Historia de América

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6. El período Postclásico

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Mesoamérica

Entre el 750 y el 1000 los grandes poderes regionales clásicos (como Teotihuacan o las ciudades mayas) entraron en decadencia y fueron sustituidos por nuevos centros, que propiciaron una remodelación de las áreas de influencia y control, la secularización social, una tendencia al militarismo o la aparición de manifestaciones artísticas más alejadas de las temáticas religiosas.

La cultura tolteca

Tras la caída de Teotihuacan a inicios del siglo VIII, diversos centros pugnaron por el dominio de la región. A finales del siglo X, la ciudad de Tula se alzó con la hegemonía política y comercial.

Tula tuvo una población que osciló entre los 40.000 y los 60.000 habitantes. Contó con un recinto ceremonial, con diversos templos (entre los que destaca el de Quetzalcóatl), una plaza central y 6 juegos de pelota. En torno a este se levantaban pequeñas unidades residenciales ocupadas por familias (fundamentalmente de artesanos y especialistas), con patios internos en cuyo centro solía haber un altar o un santuario. Rodeando esta área semiurbana vivía la población campesina (unas 60.000 personas más) en un hábitat disperso. No obstante, aunque Tula fue una gran urbe, no alcanzó el desarrollo organizativo, social y cultural de Teotihuacan.

La sociedad tolteca estaba muy estratificada y fue dominada por una élite aristocrática. Su economía se basaba en la agricultura (cultivo de maíz y algodón en terrazas irrigadas).

Tula se expandió hacia el norte del valle de México. En cambio, no pudo extender su influencia hacia el sur y el oeste, por la presencia de otras ciudades como Cholula y Xochicalco (respectivamente).

El final de Tula llegó poco después de la traslación de la capitual tolteca a Chapultepec (1165). Desprotegida, la ciudad fue atacada por los pueblos chichimecas, quienes la destruyeron en 1178.

La Gran Chichimeca

La caída de Tula dio inicio a un período de reestructuración de la zona, complicado con la llegada de gentes de menor desarrollo cultural, procedentes del sudeste de los EE. UU., a una zona extensa que recibe el nombre de Gran Chichimeca.

Se trata de un período confuso, de superposiciones, con migraciones difíciles de determinar y centros regionales de influencia reducida, que solo alcanzaron cierta importancia en el valle de México.

La cultura mixteca del valle de Oaxaca

Tras la caída de Monte Albán, encontramos en el valle central de Oaxaca una situación de disgregación política, con un complejo mundo de relaciones diplomáticas -gran importancia de las alianzas matrimoniales- y conflictos bélicos entre los principales centros de población, que constituyen estados autónomos y mantienen rasgos culturales comunes, heredados de la cultura zapoteca. Conocemos parte de la historia política de estos pueblos gracias a la existencia de 8 códices escritos sobre piel de venado.

Además de elaborar los códices, los mixtecas destacaron como ceramistas o en la elaboración de mosaicos con piedras semipreciosas y, además, fueron los autores de las mejores realizaciones metalúrgicas de Mesoamérica.

La cultura maya del Postclásico

Tras las decadencia de los grandes centros mayas del Clásico, hacia el año 1000, Chichen Itzá comenzó una etapa de predominio político, cuyo dominio se extendió por todo el centro y el norte de Yucatán. Influida por los toltecas, la sociedad maya tendió hacia la secularización, el pragmatismo y el militarismo. Así mismo, la navegación y el comercio costero ganaron importancia.

Hacia 1.200, los itzaes fueron expulsados de Chichen Itzá por la resistencia indígena y una alianza promovida por Mayapán. Tuvieron que emigrar al sur, donde fundaron Tayasal, en la que resistieron hasta finales del siglo XVII la invasión castellana.

Entonces, Mayapán se convirtió en la ciudad líder de la región, si bien llegó a controlar un espacio más restringido que su rival. Cayó a mediados del siglo XV, como consecuencia de una conspiración interna. Desde entonces, el Yucatán quedó fragmentado en 16 “señoríos” independientes, que los castellanos hubieron de tomar uno a uno.

Por otra parte, en el altiplano de Guatemala aparecieron varios estados entre los que destacan los quichés y los cakchiqueles, que conservaron una fuerte impronta de la cultura maya. Ambos compitieron por la ampliación de sus territorios hasta la conquista de la región por Pedro de Alvarado (en 1524).

Los tarascos

Los tarascos -de procedencia desconocida- fijaron su primer asentamiento en la que sería su capital, Pátzcuaro. Desde allí, fundaron un estado centralizado, oligárquico y teocrático, que se extendió por el oeste de México y que se expandió hacia el norte. Compitieron con los aztecas y consiguieron frenar su empuje gracias a la construcción de fortificaciones fronterizas. El estado tarasco no ofreció resistencia a la Corona castellana, que lo anexionó en 1522.

Los aztecas

Historia

El origen del pueblo mexica es un misterio, ya que se oculta tras narraciones míticas y semilegendarias. El mito lo sitúa en Aztlán, un lugar ubicado al noroeste del valle de México, del que salieron varias tribus, “siguiendo el consejo y la orientación de su dios Hutzilopochtli”.

Su peregrinación duró 2 siglos y está plagada de inestabilidad. Permanecieron una larga temporada en Chapultepec, pero fueron expulsados. Después lograron que el señor de Culhuacan les permitiese asentarse en un lugar llamado Tizaapan, infestado de serpientes (que lejos de amedrentarles, constituyeron una de sus fuentes de alimentación). Establecieron con él alianzas matrimoniales, pero sacrificaron en un rito a la hija del rey culhua y de nuevo hubieron de emigrar. En 1325 se establecieron en un islote del lago Texcoco, perteneciente a Azcapotzalco, fundando Tenochtitlan.

