evitar contagios Instrucciones acerca de los medios para evitar el contagio (1834) – Vallcanera, Pascual. Biblioteca Digital Alicantina. D.P. Vallcanera. Alicante : Imp. de M. Carratala, 1834. Biblioteca Digital Gabriel Miró. Colección: BGM. Signatura: 54-215-65. Nº de registro: 10562.

Como medida preventiva del contagio de la fiebre amarilla en 1834 se publican las instrucciones acerca de los medios para evitar el contagio y detener sus progresos. Estos consejos o instrucciones son extractados del diario general de ciencias médicas publicado en Barcelona y publicadas para la provincia de Alicante por el doctor Pascual Vallcanera y por aprobación de la Junta Provincial de Sanidad.

En sus 22 páginas se redactan los pasos a seguir en cuanto a medidas de desinfección tanto de las viviendas, ropa, piel, etc con la intención de que no se propagase la epidemia de fiebre amarilla que tantas muertes provocó en ia provincia.

Más información disponible en:

Instrucciones acerca de los medios para evitar el contagio (1834) – Vallcanera, Pascual Objetos digitales (image/jpeg)
Alicante : Imp. de M. Carratala, 1834

PASCUAL ARTIAGA, M. (2002). La ciudad ante el contagio: medidas políticas y administrativas dictadas en la epidemia de fiebre amarilla de 1804 en Alicante. Asclepio, 54(1): 125-154 Consultado el 28-01-2013. Disponible en http://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/view/123/122

RESUMEN
Desde 1800 la fiebre amarilla comenzó a producir en la península ibérica episodios epidémicos.
En el artículo se presentan y analizan las medidas que instauraron las diversas Juntas de Sanidad implicadas en el control del brote epidémico que afectó a la ciudad de Alicante en 1804. El estudio del caso alicantino ha permitido contextualizar dicho análisis en el marco de lo sucedido en otras localidades durante ésta y otras epidemias. Se constata la coexistencia de medidas tradicionales de prevención y de nuevas medidas. Las medidas administrativas y sanitarias se centraron en asegurar el aislamiento de la población afectada para evitar la extensión de la enfermedad y prolongarlo el mayor tiempo posible, como una garantía para las localidades vecinas.

 

PASCUAL ARTIAGA, Mercedes, PERDIGUERO GIL, Enrique. Cólera, homeopatía y práctica médica : Alicante a mitad del siglo XIX. Documento fuente en: Congreso Nacional de Historia de la Medicina (12º. 2002. Albacete). La medicina ante el nuevo milenio, una perspectiva histórica/coordinadores, José Martínez Pérez…(et al.)- Cuenca:  Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2004. P. 117-133. ISBN 84-8427-294-X. Consultado el día 28-01-2013. Disponible en:

http://books.google.es/books?id=sfjU15poLwQC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_vpt_reviews#v=onepage&q&f=true

El origen del capitulo que presento se halla en el XIIº Congreso Nacional de Historia de la Medicina, celebrado en Albacete entre los días 7 y 9 de febrero de 2002 organizado por el Área de Historia de la Ciencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla-La Mancha, habiendo sido encomendado por la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Cumplió los objetivos planteados por el Comité Científico sirviendo como un espacio integrador de las diferentes líneas temáticas y perspectivas teóricas que enriquecen el panorama actual de la historiografía médica, a la vez que sirvió como un foro de encuentro de los historiadores de la Medicina como investigadores que aunque procedentes de otras áreas del conocimiento como la Filología Clásica o la Epidemiología, se interesaron por el estudio del pasado de la Medicina.
La aportación de los investigadores Mercedes Pascual y Enrique Perdiguero con su capítulo Cólera, homeopatía y práctica médica: Alicante a mitad del siglo XIX, es la de realizar una primera aproximación a la realidad de la ciudad de Alicante en ese periodo, fundamentalmente a través de la figura de Pascual Vallcanera ue, como otros muchos homeópatas del país, trató de buscar legitimación para su manera de ver la gestión de la salud y la enfermedad en el conflictivo ambiente que la presencia del cólera supuso para la sociedad española del ochocientos.

