La coherencia en el Aikido

Acabo de tropezar con un antiguo artículo de la revista El Budoka (nº 5 de la etapa anterior), en el que se publica un texto de Santos Nalda (Zaragoza, 5º Dan) que voy a reproducir aquí por si desaparece el blog en el que lo he leído. Estoy tan de acuerdo que no voy a tocar ni una coma:

Tal como conocemos y practicamos el Aikido, en mi modesta opinión se aprecian dos contradicciones notorias:

1.-Incoherencia en el mensaje de “Armonía” personal e interpersonal.

2.-Incoherencia en el mensaje de “paz, de protección y de amor” y el modo de aplicar las técnicas, en forma destructiva.

INCOHERENCIA SOBRE LA ARMONÍA EN LAS RELACIONES

¿Cuántos aikidokas profesores y alumnos poseen y viven la armonía coherente, entre el mensaje de Ueshiba del que tanto les gusta hablar, y lo que realmente hacen y dicen en el Dojo o fuera de él?

¿Cuántos aikidokas entienden de verdad el significado de “armonía”?

Una mirada objetiva sobre las actividades y comportamientos de los aikidokas a nivel local, nacional, europeo etc., nos muestra la ausencia de entendimiento y armonía, manifestada en alguna de estas formas:

-Motivaciones y objetivos puramente egoístas más o menos declarados, tanto en alumnos como en profesores.

-Rivalidades personales entre profesores por envidias.

– Críticas de unos contra otros, cuando no descalificaciones incluso sin conocerse personalmente entre sí.

– Pretensión generalizada en todos los grupos, de ser los auténticos intérpretes y transmisores del verdadero Aikido de Ueshiba.

-Grupos que se apartan unos de otros sin apenas conocerse y se miran con recelo o desprecio, aunque todos hablan de armonía, de paz, de amor…

– Otros han descartado el aspecto formativo espiritual del Aikido y se limitan a transmitir conocimientos puramente técnicos, despojando a este arte de los principios altruistas con los que quiso arroparlo Ueshiba, conformándose con una actividad puramente físico-técnica de carácter deportivo con estética marcial, alegando que los discursos éticos deben ser ajenos al entrenamiento de las destrezas de combate, alegando que el profesor no es un gurú, ni un predicador de conductas con trasfondo religioso, ético o filosófico.

Pero no podemos achacar a todos los practicantes, ya sean profesores o alumnos, las faltas de coherencia citadas, porque los hay, cuyos comportamientos son verdaderamente ejemplares en la búsqueda y la práctica de la armonía, y se hacen merecedores de respeto y admiración por su correcta interpretación del Aikido.

De la lectura objetiva de los textos de Ueshiba se interpreta que el objetivo final del Aikido no es tanto aprender técnicas de combate, como contribuir a la transformación y mejora de todas las cualidades y competencias del practicante como ser humano, cambiando sus esquemas de resistencia, oposición y supremacía por los de entendimiento, cooperación y progreso mutuo en sus relaciones interpersonales. Es decir ser un practicante de la armonía sirviéndose de las técnicas de combate o interacción entre Uke y Tori, para aprender a entenderse sin violencia en situaciones de conflicto, y sin que haya vencedor ni vencido.

La coherencia de la armonía interpersonal se hace posible mediante la actitud de apertura y aceptación sincera del otro, dando, compartiendo, ayudando a descubrir sin la pretensión de sentirse superior, ni de imponer a nadie criterios, ni estilos, ni preferencias, respetando las convicciones y la búsqueda personal de cada uno y asimilando las aportaciones válidas y enriquecedoras de aquellas personas que hemos encontrado en la andadura por la Vía del Aikido.

Tomar la responsabilidad de enseñar Aikido no debe limitarse únicamente a su parte física o técnica, también implica prepararse –en la medida que sus conocimientos y competencias lo permitan– para ser capaz de promover el desarrollo integral de los alumnos, en lo que respecta a la formación emocional, ética, conductual, y espiritual, de las personas que le han elegido como profesor, sin que ello le autorice a creerse o autoerigirse en guía o gurú de vidas y personas.

Al profesor corresponde conocer y proponer pautas de búsqueda personal, siempre desde su experiencia acreditada, pues nadie puede dar lo que no tiene, ni guiar a otros por el camino que el mismo guía desconoce, porque nunca no lo ha recorrido.

