Han pasado tres meses desde mi última entrada. Quizá algunos pensaron que, una vez defendida la tesis, me había ido definitivamente a tomar ese cóctel con sombrillita y aroma de coco. Siento pinchar la burbuja de esos felices, pero nada más lejos de la realidad. Y no por falta de ganas, a pesar de que no me guste el coco, sino porque había que seguir trabajando. El legado de Concha Alós todavía no está consolidado en el canon literario. Bien es cierto que cada vez tiene mayor presencia. Eso es innegable. Pero no nos podemos descuidar. Yo sigo dale que dale con mi piedra de Sísifo. Prueba de ello es la recientísima publicación de mi artículo en la cuidada revista húngara sobre Crítica de Narrativa Breve escrita en español Lejana. Su número 19 está compuesto por artículos de alto nivel académico que ponen el foco en la función literaria de la metamorfosis entendida, cito del texto de presentación de sus coordinadoras Petra Báder (Universidad Eötvös Lórand, Budapest) y Ludmila Barbero (Universidad de Buenos Aires y Potsdam): “como una mutación o devenir [que] refiere tanto a la subjetividad como a la materialidad del cuerpo” y, además, abre los límites de lo humano a lo animal o, a la inversa, de lo animal a lo humano.
Concretamente, mi estudio ha querido colarse en este cartel de aúpa. Porque no quería desaprovechar la oportunidad de ofrecer una perspectiva más cercana a los cauces teóricos de las últimas décadas vinculándola con la escritura de Concha Alós y, así, atraerla hacia la más rabiosa actualidad con el fin de demostrar que su literatura, de manera pionera o al menos sin atender a las modas del momento, ya representaba los conflictos existenciales de los que adolece el ser humano en nuestros días: la deriva del sujeto posmoderno y, en nuestro caso nacional, la deriva de la sociedad franquista que de la noche a la mañana se levantó democrática. Permitidme la burda elipsis histórica.
Así pues, tomé el relato que más me gusta de su Rey de gatos: “La coraza” y me puse a explorar la metamorfosis de su protagonista en un insecto cuya descripción recuerda a la de un escorpión, pero que, sin embargo, su performance se parece más a la actitud de una mantis religiosa. La protagonista anónima del cuento se come a su amante justo después de la cópula. Esta antropofagia apunta hacia una rebeldía, un inconformismo ante los discursos banales que trivializan el sexo sofocando los sentimientos. La mutación de la protagonista pide a gritos una liberación. Estas impresiones de base me llevaron a preguntarme si la resolución de la protagonista significaba en su fondo una verdadera liberación o si, en cambio, escondía otra perversidad más del patriarcado… Aquí os dejo el enlace al artículo por si os suscita curiosidad mi planteamiento.
Espero que esto sirva para colmar el vacío de los tres meses en silencio que han sido un poco rocambolescos, tanto en lo personal como en lo académico. Pero, tranquilos, el cóctel con sombrillita (y sin coco) todavía puede esperar. Yo sigo rodando mi roca hacia lo alto de la colina.

