir algo en el camino. La carretera estaba llena de camellos. En un momento vimos más de 20. Luego nos contaron que también se vieron canguros, aunque nosotros estábamos durmiendo y no los pudimos ver.

A las 8 ya estábamos preparados para hacer la ruta. Podíamos hacer dos rutas, una más fácil (de media hora, por el fondo del cañón) y otra de 3 horas por encima del cañón. Debido al calor extremo, el guía insistía en que no hiciéramos la dura si no estábamos en plena forma, que lleváramos por lo menos un litro de agua por persona. La verdad es que son un poco extremistas y por un momento nos pensamos en no hacer la ruta de 3 horas. La verdad es que no era nada dura (jolín, que hemos subido el Perdido!), lo más duro era al principio, una subida hasta la parte más alta del cañón, pero en 15 minutos estabas arriba. Nos hizo gracia dos japoneses que, además de no entender nada de inglés, iban con una botellita de 100ml de agua. El guía les intentó hacer entender que con tan poca agua no podían hacer la ruta. Al final, encontraron varias botellas que pudieron rellenar con agua. Se pensaban que iban de paseo :-).

La ruta consistía en recorrer el cañón por la parte más alta. Las vistas eran impresionantes y el guía nos iba contando cosas sobre la naturaleza, la vida de los aborígenes en esas tierras, etc. Nos resultó curioso saber que si frotas un ecualiptus, este desprende un polvo que usaban para pintarse la piel. Como cada zona tiene distintos tipos de ecualiptus, servía para identificarse entre tribus. Además, resulta que dicho polvo tiene propiedades parecidas a una crema solar, por lo que el índice de cánceres de piel entre aborígenes es muy bajo. El cañón está formado por rocas de arena, que se han solidificado. El color rojo viene por el hierro, si rompes una roca ves un color más marrón.

Toda esa zona estaba antes bajo el mar y pudimos ver un fósil de un cangrejo en la roca. También era curioso ver las marcas del agua en la roca, parecido a lo que se forma en la arena de la playa cuando la marea sube y baja.

A mitad de camino llegamos a una zona que se conoce como el jardín del edén. Es una zona de agua permanente que en la época lluviosa se desborda y crea un riachuelo. Es curioso ver en la carretera muchas zonas marcadas como zona de inundación (inundación en el desierto??). En época de lluvia (por octubre) se producen desbordamientos y pueden llegar a cubrir la carretera, cortando el tráfico.

Había una zona donde más muertos se habían producido por caídas. La gente se asoma al precipicio y cualquier golpe de viento puede hacer que te caigas desde una altura de más de 100 metros.

Terminamos sobre las 11:30, menos mal, porque el calor empezaba a ser insoportable (43 grados). Nos llevaron al resort de Kings Canyon (el guía dijo: “no parpadeéis que sino no lo véis”) y comimos algo y de regreso a Ayers Rock. En el camino de regreso pudimos hacer fotos a otra montaña parecida a Uluru y a un lago de sal, vestigio del mar que antes cubría esa zona. Ya de regreso, un bañito en la piscina del hotel, a mi temperatura ideal: unos 30 grados :-D. Cenita tranquila y la cama a las 9, que al día siguiente teníamos que madrugar otra vez.

Ayers Rock-Kings Canyon

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El fin de semana del 28 de febrero hicimos un viaje corto a Ayers Rock. Se encuentra en medio del desierto (la parte central de Australia es una zona semiárida) y está formado por un conjunto de montañas, la mayoría sagradas para los aborígenes. El viaje desde Sydney son unas 3 horas y media en avión. Cuando estábamos llegando, el avión empezó a sufrir muchas turbulencias, pero al final aterrizó bien.

Para visitar Ayers Rock hay dos opciones. La primera es ir directamente al aeropuerto de Ayers Rock y alojarse en el resort que está a unos pocos kilómetros del aeropuerto y de las zonas para visitar. Como es el único alojamiento que hay, es muy caro, más del doble que otros sitios turísticos (200$ mínimo la noche). El vuelo es tambié caro, porque sólo opera Qantas (400$ ida y vuelta desde Sydney). La segunda opción, que no tuvimos en cuenta, es volar hasta Alice Springs y luego coger excursiones para que te acerquen a Ayers Rock y hacer alguna noche allí. Alice Springs está a 500km de Ayers Rock, por lo que para llegar a Ayers Rock hay que coger alguna excursión hacia allí.

Nosotros nos alojamos en el Ayers Rock Resort. Al poco de llegar ya nos estaban esperando para nuestra primera actividad. Se trataba de la cena Sound of Silence. Te recogen un poco antes de que se oculte el sol y te llevan a mitad del desierto, en un montículo donde puedes ver el Uluru por un lado y por el otro las Olgas, por donde se ocultaba el sol. Nada más llegar nos dieron una compa de champañ de bienvenida y nos ofrecieron unos canapés de carne de canguro, cocodrilo y salmón. Estuvimos haciendo fotos hasta que el sol se ocultó. Nos pasaron a una zona con las mesas preparadas para cenar.

Compartimos mesa con una pareja de italianos, de unos 60 años. Hablaban un poco español y nada de inglés. También teníamos sentados en la mesa a 3 americanos, una pareja y su sobrino. Fue gracioso hacernos entender entre todos. La cena estuvo bien. Una sopa de calabaza con especias, un poco caliente y luego un bufet con carne y pescado, cocinado a la barbacoa. Volví a probar el canguro (no tenía ningún sabor especial para mí) y un cordero buenísimo. Todo servido con un vino que no estaba mal, pero que lo tenían a temperatura ambiente. Mientras cenábamos, alguien tocaba el dijeridoo.

Cuando terminamos de cenar nos explicaron las estrellas. Es mucho más fácil localizar el sur que el norte, y me sorprendió ver dos galaxias a simple vista. Nos contaron historias aborígenes y tomamos un oporto de postre.

Ayers Rock-Sound of silence

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