“Por ende, si el más torpe es el más satisfecho de sí y el rodeado de mayor admiración, ¿quién preferirá la verdadera sabiduría, que cuesta tanto trabajo adquirir, que vuelve luego más vergonzoso y más tímido, y que, en suma, complace a mucha menos gente?” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura, capítulo XLII).

                               

 

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     “¿Es admisible la proposición que dice: Pater Deus odit Filium?; ¿Habría podido tomar Dios la forma de mujer, de diablo, de asno, de calabaza o de guijarro?”  (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo LIII).

 

     Ahora nos centraremos en el ataque de Erasmo a los teólogos. Lo que más les echa en cara es que se dediquen a divagar sobre cuestiones complejas y formales (que en realidad no les sirven a nadie) y olviden aspectos más prácticos. En la actualidad, los grandes teólogos y la alta jerarquía eclesiástica pierden mucho tiempo discutiendo algunos temas y atacando otros que no son la base del cristianismo y apenas tienen relación con la fe. Estos grandes debates son los que suelen aparecer en los medios de comunicación, los que rápidamente asocia el ciudadano de a pie con la Iglesia (eutanasia, aborto, homosexualidad, métodos anticonceptivos…). Son, frecuentemente, cuestiones relacionadas con las costumbres y no tanto con la religión. Así, resulta chocante que se emplee más tiempo y energía hablando de sexualidad que de pobreza o derechos humanos, aspectos que forman parte de la propia doctrina de la Iglesia (en el concilio Vaticano II la existencia de pobreza extrema se pasa a considerar un pecado).

     La teología se ha ido haciendo una ciencia cada vez más compleja. La sencilla Iglesia primitiva se empieza a complicar cuando se transforma en un fenómeno de masas. Entonces surge la heterodoxia (distintas corrientes, distintos pensamientos) y es necesario conseguir una unidad, determinar qué se debe creer y qué no. Así, nos encontramos con que los evangelios son votados en un concilio. También acabó de este modo el debate acerca de si la mujer tenía alma. Estas grandes divagaciones continúan hoy.

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que cerráis el reino de Dios a los hombres!” (Mateo 23,13).

      “Pero Cristo, cuando vea que no lleva traza de acabar esta lista de méritos, los interrumpirá exclamando: ¿De dónde ha salido esta nueva casta de judíos? En verdad os digo que yo no conozco más que mi ley, y es la única cosa de que no he oído ni una palabra”  (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo LIV).

     En este caso, Erasmo ataca al clero regular. Los argumentos que se esgrimen son parecidos a los que se usan contra el secular, aunque hay algunos aspectos diferentes. También es distinta la intensidad del ataque: en este caso hay más ironía y se les llega a ridiculizar. En un determinado momento, el autor los compara con los judíos: se refiere a su interés por guardar las formas sin que exista una verdadera devoción. En este sentido, más que con los judíos habría que identificarlos con los fariseos, o con la imagen de los fariseos que nos da el Nuevo Testamento: se los está acusando de hipocresía. No obstante, antes de analizar este tema, debemos tener en cuenta que muchas de las órdenes que Erasmo critica han sido formadas poco antes, por lo que todavía están inmersas en discusiones.

     En primer lugar, se ataca su falta de formación (“estiman como suprema perfección estar limpios de toda clase de conocimientos”). Seguidamente, se va contra su formalismo: “¿habrá algo más chusco sino que todas las cosas las hagan según preceptos, como si se sujetaran a reglas matemáticas, cuya omisión significase sacrilegio?”. Como apoyo usa ejemplos extremos: se ha terminado el número de nudos de la sandalia, el color del cinturón, la forma de los vestidos que deben llevar… Son aspectos que no tienen nada que ver con la fe. Por eso, se incide en que mientras se preocupan de estas minucias no prestan atención a lo importante. Creen que están actuando de una manera perfecta, cuando en realidad se apartan de Dios: “la mayor parte de ellos conceden tanta importancia a las ceremonias y tradicioncillas, que piensan que el Paraíso no es bastante recompensa”.

     Por otra parte, cuando ha terminado de atacar su formalismo, Erasmo (o Estulticia) se centra en su forma de predicar, aspecto en el que los llega a comparar con los charlatanes de los mercados. En realidad, se debe a que sus técnicas y recursos retóricos y su forma de intentar atraerse al auditorio están lejos de aquellos principios que defiende Erasmo. Los monjes y frailes son quizá el rincón más profundo de la devoción tradicional.

     En este aspecto, en la actualidad la situación es algo mejor: la contrarreforma trató de imponer disciplina en los conventos y en nuestros tiempos se suele cuidar más su formación. Sin embargo, también debemos tener en cuenta que el peso que tienen las órdenes religiosas hoy es mucho menor al que tenían en época de Erasmo.

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     Si hemos hablado ya, en relación a la religiosidad exterior, de las diferencias entre lo que es y lo que debería ser la vida religiosa, la crítica de Erasmo se hace más dura al referirse a los ministros de la Iglesia, a los que ataca sin distinción de cargo o de jerarquía por diversas razones.

     De los obispos, cardenales y pontífices, Erasmo critica su vida semejante a la de los nobles y apartada de sus verdaderas funciones. Llevan a menudo los símbolos que los distinguen como un elemento de prestigio, sin ser conscientes de su verdadero significado, y usan sus cargos como fuente de ingresos (“No recuerdan que la palabra obispo quiere decir trabajo, vigilancia y solicitud. Sólo si se trata de recoger dinero se sienten verdaderamente obispos”). Todo está al revés, nada sucede como debería, todo ha perdido su auténtico sentido. No es raro, por tanto, que Erasmo hable de ello a través de la Locura.

     A partir del capítulo LVIII, la crítica se va centrando en colectivos concretos. En éste se refiere a los cardenales, que, siendo los sucesores de los Apóstoles, parecen necesitar riquezas para imitarlos. Una vez más, se pone de manifiesto la pérdida del auténtico sentido del cristianismo y, para ello, se hace referencia a la Iglesia primitiva, cuya pureza Erasmo quiere recuperar.

     Más atención le presta al sumo Pontífice (capítulo LIX), que no trata de imitar la vida de Cristo. Tanto él como los anteriores pueden ser felices y no tener preocupaciones gracias a Estulticia: se apartan de la razón, no piensan en lo que conllevan sus cargos: “¡Cómo tendrían que privarse de sus placeres si alguna vez se adueñase de ellos la sensatez!”. Sin embargo, Erasmo no pasa por alto tampoco a aquellos que viven a la sombra de los papas: “Pero no hay que olvidar lo que sería entonces de tantos escribanos, copistas, notarios, abogados, promotores, proxenetas, y alguno más vergonzoso añadiría, pero temo que resulte ofensivo para el oído”. Aún así, están convencidos de que Cristo está satisfecho con su labor. En la actualidad, esta imagen del sumo pontífice no ha cambiado mucho. Rodeado de ceremonias, pompa y riqueza ahora, además, se suma el problema de la elevada edad con la que suele llegar a este cargo. Esto no es un aspecto de poca importancia: por una parte se supone necesaria una amplia formación y experiencia para llegar hasta aquí. Sin embargo, por otra, debemos tener en cuenta las propias limitaciones fisiológicas del ser humano: la avanzada edad, las enfermedades… dificultan a menudo un ejercicio activo, dinámico de esta función a la vez que se fomenta el inmovilismo.

     Al criticar a los obispos, en el capítulo LX, pone el ejemplo de los alemanes, que viven como auténticos sátrapas. De los sacerdotes, en cambio, dirá que creen cumplir con su deber rezongando las oraciones de cualquier modo. La situación de dejadez aparece en todas las esferas:

     “De la misma manera, los pontífices, diligentísimos para amontonar dinero, delegan en los obispos los menesteres demasiado apostólicos; los obispos, en los párrocos; los párrocos, en los vicarios; los vicarios, en los monjes mendicantes y, por fin, éstos lo confían a quienes se ocupan de trasquilar la lana de las ovejas” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo LX).

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     “Mucho más fervorosamente adorada me juzgo al ver que todos me llevan en el corazón, me confiesan con la conducta y me imitan en la vida. Por cierto, que no es éste el género de culto más frecuente, ni aun entre los cristianos. ¡Cuántos de éstos ofrecen a la Virgen Madre de Dios una vela encendida en pleno mediodía, que es cuando no le hace falta alguna! Y, sin embargo, ¡cuán pocos se esfuerzan en imitarla en su castidad, su modestia y su amor divino! Éste sería, sin embargo, el culto verdadero y, con mucho, el más agradable al cielo” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo XLVII).

                                

 

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     Desde el capítulo XL, Erasmo empieza a atacar la religiosidad exterior y la superstición, así como a sus practicantes. Por tanto, va contra los que se complacen en escuchar o explicar falsos prodigios y milagros (ya sea para matar el tiempo o por ánimo de lucro), contra aquellos que veneran las imágenes y pinturas pensando que van a solucionar todos sus males, los que creen que pueden encontrar una forma mundana de reducir la estancia en el Purgatorio, los que se dedican a recitar salmos y textos sagrados de memoria…Todas estas prácticas hacen que se olvide la verdadera esencia del cristianismo y llevan a una religión puramente formal. El Nuevo Testamento y el mensaje de Cristo supone un cambio con respecto a la tradición judía precisamente en ese sentido: se coloca por encima de las leyes y de los formulismos a las personas y a sus obras. Así, podemos recordar las quejas de los judíos cuando Jesús cura en sábado, el caso de la prostituta a la que la ley condena y él decide salvar… Frente a una religión con unas normas claramente establecidas, el cristianismo aparece en sus orígenes como una renovación que pretende ser más coherente. Sin embargo, con el paso del tiempo, la tendencia será la misma. Muy pronto aparece la necesidad de regular aquello que se debe creer y aquello que no, de establecer los criterios por los que un cristiano puede recibir tal nombre, de controlar todas las prácticas. Ello implica un aumento de la complejidad de las formas religiosas: los dogmas proliferan y para demostrar que se es buen cristiano es necesario manifestarlo externamente. Esto se une con las antiguas reminiscencias del paganismo y con una forma de actuar instintiva: es más fácil acercarse a aquello que se puede ver y tocar, a aquello que resulta más fácil o que llama más la atención. Así lo dice Erasmo a través de Estulticia:

     “El espíritu humano está modelado de tal manera, que aprehende mucho mejor lo ficticio que lo verdadero. Si alguien solicita una prueba manifiesta y obvia de tal cosa, acuda a la hora del sermón en una iglesia y verá que si se está hablando de algo serio, todos dormitan, bostezan y se asquean; en cambio, si el vociferador (me he equivocado, quise decir el orador), comienza, según hacen con frecuencia, a explicar alguna historieta asnal, se despabilan todos, prestan atención y escuchan con la boca abierta. Del mismo modo, si se celebra algún santo orlado de fábulas y de poesías –como, si me pedís ejemplos, lo son Jorge, Cristóbal o Bárbara- veréis que se les venera con mucha más devoción que a san Pedro, san Pablo o al mismo Jesucristo” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo XLV).

