Archivo de la Categoría “Relaciones filosóficas”

Al margen del Ensayo sobre el entendimiento humano, Locke escribió otra obra de gran importancia que ya comenté, la Carta sobre la tolerancia. Uno de los contenidos mas interesantes de la carta sobre la tolerancia es el tema de la relación Estado-Religión. El autor establece una clara distinción entre ambas entidades o instituciones, una distinción basada en el cada vez mas expandido secularismo imperante en el siglo XVII. Ambos conceptos, el de Estado e Iglesia, son explicados por el autor y son necesario conocerlos (tal como los describe Locke) para poder compararlo con lo dicho por otros autores sobre las relaciones Estado-Iglesia.

Entrando ya en contenido, Locke trata de establecer una clara distinción entre las cuestiones de gobierno civil y las de religión. Respecto a esto, comienza diciendo que con el fin de que no se utilice la religión con objetivos de persecución y castigo, a fin de simular tener en cuenta el bienestar público, debe establecerse dicha distinción, ya que si no se hace, siempre existirán controversias en este tema.

Locke considera al Estado como una sociedad de hombres constituida solamente para procurar, preservar y hacer avanzar sus propios intereses de índole civil. Así, los intereses civiles serian la vida, la libertad, la salud, el descanso del cuerpo y las posesiones externas (casas, dinero…). Por tanto el deber del magistrado civil (del gobernante) seria asegurar la justa posesión de estas cosas, siempre a través de unas leyes justas que se aplican a todo el pueblo. Por tanto si alguien pretende violar esas leyes, la justicia pública condenará su conducta y el individuo perderá sus derechos. Pero se debe destacar que esa jurisdicción solamente es aplicable a estos intereses civiles (concepto este que redundará a lo largo de toda la carta), y todo poder, derecho y dominio civil está limitado y restringido solamente a promover estas cosas, por lo que bajo ningún concepto debe extenderse al ámbito de la salvación de las almas.

Para defender estas aclaraciones Locke establece tres puntos basados en la salvación de las almas:

  1. El cuidado de las almas no está encomendado al magistrado civil ni a ningún otro hombre, porque Dios no ha dado a nadie autoridad para que obligue a alguien a profesar su religión. Así nadie puede obligar a nadie ha hacer algo en contra de su fe (no es fe si no se cree).
  2. El cuidado de las almas tampoco pertenece al poder civil porque su poder es un poder exterior, y la religión verdadera es un poder de persecución interior. Por este motivo la única tarea a este respecto que puede realizar el magistrado civil es corregir e instruir a través de la palabra (persuasión, no obligación y castigo). El magistrado civil solo puede aplicar castigos en materia civil, no en materia de fe, y solamente “la evidencia y la luz” pueden hacer cambiar de opinión a los hombres.
  3.  Castigos y leyes pueden convencer y cambiar de opinión a los hombres, pero esto no ayuda en nada a la salvación del alma.

 

Con todo esto queda claramente definida que el gobierno civil debe dedicarse solamente a intereses civiles y a cuidar las cosas de este mundo.

Respecto a la Iglesia, Locke la considera como una sociedad voluntaria de hombres, los cuales (y esto también es un concepto redundante en toda la obra) se unen mediante un acuerdo mutuo con el objetivo de rendir culto públicamente a Dios de la manera que ellos juzgan públicamente a Dios de la manera que ellos consideran oportuna para conseguir la salvación de sus almas. Por tanto al ser una sociedad libre y voluntaria, nadie nace miembro de una iglesia, ya que de otro modo la religión pasaría de padres a hijos por derecho hereditario. Así, ningún hombre se encuentra por naturaleza ligado a ninguna iglesia o secta en particular, si no que cada uno es libre de unirse al culto que considere más oportuno para rendir culto a Dios.

Por tal motivo, si tras el ingreso (que es libre y voluntario) descubre algo erróneo en esa doctrina, Locke se pregunta si es libre de salirse de ella, a la que contesta aclarando que no habría ningún motivo para impedir su salida, ya que la iglesia es una asociación libre y voluntaria.

Establecido esto, Locke se plantea la cuestión de la regulación de la iglesia a través de unas leyes. Estas leyes se basan en el establecimiento del tiempo y lugar de las reuniones, las reglas de admisión y expulsión, elección de oficiales, etc… La creación de esas leyes corresponde pues a la sociedad misma.

Locke en este punto platea que alguien podría decir que esta sociedad no es una verdadera Iglesia porque no tiene obispos con autoridad derivada de los apóstoles. A esto el mismo se responde diciendo que en ningún edicto Cristo ha impuesto esa ley a la Iglesia. Para continuar con esta cuestión, el autor aclara que acepta que esos hombres tengan un jefe en esa iglesia, siempre y cuando se permita a cualquier hombre formar parte de la iglesia libremente con el fin de la salvación del alma. Así la libertad eclesiástica será preservada siempre y a ningún hombre le será impuesto un legislador que él no haya elegido.

Con todas estas cuestiones, Locke comienza ya a tratar el asunto de la tolerancia religiosa dentro de la propia religión (entre las distintas ramas del cristianismo). Como argumento de defensa de esto último, destaca un pasaje de la carta en la que dice “Esto quisiera que lo tuviesen muy en cuenta: que el Evangelio declara frecuentemente que los verdaderos discípulos de Cristo tienen que sufrir persecuciones; pero que la Iglesia de Cristo deba perseguir a otros y forzarlos con el fuego y la espada a abrazar su fe y doctrina, no lo he encontrado todavía en ninguno de los libros del Nuevos Testamento”.

 Por tanto, resumiendo las ideas expuestas, el fin de una sociedad religiosa (de cualquiera) es el culto público de Dios y la adquisición de la vida eterna. Por tal motivo toda disciplina debe tender a ese fin y todas las leyes eclesiásticas deben limitarse a él.

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Locke inaugura una nueva época en la historia del pensamiento: la Ilustración. Frente al racionalismo ambicioso y sistemático del siglo XVII que arranca en su argumentación desde los primeros principios, Locke pretende algo más modesto, trabaja con una razón próxima al sentido común. Nunca se enfrasca en problemas abstractos y difíciles, siempre piensa en soluciones prácticas de problemas inmediatos y no pretende haber dicho en ellos la última palabra. Frente a los grandes sistemas, ahora se trata de conocer algunas parcelas, aquellas que sean útiles al hombre. Desde el punto de vista formal, frente al tratado el ensayo. Por eso, al aplicar esta mentalidad al campo de la política, se origina un nuevo tipo de pensamiento, más independiente de la filosofía y de la teología, más pragmático.

La obra más importante de Locke en cuanto influencia en las formas del pensamiento del siglo XVIII fue su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), crítica severa al racionalismo, la cual significa el comienzo de la crisis de la razón metafísica —la que se cree capaz de llegar hasta la esencia de las cosas— y su sustitución por la razón empírica, cuya capacidad se limita a la organización coherente de la experiencia.

Locke comienza rechazando la teoría de que las ideas son innatas, base del racionalismo cartesiano. Al contrario, el entendimiento es como un papel en blanco y todo lo que en él se escribe, las ideas (nombre genérico para todo contenido mental), es producto de nuestra experiencia. En esta misma línea Locke lanza un ataque a la concepción racionalista de la moralidad: también los valores morales son producto de la experiencia. Nacen de las impresiones de placer y dolor, pues llamamos «bueno» a lo que la experiencia nos enseña que produce placer o disminuye el dolor y «malo» a lo contrario. Ahora bien, la calificación de unas acciones como buenas o malas y, consiguientemente, los contenidos de lo que entendemos por la virtud y el vicio dependen de la opinión de los hombres, es decir, varían según las sociedades.

En cuanto a su más importante obra política, hemos indicado la hipótesis de que Dos tratados… hubiera sido escrita para apoyar la política exclusionista de los whigs, antes de la Revolución Gloriosa. No se puede decir, pues, que Locke escribiera para justificar la Revolución sino para promoverla. Por causas que desconocemos Dos tratados… no fue publicado en esos años y el manuscrito quedó esperando una nueva oportunidad. Esta se ofreció tras el triunfo de la Gloriosa.

Limitados por las dimensiones de este Manual y convencidos de que el interés del «Primer tratado» se reduce a los especialistas de la figura o de la época de Locke, puesto que se trata de una refutación de los argumentos escriturísticos de Filmer, vamos a estudiar el «Segundo tratado» cuyo subtítulo reza: Un ensayo concerniente al verdadero origen, extensión y finalidad del gobierno civil.

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El empirismo está basado principalmente en el papel de la experiencia en la labor de formación de las ideas y en la deducción surgida de esas experiencias. Por tanto, para el empirismo, la experiencia es la base de todos los conocimientos.

Por su parte el racionalismo otra una corriente filosófica aparecida  en la Francia delsiglo XVII, formulada por René Descartes, que subraya el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, en contraste con el empirismo, que resalta el papel de la experiencia sobre todo el sentido de la percepción.

Destaca la figura de René Descartes, quien ve en la geometría el ideal de todas las ciencias y de la filosofía. Defiende que únicamente por medio de la razón se podían descubrir ciertas verdades universales, de las que es posible deducir el resto de contenidos de la filosofía y de las ciencias.

La controversia entre ambas formulaciones se observa principalmente en la idea del innatismo. Descartes destaca que las verdades universales en sí eran innatas, no derivadas de la experiencia.

El empirismo filosófico por su parte contrasta con este racionalismo, ya que considera que el conocimiento se obtiene mediante la experiencia y la experimentación basándose en la captación sensorial, independientemente de la razón.

A pesar de ello, esta diferencia de opiniones es vista como una exageración de los temas filosóficos envueltos en la controversia. Esto se considera de este modo porque algunos de los máximos racionalistas como Descartes o Spinoza fueron partidarios del método científico empírico de su época. Por su parte, John Locke  alegó también que ciertos conocimientos como el conocimiento de la existencia de Dios puede ser hallados mediante la intuición y el razonamiento.

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El empirismo es una de las teorías del conocimiento. Está basada principalmente en el papel de la experiencia en la labor de formación de las ideas (haciendo hincapié en la percepción sensorial) y en la deducción conseguida de esas experiencias. Por tanto, para el empirismo, la experiencia es la base de todos los conocimientos.

Se considera que el origen y desarrollo de esta corriente está en las Islas Británicas, evolucionando durante los siglos XVII y XVIII (de mano de filósofos como John Locke, quien haría las primeras formulaciones empíricas, seguido por George Berkeley y David Hume).

John Locke defiende que el origen del conocimiento es la experiencia y que la mente sería un papel en blanco sin ideas innatas (es decir, que el ser humano no posee ideas innatas) en el cual las experiencias dejan marcas. Por tanto la doctrina del empirismo fue formulada explícitamente por primera vez por John Locke. El empirismo niega rotundamente que los humanos tengan ideas innatas o que cual cosa sea entendible sin tener que hacer alusión a la experiencia.

El empirismo no sostiene que se tenga un conocimiento empírico automático o innato. Para que cualquier conocimiento sea deducido, este conocimiento debe conseguirse de un sentido basado en la experiencia.

En cuanto a la filosofía de la ciencia, el empirismo se considera una teoría del conocimiento, que destaca los aspectos del conocimiento científico que se encuentran relacionados con la experiencia o mediante la experimentación. Por tanto, para el método científico es fundamental que todas las hipótesis y teorías deben ser “pre-probadas” o probadas mediante la observación del mundo natural, quitándole importancia a la reflexión a priori o la intuición.

Estas ideas de experiencia entrarán en “conflicto” con las ideas del racionalismo, el cual sostiene que si que existen ideas innatas.

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