 

Asociación Cultural Alicante Vivo. www.alicantevivo.org. consultada el 23-12-2012. Disponible en:http://www.alicantevivo.org/2007/12/trino-gonzlez-de-quijano.html

En el año 2004 el Ayuntamiento de Alicante y su Concejalía de Cultura recuperaron la memoria del alicantino Trino Quijano editando un folleto , con dibujos de Escolano, dirigido especialmente a los escolares, en el que se narraba en forma de comic la vida de este ilustre personaje alicantino. Hoy gracias a la Asociación Cultural Alicante Vivo es posible acercarnos a su figura gracias al blog al que animo a visitar.

En materia de Salud Pública Quijano ofreció en los duros momentos de la epidémia de cólera, medidas a favor del pueblo; con los facultativos pone en marcha un plan de asistencia médica dando de su propio bolsillo dinero a las familias más pobres para que compraran alimentos, otorga exención del pago de tributos para los alimentos con el objeto de que accedan a bajo precio al quedar libres de gravámenes y prohíbe los cordones sanitarios que mantenían aislado a Alicante mientras aún tenía tiempo de acudir a visitar a los enfermos que hasta se le morían en sus brazos.

El pueblo todavía le recuerda y en su momento se le construyó un panteón que todavía resiste al paso del tiempo y hace que su memoria continúe viva en la ciudad.

 

 

ALBEROLA ROMÁ, A. Una enfermedad de carácter endémico en el Alicante del XVIII: las fiebres tercianas. Revista de historia moderna. N. 5 (1985) Ed. Universidad de Alicante. Departamento de Historia Medieval, Historia Moderna y Ciencias y Técnicas Historiográficas. ISSN 0212-5862, pp. 127-140. Consultado el 09-12-12 . Disponible en http://hdl.handle.net/10045/5022

A través del documento, el investigador Alberola Romá nos acerca a las causas de tipo natural y a las situaciones directamente relacionadas con la carencia de una adecuada higiene pública a finales del siglo XVIII en las que la ciudad de Alicante padecía y que hicieron que las tercianas azotaran la ciudad durante un largo periodo de tiempo. Conoceremos las medidas por parte del cabildo alicantino y de los responsables en materia de salud pública de la época.

PASCUAL ARTIAGA, M. La ciudad ante el contagio: medidas políticas y administrativas dictadas en la epidemia de fiebre amarilla de 1804 en Alicante. Asclepio (en línea) Vol 54, No 1 (2002):125-154. Consultado el 09-12-12 en http://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/viewArticle/123804

Resumen

El artículo se presentan y analizan las medidas que instauraron las diversas Juntas de Sanidad implicadas en el control del brote epidémico que afectó a la ciudad de Alicante en 1804. El estudio del caso alicantino ha permitido contextualizar dicho análisis en el marco de lo sucedido en otras localidades durante ésta y otras epidemias. Se constata la coexistencia de medidas tradicionales de prevención y de nuevas medidas. Las medidas administrativas y sanitarias se centraron en asegurar el aislamiento de la población afectada para evitar la extensión de la enfermedad y prolongarlo el mayor tiempo posible, como una garantía para las localidades vecinas.

PERDIGUERO GIL, E., BERNABEU-MESTRE, J., PASCUAL ARTIAGA, M. (2004). Una práctica inconstante: la vacunación contra la viruela en el Alicante del siglo XIX. Asclepio, 56(1): P. 111-144. ISSN: 0210-4466. Consultado el 09-12-2012, en http://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/view/74/77

España no pudo asegurar la vacunación de toda su población infantil durante el siglo XIX. En este trabajo se nos desvelan las causas de este fracaso utilizando como estudio de caso la ciudad de Alicante. Las principales causas de la inconstante práctica de la vacunación en Alicante fueron la ausencia de servicios sanitarios adecuados, la oposición o la negligencia de la población y algunos obstáculos técnicos.

 

 

https://vimeo.com/13199960

Documental biográfico producido por la Fundación Dr. Balmis Rotary Club Alicante, sobre el médico alicantino Francisco Javier Balmis, director de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, una de las gestas humanitarias más sorprendentes de la historia, que contribuyó decisivamente a la erradicación de la viruela en el mundo. El vídeo descubre la rica personalidad de Balmis: cirujano, doctor, botánico, viajero, hombre ilustrado y comprometido con su tiempo.

Epidemias y enfermedades en el siglo XIX

 

Documento original del Dr. Enrique de la Figuera que nos acerca a las epidemias y enfermedades más frecuentes en la España del siglo XIX.

Extraído de:

LAS ENFERMEDADES MÁS FRECUENTES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX
DR. ENRIQUE DE LA FIGUERA VON WICHMANN
Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza

Introducción.- La población española en 1800 era de 11,5 millones de personas y se caracterizaba por una alta tasa de natalidad y morbilidad. La Guerra de la Independencia fue precedida de una crisis demográfica. Es de destacar la ausencia de censos fiables, siendo los registros parroquiales la fuente más aproximada a la realidad. Las causas de muerte  también son difíciles de determinar por la escasa e imprecisa información de los registros de defunción: la mayoría constan por causas mal definidas: afección, mal, irritación, dolor de pecho, tos, pulmonía y ataque al cerebro…
Las epidemias y el hambre en los años de 1803-1805 ocasionaron una mortalidad igual o superior a la producida durante el periodo bélico de la guerra de la Independencia española que tuvo lugar entre los años 1808-1814. Una vez iniciada la contienda, las puntas de muerte se concentraron entre 1809 (400.000 muertos) y 1812, con un impacto desigual en las diferentes regiones españolas. 1812 fue conocido como «el año del hambre» y se calcula en 100.000 el número de fallecidos en ese año. Porcentualmente y en relación a la población existente, la guerra de la Independencia resultó la más letal de todas las guerras españolas contemporáneas.
La alta mortalidad se debía a las consecuencias de la contienda: junto a las víctimas directas de la guerra (afectó más a la población civil que a los combatientes), hizo aparición la hambruna y las epidemias infecciosas.
La peste, último conato en Mallorca (1820) dejó paso al paludismo y a las epidemias de tifus exantemático, fiebre amarilla, cólera; y a brotes de sarampión, viruela, gripe, escarlatina y difteria («garrotillo»).
En el fondo del problema subyacía el subdesarrollo económico, el bajo nivel de vida (problemas de alimentación, ropa, vivienda, mala higiene y pésima salubridad pública); y de suma importancia fue un insuficiente y tardío progreso médico-sanitario. La esperanza de vida entre 1860 y 1887 era de 29 años, enormemente inferior a la media Europea.

La asistencia sanitaria era privada, estando los hospitales encargados de la atención a los pobres. Las medidas sanitarias eran adoptadas por el Estado según los acontecimientos y no tenían carácter estable. Los Ayuntamientos (alcaldes y jefes políticos) tenían competencias en salubridad, caracterizándose por sus decisiones autónomas y descoordinadas junto a la ineficacia crónica de la medicina, farmacia, veterinaria y las limitaciones técnicas de la cirugía.

Las enfermedades infecciosas eran las más frecuentes y mortales a principios del siglo XIX. La guerra propiciaba un medio idóneo para su desarrollo de forma epidémica.

En la expansión de estas epidemias tenía un papel decisivo el escaso nivel de vida de una población básicamente agrícola, de auto subsistencia, con bajo nivel cultural e higiénico, escasez de médicos y escasa demanda de sus servicios por una población que consideraba la mortalidad como un parámetro natural e ineludible en muchos casos (Pérez Moreda, 1980).
Dependientes de las condiciones de vida, las enfermedades infecciosas se presentaban, en el siglo XIX, como enfermedades sociales típicas. La inexistencia, o ineficacia, de la actuación pública que ayude a combatirlas, contribuye a reforzar el carácter discriminador que las distingue.
La infección hacía estragos entre las clases bajas y solía respetar a los núcleos privilegiados (Nadal, 1988).

La Fiebre Amarilla (Plaga Americana o vómito negro) era transmitida por el mosquito Aedes Aegypti.es una enfermedad de ciudades portuarias y de las riberas de los ríos navegables, y por tanto de aparición muy localizada: hubo brotes en Cádiz (1800), Cartagena, Málaga (1800-1804), Granada (1804), Sevilla, Alicante, Valencia, Barcelona (1821-1870), Palma de Mallorca (1870). Las más devastadoras fueron las declaradas en las primeras décadas del siglo.

La Zaragoza de los Sitios en 1808-1809 sufrió también una epidemia devastadora de Tifus exantemático (tabardillo pintado, fiebre de los campamentos), con tal cantidad de víctimas que fue la auténtica causa de la rendición de la ciudad. La enfermedad se atribuyó a la aglomeración de militares defensores, al gran número de cadáveres del Primer Sitio que se quedaron sin enterrar debidamente y al aire viciado. En cuanto a la población civil afectada, la causa era achacada inicialmente por los médicos a la poquedad de ánimo, porquería y miseria. De los 32.000 soldados más 12.000 voluntarios iniciales, el 19 de febrero de 1809 quedaron 2.822 defensores útiles, constatando la muerte de 10.200 soldados y voluntarios, y un sinfín de víctimas civiles.

El Cólera (Cólera morbo) a lo largo del siglo XIX asoló, procedente de la India, a extensas zonas de Europa y América. Penetró en España por el puerto de Vigo. En 1833 se declaró la primera epidemia en nuestro país. Hubo a lo largo del siglo cinco brotes, afectando al Centro/Norte y Valencia (1854-1855). Ocasionó 600.000 muertos.

La Difteria (Garrotillo) afectaba a todas las edades pero era más frecuente en la infancia. Se caracteriza por la aparición de falsas membranas (pseudomembranas) que se forman principalmente en las superficies mucosas de las vías respiratorias y digestivas superiores, pudiendo producir obstrucción respiratoria, ocasionando incluso la muerte por asfixia, parecido al método de ejecución de reos conocido como «garrote vil», de ahí su nombre popular del garrotillo y ésta enfermedad ocasionaba, por asfixia, el fallecimiento de la cuarta parte de los nacidos.
Entre 1879 y 1885 provocó 80.879 muertes.

En el último tercio del siglo XIX se produjeron varias epidemias de Sarampión. Causaba una gran mortalidad infantil; a lo largo del siglo provocó 80.629 fallecimientos.

La Tuberculosis (tisis, consunción, escrófula, mal de Pott, plaga blanca) es la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo. Causada por diversas especies del género Mycobacterium Tuberculosis. No fue hasta 1882 cuando Koch descubrió el bacilo causante de la enfermedad. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX afectaba más a los jóvenes siendo vista la muerte en el Romanticismo como una liberación; y el suicidio o el abandono total hasta contraer la Tisis constituía una meta admitida y deseada. A lo largo del siglo XIX permanecía vigente la doctrina anti contagionista.

La Viruela era una enfermedad altamente contagiosa causada por el virus variola. Desde tiempos milenarios afectó a la humanidad en forma de epidemias. Se contagia por contacto directo del enfermo, sus fluidos y la ropa. Tenía una mortalidad del 30%. El último caso conocido en el mundo fue en 1977. La OMS la declaró extinguida en 1979.

El Paludismo (malaria) enfermedad producida por parásitos del género Plasmodium y transmitida por mosquitos hembra del género Anopheles. Actualmente se producen 200 millones de casos anuales en todo el mundo. En España afectaba a la cuenca de Llobregat, Delta del Ebro, Levante, Andalucía, Extremadura y las dos Castillas; respetaba el Norte de España. Actualmente se detectan casos importados. Está en fase de experimentación final una vacuna eficaz.

La Escarlatina (calentura escarlata) es producida por el Estreptococo-hemolítico del grupo A. Predomina en todas las regiones con climas templados y en los meses de invierno y primavera. Afectaba con mucha frecuencia a la población infantil.
Una forma especialmente agresiva y virulenta de la enfermedad se volvió epidémica en Inglaterra y otros países europeos en el siglo XIX, donde la tasa de mortalidad fue inusualmente alta. Tenía una incidencia muy alta, con una elevada tasa de mortalidad, antes de la aparición de los antibióticos a mediados del siglo XX.