     Erasmo introduce aquí una de las claves de su pensamiento religioso en lo relativo al estado en el que se encuentra Iglesia y, en consecuencia, a la necesidad de renovación. A lo largo de estos capítulos, y  mediante el uso de muchos ejemplos, nos ofrece una imagen que nos resulta familiar. El cristianismo, en la actualidad, sigue teniendo muchos elementos que se relacionan más con la costumbre o con la superstición que con la religión. En cierto modo, responde a unos fines prácticos: es necesaria la existencia de una serie de resortes que permitan controlar a los fieles, guiar sus acciones, mantener la uniformidad en sus conductas y, al mismo tiempo, hacer llegar un mensaje claro, accesible a todos. Esto se consigue potenciando esta  religiosidad exterior frente a la vivencia interna: es difícil controlar lo que piensan las personas y, a la vez, resultaría complicado hablarle de reflexión o de oración interior a la mayor parte de la población.

     Estas formas de actuar han pervivido hasta hoy: en determinados momentos del año podemos ver ríos de gente fervorosa que acude a las procesiones sin haber pasado por la iglesia el resto del año, sin saber exactamente qué significa lo que están haciendo. Pero existe un sentimiento –a menudo no se sabe muy bien de qué tipo- que les mueve a estar allí, a sentirse parte de esa manifestación religiosa, a identificarse con el resto de gente que asiste. Esto nos lleva a un aspecto que Erasmo no llega a tratar: el sentimiento de masa, la necesidad del hombre de pertenecer a algo y de recibir el apoyo de los que procesan sus mismas creencias. En este sentido, la religiosidad exterior, el espectáculo, el colorido y la vistosidad de ciertas manifestaciones no pueden competir con el aislamiento de la devoción interna.               

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     “Si los mortales se contuviesen de toda relación con la sabiduría y orientasen la vida de acuerdo conmigo, no envejecerían y gozarían dichosos de perpetua juventud” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo XIV).

     Las preocupaciones, la vida intelectual, la sabiduría, el uso de la razón… hacen al hombre envejecer prematuramente debido al gran peso que le acarrean. Por el contrario, la vida placentera y despreocupada puede alargar su juventud. Aquí está el secreto para permanecer siempre joven y este don, como todos los anteriores, debemos agradecérselo a Estulticia. Así, cuando se es feliz en todos los aspectos se conserva íntegra la existencia humana. Aquel que tome la vida en broma no sentirá la tristeza de la vejez. En cambio, quien viva dedicado a importantes estudios filosóficos o a graves y arduos asuntos verá como se agota su espíritu y su savia vital antes de llegar a la plena juventud.

     En este sentido, la juventud se asocia a la inmadurez. Quien no es capaz de asumir ningún tipo de responsabilidad o de preocupación no llegará nunca a envejecer, a entrar en el mundo adulto. Por otra parte, esto tiene también su manifestación física y aquí Estulticia compara a sus necios (regordetes, lucidos, con piel brillante) con aquellos que han envejecido demasiado rápido (las canas, las arrugas que marcan las facciones… las tomamos a menudo como signo de las preocupaciones).

     Así, Estulticia además de presentarse como el origen de la vida, aparece como la representante de la mejor etapa de la misma, aquella que le resulta a todo el mundo más agradable y feliz, más digna de recordar: la juventud, a la que en nuestra época –mucho más que en la de Erasmo- se le rinde auténtico culto.

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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      “¿Quién ignora que la edad más alegre del hombre es con mucho la primera, y que es la más grata a todos?” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo XIII).

      Estulticia no sólo es la responsable del origen de la vida, sino que también está presente a lo largo de todas sus etapas, aunque de distinta manera. Durante la infancia se manifiesta con claridad, pues sólo gracias a ella los niños son capaces de soportar las lecciones de sus maestros y ganarse los beneficios de sus protectores. Por eso, siempre tenemos ganas de abrazarlos y de besarlos, siempre acabamos perdonando sus travesuras (o riéndonos con ellas).

     También durante la juventud está presente Estulticia. A ella se debe el encanto que tiene esta etapa, caracterizada por su falta de sensatez. Son los años más placenteros en la vida de cualquier persona, de los que se tiene siempre un mejor recuerdo. Es el momento en el que nos sentimos capaces casi de cualquier cosa, por muy difícil o absurda que sea.

     Sin embargo, a medida que el ser humano crece empieza a cobrar prudencia, como dice Estulticia. Entonces “descaece su hermosura, languidece su alegría, se deshiela su donaire”. Cuando llega a su edad adulta, el hombre debe organizar su vida, hacer frente a las preocupaciones que le van surgiendo… Es una etapa más dura y pesada, en la que se aleja de Estulticia y de los placeres que ésta podría proporcionarle.

     Finalmente, llega la vejez. Este es un momento molesto tanto para los que lo sufren como para los que conviven con ellos. Ningún mortal sería capaz de soportarlo si Estulticia no estuviera allí para devolverlo de nuevo a su infancia. En este sentido, hay gran parecido entre los niños y los ancianos: ambos divagan y tontean. De hecho, los dos disfrutan mucho en compañía. Así pues, la Insensatez, en la última etapa de la vida se apiada de aquellos que deben soportar el peso de los años y los libera de sus preocupaciones: “he favorecido al viejo haciéndole delirar […] gracias a mi favor el viejo es feliz, grato a sus amigos y no tiene nada de inepto para las fiestas”.

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     Estulticia debe convencer al público de lo necesaria que es. Por eso, se sitúa en la fuente misma de la vida. En este sentido, es capaz de hacer que el más sabio recurra a ella si quiere ser padre, pues es “aquella otra parte tan estulta y tan ridícula, que no puede nombrarse sin suscitar risa, la que propaga el género humano”. Y, por otra parte, “¿qué mujer permitiría el acceso de un varón si conociese o considerase los peligrosos trabajos del parto o la molestia de la educación de los hijos?” o “¿qué hombre ofrecería la cabeza al yugo del matrimonio si, como suelen hacer los sabios, meditase antes los inconvenientes que le traerá tal vida?” (capítulo XI). Así, en el matrimonio y en la procreación está presente Estulticia a través de algunos de sus acompañantes como la Demencia o el Olvido (éste hace que una mujer que haya pasado por estas incomodidades decida repetirlas).

    También al amor, tan relacionado con estos aspectos, tiene parentesco con Estulticia: “¿por qué es siempre niño Cupido? ¿Por qué si no por ser un bromista y no hacer ni pensar nada nunca a derechas?” (capítulo XV). A menudo se habla del amor como de algo irracional, que no se puede evitar ni controlar por muy perjudicial que pueda resultar. Se dice que es ciego (ajeno a todo defecto, cualquier inconveniente que pueda provocar), y a eso se refiere también la Locura cuando dice: “Cupido, padre y autor de todo afecto, que, por obra de su ceguera, toma lo feo por hermoso, hace que entre vosotros cada cual encuentre hermoso lo que ama, de suerte que el viejo quiera a la vieja como el mozo a la moza” (capítulo XIX). Pero, ¿es esto una prueba definitiva de lo irracional del amor? Si el viejo quiere a la vieja no es porque no la vea tal como es, sino por lo que ella le aporta, por la unión que hay entre los dos, porque le resulta más afín a él mismo que cualquier joven. ¿Eso no tiene nada de racional? Nos acercamos a quien despierta en nosotros estos sentimientos aunque no nos convenga si lo que recibimos a cambio –o lo que creemos que podemos recibir- es más que lo que vamos a perder –o lo que creemos que podemos perder-, si pensamos en ese momento que merece la pena. No todo en el amor puede ser impulso y ceguera, pues éstos no suelen durar mucho. En cada decisión que tomamos, en cualquier aspecto de nuestra vida, la razón y los sentimientos se entremezclan sin que podamos diferenciarlos del todo. Nunca la razón puede ser acallada del todo y nunca los sentimientos pueden olvidarse. Es posible que a veces primen más unos u otra, pero al fin y al cabo dejarse llevar por un impulso en un determinado momento no deja de ser una decisión.

Fuente:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     Erasmo habla de la estupidez del ser humano en general a través de Estulticia. Sin embargo, en el capítulo XVII se refiere a las mujeres. Comienza diciendo que el varón está destinado a gobernar las cosas de la vida, algo para lo cual se le debió otorgar “algo más del adarme de razón concedido”. Por eso, Estulticia decide “que se le juntase con una mujer, animal ciertamente estulto y necio, pero gracioso y placentero, de modo que su compañía en el hogar sazone y endulce con su estupidez la tristeza del carácter varonil”. Ninguna mujer puede según ella llegar a ser tenida por sabia (y si lo intenta sólo conseguirá ser doblemente necia). “Así, la mujer será siempre mujer, es decir, estúpida”. Pero precisamente por eso, debe estar agradecida a Estulticia por tener más suerte que los hombres en muchos casos. Por otra parte, en la relación entre ambos la Locura está siempre presente, pues si, por un lado, es la necedad la que encomienda las mujeres a los hombres, por otro, no hay nada que éstos no les toleren. El capítulo acaba así: “De ello son prueba, piense cada cual lo que quiera, las tonterías que le dice el hombre a la mujer y las ridiculeces que hace cada vez que se propone disfrutar de ella. Ya sabéis, por tanto, el primero y principal placer de la vida y la fuente de que emana ésta.”