El núcleo urbano fue creciendo, bajo el dominio de los tepanecas de Azcapotzalco. Estaba en una zona llana con ventajas (agricultura, abundantes recursos hídricos, caza y pesca, facilidad de comunicaciones por vía acuática con los grandes centros del valle de México) e inconvenientes (inexistencia de piedra, oscilación estacional del nivel de las aguas).

La emancipación de Tenochtitlan se produjo en 1428 por la vía militar, aprovechando la existencia de diversas intrigas relacionadas con la sucesión del gobierno de Azcapotzalco. Tenochtitlan fundó la Triple Alianza con Texcoco y Tlacopan, derrotó a Azcapotzalco. Con Tenochtitlan al frente de la unión, comenzó una etapa de gran expansión territorial que duró hasta finales de siglo y permitió la creación de un imperio.

La rapidez de las conquistas y la amplitud de los territorios dominados hizo que el grado de control mexica sobre las distintas zonas fuese muy dispar: desde lugares custodiados por guarniciones hasta territorios que pudieron mantener una situación de cuasi independencia. También renunciaron a conquistar diversos estados, como Tlaxcala, situado relativamente cerca de la capital, que utilizaron para la formación de soldados noveles o la captura de prisioneros de guerra para los sacrificios humanos. Así mismo, otros pueblos como los tarascos del valle de Oaxaca lograron resistir el empuje mexica, gracias, fundamentalmente, a la fortificación de la frontera.

A la llegada de Hernán Cortés, el imperio mexica era una construcción impresionante, pero con cimientos débiles y muchos enemigos dispuestos a colaborar con los castellanos.

Sociedad

La sociedad mexica era muy compleja. Estaba dividida en dos grupos: los pipiltin y los macehualtin, aunque había algunos colectivos fuera de ambos.

Los pipiltin eran la clase dominante. Estaba formada por los funcionarios del estado y los dirigentes del ejército.

A su cabeza estaba el tlatoani (orador), que tenía el poder militar, civil y religioso. Era un cargo que se transmitía de forma hereditaria. Había uno en cada ciudad principal. Todos estaban subordinados al de Tenochtitlan, el huey tlatoani (gran orador).

Por debajo estaban los señores, que debían su situación privilegiada a la concesión de privilegios y tierras por el tlatoani, en recompensa de sus méritos. Su título no era hereditario, aunque el tlatoani solía concederlo a los herederos del señor.

Y tras los señores estaban los pipiltin sin privilegios, que accedían a tal condición por nacimiento.

Las posibilidades de promoción social eran muy limitadas (únicamente por motivos religiosos, comerciales o militares). También eran reducidas las de degradación de clase.

Los macehualtin eran los no privilegiados, que habían de pagar impuestos (hasta los 52 años), y constituían la mayor parte de la población. Se agrupaban en los calpullis, el elemento básico de la organización social mexica. Originalmente, estos reunían a grupos de familias, aunque en la capital se formaron por criterios puramente residenciales. Tenían una gran cohesión interna, ya que sus habitantes estaban unidos por aspectos como la educación en una misma escuela, la práctica de los mitos ritos o el trabajo comunal en las tierras del calpulli y en las de tributo estatal.

Por debajo estaban los mayeques, que eran braceros adscritos a las tierras de los señores y de los templos. Solo estaban por encima de los esclavos. Estos últimos podían acceder a tal condición de diversas formas: por venta propia o de los hijos, deudas, juego, sentencias judiciales. En principio, eran esclavos “limitados”, que prestaban sus servicios durante un tiempo determinado y podían mantener sus bienes o contraer matrimonio libremente. No obstante, los que incumplían con sus obligaciones o los prisioneros de guerra eran esclavos que solían acabar sacrificados en los ritos mexica.

Otro grupo social estaba formado por los tributarios, no adscritos a los calpullis. Entre ellos, destacaban los pochtecas o grandes comerciantes. Gozaban de una situación privilegiada (protección oficial, residencias especiales, cultos propios, leyes comunes), en reconocimiento de su importancia económica y también estratégica, ya que solían proporcionar información sobre los territorios con los que establecían relaciones mercantiles y eran susceptibles de ser conquistados. Estaban organizados en estructuras jerarquizadas similares a los gremios y formaban una “casta” a la que solo se podía acceder por nacimiento o concesión del tlatoani.

Por último, estaba el grupo de los guerreros. También gozaban de una situación privilegiada entre los macehualtin (podían beber alcohol, tener concubinas). Como contraprestación, ocupaban las posiciones más complicadas en el combate.

Economía

La agricultura fue la base económica del estado azteca. A lo largo del valle de México combinaron distintas técnicas agrícolas: rozas en las zonas de selva, agricultura de secano en las laderas y de regadío en los fondos de los valles. Las cosechas de maíz, fríjol, chile, calabaza y cacao fueron complementadas con los productos obtenidos de la ganadería (pavo, perro, pato), la caza (aves acuáticas, venados, jaguares, águilas, tortugas), la pesca o la recolección de algas nutritivas.

Los mexica desarrollaron una técnica peculiar, la chinampa, que les permitió conseguir rendimientos sin parangón en aquella época. Eran islotes artificiales de tierra formados sobre balsas delimitadas con postes y árboles, que permitían la obtención de varias cosechas anuales.

Había tres tipos de tierras, según la categoría social de sus dueños y los productos cultivados.

