Locke inaugura una nueva época en la historia del pensamiento: la Ilustración. Frente al racionalismo ambicioso y sistemático del siglo XVII que arranca en su argumentación desde los primeros principios, Locke pretende algo más modesto, trabaja con una razón próxima al sentido común. Nunca se enfrasca en problemas abstractos y difíciles, siempre piensa en soluciones prácticas de problemas inmediatos y no pretende haber dicho en ellos la última palabra. Frente a los grandes sistemas, ahora se trata de conocer algunas parcelas, aquellas que sean útiles al hombre. Desde el punto de vista formal, frente al tratado el ensayo. Por eso, al aplicar esta mentalidad al campo de la política, se origina un nuevo tipo de pensamiento, más independiente de la filosofía y de la teología, más pragmático.

La obra más importante de Locke en cuanto influencia en las formas del pensamiento del siglo XVIII fue su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), crítica severa al racionalismo, la cual significa el comienzo de la crisis de la razón metafísica —la que se cree capaz de llegar hasta la esencia de las cosas— y su sustitución por la razón empírica, cuya capacidad se limita a la organización coherente de la experiencia.

Locke comienza rechazando la teoría de que las ideas son innatas, base del racionalismo cartesiano. Al contrario, el entendimiento es como un papel en blanco y todo lo que en él se escribe, las ideas (nombre genérico para todo contenido mental), es producto de nuestra experiencia. En esta misma línea Locke lanza un ataque a la concepción racionalista de la moralidad: también los valores morales son producto de la experiencia. Nacen de las impresiones de placer y dolor, pues llamamos «bueno» a lo que la experiencia nos enseña que produce placer o disminuye el dolor y «malo» a lo contrario. Ahora bien, la calificación de unas acciones como buenas o malas y, consiguientemente, los contenidos de lo que entendemos por la virtud y el vicio dependen de la opinión de los hombres, es decir, varían según las sociedades.

En cuanto a su más importante obra política, hemos indicado la hipótesis de que Dos tratados… hubiera sido escrita para apoyar la política exclusionista de los whigs, antes de la Revolución Gloriosa. No se puede decir, pues, que Locke escribiera para justificar la Revolución sino para promoverla. Por causas que desconocemos Dos tratados… no fue publicado en esos años y el manuscrito quedó esperando una nueva oportunidad. Esta se ofreció tras el triunfo de la Gloriosa.

Limitados por las dimensiones de este Manual y convencidos de que el interés del «Primer tratado» se reduce a los especialistas de la figura o de la época de Locke, puesto que se trata de una refutación de los argumentos escriturísticos de Filmer, vamos a estudiar el «Segundo tratado» cuyo subtítulo reza: Un ensayo concerniente al verdadero origen, extensión y finalidad del gobierno civil.

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