     Espero no haber asustado a nadie con estas citas. Debemos decir que la imagen de la mujer durante el Renacimiento no es la misma que podemos tener en la actualidad, aunque sí han pervivido ciertos tópicos. Es conocida la antigua visión de la mujer como ser irracional, capaz de pensar por sí misma, eternamente tutelada por el hombre, con una humanidad puesta en duda en momentos como el Concilio de Mâcon (en el que se discute frenéticamente si tiene alma)… Aunque pueda parecer que todo esto forma parte del pasado, el poso que ha dejado en la mentalidad colectiva sigue y seguirá presente durante mucho tiempo. Al decir la Locura que la mujer es “un animal ciertamente estulto” alaba su despreocupación, su incapacidad para pensar demasiado, su forma de dejarse llevar por las pasiones y de disfrutar del momento (“son de natural más propensas al placer y a la jocosidad”, dirá en el capítulo XXXVI). Algunos de estos aspectos nos son conocidos, pues, ¿acaso no hemos oído decir nunca el tópico que las mujeres son más sentimentales que los hombres o que se dejan llevar antes por los impulsos que éstos? Hasta la década de 1960 aproximadamente se enseñaban en los colegios españoles los valores característicos de cada sexo agrupados en dos columnas de la siguiente manera: 

                             

 

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PALACIOS, Luís (coord.), Historia de España, Madrid, Club Internacional del Libro, 2007.

     Aunque afortunadamente en nuestros tiempos los centros de enseñanza ya no se dedican a este tipo de cosas, la idea de que la mujer es, en general más sentimental, impulsiva y pasional que el hombre ha seguido presente en zonas más o menos ocultas de nuestra conciencia. Además, existe la sensación de que puede ser más empática, comprender mejor los sentimientos de los demás. ¿Es esto cierto o se trata sólo de un tópico derivado de unas ideas muy antiguas a las que se unen aspectos como su clásica vinculación al ámbito familiar? ¿Es la mujer más sentimental que el hombre o sólo se trata de que tiene menos reparos en mostrar sus sentimientos (o ninguna de ambas cosas)? ¿Qué opinas?

Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32589

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     Estulticia, la locura, bien podría ser un personaje de una obra de nuestros días. A lo largo de todo su elogio defenderá valores que pueden oler a postmodernidad. Por una parte, pone en cuestión todo lo que se ha dicho y se ha creído hasta entonces, todo lo que siempre ha parecido ser lo lógico, lo racional. El mundo no es como los sabios quieren que sea, ni tampoco es visto por todos igual. Ni siquiera lo podemos comprender por completo, pues “es tan grande la oscuridad y la variedad de las cosas humanas que nadie puede conocer de modo diáfano”. Todo es relativo, aparecen los distintos tonos de grises: “si alguien come una salazón podrida de la que los demás no pueden soportar ni siquiera el olor y a él le sabe a ambrosía, ¿qué le impide ser feliz?” (capítulo XLV). A ello se le suma la propia insignificancia de la vida de cada ser humano: “nadie podría imaginar el bullicio y las tragedias de que es capaz un animalillo de tan corta vida, pues en una batalla o en una peste se aniquilan y desaparecen en un instante millares de tales seres” (capítulo XLVIII).

     ¿Podemos decir entonces que Erasmo es un postmoderno adelantado a su tiempo? Es cierto que el ambiente en el que vive se parece mucho al nuestro por la fuga de certezas, la espera de novedades y el sentimiento de crisis. Sin embargo, a pesar de todo esto él cree firmemente en las posibilidades del ser humano, en el progreso, en la posibilidad de un mundo mejor (de hecho llega a ser un auténtico idealista en este sentido). Además, debemos tener en cuenta que quien habla en el Elogio es la Locura y, aunque todas las cosas que diga puedan parecer ciertas, no podemos tomarla en serio. A través de ella el autor critica todo lo que no le gusta, pero también aprovecha que es Estulticia y no él quien habla para llevarlo al absurdo, para ridiculizarlo hasta el extremo.

     Erasmo intenta escribir para el gran público. Utiliza los medios literarios para llegar a los lectores. En esto es un ultramoderno. Sin embargo, la técnica que utiliza se queda en la postmodernidad. La ironía expande confusión. Ballart escribe que es una modalidad del pensamiento y del arte, sobre todo en épocas de desazón espiritual, en las que dar explicación de la realidad se convierte en un propósito abocado al fracaso. Pero hay que distinguir dos tipos de ironía. Por una parte, la ironía antigua es un artificio sin dolo. Consiste en expresar una cosa diciendo la contraria. Sin embargo, la ironía postmoderna es una concepción del mundo. La afirmación de que nada tiene un significado preciso. Un elogio de lo equívoco. Erasmo no se enreda aquí. Su ironía es antigua, no desemboca en un escepticismo diletante. No es postmoderno, sino un ilustrado ultramoderno.

Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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-http://evamate.blogspot.com/2009/04/frases-celebres.html

       “Y al ser del hombre no sólo no se lo puede comprender sin la locura, sino que ni aún sería el ser del hombre si no llevara en sí la locura como límite de su libertad”. Jacques Lacan.

     Estulticia, traducida como Locura, es en realidad la Insensatez. No se trata de una locura como patología, como demencia. Es más bien ese comportamiento improvisado, instintivo, lleno de vitalidad, que a menudo vemos con cierta condescendencia en aquellos más dados a practicarlo.      

      Con su ironía, Erasmo describe el mundo en el que vive, un mundo fruto de la necedad. Doña Insensatez hace en el censo de su progenie: violencias, falsas alegrías, supersticiones, aburridas disputas de teólogos… La sabiduría acaba resultando aburrida, cargante. Así, visto a través de los ojos de Estulticia, el tonto es el sabio, que no sabe disfrutar de los placeres de la vida. Cervantes repite esta pareja en Don Quijote y Sancho. Sin embargo, observada desde la sabiduría, Doña Insensatez y su progenie aparecen como falsas y engreídas. Todo depende del enfoque con el que se mire. Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura.

     “Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

     Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

     Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

     -Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

     A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

     Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

     -El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

     Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

     Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.” (Gibrán Jalil Gibrán, El rey sabio).                           

Fuentes:

 -DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-http://www.elpsitio.com.ar/Noticias/NoticiaMuestra.asp?Id=1363

-http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/otras/gibran/reysabio.htm

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     “Diga lo que quiera de mí el común de los mortales, pues no ignoro cuán mal hablan de la Estulticia incluso los más estultos, soy, empero, aquella, y precisamente la única, que tiene poder para divertir a los dioses y a los mortales cuando quiero” (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, capítulo I).

     En los primeros capítulos Estulticia se presenta e introduce su propio elogio como haría cualquier orador o escritor. A lo largo de toda la obra es ella quien habla en primera persona, ensalzando sus virtudes y mostrando su papel preponderante en todos los aspectos de la vida. Sus argumentos llegan a estar tan bien trabados que el lector puede sentirse tentado de darle la razón. Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de la Locura. En este sentido, podemos decir que a lo largo de la obra se mezclan varias cosas. Por una parte, resulta irónico que Estulticia se elogie a sí misma, no parece serio, no nos podemos fiar de lo que dice. No obstante, a la vez, ella critica todo tipo de colectivos y actitudes; es más, aparece continuamente la idea de que ella es la única que se muestra tal como es: todos los demás fingen, ocultan sus verdaderos instintos y motivos, tratan de parecer racionales.

     Estulticia comienza hablando de la mala imagen que tiene. Los mortales hablan mal de ella, sin embargo, en realidad, la aprecian: el auditorio se relaja y alegra cuando ella toma la palabra. Dejarse llevar por ella, evitar pensar… es a menudo el camino más fácil. En este sentido, Estulticia se compara con el nepente, bebida divina que provoca el olvido y con él el alivio, la felicidad. El ser humano necesita de la Locura, pero además ésta es algo consustancial a su naturaleza, le es imposible desprenderse de ella. No se puede tomarse la vida siempre en serio (con frecuencia resulta absurda).

     En el capítulo II Estulticia presenta su propósito: va a realizar un encomio de sí misma. Aunque esto no sea lo habitual, a ella le parece lógico: ¿quién se conoce mejor que uno mismo? Por tanto, ¿quién podría alabarse mejor? A esto antepone la imagen de ciertos intelectuales hipócritas que sobornan a algún retórico para que recite sus mentiras (capítulo III). Ella, sin embargo, será siempre sincera. Prueba de ello será su discurso improvisado y repentino.

     No sería propio de la Locura definirse a sí misma como si estuviera escribiendo un tratado serio, una enciclopedia. A esto se le añade la imposibilidad de establecer límites: su poder lo abarca todo, está en todas partes. Por eso, comenzará diciendo simplemente que ella es una dispensadora de bienes, llamada Stultitia por los latinos y Moria por los griegos.        

     Es en este punto (capítulo IV) donde comienza a establecer un paralelismo con las divinidades grecolatinas. Así, pasa a establecer su genealogía en el capítulo VII. Habla de su padre, Pluto (“el verdadero padre de los dioses y de los hombres); de su lugar de nacimiento, las islas Afortunadas (“donde no hay trabajos, ni vejez, ni enfermedad”), lugar exento de preocupaciones; de las ninfas que la criaron, la Ebriedad y la Ignorancia, dos componentes importantes de la Locura; de los compañeros que la acompañan (el Amor Propio, la Adulación, el Olvido, la Pereza, la Voluptuosidad, la Demencia, la Molicie y los dioses Festín y Sublime Modorra)… Sus redes son, por tanto, verdaderamente amplias. Nadie puede escapar de ella: “ejerzo autoridad incluso sobre las autoridades” (capítulo IX).

     Finalmente, Estulticia pasa a presentar los beneficios que ofrece: de ella procede el origen mismo de la vida y de todo lo que es placentero en ella. La Locura o Insensatez proporciona al alma una alegría similar a la embriaguez constante, un placer sin egoísmo. ¿Cómo podríamos rechazarla entonces? ¿Quién no querría ser feliz? Estulticia se muestra constantemente como el único camino hacia la felicidad completa, pues ni los mejores oradores pueden conseguir el mismo efecto en su público.

 Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

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     El elogio de la locura o Encomio de la Estulticia consta de 68 capítulos breves en los que Estulticia, la Locura (o más bien la Insensatez) se alaba a sí misma y nos habla de todos los bienes que proporciona a los dioses y a los hombres. La vida, el amor, el matrimonio, la procreación, la amistad… en todo está presente. Por eso, iremos analizando cada uno de estos aspectos por separado. En ellos está presente de modo continuo la crítica del propio autor a todo aqullo que no le gusta de su tiempo. por eso, a veces, cuando la reflexión es más profunda, podemos llegar a olvidar quién está hablando.