INCOHERENCIA ENTRE LAS FORMAS Y EL ESPÍRITU

El Aikido es el arte marcial más ético y susceptible de adaptarse a las necesidades de protección mutua, pero tal como se practica hoy, casi todos somos portadores de una contradicción.

Nos gusta decir que practicamos un arte de paz, pero ejecutamos las técnicas de la manera más potente, violenta y destructiva, solamente por satisfacer el ego que nos hace creer poseedores de una gran técnica de combate.

De la observación objetiva de los entrenamientos actuales de Aikido, justo es reconocer que en todos ellos se puede ver:

-La búsqueda de la máxima eficacia, en cuanto al modo de deshacerse del otro lo más rápido posible, tanto si es una agresión banal como si es peligrosa, sin tener en cuenta la mayoría de las veces del requisito de proporcionalidad.

– La protección de sí mismo, pero no la del agresor, practicando las técnicas con la mayor potencia, velocidad y eficacia posible

Morihei Ueshiba (1883-1969) decía:

“Aquellos que buscan la lucha cometen un grave error, golpear, lastimar, o destruir, es el peor error que un ser humano puede cometer. El verdadero camino del guerrero es aprender a evitar o impedir la lucha y buscar la paz”

El maestro Nocquet (1914-1999), fue el primer aikidoka europeo en impulsar la idea de impedir herir sin herir y en su libro “Le coeur epee” dice:

“oponiendo la violencia a la violencia, duplicamos la agresividad, y aumentamos lo que queríamos destruir”

“Aiki es la victoria por la paz. No se busca vencer sino convencer, persuadiendo al agresor de que su ataque es inútil”

No basta decir que somos pacíficos y que practicamos el arte de la paz para ser capaces de no ser violentos ante una agresión, es necesario poseer o haber adquirido los medios susceptibles de llevar a la práctica el propósito de impedir herir sin herir, estableciendo la coherencia entre las formas y el espíritu.

En general no entrenamos de manera que la defensa sea eficaz desde el primer momento y al mismo tiempo realizada con un absoluto autocontrol, es decir sabiendo hasta dónde podemos llegar sin lesionar. Tampoco sabemos aplicar una proyección de manera que el oponente llegue al suelo sin hacerse daño.

Pero acaso, ¿es posible proyectar a Uke en Kote gaeshi, Shiho nage, Irimi nage, Ushiro kiri otoshi, etc. protegiéndole al llevarle al suelo…?

Alcanzar tales competencias requiere enfocar los entrenamientos de otro modo a como se llevan a cabo en la mayoría de los dojos, porque la realidad nos enseña que sólo puede actuar sin violencia el que posee recursos físicos, técnicos, psicológicos y éticos. Proyectar con gran impulso y sin consideración al otro, está al alcance de cualquiera. Pero en esa acción no reside el verdadero valor del aikidoka.

Si el Aikido de Ueshiba se resiste y rechaza entrar en la espiral de la violencia como medio de solucionar un enfrentamiento o un conflicto, debe aportar los medios o recursos apropiados a este fin, por tanto debemos preguntarnos objetivamente si las formas que se practican en la actualidad son acordes con este principio ético.

Para que haya coherencia entre el espíritu y las formas de acción propuestas por el Aikido como arte marcial, y al mismo tiempo arte de paz, es necesario aprender a practicar las técnicas de diferente manera, igual de eficaz pero además con la posibilidad de controlar en todo momento su potencial destructivo, aprendiendo a ser dueño de las acciones del otro y de las propias, desde una voluntad de protección mutua, amén de cultivar las actitudes mentales y los valores éticos.

Si no se tiene en cuenta este objetivo, y los aikidokas siguen practicando como hasta ahora, buscando la máxima “eficacia marcial o deportiva”, seguirán alimentando la contradicción manifiesta, entre la filosofía del Aikido y las formas o medios para dar vida a tales principios.

Más claro, agua. Si no estás de acuerdo o quieres ampliar el debate, nos leemos en los comentarios.

Crónica del cuarto curso de Diego Espinosa Sensei en Alicante

Ya han pasado seis años desde que conocí a DIego Sensei en Mallorca, durante el fabuloso curso de Anno Sensei en mayo de 2009. Sin duda soy un tipo con suerte: cada vez que lo pienso resulta extraño el cúmulo de casualidades que me han traído hasta aquí, como si todo fuera un plan trazado por alguien o algo, como una corriente que te va llevando hasta tu destino.

Este pasado fin de semana celebramos con Diego el cuarto curso en Alicante y es una alegría inmensa ver a tanta gente y de tantos sitios diferentes en el tatami. El grupo crece, avanza y madura —de hecho estamos preparando exámenes para shodan, nidan y sandan para octubre de 2016—. El núcleo duro del grupo nos conocemos desde hace casi catorce años y aún seguimos juntos y pasándolo bien mientras mejoramos como personas.

Voy a apuntar a vuela pluma los conceptos y conclusiones que recuerdo antes de que mi memoria los distorsione, mezcle o confunda:

  • O Sensei debe ser nuestra brújula, nuestra referencia y nuestra guía; ésta es, tristemente (pocos son los que hablan de O Sensei y menos aún los que le estudian, le leen o le escuchan), una de las características de nuestra escuela.
  • El Aikido no es un deporte: reducirlo a su parte física, a un método de defensa personal, a una competición con vencedores y vencidos, es como comprar un libro y sólo leer la portada.
  • El Aikido es un Budo: es, por tanto, un arte marcial, un camino físico y espiritual para guerreros, donde se debe practicar como si la vida te fuera en ello.
  • Pero después de la II Guerra Mundial el mundo cambió para siempre y el concepto de Budo y de lo que significa ser un guerrero cambió en la mente del Fundador. Ya no se trataba de algo destructivo sino constructivo, un camino (DO) de armonía (AI), amor al prójimo (al que hay que cuidar y defender), de unión (todos somos una gran familia), que sólo se puede alcanzar trabajando y cultivando energía (KI), sinceridad y rectitud. El Budo debía evolucionar hasta convertirse en Shin Budo (Budo divino, sagrado).
  • El trabajo de todo aikidoka, y para O Sensei lo ideal es que todo el planeta practicara Aikido, es luchar sólo contra el demonio interior, el ego, el destructor de la armonía natural de todo ser humano. Si todos hiciéramos lo mismo obviamente el mundo sería muy distinto.
  • Aikido es misogi (un rito de purificación): las técnicas nos enseñan cómo enfrentarnos a una agresión y controlarla sin que nadie salga herido, nos entrenan para recuperar la armonía perdida cuando dejamos de ser niños, nos ayuda a crear un movimiento para atraer, guiar y reconciliar al adversario, a restablecer el equilibrio.
  • El objetivo, en mi opinión, no es ir por la calle peleando y derribando a gente sino actuar en nuestra vida cotidiana como si se tratara de un conflicto físico entrenado en el tatami. De hecho la mayoría de las técnicas no sirven en situaciones reales de lucha y de ahí que el Aikido sea considerado por tanta gente “un baile” y un arte marcial “poco efectiva”.

Pero ¿Cómo conseguimos todo esto? ¿Cuáles son las herramientas que nos dejó el Fundador para recorrer el camino?

  • Trabajar en el instante antes de que se produzca el ataque
  • Desarrollar la fuerza atractiva
  • Guiar al adversario hacia una situación de armonía donde no pueda hacerte ni hacerse daño
  • Confiar en que capte la energía correctamente y entienda su error, para que vuelva a un estado de paz y se levante un amigo (reconciliación)

Muy fácil, ¿verdad? Hikitsuchi Sensei desarrolló una metodología para ayudarnos a conseguir estas metas que podemos resumir en cuatro principios técnicos básicos de la escuela de Kumano:

  • Estar siempre relajados pero alerta, en una guardia (kamae) muy especial llamada Shizentai (postura natural) que permite crear el movimiento en cualquier dirección no importa por dónde venga el ataque. Al mismo tiempo, este kamae transmite que no aceptamos el conflicto pero al mismo tiempo que no huiremos de él.
  • No mirar a los ojos: en la misma línea, si no queremos mostrar agresividad ni aceptar el conflicto no podemos mirar fijamente a los ojos. Además cabe la posibilidad de ser aspirados o atrapados por la energía del adversario y perder la posibilidad de tomar la iniciativa y resolver el problema de manera positiva.
  • Empezar primero: para poder llegar a sentir el ataque antes de que se produzca hemos de trabajar comenzando a movernos primero siempre y no actuar de forma pasiva o defensiva. Poco a poco, con el paso de los años, empezaremos a desarrollar esa capacidad de anticipación que nos permitirá llevar siempre la iniciativa en un conflicto (y no para pegar primero).
  • Trabajar sin aberturas: recuerda que el Aikido es un Budo y que debemos trabajar como si la vida nos fuera en ello; es inadmisible dejar que nos hagan daño y que el adversario consiga que el conflicto prevalezca y no se pueda recuperar la armonía rota por su agresión.

Para desarrollar la fuerza atractiva, además de empezar primero, O Sensei modificó las técnicas de Daito Ryu Aiki Jujutsu, basadas en el principio de no resistencia, creando movimientos espirales más o menos amplios donde debemos meter al adversario, atrayéndolo hasta nuestro centro para poder guiarle a partir de ahí. La atracción se hace a través de las manos y los brazos, siempre desde la zona del mar de la calma (el pecho) hacia la zona del fuego interior (hara, centro), siempre sin perder la estabilidad de la madre tierra (piernas bien estables, semiflexionadas, el centro de gravedad bajo, partiendo de shizentai).

Para guiar al adversario, siempre desde nuestro centro, hemos de cuidar que la postura se mantenga recta (entiéndase que postura no es algo sólo físico sino mental) y desarrollar la espiral en la que conectaremos la fuerza del adversario. En ningún momento debemos mirarle ni enfocarnos en lo que pasa en el exterior. La mirada amplia nos permitirá unificarnos y al mismo tiempo controlar la situación en caso de existir otras posibles agresiones alrededor.

“Entra profundamente en el ataque y neutralízalo mientras atraes esa fuerza mal dirigida hacia tu propia esfera”
—Moriheu Ueshiba, Fundador del Aikido

El final de la técnica ocurre siempre en la cuarta zona, el cielo protector, que va desde la cabeza al infinito. Incluso si la técnica acaba en una inmobilización debemos poner nuestra energía en el cielo (como mínimo hacia adelante de los ojos) y nunca en la tierra, cuya función es otra (estabilidad, base). En las proyecciones (nage) es habitual en nuestra escuela acabar con las palmas hacia arriba, ofreciendo/dando/regalando la técnica, nuestro corazón, lo mejor de nosotros, y extendiendo la energía (KI) hacia el infinito.

En cuanto reciba las fotos las iré publicando bajo estas líneas…

¿Por qué no probamos a dejar de separar el “yo” del “otro”?

Alfonso, un buen amigo que vive y entrena en Shingu, Japón, me dijo una vez que hay que entrenar 23 horas al día y en el tatami no pensar en nada. Desde entonces me pasa algo parecido: cada vez que hago una tarea repetitiva —conducir, ducharme y cosas así— mi cabeza se pone a repasar técnicas y a filosofar.

Hoy quiero compartir con vosotros la reflexión de la ducha de esta mañana: hace años tuve la suerte de recibir técnicas de Togawa Sensei, 6º Dan Aikikai y alumno destacado de Isimoto Sensei. Desde fuera parecen toscas, rudas, incluso brutas; pero como uke no recibí esa sensación sino todo lo contrario. Asumo que cuando me saque a bailar Isimoto sucederá igual y seguramente mejor pero por ahora tengo suficiente para darme cuenta de que no podemos juzgar una técnica o una escuela por el aspecto exterior y las formas que utilizan en el tatami.

De repente me di cuenta de que había estado haciéndolo durante años: ese maestro es muy tal, esa escuela es muy pascual, y que sin haber entrenado con ellos era muy injusto juzgarles. También me percaté de que al hacerlo me situaba en un plano diferente: por un lado mi escuela, mis referentes, mis maestros y yo, por el otro los demás. Al establecer esta distinción he caído en una doble trampa: separar es enfrentar, es competir, y abre la puerta para otro error monumental que es fijarse en lo que hacen los demás (no mires a los ojos decía Hikitsuchi Sensei) en lugar de concentrarte en lo que debes hacer tú.

¡Tachán! ¿No era eso lo que decía O Sensei, que había que hacerse uno con el universo? Si eliminas la diferencia no hay nadie atacando, no hay enemigos, no hay otros. Isimoto Sensei nos dijo una vez “en Aikido sólo hay una técnica”. Qué cabrones son estos japoneses.

Os dejo un vídeo de Isimoto Sensei con su hijo Keiki y Togawa, que incluye un extra de una cena donde también sale Alfonso (el del jersey azul):

Controlar la agresión, no al agresor

Éste es más o menos es cartel que he preparado para la apertura de grupo en el Judo Club de Alicante; ha llegado la hora de crecer después de una temporada encerrados en modo <preparar examen ON>.

Hasta aquí nada extraño, todo normal; busca una foto que transmita el objetivo de nuestra escuela, acompáñalo de una cita del Fundador… un momento aquí hay algo raro: que yo recuerde la frase era “controlar al agresor sin producir daños”. Lo compruebo, miro el libro El arte de la paz y efectivamente la frase es “controlar la agresión”.

¡Anda! controlar la agresión… no es lo mismo que controlar al agresor, que es lo que hemos estado haciendo todos estos años (ya vamos para 13). Trabajar sobre la agresión es trabajar sobre la energía negativa del oponente sin tener nada contra él. Automáticamente me viene a la mente la historia que nos contó Tim Demter, alumno directo de Hikitsuchi Sensei:

Cuando Hikitsuchi Sensei me llamaba de uke y me hacía la primera técnica toda mi frustración o mala leche de ese día desaparecía como por arte de magia; con Hikitsuchi Sensei no sentía que me estaba haciendo la técnica a mí sino a mi energía.

Supongo que esto es lo que pasa cuando se le dedica un tiempo a un arte tan difícil: cuando cierras una puerta se te abren 100 ventanas. ¿Ahora cómo demonios vamos a aprender a controlar la agresión? Ya tengo mi pregunta difícil para Diego Sensei el próximo curso en Alicante:

Lo que he aprendido en 2014

2104 ha sido un año de Aikido intenso, interesante, definitivo. Estamos entrenando en San Blas, en el Dojo de Isabel Fernández (campeona de europa, del mundo y olímpica), tres mediodías a la semana. Si a eso le sumas numerosos cursos con Senseis alucinantes y más de 12 años de práctica el resultado es que comienzas a entender algunas cosas.

Soy bastante malo y patoso practicando Aikido, pero tengo la misma ilusión (o más) que cuando empezaba en febrero de 2002. Aprendo muy lento y sigo repitiendo los mismos errores una y otra vez, a pesar de saber cuáles son y de las correcciones de Diego Sensei y Fernando Sensei. Pero eso no quita que haya aprendido… y que me apetezca compartirlo en el blog:

  1.  Los principios son una cosa y las técnicas otra. En el Kumano Juku Dojo tenemos 4 principios irrenunciables: no poner guardias, empezar primero, no mirar a los ojos y no tener aberturas. En 2014 me he dado cuenta de que hay diferentes formas/técnicas que son capaces de cumplir estos principios y que no pasa absolutamente nada si los cada maestro de nuestra escuela tiene una forma distinta de hacer cada técnica. De hecho he empezado a ver detalles nuevos en los vídeos de Hikitsuchi Sensei que en los que no había reparado antes: no hace dos veces la misma técnica, lo mismo hace un movimiento circular que uno más recto. Sus alumnos, que no han llegado todavía donde él llegó, practican o circular o recto, pero mantienen los principios que nos transmitió. Sin embargo solemos discutir en términos “se hace recto” o “se hace circular” y sospecho que aún no hemos entendido lo que nos quisieron decir. Al menos yo. Las discusiones como ésta pueden acabar incluso en grupos enfrentados y separados, una actitud muy poco aikidoca porque no resuelve el problema, no redirige, nadie pivota ni cambia de sentido, ambas partes salen heridas…
  2. No es la técnica es el objetivo. Al principio me fijaba mucho en las formas o en la parte visible de las técnicas. Hasta me permitía el lujo de juzgarlas y decidir qué estaba bien y qué estaba mal. Hacer eso sin saber el objetivo que se persigue con cada técnica es, en mi opinión (y como mínimo), pretencioso; este año me he dado cuenta de que la técnica es una herramienta para conseguir algo y que suele haber diferentes caminos para lograrlo. Por eso hay técnicas distintas y maestros distintos, no una sola técnica correcta y un solo maestro bueno. Antes de conocer a Anno Sensei, Ishimoto Sensei, Hine Sensei, Togawa Sensei o Diego Sensei mi objetivo era tirar al contrario, derrotarlo. Más adelante recibí varias técnicas de estos fenómenos (excepto de Hine al que he visto en acción pero no he podido sentir piel con piel) y recibí información extraña para mí y una sensación nueva: me levantaba del tatami con ganas de más. En 2014 han pasado cosas bastante desagradables en las que he aprendido más que en las situaciones más cómodas; también me he reconciliado con los Aikidos que me gustan menos al darme cuenta que sus objetivos eran distintos a los míos. Hasta ahora estaba en el Kumano Juku España porque mi primer maesto aprendió con Hikitsuchi y luego porque encontramos a Diego Sensei pero ahora he sintonizado con los objetivos y los principios de nuestra escuela y lo tengo más claro que nunca.
  3. Esto del Aikido no va de tirar a la gente al suelo de manera elegante. Una situación real no se parece ni de lejos a lo que hacemos en una clase de Aikido; tampoco vivimos en un mundo donde nos tengamos que jugar la vida semana sí semana no como les pasaba a los samuráis. Pero diariamente nos enfrentamos a agresiones psicológicas que requieren de una actitud especial para poder superarlas: insultos, jugarretas, trampas, mentiras, abusos y robos sin violencia (me refiero a los impuestos, comisiones y abusos con los contratos por parte de las grandes empresas). Es en estas situaciones donde yo veo que el Aikido puede ayudarnos porque te fuerza a centrarte en tu respuesta a la agresión, a no mostrarte violento (no poner guardias), a anticiparte al problema y robar la iniciativa (empezar primero), no caer en las provocaciones o gastar energía vigilando al otro (no mirar a los ojos) y siempre evitando que nos hagan daño (no tener aberturas). Si a eso le sumas otro quinto principio, cosecha de Diego Sensei, redondeamos la jugada: proteger al adversario, evitar que se haga daño, intentar que se dé cuenta de su error, lograr que caiga un enemigo y se levante un amigo.

Estos tres conceptos clave me han ayudado a centrarme más en el sentimiento que se proyecta al hacer la técnica que en la forma de la técnica. De nada me sirve tener una técnica maravillosa si dentro y fuera del tatami proyecto una energía negativa o no aplico el Aikido en mi vida cotidiana. Prefiero tener una técnica mediocre y ayudar a que el clima de la clase sea maravilloso, a los compañeros a sentirse bien, a equilibrar nuestra energía y sentir esa paz interior que hemos notado en algunos maravillosos momentos.

Esta es la cara que se me quedó después de mi primer Misogi, e intento recuperarla en cada clase

Esta es la cara que se me quedó después de mi primer Misogi, e intento recuperarla en cada clase

Quiero acabar cada clase con armonía (AI) energética (KI) y que ese equilibrio se extienda a mi vida cotidiana que porque el Aikido es un camino (DO) y no un conjunto de técnicas (JUTSU). Quiero seguir estudiando y aprendiendo El arte de la paz (para mí el mejor libro para entender el Aikido junto con Journey to the Heart of Aikido). Y quiero seguir entrenando con personas tan geniales como las que he tenido el privilegio de conocer gracias al Aikido.

Grandes maestros del Kumano Juku Dojo: Ishimoto Sensei

Tomio Ishimoto Sensei, 8º Dan Aikikai Hombu Dojo, Shihan-Bu-Cho del Kumano Juku Dojo y Dojo-Cho del Ida Dojo (prefectura de Wakayama, Japón). Alumno directo de O Sensei y de Michio Hikitsuchi Sensei (10º Dan) es, tras Anno Sensei, el alumno vivo más destacado del Kumano Juku Dojo (Shingu, Japón).

Biografía

Ishimoto Sensei nació en 1944, además del 8º Dan de Aikido es 5º Dan de Masakatsu Bojutsu y 2º Dan de Iaido.

Comenzó a entrenar Aikido a los 17 años en el Kumano Juku Dojo, recibiendo el grado de Shodan (primer Dan) a los 19. Cuando murió O Sensei tenía 25 años.

Ishimoto Sensei

Un Ishimoto Sensei (a la derecha) muy joven junto a O Sensei e Hikitsuchi Sensei.

A los 28, en 1972, inauguró el Ida Dojo, del que es Dojo-Cho. Ida es un pueblecito que está justo enfrente de Shingu, nada más cruzar el río Kumano.

A los 33 recibe su 2º Dan de Iaido y a los 39 el 7º Dan directamente de Kissomaru Ueshiba a instancias de Hikitsuchi Sensei.

En 1989 recibe su 5º Dan de Masakatsu Bojutsu de Hikitsuchi Sensei.

En 2002 recibe el 8º Dan del actual Doshu, Moriteru Ueshiba, también a través de Hikitsuchi, que moriría dos años después.

Mis impresiones

Yo he tenido la suerte de asistir a uno de sus cursos —el primero que imparte fuera de Japón— en España, concretamente el de Palma de Mallorca, y quedé encantado. Su Aikido es sencillo, directo y marcial, casi eléctrico. Su influencia en mi primer maestro, Charly Sensei, es muy grande, hasta un punto que me impresionó y me divirtió a partes iguales (vi un montón de gestos técnicos y no tan técnicos clavados a los que aprendí en mis primeros años en el camino). Está en plena forma, ronda los 70 años  y le quedan pilas para rato.

En Mallorca nos contó lo aterrado que se sintió un día que, haciendo de uke para Morihei Ueshiba, le rasgó el keikogi en un agarre. Por lo visto O Sensei, que daba bastante miedo por lo visto, fue muy amable y se lo tomó a risa. Nos contó unas cuantas anécdotas más y bromeó un poco diciéndonos que recibía emails de O Sensei y de Hikitsuchi diciéndole que entrenara duro. Me gustó bastante que no parara de hablar de sus dos maestros, igual que hizo Anno Sensei en Mallorca, por lo que he visto es poco frecuente en el mundo del Aikido.

Hikitshuchi Sensei, en su lecho de muerte, le pidió que acudiera a la demostración pública de Aikido más importante del mundo, la “All Japan Aikido Demonstration”, que se celebra cada año en el BUDOKAN de Tokio. Ishimoto Sensei, abrumado por el honor y la responsabilidad que esto supone, se preparó a consciencia hasta que en 2008 representó al Kumano Juku Dojo en tan magno evento, que por aquel entonces cumplía 46 ediciones.
La importancia de la participación de este maestro se demuestra en el orden de intervenciones, que van de menor a mayor grado hasta llegar a la demostración del Doshu, Moriteru Ueshiba. Bien, los 5 maestros que precedieron al Doshu fueron Hiroshi Tada (9º Dan), Yasuo Kobayashi (8º Dan), Seishiro Endo (8º Dan), Morito Suganuma (8º Dan) y Tomio Ishimoto (8º Dan). Ahí es nada.

Su demostración :

En 2009 y 2013 volvió a participar:

Aquí lo tenemos en una demostración en el Hono Embu de 2008 (de ahí el saludo especial):

Estos vídeos están grabados en el Ida Dojo, donde enseña regularmente Ishimoto Sensei:

Aquí la serie del curso de Ishimoto Sensei en Madrid:

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Grandes maestros del Kumano Juku Dojo: Tojima Sensei

Segundo curso de Diego Espinosa Sensei en Alicante

En marzo organizamos el segundo curso de Diego Espinosa Sensei (6º Dan Aikikai Hombu Dojo). Os dejo el cartel que he hecho para la ocasión y el texto que ha redactado Fernando Sensei (2º Dan Aikikai Hombu Dojo y 3º Dan Aikikan):

Me es grato poder enviaros ya el cartel del curso de Aikido que impartirá este año nuestro Maestro Diego Espinosa (6º Dan) en nuestras instalaciones del gimnasio Centro Deportivo Algar en las que impartimos las clases de Aikido.
Este año lo he organizado en Elche y no en el centro de tecnificación de Alicante para ahorrar costes y para que todos aquellos que quieran comer en casa lo puedan hacer. Son tiempos duros para todos y debemos adaptarnos a las circunstancias.
Nuestro Maestro impartirá clase el Viernes, el Sábado y el Domingo.
Planificad ya vuestras agendas para que en Marzo podais asistir a este maravilloso curso de Aikido, el 2º que imparte Diego Espinosa en tierras Alicantinas.
Un abrazo.

curso2014_buenoNos vemos allí. Un abrazo muy fuerte.

 

Crónica del quinto curso FuDôShin Aikido Cartagena

Han pasado cinco años. Un lustro. Esta palabra proviene del latín lustrum, que era una ceremonia romana de purificación que se celebraba cada cinco años. Una renovación (en el caso de los romanos del censo).

Un lustro es lo que ha tardado Diego Espinosa en sacarnos lustre, en ayudarnos a purificarnos y renovarnos. No sé cómo decirlo sin que suene a secta pero es la sensación que me llevo después de ver la práctica de los dos grupos hermanos —Elche y Cartagena— este fin de semana durante el quinto curso FuDôShin de Aikido Cartagena.

