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Conceptualización

Es necesario ser conscientes de que, a pesar de que las conceptualizaciones son necesarias para ordenar el saber, un término, como puede ser Contrarreforma, no puede dar cuenta de la complejidad de cuanto refiere -de hecho, no lo entenderemos únicamente como la respuesta de la Iglesia católica a la Reforma protestante-. De ahí que, en un intento de dotarlo de mayor profundidad, encontremos a veces referencias al “espíritu de la Contrarreforma“. Éste, entendido al modo hegeliano, vendría a ser el carácter subyacente a una coyuntura concreta y expresado en distintas manifestaciones humanas. Teniendo esto presente, intentaremos aproximarnos a los distintos rasgos que caracterizaron el espíritu de este acontecimiento.

A modo de aclaración, y siguiendo con la imprecisión terminológica, cabe pararnos ante las dos maneras de llamar al hecho que nos ocupa: Contrarreforma y Reforma católica. La primera se opone, formalmente, a la Reforma (protestante), más ello no implica una oposición al Renacimento y al pensamiento humanista en que el protestantismo surgió -de hecho, buena parte de los nuevos valores modernos se hicieron presentes en el espíritu de la Contrarreforma, como es la promoción de la libertad humana-. La segunda denominación sugiere, por su parte, una vía alternativa al curso del catolicismo sin connotaciones hostiles como puede transmitir el primer caso.

No obstante, aunque a nivel semántico puedan extraerse diferentes matices, se aceptan ambos términos como sendas formas diferentes de denominar a un mismo acontecimiento. Así, nosotros las utilizaremos indistintamente, siendo el término Contrarreforma el que encabece nuestro blog por haberlo considerado más extendido y proporcionar, así, mayor facilidad para su identificación.

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