                              

 

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http://www.teatro.mendoza.edu.ar/mesterj.htm      

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San Ignacio de Loyola

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 http://www.filosofia.mx/index.php?/galeria/image_full/70/

     San Ignacio de Loyola,  junto con Erasmo y Lutero, es una de las  tres máximas figuras de la historia espiritual de su generación. Nacido en 1491, en Loyola , desde joven Ignacio quiere seguir el ideal de vida militar y de caballero que han tomado sus hermanos mayores, pese a la preferencia de su padre por la vida clerical. En su juventud no manifiesta especiales deseos de ingresar en ninguna orden religiosa; antes bien, gusta del galanteo al modo de la época, de los libros de caballerías, de la diversión, la caza, las armas… En 1521, durante un ataque francés a Navarra, Ignacio, que está al servicio del virrey de Antonio Manrique, pariente suyo, es herido en las piernas. Durante su convalecencia en la casa familiar se dedica a la lectura de vidas de santos, libros que ejercen una profunda influencia sobre él hasta el punto que decide abandonar su vida anterior para pasar a imitar las de los santos, ya en otoño de 1521. Un año más tarde emprende viaje a Jerusalén y, en su parada en Montserrat, decide abandonar las armas de caballero y adoptar ropajes de mendigo. Durante un año, en Manresa, trabaja en la redacción de sus “Ejercicios espirituales”, al tiempo que se confiesa y se penitencia. Al regreso de Tierra Santa cursa estudios en Barcelona, Alcalá y París (1528-35), lugar en el cual su modo de vida y figura va ganando adeptos, como san Francisco Javier. En 1537 experimenta la visión de Dios, quien le infunde la idea de fundar la compañía de Jesús y le encarga la misión de expandir el nombre de Cristo. Rápidamente se suceden las fundaciones e ingresan adeptos en el movimiento religioso, que esparcirá a sus miembros por alejadas regiones del planeta como China, Japón o América. En Roma funda el Colegio Romano en 1551.


    Entendido dentro del contexto del grave cisma católico del siglo XVI, el movimiento jesuítico se inscribe plenamente dentro de la reacción contrarreformista a los postulados luteranos, calvinistas y anglicanos. Así, defienden un ideal de vida cristiana cercano al de los cristianos primitivos, esto es, privados de bienes materiales e imbuidos plenamente de religiosidad. Además, la educación de la juventud en la fe católica deberá suponer un freno a la extensión de las ideas reformadoras. Los colegios de jesuitas, pues, se convertirán en la principal herramienta de la congregación. Como tercer pilar ideológico, la figura del papa, atacada desde la heterodoxia, aparece defendida y reforzada por los jesuitas, quienes le veneran de manera incontestable no sólo como cabeza jerárquica de la Iglesia sino con amor filial.

     Algunas de estas ideas pueden rastrearse en el propio Erasmo: él también busca un retorno al cristianismo primitivo. De hecho, en un primer momento, san Ignacio será uno de los seguidores del pensamiento erasmista. Sin embargo, más tarde, se acabará apartando de él. De hecho llegará a prohibir la lectura de sus obras. Esta evolución es la misma que apreciamos dentro de las Cortes europeas o en los miembros de la jerarquía eclesiástica. De la simpatía hacia el erasmismo se pasa al recelo y a la condena. Es un síntoma de que los tiempos han cambiado: la Reforma se ha extendido, el miedo ha ido calando y es necesario contener las posiciones más heterodoxas. Son los tiempos de la Contrarreforma.

Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

- http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/personajes/6279.htm

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Nicolás Maquiavelo

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 http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/maquiavelo.htm

     “Diciéndome el cardenal de Rouen que los italianos no entendían la guerra, le respondí que los franceses no entendían nada del estado; porque si hubieran entendido no habrían dejado jamás que la Iglesia alcanzara tanto poder” (Nicolás de Maquiavelo, El Príncipe).

     Nicolás Maquiavelo -Niccolo Macchiavelli- nace en Florencia el 3 de mayo de 1469. Es hijo de Bernardo dei Niccolo Macchiavelli, jurisconsulto, y de Bartolommea dei Nelli, una dama muy bella e instruida.

     Escritor, jurista, diplomático y político, consagra su vida a la teoría y praxis política, la que deduce de su observación y su experiencia directa de la confusión política. Su prestigio comienza pronto. A los veinticinco años se le nombra secretario del gobierno Dei Dieci. Se desempeña, luego, en distintas legaciones en algunos estados de Italia y en Alemania, misiones éstas que comenta en sus escritos.

     En 1502 contrae matrimonio con Marietta Corsini, del mismo nacieron cinco hijos. Sus actividades como embajador duran hasta el año de 1512, en que se le dan responsabilidades políticas y técnicas, incluyendo la organización de una infantería nacional y de una caballería.

     En el año 1513 es alejado del poder y comienza una época de persecución contra él. Los Médicis lo encarcelan y es sometido al tormento, acusándosele de conspirador. Ya había publicado para entonces obras filosóficas y literarias, pero después de ser prácticamente desterrado de Florencia, desde su casa de campo, intensifica sus tareas; y gracias a la atracción que siempre experimenta el gran Lorenzo de Médicis, uno de los espíritus más representativos del Renacimiento por las artes y las letras, puedo Maquiavelo obtener su favor.

     Muy distinguido también como tratadista y crítico militar, publica obras notables de este carácter como El arte de la guerra, Ordenanza de la Infantería y Ordenanza de la Caballería. En otros aspectos, destacan su Discurso sobre las Décadas de Tito Livio, Discurso sobre la Lengua, Historia Florentina, Mandrágora y Discurso Moral.

     En todas sus obras, revela Maquiavelo su gran cultura, un pensamiento ágil y profundo y dotes extraordinarias de escritor. Maneja el idioma con personalísimo estilo y suprema elegancia.

     La obra fundamental del célebre filósofo florentino, la que ha perdurado a través del tiempo, dando siempre lugar a las más encontradas opiniones, es El Príncipe, libro que encierra, cuanto de filosofía práctica y reglas de gobierno podría apetecer un jefe de Estado de cualquier tiempo, dispuesto a no reparar en medio para alcanzar sus fines. En este punto es donde parece más interesante establecer comparaciones con Erasmo.    

     Erasmo desconoce la obra de Maquiavelo, en cambio éste conoce y aprecia la suya. Ambos se parecen mucho por su amor a la cultura clásica, por su gusto exquisito de la buena literatura, que practican con gran ingenio. Pero Maquiavelo vive de cerca la realidad política de su tiempo, y Erasmo la considera de lejos, en sus grandes perspectivas, como concepción vasta ético-filosófica… Maquiavelo es un pragmático y hasta cierto punto un empírico

     Sin embargo, esto lleva a que ambos autores, humanistas y contemporáneos, defiendan posiciones muy diferentes acerca del príncipe o gobernante, de las relaciones entre los Estados, de la guerra… Erasmo, frente a Maquiavelo, tiene una imagen positiva del ser humano, es un idealista, un defensor de una Europa unida –al menos en el campo de lo intelectual-, un detractor de los conflictos armados (para él vale más una paz injusta que la más justa de las guerras)… Su príncipe, es el príncipe cristiano por excelencia, mientras que el de Maquiavelo es el del nuevo Estado nacional, fuerte, absoluto…

Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

http://www.monografias.com/trabajos13/nicomaq/nicomaq.shtml#PRINCIP

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Martín Lutero

Imagen obtenida de: http://www.planetahistoria.com/2008_10_01_archive.html

     “Erasmo, nuestro honor y esperanza nuestra, mantengo relación sin cesar con vos; y, sin embargo, no nos conocemos todavía. […] Hoy, cuando el excelente Fabricio Capitón me ha hecho saber que mi nombre os era conocido desde esa nadería de las indulgencia y cuando he visto, por vuestro nuevo prefacio al Enchiridion, que vos no solamente habíais leído, sino además aprobado mis parloteos, me veo precisado a prestar testimonio de reconocimiento, incluso en una epístola bárbara, a ese espíritu excelente, a causa del cual el mío y el de todos los demás se han enriquecido. […]. Así pues, mi querido Erasmo, hombre amable, si os parece bien, reconoced en mí a uno de vuestros hermanos en Jesucristo” (carta de Lutero a Erasmo, fechada el 28 de marzo de 1519).

     “Cualquiera está de acuerdo con las tesis de Lutero; yo veo que la monarquía del Papa en Roma tal como es ahora, es la peste del cristianismo. Pero no sé si es conveniente tocar en público esa úlcera”. (Erasmo).

     Existe una llamativa simetría entre la biografía de Erasmo y la de Lutero. Este último también se hace monje agustino en 1505 y comienza a estudiar Teología en la Universidad de Wittenberg, en donde se doctora en 1512. Siendo ya profesor comienza a criticar, al igual que Erasmo, la situación en la que se encuentra la Iglesia católica. Ambos personajes vivirán semejantes y enfrentados.

     El aspecto más tenso de la vida de Erasmo consiste en plantearse qué actitud adoptar ante la reforma luterana y la reacción de la Iglesia. Él, a la par que Lutero, conoce y reprueba los vicios de ésta y desea una revisión purificada del catolicismo. Desde 1519 el monje alemán le escribe intentando atraerlo a su postura y él responde de modo evasivo. Las presiones de uno y otro bando irán en aumento, hasta que en 1524 Erasmo sale de su posición de reserva y entra en liza con el tratado De libero arbitrio, defensa del libre albedrío con la que confirma su fidelidad a la Santa Sede. Al responder Lutero con su De servo arbitrio, en 1526, Erasmo le contesta con Hyperapistes, diatribe adversus servum arbitrium Lutheri, obra en la que la irritación personal adquiere mayor relieve.

     Mientras Lutero decide romper con la Iglesia y acaudillar una renovación espiritual, Erasmo se abstiene rotundamente de todo enfrentamiento con el papa. Si en un principio desea mantenerse neutral, este anhelo fracasa dolorosamente. Cuando Lutero empieza a ser condenado por distintas instituciones, Erasmo lo es a menudo junto a él. Más aún, a Erasmo se le censura su ambigüedad, su inconsecuencia, su habilidad para escabullirse de toda postura concreta. Incluso un admirador suyo, Huizinga, escribe: “La equivocidad cala hasta lo más profundo de su ser. Cree profunda y constantemente que ninguna de las opiniones en discordia puede expresar la verdad completa”.

Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

-http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lutero.htm

A continuación, un vídeo sobre la vida de Lutero:

 

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Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam.

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http://elartedelaesquina.blogspot.com/2008_07_01_archive.html

     “En la ausencia, tu recuerdo como ausente me deleitaba tanto como tu presencia en el trato cotidiano contigo como presente, el cual, por mi vida, puedo asegurarte que es lo que me produce más satisfacción en el mundo”. (Erasmo de Rotterdam a Tomás Moro en el preámbulo de El elogio de la locura). 

     Erasmo conocerá a Tomás Moro durante su viaje a Inglaterra en 1499. Desde entonces –y hasta la ejecución del último-, ambos humanistas compartirán una estrecha amistad, reflejo de la cual es su amplia correspondencia.

     Tomás Moro (sir Thomas More), canonizado en 1935, nace en Londres en 1478. Hijo de un magistrado, estudia en la Saint Anthony School. Entre 1492 y 1494 realiza estudios superiores en la Universidad de Oxford. Más tarde, tras regresar a Londres, estudia en el Lincoln’s Inn. Alterna una brillante carrera profesional y política con su interés por la literatura. Su vasta cultura humanística le valdrá la admiración de Erasmo. En 1509 es nombrado miembro del Parlamento y en 1518 entra al servicio de Enrique VIII de Inglaterra. Ese mismo año escribe su Historia del rey Ricardo III. Dos años antes había publicado su célebre Utopía, en la que proponía una organización racional de la sociedad, de base comunal, que situaba en una isla imaginaria. La obra, convertida en un clásico del humanismo, ejercerá una duradera influencia, desde Bacon hasta George Orwell. Todavía al servicio del rey, Moro defiende públicamente la libertad de culto y de palabra. En 1521 es nombrado vicetesorero del reino y recibie el título de caballero. En 1523, ya en pleno auge de la Reforma, escribe Responsio ad Lutherum, obra en la que se enfrenta al luteranismo. Sin embargo, tres años después empezará el conflicto con el rey que acabará costándole la vida: Enrique VIII, casado con Catalina de Aragón, quiere el divorcio para poder asegurarse descendencia masculina. Tomás Moro se opone a esto y renuncia en 1532 a la cancillería del reino, cargo al cual había accedido en 1529. Tras haberse negado a asistir a la coronación de la nueva reina, Ana Bolena, es acusado de corrupción, juzgado y condenado a la pena capital. Morirá en 1535, un año antes que su amigo Erasmo.

     Ambos amigos desarrollarán unas líneas de pensamiento muy semejantes en muchos aspectos. Si Erasmo defiende la paz, una Europa unida y una imagen del príncipe cristiano que quiere el bien común, Moro describe en su Utopía una sociedad ideal, después de haber criticado duramente la que tiene ante sus ojos: denuncia el absolutismo; va contra los privilegiados, el espíritu materialista, el imperio del dinero… En cambio, el Estado ideal de Utopía reposa sobre el comunitarismo, las leyes son pocas y sencillas, la religión es simple y ligada al civismo, y personas ilustradas se encuentran a la cabeza del gobierno. Sin embargo, hay algunas diferencias con el pensamiento de Erasmo, como es la posición ante la guerra: mientras él admite la posibilidad de una guerra justa, el holandés da más valor a una paz injusta que a la más justa de las guerras.

     La obra de Erasmo que analizamos aquí, El elogio de la locura, va dedicada a Moro, como el autor explica en el prefacio. De hecho, la idea de esta sátira le llega durante un viaje a Inglaterra que emprende desde Italia. Una vez ha llegado a su destino, en la tranquilidad de la casa de su amigo, la traslada al papel y la titula Encomium moriae, en honor al humanista inglés.

     En el prefacio del Elogio, en realidad una carta que Erasmo escribe a Moro en 1511 (año de publicación del libro) desde París, el autor, que pide a su amigo que tome la obra bajo su protección, no deja de alabar sus virtudes: “preferí algunas veces pensar en nuestros comunes estudios o gozar en el recuerdo de amigos tan amables como doctos en extremo que había dejado y entre los cuales, tú, mi querido Moro, ocupabas el primer ligar”, “en la condición ordinaria de la vida mortal te comportas como Demócrito. Aunque por la singular agudeza de tu ingenio estás apartadísimo del vulgo” (algo, que sin duda, es positivo en estos momentos), “con todos te llevas bien y te diviertes”… Por su parte, Moro también le profesaba una fuerte admiración, de modo que, cumpliendo con los deseos de su amigo, no perderá la ocasión de defender la obra:

      “Acerca de la Moria, Erasmo, que tiempo atrás la puso bajo mi protección, se ha ocupado por su parte de tomar la defensa y, por ello, no será necesario que yo disponga de muchos razonamientos: esa defensa es, de todos modos, fácil en sí misma, pero al compartir él y yo ese empeño, resulta más fácil”. (Carta de Tomás Moro dirigida a Martin Dorp, que había atacado anteriormente el Elogio de la locura).

Fuentes

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

-BENASSAR, M.B.; JACQUAR, J.; LEBRUN, F.; DENIS, M. y BLAYAU, N., Historia moderna, Toledo, Akal, 2005, 5ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

 -http://www.biografica.info/biografia-de-erasmo-de-rotterdam-desiderio-792

-http://www.biografica.info/biografia-de-tomas-moro-santo-sir-thomas-more-1755

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     Antes de analizar el contenido de la obra es interesante responder a esta pregunta: ¿qué nos dice el Elogio de la locura de su autor? Es cierto que hay mucho de la personalidad y del pensamiento de Erasmo en él, pero también hay elementos que no encontramos en otras partes y que sólo podemos entender si profundizamos en el contexto que rodea al humanista en el momento en el que lo redacta, pero, ¿qué es lo que lleva a un defensor de la razón a escribir una obra en la que la locura habla en primera persona?

     Erasmo es, tal vez, un hombre demasiado idealista. Sueña con un mundo en paz (de hecho, está convencido de que esto es posible), en el que el cristianismo vuelva a su forma primitiva, en el que importe más lo que hay en el interior de cada individuo que lo que manifiesta exteriormente a través de complejos rituales y oraciones repetitivas. Quiere, por tanto, que las cosas sean como deberían ser, como le parece lógico que tienen que ser: no resulta racional que el ser humano se destruya a sí mismo o a sus propias obras, que Dios prefiera una plegaria recitada mecánicamente a un sentimiento verdadero. Sin embargo, él no vive al margen de la realidad, aunque a veces ésta le golpee más fuerte de lo que espera. Es en uno de estos momentos cuando escribe su Elogio. La idea se le ocurre durante un viaje en el que se dirige a Inglaterra procedente de Italia. Allí ha visto una Iglesia, y en definitiva un mundo, en plena decadencia: los obispos viven rodeados de lujos y de placeres, el papa (Julio II) es un guerrero más, el pueblo está en la miseria, los príncipes se destrozan unos a otros… Entonces, se da cuenta de que la razón apenas tiene poder y de que por doquier reina una insensata confusión. Piensa en todo lo que ha escrito, leído y visto, en la ambición, el orgullo, la vanagloria y el engaño y, considerando que no es momento para meditaciones serias, decide divertirse escribiendo.

     El pensador elabora una obra en la que ensalza la locura (o más bien en la que la locura se ensalza a sí misma). Todo lo que ha visto, le lleva a pensar que ésta es la fuerza que mueve el mundo. La razón, la cordura, al parecer no lleva a ningún lugar: cuanto más sensata es una persona peor vive, el cuerdo no emprende a menudo grandes acciones (el miedo al fracaso es un freno), se ensalza la ignorancia o el error, se admira a quien más incompetente resulta, las ciencias no conducen a la felicidad, la civilización es un castigo. Pero afirmar todo esto es reconocer también su propio fracaso y el de todo su pensamiento. Tal vez, por eso, Erasmo haya optado en este caso por divertirse escribiendo el encomio de la estulticia. Reflexionar ahora sería demasiado duro. ¿Es posible que por un momento desee no ser consciente de todo esto, vivir en la ignorancia, dejarse arrastrar por la insensatez? Aunque así lo sienta, Erasmo no se da por vencido. Esta obra no es fruto de su pesimismo, sino de una ironía llevada al extremo, que busca, como siempre, llevar a la reflexión (en este caso de una forma más provocadora). El autor está convencido de que Estulticia no debe gobernar el mundo y ataca a todos los que la ensalzan a través de su propio encomio.

     En definitiva, Erasmo no puede evitar resistirse a un mundo en el que la insensatez es la madre, el origen, de todo lo que se valora, en el que la incompetencia se premia, la ignorancia proporciona una vida agradable y la sabiduría sólo supone desdicha. ¿No es un mundo sorprendentemente actual? El imperio de Estulticia se sigue manteniendo hoy, con muchos más matices con muchas nuevas formas. Ése todo que abarca la locura ha ido colonizando nuevos terrenos conforme lo ha hecho el hombre, tan íntimamente ligado a ella.

     Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

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      “Dios conceda una larga vida al Gran Inquisidor pues él ha sido mucho más generoso con los hombres de entendimiento que el Papa. Porque si él aparta de nosotros los Adagia de Erasmo, como el Papa hizo en su catálogo, ciertamente digo que sudaríamos sangre y agua” (Lorenzo Palmireno, humanista aragonés).

     Hemos visto como en España se produce un cambio en la visión de la figura de Erasmo y su obra, especialmente a partir de su muerte. Esta evolución forma parte de algo más amplio: tiene que ver con lo que está sucediendo en Europa en este momento, con la posición de los distintos territorios y gobernantes respecto a la Reforma, con las corrientes de pensamiento que imperan en cada momento… Así, a continuación, analizaremos los avatares de la figura de Erasmo, de sus ideas y de su obra a lo largo del tiempo y el espacio.