  • Las tierras de los calpullis. Eran de carácter comunal e inalienable, y estaban fragmentadas en función de sus usos. Una parte era dividida en parcelas, que eran dadas en usufructo vitalicio a los cabezas de las familias que formaban dicha agrupación. Una segunda parte era cultivada para los dirigentes del calpulli; y la tercera parte era trabajada para conseguir lo necesario para pagar los impuestos.
  • Las tierras de los pipiltin. Eran de carácter individual. Las obtenían por donación del tlatoani en reconocimiento de méritos militares, comerciales o religiosos. Podían ser enajenadas entre los propios nobles. Se transmitían por herencia y eran cultivadas por mayeques.
  • Las tierras de carácter público. Eran destinadas a sufragar los gastos del templo, del soberano o del ejército. Eran cultivadas por mayeques o por miembros de los calpullis.

La artesanía era clave porque se encargaba de la transformación de las materias primas. Había artesanos a tiempo parcial (agricultores que elaboraban manufacturas y comerciaban en pequeña escala) y artesanos profesionales (de tradición familiar, residentes en las ciudades y pertenecientes a organizaciones similares a los gremios). Se dedicaban a la fabricación de productos utilitarios o de lujo para los nobles; estos últimos tenían más prestigio y podían amasar considerables fortunas.

El comercio era necesario para la circulación de productos y el abastecimiento de las ciudades. El comercio de larga distancia fue dirigido por los pochtecas y realizado en grandes caravanas, formadas por canoas en medios acuáticos y cargadores humanos en los terrestres. Las caravanas tenían un radio máximo de unos 1.000km y solían comerciar con objetos de gran valor y poco peso, como cacao, gemas, algodón o plumas preciosas. Además de su función económica, tenían gran importancia militar, ya que las caravanas podían ser utilizadas como ejércitos para la conquista de nuevos territorios y los comerciantes solían trabajar como espías, proporcionando informaciones útiles para las autoridades.

Junto a este gran comercio, también había actividades mercantiles locales. Todos los productos acababan en los mercados, donde eran vendidos (utilizando monedas como cacao, mantas u oro) o intercambiados (trueque). Los mercados aztecas sorprendieron a los castellanos (en especial, el de la capital), por la cantidad de gente que acudía a ellos, la variedad de los productos ofrecidos y su compleja reglamentación. Eran el centro de la vida cotidiana de las ciudades y en ellos también se realizaban las contrataciones laborales.

La complejidad de la vida urbana propició la aparición de “personal de servicios”, un grupo en el que podemos situar a los funcionarios (administración, mantenimiento, seguridad, limpieza, abastecimiento, sanidad), los sacerdotes y los educadores.

El sistema tributario constituía la base de la estructura económica mexica. El imperio estaba dividido en 38 provincias y cada una de ellas debía satisfacer a la capital una cantidad concreta, que podía variar en función de la forma en que había sido integrada en el Estado (acuerdos pacíficos o conquistas), de su fidelidad al poder central (estabilidad interna o rebeliones) y de la riqueza de la región. Los tributos no estaban compuestos exclusivamente por productos autóctonos, lo que sirvió para fomentar el comercio. Suponían un elevado volumen de ingresos para el Estado. Eran gestionados por la autoridad central (por medio de una red de funcionarios) y destinados a sufragar los gastos del tlatoani, su familia, su corte y la administración; el ejército y las campañas militares; el culto, las fiestas y los sacrificios; las obras públicas; las prestaciones asistenciales; el abastecimiento de bienes de primera necesidad y materias primeras; y la realización de regalos y donaciones para premiar méritos o por protocolo.

Guerra

La actividad fundamental de cualquier mexica era la guerra. Los jóvenes recibían una enseñanza militar y acompañaban como ayudantes a los guerreros profesionales, con los que adquirían experiencia en combate. El prestigio y el rango dependían del número de prisioneros capturados.

Los nuevos soldados eran “entrenados” en las “guerras floridas”, organizadas contra estados vecinos como Tlaxcala o Cholula, con el fin preferente de conseguir prisioneros de guerra para los sacrificios humanos. No pretendían matar a sus enemigos, sino dejarlos heridos o inconscientes para poder capturarlos vivos (lo que les puso en desventaja posteriormente ante los castellanos).

Los mexica mantenían un ejército para las conquistas y tenían guarniciones permanentes en las zonas más inestables o en las fronterizas.

Los asuntos militares eran regidos por un consejo militar, a cuyo frente estaba el tlatoani.

Administración

La administración mexica seguía un esquema piramidal, en cuya cúspide estaba el tlatoani y su par, el cihuacóatl. En las provincias pacíficas, aprovechaban sus estructuras, establecían alianzas matrimoniales, y, o bien, mantenían a los gobernadores favorables o bien colocaban a miembros de la dinastía en sus puestos. En las regiones más rebeldes, colocaban gobernadores militares y guarniciones.

Tenían funcionarios encargados de los asuntos económicos (recaudación, supervisión del comercio) y una ágil red de embajadores y mensajeros, que enviaban información al huey tlatoani. La administración estaba centralizada en la corte de este último, a la que acudía una gran cantidad de señores y de trabajadores (criados, jardineros, artesanos, juglares), por lo que su mantenimiento era muy costoso. El organismo más poderoso era el consejo supremo, que estaba formado por el tlatoani y los señores de más alto rango. También había otros “consejos”, entre los que destacaba el que se ocupaba de la gestión de los impuestos.

La organización judicial contaba con dos tribunales, uno para los pipiltin y otros para los macehualtin. Las leyes mexica eran muy estrictas, siendo habitual la aplicación de penas de muerte.

La mayor parte de los cargos eran ocupados por nobles, que recibían remuneraciones por su dedicación (tierras que usufructuaban mientras estuviesen al servicio de la administración).

Ideología

La cosmovisión era muy peculiar. Para ellos, la tierra estaba en el centro del mundo. Por encima, había 13 cielos en los que moraban los dioses y los astros; y por debajo, estaban los 9 pisos del inframundo. Explicaban con mitos las fuerzas de la naturaleza y el devenir de los días y las noches. Creían en la existencia de 4 mundos anteriores (los cuatro soles), todos ellos destruidos por cataclismos naturales; y pensaban que vivían en la era del Quinto Sol, cuyo mito explica que los dioses se reunieron en Teotihuacan y se sacrificaron para convertirse en los cuerpos celestes. Dicho sacrificio es el germen de los sacrificios humanos practicados por los mexica, en pago del de los dioses y porque creían que la ofrenda de sangre humana era necesaria para preservar la existencia del universo. El mito indica que el Quinto Sol sería destruido por un terremoto al transcurrir un ciclo de 52 años. Por ello, al terminar los citados ciclos, los mexica organizaban la ceremonia del Fuego Nuevo, en la que apagaban todos los fuegos y esperaban el amanecer; y si el sol salía, habría otros 52 años de tranquilidad.

La religión estaba muy presente en la vida cotidiana de los mexica. Eran politeístas y su panteón estaba formado por una gran cantidad de dioses, propios y adoptados durante su peregrinación o de los pueblos conquistados. Sus divinidades principales eran Tezcatlipoca (también denominado Quetzalcoátl y Huitzilopochtli) y Tlaloc.

Estaba organizada por una gran cantidad de sacerdotes de distintos rangos, que llevaban a cabo rituales solemnes y ceremonias cotidianas (imposición de nombres, matrimonios, sacrificios, exequias, etc.). Se formaban en escuelas especializadas en las que aprendían a celebrar las ceremonias, así como nociones de astronomía, medicina y escritura.

Los rituales mexica eran la máxima expresión de su espiritualidad. El calendario marcaba sus fechas de celebración. Siempre eran públicos, solemnes y espectaculares, y en ellos, la sangre (de personas -mujeres muertas en los partos, guerreros sin éxito, esclavos y prisioneros de guerra- o animales) era la principal ofrenda a los dioses. Tras la liturgia, se organizaban fiestas con banquetes (en los que se solía comer la carne de los sacrificados), bailes, cantos y juegos (pelota).

La “vida” posterior a la muerte dependía de la forma en que morían (no de su comportamiento en la vida). No obstante, la vida cotidiana de los mexica era muy dura. Las leyes eran muy severas y los castigos corporales en los niños y las penas de muerte en los adultos eran muy frecuentes. Los hombres eran educados para que pudiesen mantener a sus familias con el trabajo, respetar a la autoridad y pelear por su comunidad; y destacaban por su disciplina, frugalidad y resistencia física. Y las mujeres tenían como misión atender a sus maridos e hijos. La ociosidad era el peor de los vicios, y delitos como el adulterio, la embriaguez o los robos también eran castigados con la pena de muerte. Únicamente se hacía excepciones con los nobles, que podían ser polígamos (dada la costumbre azteca de establecer alianzas políticas por medio de alianzas matrimoniales) y con los guerreros profesionales (que podían tener una moral más laxa al ser su esperanza de vida muy corta).

Desarrollos culturales

Los mexica integraron la tradición cultural mesoamericana, absorbiendo sus conocimientos, dedicándose a las artes, la literatura y la ciencia.

El arte azteca es la culminación del sincretismo de las culturas dominadas. Los artistas formaban parte del gremio de los artesanos. Destacaron principalmente en la escultura, tanto colosal (representaciones de dioses, mitos y reyes), como de pequeñas dimensiones (joyas de piedras semipreciosas, que reproducen animales o escenas de la vida cotidiana). No existen apenas restos pictóricos ni arquitectónicos (Tenochtitlan fue arrasada en la conquista y sobre ella se edificó la ciudad de México; no obstante, los cronistas de la época dejaron constancia de su magnificencia). Los orfebres mexica siguieron la tradición mixteca y adquirieron una gran habilidad en la fundición del oro y la plata para elaborar joyas. Fueron auténticos especialistas en la plumería (mosaicos para adornar mantas, elaborar trajes de guerreros, embellecer escudos o realizar tapices).

Los mexica desarrollaron su propio sistema de escritura, con elementos pictográficos, fonéticos, numéricos, ideográficos y calendáricos, que plasmaron en códices de piel de venado o corteza de magüey con una cubierta de estuco. Fue un instrumento esencial para la administración del imperio y la transmisión de conocimientos. Nos han llegado obras literarias de gran barroquismo (poesía, narración de mitos, teatro) y textos históricos de gran concisión y precisión.

Los aztecas eran muy aficionados a la música, la danza, los juegos (pelota, giros alrededor de palos boca abajo, imitando a los pájaros) y las apuestas (llegaban a apostar a sí mismos).

Tuvieron profesionales dedicados a la ciencia, que tenían discípulos y registraban los conocimientos en libros. Fueron grandes observadores de la naturaleza. Conocían las propiedades de los metales. Dedicaron una especial atención a la astronomía. Elaboraron un complejo calendario (con años de 260 y 365 días y ciclos de 52 años) y determinaron con gran exactitud los movimientos del sol, la luna y diversos planetas y estrellas. Conocían los cometas y tenían amplias nociones de meteorología. No obstante, la medicina y la herbolaria fueron las disciplinas en las que más destacaron. Alcanzaron un elevado nivel sanitario y aprovecharon las propiedades curativas de plantas y minerales. También reunieron amplios conocimientos de anatomía (gracias a los sacrificios humanos, que conllevaban la extracción del corazón y el desmembramiento del cuerpo para su consumo). La medicina era ejercida tanto por los hombres como por las mujeres (atendían siempre a personas de su mismo sexo).

Área andina

Fragmentación política y cultural

La transición al Postclásico conllevó importantes cambios en la organización social y política de los reinos o cacicazgos existentes en la región.

En la zona septentrional, la mayor parte de las unidades culturales fueron señoríos o jefaturas (Balao, Atacames, Manteña, Milagro-Quevedo, Carangues).

En la central, el final del dominio de Huari propició una fragmentación política y cultural en pequeños reinos o señoríos, que trataron de recuperar sus tradiciones anteriores. Dicha situación se mantuvo hasta la unificación política bajo el Imperio Inca. Entre todos ellos, el más destacado fue el Reino del Gran Chimú.

Su capital fue Chan Chan, una de las más grandes urbes de la América precolombina, de 18km2, habitada por unas 200.000 personas en su momento de mayor expansión y construida sobre asentamientos Moche y Huari. Dominó un gran territorio del Perú y constituyó una confederación de reinos o jefaturas semiindependientes. Desarrolló una compleja agricultura hidráulica, así como un sistema de fortalezas y carreteras. Tuvo una organización social muy jerarquizada, desde el grupo dirigente hasta las clases campesinas y artesanas. En 1425 fue conquistada por los incas.

La zona centro-sur o circun-Titicaca también tuvo diversos señoríos independientes.

El Imperio Inca

El Imperio Inca (Tawantinsuyu) fue la mayor estructura política hallada por los castellanos en el Nuevo Mundo. Ocupaba desde el sur de Colombia hasta el río Maule en Chile y desde el Océano Pacífico hasta el inicio del bosque tropical amazónico. Aglutinó las tradiciones de los pueblos dominados dentro de una gran estructura imperial.

Historia política

Los incas cuentan con una rica tradición histórica, conservada por medio de cantares, quipus y pinturas, y recopilada más tarde por cronistas.

Su historia política está mezclada en sus orígenes con leyendas (varias, recogidas por distintos cronistas). Según ellas, el lugar de origen de los incas estaría a unos 25km al sureste de Cuzco, en el Paccari-Tambo, donde se alzaba una colina llamada Tampu-Tocco, en cuyos muros se abrían tres cuevas, de donde salieron las primeras generaciones de incas. Viracocha, el creador de las primeras generaciones, hizo salir de la abertura central a los jefes, mientras que de las dos laterales salieron 10 clanes o ayllus originarios.

Los jefes incas de la primera generación fueron cuatro hermanos casados con sus cuatro hermanas. Estas cuatro parejas condujeron a los 10 ayllus hasta la región de Cuzco. La peregrinación duró muchos años y fundaron diversas poblaciones en el trayecto. Durante dicho lapso nació Sinchi Roca, el 2.º soberano inca, hijo de Manco Capac y su hermana Mama Ocllo. Manco Capac se deshizo de sus 3 hermanos y al llegar al valle de Cuzco era el jefe único de los incas. Dominaron a los pobladores locales y los incorporaron a los ayllus. Manco Capac fundó Cuzco.

Los primeros reyes, hasta Inca Roca, son soberanos semilegendarios, de los que poco se conoce con seguridad. Fueron tiempos de guerras intermitentes entre las tribus que habitaban en el valle de Cuzco. Sinchi Roca, al igual que sus sucesores, fue más bien un jefe militar (sinchi), que un auténtico soberano. Le sucedió Lloque Yupanqui, quien mantuvo la unión tribal con alianzas. El siguiente sinchi fue su hijo Maita Capac, quien llevó a cabo las primeras campañas expansivas. Tras su muerte, heredó el trono Capac Yupanqui, quien tras deshacerse de sus hermanos logró incorporar nuevos pueblos a la confederación inca.

A su muerte se produjo un cambio de dinastía. Los soberanos del Hurin Cuzco o Bajo Cuzco fueron vencidos por los del Hanan Cuzco o Alto Cuzco. El primer soberano de la nueva dinastía fue Inca Roca, quien mejoró las infraestructuras de Cuzco y dispuso de un ejército de 20.000 hombres con el que realizó diversas campañas militares, topándose con los chancas.

Le sucedió Yahuar Huacac, quien no destacó ni por su capacidad organizadora ni por sus conquistas. Fue sucedido por su hijo Viracocha, quien derrotó inicialmente a los chancas y tuvo que enfrentarse a los incas del Hurin Cuzco.

Los chancas reaccionaron y volvieron a atacar Cuzco. Creyendo perdida la ciudad, Viracocha huyó y su hijo Pachacuti asumió la defensa, logrando una victoria heroica. Los chancas volvieron a atacar y sufrieron una nueva derrota, lo que hizo que muchos de los pueblos cercanos se aliasen a Pachacuti, que fue coronado sinchi. Su reinado fue el germen del gran imperio inca, gracias a sus grandes conquistas militares, su reconstrucción total de Cuzco (sistema de riego, almacenes de granos, Templo del Sol, formación de barrios), la extensión de su modelo urbano a otras poblaciones del Imperio y la creación de caminos y puentes para mejorar las comunicaciones entre ellas.

Su hijo Tupac Yupanqui, como gobernador del imperio, en los últimos años de Pachacuti, prosiguió la expansión militar del Imperio, logrando conquistar el reino de los cañaris o el reino Chimú. A la muerte de Pachacuti heredó el trono de un imperio que ya era como el que conocieron los castellanos. La red de caminos, puentes y almacenes aseguraban las comunicaciones entre Cuzco y los lugares más apartados del imperio y permitían al ejército desplazarse con gran movilidad. El abastecimiento estaba asegurado en las múltiples regiones y la administración estaba completamente centralizada. La Pax incaica se extendía desde Quito en el norte hasta Nazca en el sur y desde la costa hasta el inicio de la selva amazónica.

Tupac Yupanqui emprendió campañas militares contra los pobladores amazónicos (para calmar sus incursiones y asegurar la obtención de productos valiosos como la coca, maderas preciosas, bambú, plantas medicinales y oro), contra los pueblos de la región del Gran Chaco (Bolivia) o los del norte de la actual Chile, llevando la frontera sur hasta el río Maule (del que no pudieron pasar por la oposición feroz de los araucanos).

Tupac Yupanqui también realizó diversas construcciones monumentales (fortalezas, palacios).

Le sucedió su hijo Huayna Capac (1493-1525), en cuyo reinado continuó el esplendor del imperio inca. No amplió apenas sus fronteras (mínimamente hacia el este y el norte) y tuvo que sofocar algunas revueltas. Murió de viruela.

Dos de sus hijos, Huáscar (el primogénito heredero) y Atahualpa lucharon por el trono, al tiempo que llegaba Francisco Pizarro al Perú para poner fin a la historia del Imperio Inca.

La resistencia de los pueblos indígenas a los castellanos se prolongó hasta el siglo XVIII.

Sociedad

La unidad mínima de la sociedad inca era la familia (ayllu), de carácter endogámico y patrilineal.

La sociedad inca era militarista, por lo que estaba sometida a una continua pérdida de varones. Por ello, el matrimonio era obligatorio para los hombres.

Los incas eran monógamos, a excepción de los más pudientes, que solían tener una esposa principal y un número variable de concubinas (el número de estas era un símbolo de prestigio).

Los matrimonios solían ser endogámicos, pero no incestuosos (entre hermanos, salvo en el caso de los reyes incas, que se casaban con sus hermanas el día de su coronación).

Los contrayentes podían cohabitar previamente (desde días hasta incluso años), para comprobar si la unión iba a ser estable y duradera. En caso afirmativo, el matrimonio era sancionado por el Estado y tenía carácter civil (no religioso). Los hombres que no tenían candidatas se casaban igualmente, tras la asignación directa de una esposa por parte de los funcionarios.

Los matrimonios con las esposas principales eran indisolubles. En cambio, la unión con las concubinas dependía exclusivamente de la voluntad del marido, que las podía repudiar en cualquier momento. Las podía obtener de diversas formas: regalo del Inca, herencia de hermano fallecido, concubinas sin hijos de su padre o botín de guerra.

Por encima de la familia, la unidad social básica era el ayllu, un grupo de parentesco en la que los miembros eran descendientes de un antepasado común y que tenía una localización territorial estricta, cuyas tierras trabajaban.

La incorporación de este sistema de organización social al imperio tuvo como consecuencia el nacimiento de los ayllus reales o panacas, formados por los descendientes varones de un determinado inca, a excepción del heredero, que habría de formar su propia panaca.

Otra característica de los ayllus era el culto a los antepasados, en especial, al fundador del linaje, que en las panacas se conservaba en forma de momia.

La estructura social inca se basaba en tres principios fundamentales relacionados con la organización del espacio: tripartición, dualismo y división decimal.

La tripartición hace alusión a la existencia de tres grupos sociales llamados collana, cayao y payán. Originalmente, los collana eran los incas, los cayao los no incas y los payán, los frutos de uniones entre collana y cayao. Posteriormente, los collana fueron los nacidos de mujeres principales de los grupos dirigentes; los payán los nacidos de hombre collana y mujer cayao; y los cayao, el resto del pueblo.

El dualismo enfrenta a los collana y payán (con lazos de parentesco), con los cayao. También enfrenta a los collana (incas puros) de los payán y cayao (sin limpieza de sangre).

En cuanto a la división decimal, la población se agrupaba en 10 panacas y 10 ayllus. Los tributarios se organizaban en grupos de 10, 100, 1.000, 10.000 y sus correspondientes mitades.

La sociedad inca estaba muy estratificada. En la parte más alta estaba la nobleza real, cuyos miembros (llamados “orejones” por los castellanos porque llevaban pesados pendientes que les deformaban las orejas) componían las panacas o ayllus reales de los soberanos incas, y desempeñaban los principales cargos administrativos, judiciales, militares y religiosos. Tenían muchos privilegios, entre los que destacaba el de poseer tierras.

Por debajo estaba la nobleza rural, compuesta por los curacas o gobernantes de los reinos sometidos y sus familiares. El cargo de curaca era designado por el Inca, quien se ocupaba de la formación política, administrativa y lingüística (aprendizaje de la lengua oficial, el quechua) de sus hijos en Cuzco, donde debían residir durante un par de años, con el fin de asegurarse su competencia de cara a la sucesión en el cargo. Este acababa pasando al hijo mejor preparado. El Inca era también el responsable de elegir la esposa principal del curaca, que aparte de ella podía tener varias concubinas más.

Y por debajo estaban los hatunrunas o la masa de población no privilegiada, que igualmente se agrupaba en ayllus. Estaban sometidos a un estricto control y se les distinguía por su aspecto externo. Realizaban trabajo para los soberanos y formaban parte del ejército.

La mayor parte de las mujeres eran las esposas de los plebeyos y trabajaban en el hogar o en los campos de la comunidad. No obstante, la niñas de 8-10 años más bellas eran seleccionadas por funcionarios estatales y se convertían en “acllacunas” (“mujeres escogidas”). Eran enviadas a unos centros especiales (que los castellanos denominaron “conventos”), donde recibían una educación especial durante 4 años. Después, algunas eran sacrificadas en los templos y la mayoría eran entregadas al soberano, quien convertía a algunas en sus concubinas y entregaba como esposas principales a los orejones o a los curacas. Las restantes se convertían en “vírgenes del Sol” y pasaban al servicio de los templos. También formaban parte de las acllacunas las hijas de los nobles, pero a los 18 años salían de los “conventos” formativos para casarse con hombres de su mismo rango social.

Otro grupo social curioso era el de los micmacs o mitimaes, que eran grupos de población que eran trasladados forzosamente, con fines económicos (cultivo de campos), políticos (consolidación de conquistas), religioso-culturales (aculturación de pueblos menos desarrollados) o demográficos (repoblaciones).

Por último, estaban los yanaconas, que eran siervos o criados perpetuos, al margen de los ayllu, que no tenían que prestar la mita (trabajos obligatorios para el soberano) y debían realizar una serie de servicios al señor al que estaban asignados, a cambio de una cierta independencia y de los beneficios propios de la cercanía al señor (posesión de tierras o de concubinas).

Organización política y administrativa

El Estado inca era monárquico y teocrático (origen divino del poder y posición privilegiada de la clase sacerdotal en la organización estatal).

La transición del nivel de jefaturas al de Estado se produjo a inicios del siglo XV. Los triunfos incas sobre los chancas llevaron a los grupos de la región a aceptar progresivamente la hegemonía política y militar de los incas, así como su sistema tributario, basado en las prestaciones de trabajo para el Estado o mita. El crecimiento del poder de la jefatura inca se produjo como consecuencia de las conquistas militares y de la dependencia de otras jefaturas menores que solicitaban protección a cambio de entregas de bienes y trabajo.

A la cabeza del Estado estaba el Sapan Inca o rey, cuyo poder procedía del dios Inti (el Sol, padre de los fundadores Manco Capac y Mama Ocllo). Por ello, vivía haciendo ostentación de su cargo (ropas, nombre, costumbres) y siendo el protagonista de grandes ceremonias. Sus funciones eran muy variadas: viajes de inspección por el territorio del imperio, organización de los trabajos públicos, edificación de palacios y fortalezas, dirección económica y de las campañas militares.

No obstante, el Sapan Inca era un primus inter pares, ya que Cuzco estaba dividido en 4 partes o suyus (Tawantinsuyu), y cada una era gobernada por un Inca.

La sucesión no seguía el sistema de progenitura. El heredero podía ser incluso el hijo de una concubina o el hermano del Sapan Inca, quien escogía al que consideraba el más capacitado. Ello propició frecuentes intrigas y luchas entre panacas en los momentos de trono vacante. Para evitar tales tensiones, se estableció la costumbre de que el designado sucesor fuese nombrado cogobernador en vida del Inca.

La magnitud del Imperio Inca hizo necesario el desarrollo de la administración y la presencia de una numerosa burocracia. Cuando los miembros de la nobleza real fueron insuficientes para ocupar todos los cargos, se recurrió a los nobles locales e incluso a otros que habían demostrado su capacidad en campañas militares o tareas administrativas.

La población de Tawantinsuyu se organizaba con un sistema quinario decimal. Había distintas agrupaciones de población: decurias (grupos de 10 familias) y decurias superiores (50 familias) con jefes plebeyos elegidos por el curaca; centurias (100) y centurias superiores (500), grupos de 1.000, 5.000 y 10.000 familias, dirigidos por curacas. Y por encima, los suyus, gobernados por Incas, que a su vez estaban subordinados al Sapan Inca. Para mantener esta forma de organización de la población, estaban prohibidos los movimientos de familias fuera de sus agrupaciones. Todas tenían identificativos en su vestimenta para que pudiese ser fácilmente reconocida su procedencia. Solo podían desplazarse los micmacs y por orden real.

El complejo sistema administrativo inca requería para su funcionamiento información estadística precisa. Al no tener escritura, los incas utilizaron los quipus, artilugios que constaban de una cuerda principal, a la que se ataban otras de diversos tamaños y colores (que identificaban sectores), con nudos (que aludían a cantidades), y a las que podían atarse otras secundarias. Los quipus eran sistemas mnemotécnicos que permitían a funcionarios especialistas en la memoria guardar y ofrecer información exhaustiva sobre los distintos aspectos contables del imperio (población por sexo, edad, clase y localización; producción, comercio, soldados, abastecimiento, etc.).

El Imperio Inca tenía una red de vías de comunicación muy desarrollada (unos 40.000km de caminos). Desde Cuzco partían calzadas empedradas que pasaban por encima de los obstáculos (incluso con puentes colgantes) y llevaban a las ciudades más importantes. Contaban con abundantes refugios y almacenes de provisiones en el camino, un cuerpo de inspectores (que se ocupaba de su mantenimiento) y un sistema de correos o chasquis de gran eficacia (podían cubrir hasta 150 millas diarias).

El ejército era una herramienta fundamental para el Imperio Inca, tanto para la expansión como para el control y la consolidación de las conquistas.

Todos los hombres aptos para la guerra, entre 25 y 50 años, eran susceptibles de ser incorporados para el ejército, total o parcialmente, en unidades locales, tribales o regionales muy cohesionadas, que eran dirigidas por los nobles locales y reales, y en última instancia, por el cogobernador y el Sapan Inca.

Aparte de su superioridad táctica y estratégica, el éxito militar inca radicó en su sistema de intendencia y aprovisionamiento (aprovechamiento de la red de comunicaciones, existencia de depósitos de armas y vituallas por los caminos, abastecimiento continuo fuera del Tawantinsuyu).

Así mismo, les ayudó a consolidar sus conquistas la actitud de respeto que mantenían hacia los vencidos, a los que trataban como nuevos habitantes del Imperio, evitando los saqueos y rapiñas. Además, en muchas ocasiones, los jefes locales seguían en sus puestos de mando como curacas confirmados por la administración inca.

Economía

El sistema económico inca tenía dos niveles: los ayllus (comunidades rurales que se regían por el principio de reciprocidad) y el Estado (que absorbía las prestaciones de sus súbditos y las redistribuía en forma de infraestructuras o ayudas en situaciones de necesidad).

La agricultura proporcionó una elevada producción, adecuada para el mantenimiento del elevado contingente demográfico del Imperio Inca. Y ello a pesar del escaso desarrollo de los instrumentos de labranza (desconocimiento del arado y uso del palo cavador).

La eficiencia agrícola inca se basó en distintos factores:

  • La existencia de una planificación centralizada de todo el sistema por parte del Estado.
  • El trabajo cooperativo de la población para la construcción de obras hidráulicas en beneficio de los rendimientos agrícolas (abancalamientos de ladera, y obras de riego y drenaje).
  • La gran extensión de las zonas cultivadas en los territorios del Imperio.
  • El aprovechamiento de la ingente cantidad de plantas domesticadas en el área andina.
  • La expansión dirigida de cultivos por todo el Imperio.
  • El aprovechamiento de la existencia de distintos tipos de suelos, climas y altitudes para la optimización de los cultivos.
  • La mejora de la productividad gracias al aprovechamiento del desarrollo tecnológico y de la utilización de gran variedad de abonos (excrementos de llama, restos de pescado o guano).
  • El desarrollo de técnicas de conservación de alimentos (como la patata o el maíz, bases del sistema nutricional inca).
  • Y la existencia de buenas comunicaciones con las distintas zonas especializadas de cultivo (facilidades de transporte y abastecimiento).

El Estado Inca se esforzó por unificar los sistemas de tenencia, pese a las diferencias regionales, climáticas, ecológicas, productivas o tecnológicas. En general, intentó distinguir entre dos tipos de tierras: las asignadas en usufructo a los ayllus para la subsistencia de las comunidades locales y las reservadas para el mantenimiento del aparato estatal.

Las tierras de los ayllus eran distribuidas en unidades familiares hereditarias (lo que generaba un gran apego a la tierra). Eran trabajadas de forma comunal, pero se respetaban las asignaciones en el momento de la recolección.

Las tierras estatales eran de dos tipos: las destinadas al mantenimiento de los templos y la clase sacerdotal (llamadas tierras del Sol) y las que se ocupaban de generar recursos para la casa real y la administración. Ante la ausencia de un sistema tributario en el Imperio (sustituido por la mita o prestación de trabajo personal en las tierras, los rebaños o las obras públicas del Estado), estas tierras eran la mayor fuente de ingresos para la “Iglesia” y el Estado.

También disponían de tierras (aunque de menor extensión), los mitimaes (colonizadores y guarniciones militares), los curacas (gobernadores de las comunidades rurales) y los nobles, siempre por concesión del Inca. Las únicas tierras independientes de las propiedades del Estado eran las pertenecientes a las panacas o linajes reales.

La ganadería tuvo una gran importancia en el Imperio Inca gracias a la domesticación de la llama y la alpaca (producida en la región del Lago Titicaca hacia el 100 a.C.).

La posesión del ganado en las comunidades locales solía ser personal. Solía tener varios fines: transporte (llama; hasta 45kg de carga y 20km al día, en reatas muy numerosas), obtención de lana (alpaca) y de estiércol para combustible y abono (ambas).

El Estado también disponía de gigantescos rebaños, cuyo cuidado formaba parte de las prestaciones personales obligatorias (mita). Su misión principal era militar (suministro de víveres y armas a los ejércitos).

Por último, el ganado también era utilizado para la práctica del comercio entre distintos ayllus (trueque) y de carácter interregional.

El comercio fue muy limitado en el Imperio Inca. La gestión estatal de los productos de la mita lo hicieron prácticamente innecesario. La administración redistribuía dichos productos (que eran guardados en tambos o depósitos estatales y contabilizados con detalle por medio de quipus) en función de los intereses políticos (sostenimiento de campañas militares o premio de servicios) o de las necesidades regionales (asegurando así el abastecimiento de todos los pueblos integrados en la organización imperial). La mita, por tanto, era el “pago” por la seguridad política y de la subsistencia.

Por último, cabe destacar el desarrollo de la producción textil (algodón en la costa y lana en el interior), para satisfacer las necesidades de la población, del ejército y del boato de los gobernantes y los usos litúrgicos.

Religión

En el Imperio Inca convivían la magia y la religión, así como los cultos locales y el oficial.

El mito cosmogónico de los incas es muy similar al azteca: cuatro soles y cuatro edades de mil años que terminan con un cataclismo que acaba con la humanidad; y un quinto sol regenerado por la dinastía de los Incas.

El panteón andino era politeísta y tenía una gran cantidad de dioses, entre los que los más importantes eran Viracocha (el creador del mundo) e Inti (el dios del Sol, al que se atribuía la prosperidad agrícola).

Las creencias populares que convivían con la religión oficial eran de un gran riqueza. Entre ellas, destacaba la devoción a las huacas, término que designaba a una fuerza espiritual extraordinaria que se materializaba en cualquier persona, animal, elemento de la naturaleza, lugar u objeto. