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La anatomía fundamental del sistema vascular era conocida desde la época de Galeno. Sin embargo, algunos de los postulados eran erróneos y Harvey se vio obligado a rechazar la completa separación que Galeno establecía entre los sistemas venosos y arteriales.

Los principales puntos de la teoría de Galeno que fueron problemáticos para este científico fueron:

  1. La sangre venosa se conformaba continuamente en el hígado a partir de los alimentos.
  2. Salía del hígado y fluía por las venas a todas las parte del cuerpo.
  3. Una pequeña porción de ella entraba en el mismo corazón, y su ruta iba del ventrículo derecho al izquierdo para convertirse en sangre arterial.
  4. La sangre arterial salía del corazón en la diástole, lo que explicaba el pulso arterial.
  5. Por último, su postulado del movimiento en dos direcciones del aire y su agotamiento en la arteria venosa.

En el documento que publicaron los teólogos y cualificadores del Santo Oficio el 24 de febrero del año 1616 exponían que la proposición de que el Sol es el centro del mundo y está desprovisto de movimiento local era filosóficamente incoherente, y formalmente herética, ya que contradecía expresamente la doctrina de las Sagradas Escrituras en muchos puntos, tanto en su significado literal como en la interpretación que hicieron anteriormente los Papas y Doctores.

El día 5 de marzo la Congregación del Indice publicó su decreto prohibiendo la obra De Revolutionibus de Copérnico hasta que corrigiera sus errores. Sin embargo, gracias al futuro Papa Urbano VIII, que realizó la distinción entre las hipótesis científicas y las lecturas religiosas, se consiguió que no se condenara del todo.

Así, Copérnico tuvo que introducir pequeños cambios en su obra, para que en 1620 se volviera a leer con libertad.

Galileo, al afirmar y defender que el sistema copernicano se cernía más sobre la verdadera naturaleza del universo, se ganó varios enemigos dentro de la iglesia. Uno de los más importantes fue el cardenal Bellarmino (1542-1621). La política de éste respecto a Galileo se basaba en no dejar que estas afirmaciones se repitieran, evitando así el conflicto entre la astronomía y las Santas Escrituras.

Lo que hizo fue debilitar las conclusiones de la ciencia de la naturaleza y aceptar la nueva astronomía. Pero no como si fuera una certeza indudable, sino más bien como una opinión o conjetura probable, degradando así el trabajo de Galileo. Este hecho se puede observar en una carta que le envía Bellarmino al fiel seguidor de Galileo, Foscarini:

Me parece que su reverencia y el señor Galileo actúan prudentemente cuando se contentan hablando hipotéticamente y no absolutamente, como siempre he entendido que habló Copérnico. Decir que con la hipótesis del movimiento de la Tierra y el reposo del Sol se explican todas las apariencias celestiales mejor que con la teoría de las excéntricas y epiciclos, es hablar con excelente buen sentido y no correr ningún riesgo. Esa manera de hablar es suficiente para un matemático. Pero querer afirmar que el Sol está, en realidad, en el centro del universo y que solamente gira sobre su eje sin ir de Este a Oeste, y que la Tierra está en el tercer cielo y gira con la mayor velocidad alrededor del Sol, es una actitud muy peligrosa y apta no sólo para excitar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también para injuriar nuestra santa fe a contradecir a las Escrituras“.

Una vez que Galileo demostró que el sistema Heliocéntrico de Copérnico era el que se ajustaba a la realidad, para él, seguir defendiendo el sistema aristotélico y ptolemaico como verdadero era contradecir la intención de Dios al dotar al hombre con semejante inteligencia y razón investigadora.

Por ello, Galileo advirtió a los teólogos de los peligros que podría sufrir la fe en la iglesia si se ponía al creyente en la situación de tener que creer como verdad lo que sus propios sentidos y la ciencia podía demostrar como falso; o de cometer un pecado si creía que su razón demostraba que era cierto y necesario. Asimismo, afirmó que el sistema geostático de Ptolomeo no concordaba realmente con las Santas Escrituras, por lo que la asociación que hizo la iglesia de la cosmología aristotélica y el sistema ptolemaico era totalmente insuficiente.

 

Galileo creía que era posible demostrar que el Sistema Heliocéntrico era una conclusión necesaria y evidente de los datos que se obtuvieron en esos momentos.  Gracias a su telescopio, pudo ver un modelo del Sistema Solar en júpiter y sus satélites y pudo medir la gran variación anual de los diámetros aparentes de Venus y Marte.

Sus observaciones de las fases de Venus hicieron posible confirmar la predicción del Sistema copernicano de que los planetas mostrarían sus fases completas, como la Luna, cuando eran observados desde la Tierra.

Tal y como él dijo: “muchas otras observaciones sensibles que no pueden de ninguna manera ser reconciliadas con el sistema ptolemaico, sino que son los argumentos más fuertes en favor del sistema copernicano“.

Si la teoría copernicana fue prohibida y declarada contraria a la fe católica sin prohibir la Astronomía como un todo, el que Galileo continuara con su defensa provocó inevitablemente un gran escándalo.

En primer lugar, debemos señalar que Leonardo no fue escolástico ni confió a ciegas en la autoridad clásica, tal y como hicieron muchos de los hombres del Renacimiento. Sólo admitía como verdaderos los métodos científicos, la observación de la naturaleza y la experimentación. Según su opinión, el conocimiento de los escritores antiguos tenía utilidad como base, pero no como objetivo final.

Además, se emancipó totalmente de los prejuicios teológicos, denunciando los abusos eclesiásticos y los absurdos que se habían convertido en parte integrante del sistema de la iglesia. Por lo tanto, Leonardo destaca sobre todo, por su mentalidad abierta. Sin embargo, aceptó la doctrina cristiana como molde exterior visible de su vida interior espiritual.

Personalmente, adoptó como postura filosófica un panteísmo idealista, cuya luz veía en todas las cosas del espíritu del universo.

Andreas Vesalius (1515-1564)  fue un flamenco educado en Lovaina y París, siendo un importante profesor en Padua, Bolonia y Pisa. Su gran innovación radica en el abandono de las directrices que dictó Galeno en sus textos, publicando Vesalio en el año 1543 su obra De Humani Corporis Fabrica. Se trata de una obra sobre anatomía que no está basada en lo que dijo Galeno o Mondino, sino en lo que él mismo había comprobado haciendo disecciones y podía demostrar.

Vesalio hizo muchísimos progresos en los conocimientos anatómicos, siendo especialmente notable su trabajo sobre los huesos, venas, cerebro y órganos abdominales.

Aunque aceptó la línea de Galeno en líneas generales, Vesalius describió algunos experimentos que había hecho personalmente con animales. Pero en 1544, molesto por la oposición que despertaba su libro, renunció a la investigación y aceptó el puesto de médico de Corte del emperador Carlos V.

La primera labor que llevó a cabo Tycho Brahe fue mejorar los instrumentos entonces usados: construyó un cuadrante con un radio de 19 pies y un globo celeste de 5 pies de diámetro, y perfeccionó los métodos de observación y de graduación.

También determinó los errores de sus instrumentos, dio los límites de precisión de sus observaciones y tuvo en cuenta el efecto de la refracción atmosférica* sobre las posiciones aparentes de los cuerpos celestes.

Tycho realizó una serie de observaciones regulares y sistemáticas acerca de los errores conocidos, que revelaron problemas ocultos hasta entonces en las imprecisiones anteriores.

 

 

*La refracción atmosférica  es un fenómeno por el cual, el Sol y las estrellas se ven siempre por encima de su posición real. Por eso, se denomina a la posición de los astros en astronomía posición aparente o posición real.

La teoría copernicana sobre el movimiento anual de la Tierra en un círculo alrededor del Sol recibió muchas críticas, ya que sus postulados entraron en conflicto con las teorías vigentes. Algunos humanistas consideraron a Copérnico como el restaurador de la pureza clásica de Ptolomeo, mientras que otros autores vieron su sistema como un palo con el que golpear a Aristóteles. En concreto, recibió tres principales objeciones:

  1. En primer lugar, la teoría aristotélica de los movimientos naturales, que dependía de que el centro de la Tierra estuviera en el centro del Universo.
  2. En segundo lugar, no habían pruebas estelares anuales observables, o diferencias en la posición de las estrellas. Copérnico atribuyó este hecho a la enorme distancia de la esfera estelar respecto de la tierra comparada con las dimensiones de la órbita de la Tierra.
  3. Por último, los aristotélicos defendían que cada cuerpo elemental tenía un solo movimiento natural, pero Copérnico le dio a la Tierra tres: el movimiento de la Tierra sobre su propio eje, alrededor del Sol y el tercer movimiento que explicaría la precesión de los equinoccios y sus temblores ilusorios.

Sin embargo, científicos como Tycho Brahe, Guillermo Gilbert, Kepler y Galileo vieron el significado real del De Revolutionibus e intentaron unificar las observaciones, las descripciones geométricas y la teoría física.