     Mientras vive, su pensamiento y su filosofía de Cristo se extienden por toda Europa gracias a la imprenta, que difunde sus obras; a sus amigos, repartidos por todo occidente, con los que mantiene unas fluidas relaciones episcopales, que le sirven para intercambiar ideas y opiniones; a los gobernantes de distintos países, que pugnan por su presencia y se rodean en sus Cortes de erasmistas…

     Sin embargo, una obra como la suya deja una huella que va más allá de su propia época. Así, de su doctrina derivará todo un movimiento, que recibirá el nombre de erasmismo. Del mismo modo, la oposición a sus ideas empieza a conocerse -también en vida del pensador- como antierasmismo. Podemos distinguir entre un erasmismo filológico y otro teológico, que lleva a menudo al protestantismo.

     Durante el Renacimiento, el pensamiento de Erasmo tendrá una gran influencia en los países de Europa occidental. En los Países Bajos el principal centro receptor y difusor será el Colegio Trilingües de Lovaina. En la facultad lovaniense de Teología predominan los antierasmistas, aunque también habrá algunos erasmistas moderados: Martin Dorp y Adriano de Utrecht (el futuro papa Adriano VI, que acabará convirtiéndose en uno más de sus protectores). En los confines orientales del Imperio prevalecen las ideas pacifistas de Erasmo; Segismundo I de Polonia y Ladislao I de Hungría se relacionan con él. La ciudad de Cracovia se convierte en un centro receptor bajo la influencia de Laski, de Cricius y de Iohannes A. Cassoviensis. En Inglaterra, nación del antierasmista Edward Lee, la mayoría de los humanistas siguen el ejemplo de Fisher o de More. En Francia tiene la simpatía de la Corte de Francisco I, con el contrapeso del rechazo de la Sorbona. En lo que hoy conocemos como Italia, el erasmismo literario tiene en el cardenal Pietro Bembo (Venecia) a uno de sus mejores representantes. Entre los miembros de la curia pontificia hay favorables y desfavorables a Erasmo. Mientras vive, papas como Julio II, León X y Adriano VI le tienen en consideración. Sin embargo, también será quien acabe prohibiendo toda su obra (Paulo IV). Por último, en España, como ya hemos visto, sus doctrinas se difunden durante la primera mitad del siglo XVI bajo la protección de Carlos V, pero tras la abdicación de éste su éxito empieza a declinar, hasta que su obra acaba siendo perseguida y prohibida por la Inquisición.

     Los años en los que las voces de Reforma de Lutero se empiezan a consolidar suponen un punto importante en esta evolución: marcan el ascenso de los antierasmistas, cuyas opiniones se oyen ahora mucho mejor. En la lucha entre partidarios de la ortodoxia católica y luteranos, Erasmo no quiere apoyar firmemente a ningún bando. Esto le ganará el desprecio de los dos: unos consideran que sus ideas son el germen de la Reforma, otros piensan que es demasiado cobarde para dar el paso hacia la ruptura. Sin embargo, ambos grupos han bebido en un primer momento de sus pensamientos. Los reformadores suizos y los de la alta Alemania son discípulos suyos; le reprochan su actitud, pero siguen respetándole, ya que gracias a él se ha iniciado todo el movimiento. Hay también católicos que le consideran un gran dirigente y muchos de ellos piensan que sólo él puede impedir la división de la Iglesia.

     Sin embargo, dentro de ambos colectivos Erasmo también se gana una imagen negativa. Dentro de los partidarios de la ortodoxia católica se desarrolla, ya desde el momento en el que sus ideas se consolidan y difunden, una imagen negativa del pensador: su obra derriba y critica sin atenerse a norma alguna. Es la época de los ataques de los teólogos de Lovaina de Edward Lee, de López de Zúñiga… Los múltiples ataques tienen un punto común de partida: a través de una exégesis de la Biblia que no sigue la pauta de la tradición eclesiástica, Erasmo socava el dogma y abre así una vía a todas las formas de herejía posibles, incluida la Reforma.

     Por otro lado, también los defensores de la Reforma tienen una imagen negativa de Erasmo. Para Hutten en un hombre débil, sin conciencia, cobarde, codicioso y dispuesto siempre a ponerse al servicio de la facción vencedora. Según su parecer, estos fallos de carácter se han visto sobre todo en su actitud respecto a Lutero: a pesar de las coincidencias con él, Erasmo se retracta por miedo.

     El ascenso de la imagen negativa se inicia a mediados de la década de 1520 y se refuerza tras su muerte (1536): San Ignacio de Loyola, interesado primero por sus escritos, prohíbe más tarde sus obras; Eck lo considera católico en 1528, pero en 1540 afirma: “Él, junto con los luteranos, aniquiló la auténtica filosofía cristiana”. “Puso el huevo que incubaron Lutero y Zwinglio”. El punto culminante de los ataques llegará cuando en 1559 el papa Paulo IV  decida incluir todas sus obras en el Index librorum prohibitorum romano, la lista de los libros prohibidos que aparece este mismo año. Desde entonces, el único país en que pueden leerse es España, donde Felipe II, en su deseo de controlar a un papa anti-hispano, se arroga el derecho de publicar un Index propio, más moderado que el romano.

     Sin embargo, aunque reprimido durante largo tiempo, el espíritu racionalista y crítico del erasmismo consigue sobrevivir y resurge durante el siglo XVIII. En el siglo XIX, la historia de la cultura se interesa por Erasmo y por su obra, como prototipo del Renacimiento europeo fuera de Italia. En este sentido, un paso importante en los estudios sobre este humanista es la edición oxoniense de Allen del Opus epistolarum erasmiano (1906-1958).

     Fuentes

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

-AUGUSTIJN, Cornelis, Erasmo de Rotterdam. Vida y obra, Barcelona, Crítica, 1990.

-http://riowang.blogspot.com/2009/09/erasmo-adagia-y-el-index-romano.html

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     El influjo de la figura de Erasmo de Rotterdam en tierras españolas ha sido estudiado, fundamentalmente, en una obra de Marcel Bataillon: Erasme et l’ Espagne. Pero antes de iniciar nosotros el análisis, debemos tener en cuenta que en época de Erasmo, está teniendo lugar en los territorios de la monarquía hispánica una reforma religiosa con unas características propias. El Renacimiento religioso promovido por Cisneros, reforzado a nivel local por hombres como Hernando de Talavera (arzobispo de Granada y confesor de Isabel la Católica), y prolongado durante el siglo XVI por los reformadores como san Pedro de Alcántara, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, tiene resultados profundos. Por una parte, mejora las órdenes monásticas y la situación del alto clero en España, de modo que, durante los años iniciales de la Reforma, éste puede jugar un papel de peso en los concilios de la iglesia.  Por otra, la reactivación teológica llevada a cabo por los dominicos de la escuela de Salamanca y desarrollada por la Compañía de Jesús, hace posible que teólogos españoles expongan la doctrina católica en el gran debate con el protestantismo.  A la vez, el hecho de que la iglesia española haya emprendido por sí misma la reforma, inmuniza en cierta medida a estos territorios frente a la propaganda protestante. Enlazando con todo esto, la entrada de Erasmo inaugura una nueva fase en el Renacimiento español. Sin embargo, no se trata tan sólo de una recepción pasiva de su pensamiento, sino que, dada la trayectoria reformista española, podemos hablar más bien de una síntesis e interconexión de ambas corrientes.

     Sin embargo, Erasmo, no visitará nunca estos territorios, cosa que no resulta incompatible con la gran influencia que tiene sobre ellos. De forma algo más concreta los principales focos del erasmismo serán ciudades como Barcelona o Valencia y universidades como la de Alcalá, adonde Cisneros quiere atraer al humanista para que colabore en la elaboración de la Biblia Políglota. En relación con uno de estos focos de influencia, con el valenciano, se encuentra uno de los mejores amigos que tiene dentro de la península: Luís Vives. Esta íntima amistad, traducida en un rico epistolario, es de gran importancia a la hora de construir el puente entre Erasmo y España.

     Por la parte de Erasmo, éste admira a Vives, joven humanista que, como él, viaja por Europa. Pero, a su vez, el valenciano representa un importante papel en la influencia del pensamiento del holandés  en nuestro país, ya que a través de él se encuentra presente en considerables proporciones en la vida religiosa y cultural de España.    

     La amistad entre ambos pensadores tiene lugar al efectuarse la transición de la España cisneriana a la erasmizante. Erasmo, con su Novum Instrumentum llena de entusiasmo a quienes están redactando en ese momento la Biblia Políglota y llega a ser invitado por Cisneros a venir, oferta que rechaza (siempre le asustó enfrentarse a una nación tan semitizada).

                             

Luís Vives

Imagen obtenida de:

http://contextuspablofeliperezg.blogspot.com/2009/11/las-conversaciones-y-las-buenas.html

     Sin embargo, es con el advenimiento de Carlos I cuando la penetración del Erasmismo en estos territorios llega a su máximo esplendor. En ello influyen notablemente los personajes de la corte que rodean el rey: Vives, Valdés, Maldonado, Juan de Vergara y eclesiásticos como el arzobispo Fonseca o el inquisidor Manrique.

     No obstante, el movimiento se extiende en poco tiempo a una parte considerable de la población. Esto no quiere decir que no haya detractores, como es el caso de Zúñiga (de la universidad de Alcalá) y su polémica contra el Nuevo Testamento de Erasmo o los frailes molestos por las críticas del erasmismo a  la estructura eclesiástica y en especial a los religiosos. Las tensiones con estos últimos tienen un buen ejemplo en la Junta de Valladolid (1527), donde los partidarios de Erasmo parecen vencer. Sin embargo, la verdadera victoria será de los antierasmistas, de modo que, a partir de este momento, comenzará el período de crepúsculo de Erasmo en España, sin que ello quiera decir que su influencia no siga presente en la cultura de los siglos XVI y XVII (en autores como Cervantes, Quevedo, fray Luís de Granada…). Así pues, el espíritu erasmiano, la crítica de la falsa devoción y de las supersticiones, la defensa de una vida espiritual interior y realmente cristiana penetran en los escritores españoles y en sus obras, incluso en las puramente literarias.

     En la primera mitad del siglo XVI, no se encuentra en España a un humanista que no participe del fervor erasmista. Literatos, filólogos, teólogos y políticos engrosan sus líneas y hacen prever una era de esplendor y de regeneración intelectual. En este momento, la literatura se empapa de la sátira erasmiana, algo que perdura a lo largo del siglo. En este sentido, Erasmo y su Elogio de la locura influirán notablemente en Cervantes y su Quijote: el escritor español se propone desarrollar en forma novelesca la sátira erasmista en elogio de la locura humana, como veremos en otro apartado.

