En 1568 Felipe II queda de nuevo viudo, sin descendencia masculina y con dos hijas pequeñas. Rápidamente aparecen candidatas: Margarita de Valois, hermana de la recientemente fallecida Isabel, y la archiduquesa Anna de Austria. El monarca español se dirige a su primo Maximiliano II a los cuatro meses de perder a su esposa en estos términos: “si se atuviera a su satisfacción personal seguiría como estaba; pero teniendo tan pocos herederos y ningún varón se alegraba por el bien de su reino del ofrecimiento que se le hacía”. Dicho ofrecimiento es la mano de la archiduquesa Anna ya que esta era hija del emperador Maximiliano II y de la infanta María, hermana de Felipe II, por lo tanto sobrina carnal del monarca. Anna había nacido en el pueblo vallisoletano de Cigales el 1 de noviembre de 1549 y contaba con excelentes antecedentes de fecundidad ya que su madre había tenido nada menos que 14 hijos. Además hablaba castellano a la perfección y amaba todo lo relacionado con la península, sintiendo por su tío Felipe una especial predilección.

La consanguinidad entre los cónyuges provocó cierto rechazo del papa Pío V al enlace, pero finalmente otorgó la necesaria dispensa papal. Las capitulaciones se firmaron en Madrid el 24 de enero de 1570. El esposo contaba con 42 años y la esposa 21. La boda por poderes tuvo lugar en el castillo de Praga el 4 de mayo de ese mismo año, llegando la reina a Laredo el 3 de octubre. La misa de velaciones se celebró en la capilla del Alcázar de Segovia el 14 de noviembre, pasando los cónyuges la luna de miel en el palacio de Valsaín, uno de los favoritos de Felipe. Cuentan los cronistas que “a la mañana siguiente el Rey y la Reina fueron vistos alegres y contentos y salieron a oír misa en la iglesia pública”. Doce días más tarde, Anna hace su entrada pública en Madrid, poniendo rumbo al Alcázar para conocer a las hijas de su esposo, Catalina Micaela e Isabel Clara Eugenia. Las damas de la corte habían dicho a las pequeñas que su madre regresaba del cielo; cuando la infanta Isabel contempló a la nueva reina se echó a llorar diciendo: “Esta no es mi madre que tiene el pelo rubio”. La niña, de cuatro años, recordaba los oscuros cabellos de su madre por lo que no creyó la comedia inventada por las damas. Doña Anna contó a las infantas que no era su madre pero que las iba a querer como si lo fuera, lo que en efecto ocurrió.

Desconocemos si Anna se enamoró profundamente de su marido. Precisamente los especialistas que afirman la existencia de una aventura de Felipe II con la princesa Eboli la sitúan en estas fechas. Si esta infidelidad fue cierta, la reina no manifestó públicamente sus celos. El embajador veneciano nos cuenta que el rey iba a visitar tres veces al día a su esposa e incluso nos describe la alcoba real: “dos camas bajas, separadas dos palmos una de otra y cubiertas por una cortina, de tal manera que parecían una sola”. La austeridad y la sencillez se adueñaron de la corte madrileña, hasta el punto de llegar a la queja del embajador francés porque Madrid “parece un convento de monjas”.

Castillo de Praga

Castillo de Praga

Uno de los factores que determinaron la elección de Anna fue la elevada natalidad de su madre, no dejando en mal lugar a los que apostaron por ella. Pronto se quedará embarazada y el 4 de diciembre de 1571 nació el primer varón, bautizado con el nombre de Fernando en honor a su bisabuelo, Fernando el Católico. Se cuenta que el niño estaba dormido durante el bautizo lo que se interpretó como un mal augurio. En efecto, el príncipe Fernando falleció el 18 de octubre de 1578, a los siete años.

En un viaje a El Escorial la reina sintió profundos dolores de parto, dando a luz en Galapagar de forma repentina el 12 de agosto de 1573. Nacerá un nuevo varón llamado Carlos Lorenzo, quien fallecerá el 9 de julio de 1575. Tres días después de la muerte del infante nace en Madrid el tercer hijo de la real pareja bautizado con el nombre de Diego Félix, quien también fallecerá con siete años, a causa de la viruela.

El 3 de abril de 1578 nace en el Alcázar madrileño un nuevo infante al que se le puso el nombre de Felipe; será el heredero de la corona aunque en el momento de su nacimiento había dos hermanos en la línea de sucesión. El quinto y último parto de doña Anna tendrá lugar el 14 de febrero de 1580, viniendo al mundo una niña llamada María que fallecerá el 4 de agosto de 1583, con tres añitos. Se especula que los hijos de Anna fallecerían por causa de la sífilis congénita heredada de su padre, aunque también se apunta como causa de los fallecimientos las peligrosas diarreas estivales, mortales en la época.

Tras el quinto parto, la reina sufrirá una grave anorexia que la puso a las puertas de la muerte. Fue necesaria la intervención del padre fray Alonso de Orozco que dio a Anna una perdiz y una loncha de tocino asados mientras recitaba versos del Magnificat. La reina comió parte de las viandas que le fueron ofrecidas y se levantó con salud.

Pocos meses después del parto de su hija pequeña, la reina Ana de Austria falleció en Talavera la Real (Badajoz), víctima de una gripe epidémica, enfermedad que previamente había padecido el rey Felipe II. Murió nuevamente embarazada y fue enterrada en el Real Monasterio de Santa Ana de Badajoz, donde estuvo durante varios años hasta su traslado al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Como recuerdo, se permitió que las entrañas de la reina se quedaran enterradas en el monasterio pacense de Santa Ana, donde actualmente pemanecen enterradas en el suelo del coro de dicho monasterio.

Una Respuesta a “Cuarto Matrimonio: Ana de Austria”
  1. olga oñós ferrer dice:

    Lerr historia siempre ha sido mi gran pasión,compro todas las revistas de historia mensualmente,refiriéndome a esta triste historia de matrimonios reales, como tantas otras, creo que tambien en aquella época aparte de las enfermedades que habia y el poco o nada conocimiento de la medicina,era sorprendente como las reinas eran verdaderas máquinas de parir sin descanso, y que además habia un alto riesgo aparte de las enfermedades venéreas la poca higiene y otros tantos virus, habia una consaguinidad alarmante, creo que los hijos heredaban una gran cantidad de enfermedades producidas por el parentesco tan cercano tios y sobrinas carnales, eso era un motivo suficiente, tambien para los hijos que sobreviven, y tienen a lo largo de su vida gran cantidad de enfermedades que heredan sin parar,