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Los dibujos que Leonardo da Vinci realizó sobre las articulaciones, músculos y esqueletos se hicieron en los años 1508-1510. En estos momentos mejoró mucho su técnica en las ilustraciones anatómicas, progresando mucho en su afinación y alcanzando una gran precisión que era impensable en esa época.

Sus dibujos del esqueletos están valorados entre los más excelentes, contando también con las ilustraciones realizadas por Andreas Vesalio. Sin embargo, las láminas en las que aparecen los músculos son menos claras y nítidas, debido a que en estos momentos no se prestaba mucha atención a las estructuras musculares. Aun así, destacan los dibujos de la mano y el rostro, ya que son de una gran calidad.

Además, debemos destacar que cada parte ósea o muscular la representó en, al menos, cinco ángulos distintos y a diferentes niveles de profundidad. También añadió el factor tiempo, dibujando una mano con modelos de hombre viejo, joven y niño; y en las ilustraciones de la espalda y el brazo fijó los momentos de la rotación en 180º.

Estudio del hombro y del cuello

Disección de la mano

 

Leonardo da Vinci, además de investigar sobre la anatomía corporal, física, matemáticas, ingeniería, etc., también realizó estudios paleontológicos. Llegó a defender que, dado que las cosas son más antiguas que los escritos, la tierra había dejado huellas sobre su historia antes de la escritura. Los fósiles que se encuentran en las altas montañas continentales se formaron en el mar y no es posible que llegaran a esa localización en los cuarenta días que duró el diluvio de Noé. Por lo tanto, han tenido que producirse múltiples cambios en la corteza terrestre a lo largo de la historia de la Tierra. Sus descubrimientos geológicos y fósiles han quedado  plasmados en sus obras pictóricas, donde Leonardo incluyó líneas ondulantes y otras marcas en las rocas sedimentarias.

La Virgen de las Rocas (1486) y La Virgen, el niño Jesús y Santa Ana (1508) con marcas fósiles y geológicas en las rocas.

Bernardo Palissy, que conocía las ideas de Leonardo sobre estas cuestiones, fue más allá y consiguió comprender la significación de las formas fósiles para la morfología comparada. Para empezar, hizo una colección propia de fósiles y reconoció la identidad de algunas formas que encontró en las rocas, como los erizos marinos y las ostras, comparándolos con las especies actuales, y diferenció algunas variedades marinas, lacustres y de río.

Las diversas ilustraciones que llevó a cabo Leonardo da Vinci en relación con las proporciones del cuerpo humano, fueron realizadas más o menos en 1490, según su estilo caligráfico de las notas de los dibujos. Por lo tanto, podemos llegar a la conclusión de que Leonardo, antes de dedicarse a la investigación detallada del esqueleto humano en las primeras décadas del siglo XVI, se introdujo en el estudio de las armonías de la estructura corporal, sobre todo relacionado con las articulaciones.

Leonardo tenía un sistema común de proporciones para ligar las medidas del hombre, cuyos resultados se pueden ver en el siguiente dibujo, donde trata las proporciones del rostro. Él mismo lo describía así: “El espacio existente entre la boca y el principio de la nariz constituye la séptima parte del cráneo. De la boca al mentón, la distancia es la cuarta parte del cráneo e idéntica a la apertura de la boca. Desde el mentón al fondo de la nariz, el espacio existente constituye  la tercera parte del cráneo, y a su vez este espacio es igual a la nariz y a la frente. El espacio que va de la mitad de la nariz hasta poco más abajo del mentón, es la mitad del cráneo. Es espacio existente entre las cejas y el mentón alcanza dos tercios del total del cráneo.”

Las proporciones del rostro

Los primeros esbozos de la ley de la caída de los cuerpos, que Galileo intentaba demostrar, los realizaron personajes como Benedetti, Tartaglia o incluso Leonardo da Vinci.

Benedetti expuso su opinión en su obra Libro sobre Diversas Especulaciones Matemáticas y Físicas, donde escribió: “Aristóteles no debería haber declarado que un cuerpo es tanto más rápido cuanto más se acerca a su meta, sino más bien que el cuerpo es tanto más veloz cuanto más se aleja de su punto de partida“.

Por su parte, Niccolò Tartaglia, quien aparentemente fue el pionero en introducir en  controversia la consideración del punto de partida, lo expresa de la siguiente manera: “si un cuerpo grave se mueve con un movimiento natural, cuanto más se aleja de su principio o se acerca a su fin, más deprisa va“.

E incluso Leonardo da Vinci se atrevió a hablar sobre este tema: “La gravedad que desciende libre adquiere a cada grado de movimiento un grado de velocidad.”

Primeramente, debemos resaltar un hecho muy curioso, y es que tanto Galileo como Beeckman formularon la ley de la caída de los cuerpos casi simultáneamente: Galileo la propuso en el año 1604; mientras que Beeckman la expresó quince años después (1619). Sin embargo, Beeckman no lo hizo solo, ya que sus matemáticas eran mediocres. Por ello, tuvo que recurrir a Descartes, al que planteó el problema que él no podía resolver. De este modo, podemos hablar de una doble coincidencia entre Beeckman y Descartes y Galileo: coincidencia en las leyes propuestas y en los errores que ambos cometieron, a pesar de ser una ley muy sencilla: la caída de los cuerpos es un movimiento uniformemente acelerado.

El principio que formuló Galileo fue: la velocidad del móvil (en caída libre) es proporcional a la distancia recorrida. En lugar de la proposición correcta: la velocidad del móvil es proporcional al tiempo transcurrido, principio que ya conocía Leonardo Da Vinci.

La ley expuesta por Galileo no conducía a establecer la ley de la caída de los cuerpos, sino a otra muy diferente, que Galileo no habría sido capaz de calcular.

En el libro sobre anatomía que Leonardo estaba escribiendo, anotó las siguientes palabras en relación a su contenido:

Esta obra debe comenzar con la concepción del hombre, describiendo la forma de la matriz y cómo el feto está emplazado en ella, cómo se alimenta y desarrolla“.

Como en los otros estudios anatómicos que realizó, Leonardo hizo referencia continuamente a la observación de los animales y, en ocasiones, transfirió de forma errónea un concepto de una especie a otra. Es posible que uno de los errores más destacables fuera en el estudio de las paredes del útero humano, donde incluyó los cotiledones (cada una de las divisiones de la placenta, separadas en la superficie materna por pequeños surcos y, en el espesor, por los tabiques placentarios), rasgo típico de los ungulados como los bovinos.

Se tiene la certeza de las dificultades que tuvo Leonardo a la hora de obtener cadáveres  femeninos para poder llevar  a cabo sus disecciones.

En la siguiente ilustración, Leonardo explica el modo en que se implanta y crece la criatura. Se puede observar el feto a través de la transparencia de la membrana amniótica.

El feto en el útero

 

 

Leonardo da Vinci llevó a cabo una investigación sobre el corazón en los últimos años de su vida. Según la teoría de Galeno y Mondino que heredó Leonardo, el corazón consistía en dos ventrículos separados por la región interventricular. De acuerdo con esta concepción, las aurículas no eran más que apéndices de las venas. Pero finalmente Leonardo descartó esta teoría, así como la que sostenía que la temperatura de la sangre era un factor congénito.

La investigación del funcionamiento del corazón se centró sobre todo en la aorta, construyendo un modelo para analizar el paso del agua y el de la sangre. Sin embargo, no puso en duda otras teorías medievales como la que defendía que la sangre fluía hacia la periferia a través de las venas y arterias.

Hemos de destacar, además, que todas las disecciones del corazón que realizó Leonardo Da Vinci pertenecían a bueyes.

De izquierda a derecha. Corazón de buey examinado desde dos ángulos diferentes y distintas perspectivas del corazón para ver los vasos sanguíneos

En primer lugar, debemos señalar que Leonardo no fue escolástico ni confió a ciegas en la autoridad clásica, tal y como hicieron muchos de los hombres del Renacimiento. Sólo admitía como verdaderos los métodos científicos, la observación de la naturaleza y la experimentación. Según su opinión, el conocimiento de los escritores antiguos tenía utilidad como base, pero no como objetivo final.

Además, se emancipó totalmente de los prejuicios teológicos, denunciando los abusos eclesiásticos y los absurdos que se habían convertido en parte integrante del sistema de la iglesia. Por lo tanto, Leonardo destaca sobre todo, por su mentalidad abierta. Sin embargo, aceptó la doctrina cristiana como molde exterior visible de su vida interior espiritual.

Personalmente, adoptó como postura filosófica un panteísmo idealista, cuya luz veía en todas las cosas del espíritu del universo.

Tal y como planeó Leonardo Da Vinci, la ballesta gigante debía usarse para lanzar grandes bolas de piedra y sembrar así el pánico y el terror entre los enemigos. El boceto de este instrumento destaca por sus grandes dimensiones: el arco tenía una abertura de 24 metros y se sujetaba sobre un tronco de unos 23 metros de largo y 1,2 metros de grosor.

Esta ballesta fue uno de los ingenios de guerra que Leonardo inventó para el Duque Ludovico de Milán. Este diseño es uno de los más detallados, marcando incluso los engranajes y los detalles del funcionamiento.

La Ballesta Gigante

Leonardo da Vinci quería despegar en vuelo vertical y regresar a tierra de la misma forma. En suma lo que intentaba era inventar el helicóptero, idea utópica hace cinco siglos, pero de la que estaba firmemente convencido. Para ello, se basó en la estructura anatómica y la dinámica de las alas de los pájaros.

Naturalmente que estos estudios tenían relación con el problema del vuelo. En los últimos veinte años del quattrocento Leonardo inventó diversos aparatos más o menos ornitológicos para facilitar el vuelo humano, convencido de que la simple fuerza muscular y la habilidad eran suficientes para imitar a los pájaros.

Para realizar su sueño, hizo un dibujo sobre su idea de un rotor helicoidal, mostrando sus diseños su perfecta comprensión del principio del helicóptero. Construyó un aparato para hacer girar el espetón que se servía de aire caliente que ascendía de un hogar para impulsarlo con ayuda de un asta dorada de palas. Si en lugar de mantener las palas movidas por el aire, las hubiera puesto en rotación, de forma que ellas fueran quienes desplazaran el aire, hubiera inventado el rotor.

Diseños sobre el helicóptero y el rotor helicoidal

Diseño de helicóptero

Leonardo da Vinci no sólo estudió el cuerpo humano, sino que practicó disecciones en animales también con el fin de profundizar sus nociones de anatomía humana. Por otra parte, hemos de decir que probablemente fuera más fácil procurarse cuerpos animales que humanos.

Leonardo era consciente del paralelismo anatómico existente entre los animales, pero también sabía cuáles eran las principales diferencias entre una y otra especie: describe la variedad de los intestinos de la especie humana, monos y animales semejantes. Luego anota de qué modo varían las vísceras de los leones, la de los bovinos y por último las de los pájaros.

El más notable esfuerzo  por comprender el vuelo de los pájaros se llevó a cabo en su segundo período florentino, después de 1499. Sus conclusiones en este campo están en su libro Sobre el Vuelo de los Pájaros de 1505. En el dibujo nos muestra las disecciones del ala de un pájaro y revea sus músculos y nervios, mientras que las notas se ocupan de la estructura y la dinámica del ala.

Cuatro estudios de la estructura ósea de un ala de pájaro

Códice Sobre el Vuelo de los Pájaros. Leonardo Da Vinci (1505)

Los primeros estudios anatómicos de Leonardo perfectamente definidos son los que emprendió sobre el cráneo hacia 1489. Su objetivo principal fue ubicar la zona que el llamaba el Senzo Comune, punto de encuentro de todos los sentidos con el alma. Los extraordinarios dibujos del cráneo, fechados alrededor de 1489 parecen ser los únicos que Leonardo dedicó a esa zona. A partir de ellos su técnica de análisis progresó notablemente.

Dos Vistas del Cráneo

En estos dibujos del cráneo Leonardo refleja y condensa toda la maestría del artista objetivo, tal y como puede observarse en las líneas de la bóveda craneana del dibujo superior. El cráneo es visto de lado, en su sección media sagital. En el dibujo de abajo, se le ve en sección entera, con los senos  frontales y el esfenoides, las tres fosas craneales y la cavidad nasal.

De una forma gradual y paulatina, Leonardo da Vinci pasó de una anatomía medieval a una anatomía moderna y objetiva. Todo esto lo podemos ver en los dos siguientes dibujos que muestran los órganos internos:

 

Figura anatómica mostrando corazón, los pulmones y las principales arterias

 

Disección de los órganos principales y del sistema arterial de la mujer

En el primero remite a una concepción galénica del sistema vascular, según la cual los fluidos naturales fluían a través  de las venas partiendo del hígado, mientras que los vitales, nacidos en el corazón, corrían a través de las arterias. Este dibujo fue creado entre 1490 y el 1500, estando Da Vinci todavía influido por la anatomía medieval.

El segundo todavía contiene errores atribuibles a la tradición de Galeno y Avicena. Un ejemplo de ello es la vena cava, que atravesando el corazón se ramifica hacia el ventrículo derecho, en el que se nota la ausencia del atrio. La precisión en la forma y dimensiones del hígado, los riñones y la vejiga, es producto de la observación directa.