     En realidad, el predominio erasmista en España dura unos quince años y se encuentra con el terreno preparado por los alumbrados, que profesan un cristianismo basado en la Biblia y desprovisto de ritos y formulismos (una rama de ellos es heterodoxa, mientras que la otra se encuentra dentro de la Iglesia).

     Por otra parte, como ya hemos adelantado, Erasmo es causa en nuestros territorios de que aparezcan dos bandos: los erasmistas y los antierasmistas, o los reformistas y los seguidores del catolicismo tradicional. Según estos últimos, dado que la posición erasmista supone una avanzada de la actitud protestante, es preciso rechazarla completamente. Así, por ejemplo, la introducción de la Querela Pacis en 1520 motivará grandes controversias entre ambos bandos. Al mismo tiempo, en medio de la lucha, se inicia una nueva dirección de la Iglesia española con Ignacio de Loyola, al principio acusado de iluminista. Este religioso conoce el Enchiridion de Erasmo, cuya lectura dice entibiarle la devoción y la fe. Poco a poco, los sectores antierasmistas irán ganando terreno, y las obras y el pensamiento de Erasmo empezarán a ser censurados (en especial a partir de su muerte, en 1536).

     Por último, debemos decir que dentro de aquellos que apoyan las doctrinas de Erasmo hay distintas posiciones. Una de ellas es la sostenida por Alfonso Valdés; otra, la que, según Bataillon, permite llevar el erasmismo hasta Los hombres de Cristo de fray Luís de León. Este autor, también señala la relación de este movimiento con el evangelismo francés de la época de Francisco I y afirma que constituye uno de los aspectos del iluminismo que unen la España de Cisneros y la España de los grandes místicos.

     Fuentes

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.    

http://www.wikilearning.com/apuntes/renacimiento_y_humanismo_en_espana_la_contrarreforma_espanola-la_corriente_erasmista_en_espana/3729-4

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     “Nos amamos en el Señor a nuestro muy querido hijo Erasmo, al que colocamos en el primer orden de los sabios de este siglo. Lo hemos conocido, antes de nuestra elevación al pontificado en las relaciones de la vida privada; pero los monumentos literarios de su genio han hecho que no sólo lo conociéramos, sino que lo apreciáramos de modo extraordinario”. (Carta de recomendación dirigida por el papa León X a Enrique VIII de Inglaterra).

      El nombre de Erasmo preside, en efecto, una bella república europea. Es la república de la Inteligencia, en la Europa de los humanistas. En ella, este ciudadano del mundo es el símbolo de la amistad, que le une a las figuras más brillantes del Renacimiento. Con sus amigos, entre los que destacan Colet y Moro, y también con otros de los personajes más importantes de su tiempo (Carlos V, Francisco I, Enrique VIII, los sucesivos papas…), mantuvo una intensa y abundante correspondencia. La importancia que ambas relaciones (las de amistad y las epistolares) tienen en el caso de este pensador reside en las características especiales que existen en él: su postura de intelectual, su pensamiento filosófico y religioso, su papel en la Reforma y la índole de sus obras literarias.

     Respecto a las primeras –a las relaciones de amistad-, empezaremos diciendo que Erasmo las cultiva desde joven. Cree en la amistad y en una Europa que es un todo que pertenece a una minoría de intelectuales unida en sus propósitos e ideales. Este sentimiento lo acompaña, a pesar de sus múltiples decepciones, a lo largo de toda su vida. En ella, los años de viaje y de aprendizaje van juntos. Los maestros se convierten en amigos y éstos son a veces también sus enemigos (es el caso de Lee, Beda, Dorpio, Zwinglio, Hutten, Ecolampio…).

     Entre sus primeros amigos se encuentran Guillermo Hermans de Gouda, Servacio Roger de Rotterdam –ambos compañeros de Steyn-, y Cornelio Gerard de Gouda. Con ellos mantiene correspondencia cuando se encuentran separados.

     En 1495, cuando se traslada a París, intenta ponerse en contacto con los principales centros del humanismo literario, y para ello redacta una larga carta, en la que se presenta a sí mismo, dirigida a Roberto Gaguin, general de los trinitarios y una de las figuras más importantes de los humanistas parisenses. Así, en este momento se iniciará una correspondencia entre ambos personajes. Más tarde, abandonará París para volver unos meses después. Pone entonces en contacto a Gaguin su amigo Hermans y comienza a dar clases a Cristian y Enrique Northoff, para los que compone bellas cartas. Enseña también a dos jóvenes ingleses, Tomás Grey y Roberto Fisher. Para todos ellos elaborará diversas obras sobre el arte de escribir cartas y conversar elegantemente.

     Amigo suyo será también Jaime Batt, maestro de escuela y escribano de Bergen. Él es quien logra que Erasmo pase a Inglaterra al servicio de lord Mountjoy. Allí conocerá a dos figuras muy superiores a las que hasta entonces ha conocido: John Colet y Tomás Moro. Con el primero se encuentra en Oxford. Durante la estancia de Erasmo allí, hay entre los dos un animado trato, tanto por conversación como por correspondencia, que ejerce una influencia definitiva en el espíritu del holandés. De hecho, sus primeros escritos teológicos proceden de su trato con él. Las cartas que intercambian, las palabras de Colet, su ejemplo, logran cambiar la inconstante ocupación de Erasmo en los estudios teológicos por la firme decisión de hacer de ellos la actividad de su vida.

                                                     

John Colet en un retrato de Hans Holbein

Imagen obtenida de:

http://www.shakespeares-sonnets.com/Colet.htm                      

     Sin embargo, más ejemplar es, si cabe, su relación con Moro, que pagó a Erasmo con la misma amistad. El respeto y la veneración entre los dos es mutuo y su epistolario durará desde octubre de 1499 –momento en el que el holandés le escribe desde Oxford-, hasta junio de 1533.

                             

Retrato de Tomás Moro pintado por Hans Holbein 

Imagen obtenida de:

http://www.biografica.info/biografia-de-tomas-moro-santo-sir-thomas-more-1755                                                                                                          

     Entre tanto, Erasmo entabla amistad con Juan Sixtin, poeta latino con quien cruza cartas teológicas, y sigue manteniendo correspondencia con su antiguo discípulo Roberto Fisher. En 1500 vuelve a Francia y prosigue allí sus relaciones con augusto Vicente Caminade, un humanista de más baja categoría que cede hospedaje a los jóvenes.

     En 1501, durante su estancia en Saint-Omer, conoce a Juan Vitrier, un franciscano cuya figura colocará más tarde Erasmo junto a la de Colet como la del  buen religioso y el verdadero teólogo. Cuando la Sorbona le condena por la franqueza de sus expresiones relativas a los abusos de la vida monástica, Vitrier inicia personalmente una reforma de conventos y monasterios. Su concepto elevado de la vida cristiana, radicalmente opuesto a ceremonias y prácticas, influye notablemente en el origen del Enchiridion.

     Seguidamente, en 1502, va a Lovaina, donde Adriano de Utrecht, con quien le unirá una gran amistad, le invita a dar clases en la universidad, oferta que el humanista rechaza.

     En Inglaterra, a donde llega en 1505, inicia un nuevo contacto con helenistas ingleses: Linacro, Grocyn, Tunstall y Latimer. En este momento conoce también a altos cargos eclesiásticos que serán futuros amigos y protectores: John Fisher, obispo de Rochester; Ricardo Foxe, obispo de Wincheste y Guillermo Warham, arzobispo de Canterbury.

     En 1506 se encuentra en Italia, donde mantiene el contacto epistolar con sus antiguos amigos, aunque la correspondencia de esta época es más escasa. En Bolonia traba una nueva amistad: Pablo Bombasio. En Venecia, por otro lado, mantiene amplios contactos con el impresor Humanista Aldo Manucio, que le procura hospedaje en casa de su suegro. También allí conoce a los literatos de la Nueva Academia: JuanLascaris, Jerónimo Aleandro, Marcos Musuro, Bautista Egnacio…, con quienes estudia griego.

      “Imposible describir la alegría de este hombre. Me llevó consigo a su casa. Sobre una mesa, entre sus registros de impuestos, se hallaban  las obras de Erasmo. Manifiesta a grandes voces que se siente feliz; llama a sus hijos, a su mujer, a todos sus amigos. Envía vino a los marineros, para que éstos no se impacienten”.

     En este fragmento, Erasmo explica cómo el cobrador de impuestos Cristóbal, paseando por la orilla del Rhin, lo reconoce a él, durante su viaje en barco de 1518. A mediados de la segunda década del siglo XVI, el holandés es ya una figura internacional. En 1514 escribe a Servacio:

      “No hay país alguno, ni España, ni Italia, ni Alemania, ni Inglaterra, ni Escocia, que no me brinde su hospitalidad”.

     En efecto, es admirado por los personajes más eminentes, y en Roma todos los cardenales, e incluso el papa, le reciben como a un hermano. Enrique VIII tiene por él amistad y consideración, y las universidades de Cambridge y Oxford desean retenerle. En Basilea, el editor Johann Froben le acoge en su casa y se inicia entre ambos una profunda amistad.

     En 1515 pasa unos meses en Inglaterra. Allí se encuentra con Jean Le Sauvage, canciller de Carlos V, que se convertirá en su protector. Después vuelve a Basilea, donde inicia con él una amplia correspondencia y al año siguiente, se volverán a ver en Bruselas. Será Le Sauvage quien le ofrecerá el título de consejero del príncipe Carlos.

     Ya en 1517, tras la dispensa definitiva de los votos monásticos, le llegan de todas partes invitaciones y promesas atractivas: Cisneros quiere tenerlo en la universidad de Alcalá, el duque de Sajonia le ofrece una cátedra en Leipzig, Pirckheimer desea que vaya a Nuremberg… A todas se niega. Su correspondencia en este momento es enorme. Es hacia esta época cuando empieza a formarse en Europa una especie de república intelectual en la que los eruditos de los distintos países se comunican sus ideas, sus pensamientos, sus sentimientos, sus búsquedas, sus descubrimientos… en el establecimiento de estos lazos, Erasmo contribuye más que ningún otro. Ésta es una de las razones por las que será considerado el jefe de esta nueva sociedad sabia.

     Sin embargo, éste es también el momento en el que tienen lugar sus polémicas con Jacobo Lefèvre d’ Etaples y las controversias con Jacobo Latomo, Briard de Ath y Edward Lee.

     En 1520 se encuentra en Brujas con Tomás Moro y Luís Vives. En España no sólo cuenta con la amistad de Vives, sino también de muchos otros como el cardenal Fonseca. No obstante, también tenía enemigos como Zúñiga, teólogo de la universidad de Alcalá, con quien tiene un enfrentamiento que acaba en reconciliación.

     “¿Por qué tú que aún hace poco censurabas con una pluma vengadora al pontífice de Roma y a Roma, la sentina de todos los crímenes; tú, que detestabas las bulas y las indulgencias; tú, que condenabas las ceremonias, el derecho canónico y los derechos de los papas; tú, que, en una palabra, perseguías la hipocresía con encarnizamiento, por qué te vuelves atrás hoy?, ¿por qué sigues el partido contrario?, ¿por qué trabas alianza con el enemigo?”

 

     Esta recriminación es dirigida por Ulrich von Hutten a Erasmo en su Expostulatio ab Ulrico cum Erasmo Roteradomo, aparecida en Estrasburgo, en 1523. A partir de 1522 tienen lugar nuevas polémicas entre Erasmo y otros pensadores, entre ellos el citado von Hutten. La más importante de ellas es la que le enfrenta a Lutero. En 1529 partirá hacia Friburgo, donde aumentan sus contactos con toda Europa. En los años siguientes Fisher será decapitado y Moro subirá al cadalso en 1535 por orden de Enrique VIII. Este mismo año vuelve a Basilea. Muchos de sus amigos han muerto para entonces. En los últimos tiempos, mantiene correspondencia con Cromwell, pero en el momento en el que él abandona el mundo (1536), sus grandes amigos ya han fallecido.

     Fuentes

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.    

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     Del tiempo en el que le toca vivir a Erasmo, ya hablamos de forma general en una de las páginas. La situación de la vida política y eclesiástica, las nuevas corrientes, los nuevos inventos… influyen en su personalidad, en su pensamiento y en su obra tanto como los lugares que recorre o la gente que conoce. Por eso, antes de entrar a analizar la obra que aquí nos ocupa, creo que es necesario tener una visión sintética de las novedades y acontecimientos que sacuden la época de este pensador. Así, a continuación haremos un recorrido a través del ámbito de la política, de la sociedad o de la cultura paralelo a la vida de Erasmo. De este modo, podremos ver la estrecha vinculación que se establece entre todos ellos. Si en 1499 es un literato joven y desconocido, en 1514 tiene abiertas las puertas del éxito, pero se siente viejo y enfermo. Durante estos años han sucedido y ha visto muchas cosas que le desagradan. Sin embargo, seguramente, la etapa más difícil de su vida está por llegar (comenzará cuando Lutero clave sus 95 tesis en las puertas de la Iglesia del Palacio). Finalmente, la muerte le sobreviene en 1536, momento en el que algunas de sus obras y de sus ideas ya han empezado a cuestionarse. No obstante, no llegará a vivir los momentos álgidos de estos ataques.

  CRONOLOGÍA          ERASMO          POLÍTICA         SOCIEDAD  CULTURA   Y  RELIGIÓN
     1467  Hacia esta fecha nace en Gouda.      
    1468        
    1469        
    1470        
    1471        
    1472        
    1473        
       1474   Acaba la guerra civil en Castilla y sube al trono Isabel.    
    1475        
         1476 Enviado, en Gouda, a la pequeña escuela regentada por Peter Winckel.      
    1477 Estancia en Utrecht Muerte de Carlos el Temerario.    
    1478 Comienza sus estudios en Deventer.      
    1479        
    1480        
    1481        
    1482        
    1483 Regresa a Gouda.      
    1484 Muere su padre.      
       1485   Advenimiento de Enrique VII Tudor.    
    1486       Savonarola inicia su predicación.
       1487 Ingresa en el convento de Steyn.      
    1488 Pronuncia los votos.      
    1489        
      

    1490

    A partir de esta década empiezan a apreciarse los efectos de la vuelta a la paz: crecimiento demográfico y económico.  
    1491        
        1492  Ordenado sacerdote. Muerte de Lorenzo de Médicis. Descubrimiento de América.    
        1493 Secretario del obispo de Cambrai, enrique de Bergen.      
       1494 Finaliza el libro de los Antibarbari. Expedición de Carlos VIII a Italia. Tratado de Tordesillas.   Fundación de la imprenta de Aldo Manucio.
       1495 Viaja a París para continuar sus estudios.      
        1496 Pasa el verano en Holanda y en otoño vuelve a París.      
       1497       Leonardo da Vinci pinta La última cena.
    1498   Advenimiento de Luís XII.    
       1499 Viaja por primera vez a Inglaterra. Expedición de Luís XII a Italia.    
        1500 Primera edición de los  Adagiorum Collectanea (800 proverbios).      
    1501        
    1502 Se instala en Lovaina.      
    1503        
        1504 Acepta elaborar un panegírico de Felipe el Hermoso. Enchiridion.  Muere Isabel I de Castilla.    
    1505 Reedición de los Adagios.      
     1506 Se doctora en Teología en Turín.       
        1507 Viaje a Venecia y estancia en la casa del impresor Aldo Manucio.      
        1508    Tratado de Cambrai.   Miguel Ángel comienza a pintar el techo de la Capilla Sixtina.
       1509 Viaja a Inglaterra. Durante el trayecto esboza el Elogio de la locura. Enrique VIII asciende al trono en Inglaterra.    
    1510        
        1511 Viaje a París, donde Gilles de Gourmont imprime el Elogio de la locura.      
       1512       Comienza el Concilio de Letrán.
    1513 Termina sus tratado de retórica De duplici copia verborum ac rerum.      
    1514   Paz entre Francia e Inglaterra.    
         1515 Se encuentra en Basilea con Hans Holbein, el joven, que ilustrará la edición de Froben de El elogio de la locura.    Advenimiento de Francisco I.    
       1516 Dedica a Carlos I la Institutio Principis Christiani, que aparece en Lovaina.  Muerte de Fernando de Aragón y advenimiento de Carlos I.    Tomás Moro publica Utopía y Maquiavelo El Príncipe.
       1517  Dedica a León X el Nuevo Testamento.     Lutero expone sus tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg.
    1518        
        1519 Lutero le envía una carta intentando atraerlo a la Reforma. Carlos V emperador. Revuelta de Gustavo Vasa.     
         1520   Coronación de Carlos V en Aquisgrán. Inicio de las Germanías.Inicio de la revuelta de los comuneros en Castilla. Tensa situación en Alemania.  
    1521       Dieta de Worms.
        1522  Comenta y publica los Santos Padres de la Iglesia.     Lutero traduce el Nuevo testamento al alemán. Adriano VI papa.
        1523 Responde a un ataque de Ulrich von Hutten con Spongia adversus adspergines Hutteni.   Fin del último reducto de las Germanías (Mallorca).  
       1524 Publica su De Libero Arbitrio.   Revuelta de los campesinos  en Alemania.   
        1525 Tratado sobre El uso y abuso de la lengua, en Basilea.  Batalla de Pavía.    
        1526 Publica la Institutio Christiani Matrimonii, dedicada a la reina Catalina.   Victoria turca en Mohacz.    Lutero responde a Erasmo con De Servo Arbitrio.
    1527        
    1528        
    1529 Sobre la educación liberal de los niños. Paz de las Damas (Cambrai).    
    1530 Se instala en Friburgo.     Dieta de Augsburgo.
    1531       Muerte de Zwinglio.
    1532       Rabelais publica Gargantúa y Pantagruel.
    1533        
    1534 Compone su tratado Sobe la Concordia de la Iglesia.     Paulo III papa.
       1535       Ejecución de Tomás Moro y John Fisher.
       1536 Redacta sus postreras disposiciones y muere.     Primera edición de la Institutio de Calvino.

 

      Fuentes

 -BENASSAR, M.B.; JACQUAR, J.; LEBRUN, F.; DENIS, M. y BLAYAU, N., Historia moderna, Toledo, Akal, 2005, 5ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, Barcelona, Bosh, 1976.

 -AUGUSTIJN, Cornelis, Erasmo de Rotterdam. Vida y obra., Barcelona, Crítica, 1990.

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     Todo hombre es fruto de su tiempo, de las experiencias que ha vivido, de los lugares que ha conocido, de las personas con las que se ha relacionado… Por eso, el estudio de un pensador y de su obra no puede estar completo si no hacemos referencia a estos aspectos. En el caso del autor que nos ocupa, esto se convierte en una necesidad primordial. Erasmo es un hombre inquieto. Viaja sin parar, se considera ciudadano del mundo, escribe incesantemente, sus lectores esperan con impaciencia sus obras, tiene seguidores en toda Europa, en Alemania se popularizan canciones en las que se le elogia desmesuradamente. Continuamente recibe invitaciones, entre ellas del cardenal Cisneros, que le anima a venir a España, cosa que no hace, tal vez  porque teme encontrarse con demasiados judíos. Sin embargo, realiza numerosos viajes a Francia, Bélgica, Italia e Inglaterra y pasa por las más importantes metrópolis culturales del momento: Turín, Cambridge, Lovaina, Roma, Oxford… Es precisamente durante el transcurso de uno de esos viajes cuando nace el Elogio de la locura. En este momento se dirige a Inglaterra procedente de Italia, donde ha visto una Iglesia en plena decadencia. Esta experiencia se plasmará en su fuura obra.

              

    Imagen obtenida de:  

 http://www.cibernous.com/autores/erasmo/teoria/semblanza.html

     Fuentes:

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura o encomio de la estulticia, edición y traducción a cargo de Pedro Voltes, introducción de Juan Antonio Marina, Madrid, Espasa Calpe, colección Austral, 2008, 16ª ed.

-DE ROTTERDAM, Erasmo, Elogio de la locura, edición a cargo de Teresa Suero Roca, Barcelona, Bruguera, 1974.

 -http://www.cibernous.com/autores/erasmo/teoria/semblanza.html

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