El museo de Ibarra

Referencia: CASTAÑO Y GARCÍA, Joan. El museu d’Ibarra En: El Germans Aureliá y Pere Ibarra :Cent anys en la vida cultural d’Elx (1834-1934)
Publicacío de la Universitat d’Alacant. Campus de Sant Vicent (2002). ISBN. 84-79086490

 

Cuando necesitó un lugar adecuado para preservar y exponer todo el material histórico recogido a lo largo de su intensa vida intelectual, el propio Pedro Ibarra lo creó. Su museo surgió entre una marea de indiferencia por parte de los propios ilicitanos, los cuales no entendían el valor de lo allí expuesto; por el lado contrario, personajes de renombre e intelectuales de toda índole se pasaban a visitarlo por muy lejos que estuviesen, pues sí sabían tener en consideración una labor tan valiosa por parte del historiador.

Allí acudieron excursiones de alumnos, escritores como Marino Roso de Luna en 1925 o Angelina Bescos desde la distante Argentina un año después, e incluso un ex-ministro de guerra como Juan de la Cierva. Todos personajes famosos de su tiempo que no hacían más que hablar maravillas del trabajo de Ibarra. No entendían la poca consideración tenida hacia su persona o su museo, y consideraban que el ayuntamiento debería adquirirlo para no dejarlo echarse a perder.

 

Pero, por mucho que a su muerte se realizasen valores para asegurar su conservación, el inicio de la Guerra Civil lo hizo imposible. Todo lo perteneciente al museo acabó dividido, saqueado… mucho se perdió en aquel entonces. Múltiples cosas sucedieron desde el abandono de tanto material en los sótanos de las dependencias del museo hasta que alguien se volviese a fijar en él, y decidiese sacarlo a la luz otra vez.

Terminado el régimen franquista, a partir del 1980, todo lo salvado de aquel pequeño tesoro intelectual fue recuperado; muchas de los objetos personales de Ibarra fueron trasladados al Archivo Municipal de elche para ser catalogados y estudiados como eran debido, sus pinturas acabaron siendo expuestas al público…

Hoy en día todo esto se tiene como patrimonio cultural del pueblo ilicitano, tanto histórico y documental, como artístico, monumental, natural, etnográfic, territorial y, en definitiva, un tesoro que debe perdurar a lo largo del tiempo.

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