No se trata de una renovación técnica puesto que las técnicas no cambian demasiado respecto a lo aprendido con Charly Sensei —a quien mando un fuerte abrazo y una vez más agradezco sus enseñanzas— sino de un cambio de actitud. Al quedarnos sin él cuando decidió volver a Asia seguimos practicando solos y sin darnos cuenta descuidamos algo que se percibe perfectamente en los vídeos que conservamos de Hikitsuchi, de Charly, de Clint George, de Ishimoto Sensei y de tantos instructores del Kumano Juku Dojo.

Me refiero a que nos centramos demasiado en los aspectos técnicos guerreros y no seguimos cultivando los espirituales. Nos obsesionamos con las aberturas y la efectividad pero se nos olvidó lo más importante. Alimentamos sin querer a nuestro ego (cómo me sitúo yo, cómo empiezo yo, cómo me muevo yo) y descuidamos al otro, al compañero, al oponente. Se nos olvidó lo que nos decía Charly: que el enemigo lo tenemos dentro.

Ya no hay samuráis, ya no entrenamos para matar o morir. El Fundador se dio cuenta y en 1942 empezó a hablar de la creación de un nuevo Budo, un arte marcial pensado para la reconciliación, basado en el amor al prójimo porque todos somos uno. Le llamó Shin-budo (新武道, shinbudō) o Budo Divino y lo bautizó como Aikido:

El camino del guerrero ha sido mal interpretado como un medio de matar y destruir a otros. Aquellos que buscan la competencia cometen un grave error. Golpear lastimar o destruir es el peor pecado que un ser humano puede cometer. El verdadero camino del guerrero debe impedir la matanza, es el arte de la paz, el poder del amor.

Hace cinco años, cuando conocimos a Diego Espinosa, no veíamos el Budo en su práctica y nos ha costado un lustro entenderlo: el Budo sigue ahí dentro pero se ha vuelto divino: tomamos la firme decisión de no lastimar al otro (uke), preferimos enseñarle que, pudiendo hacerle mucho daño, optamos por no hacerlo. Pero este camino es el más difícil porque requiere una serie de herramientas muy difíciles de adquirir:

  1. actitud serena de no confrontación
  2. centrarte en lo que vas a hacer tú, no enfocarte en la otra persona (por ejemplo no mirar a los ojos)
  3. anticiparse o leer la intención de tu adversario
  4. moverte antes que él para no estar ahí donde el quiere hacerte daño
  5. colocarte en una posición segura (sin aberturas) donde poder trabajar
  6. llevarle a donde tú quieres (fuerza atractiva) para que no se lastime
  7. enseñarle el daño que le podrías hacer
  8. no hacérselo para que caiga un enemigo y se levante un amigo

Diego Sensei está puliendo el diamante en bruto que le dejó Charly Sensei. El diamante está empezando a brillar, aunque sólo un poco, demostrando su potencial. Pertenece a un tipo de joya pequeña y poco vista —somos una escuela diminuta dentro del Aikido— pero está ahí para el que quiera acercarse y admirarla.

Todo se resume en una anéctoda de Nadeau Sensei. En una conversación con el Fundador le dijo:

“Maestro, quiero hacer el Aikido de O’Sensei”.

La respuesta que obtuvo fue:

“Es extraño, debes de ser el único. Todos los demás quieren hacer ‘su’ Aikido”.

Cuando alguien de otra escuela viene a un curso de alguno de los maestros del Kumano Juku Dojo siempre dicen lo mismo: habláis mucho de O Sensei. Es curioso. La frase lo dice todo. Tenemos libros, poemas y miles de frases del Fundador y nadie le hace caso. Bueno, nadie no. Nosotros al menos lo intentamos.

Venga, unas fotos:

Falta gente pero es lo más parecido a una foto de grupo que he conseguido

 

El grupo de Aikido Budo Elche con Diego Sensei

Un clásico: la foto gamberra después de las fotos serias de grupo

Quinto curso FuDôShin Aikido Cartagena

Lo sé, lo sé, el blog está muy parado… la culpa es de otro proyecto personal. Bueno, el caso es que no puedo dejar pasar la oportunidad de anunciar el 5º curso nacional de nuestros hermanos de Cartagena:

Curso Aikido Cartagena 2013

 

Como siempre el maestro será Diego Espinosa, 6º Dan Aikikai y representante español del Kumano Juku Dojo, un sensei magnífico que si no has visto nunca en directo te lo recomiendo. Nos vemos allí.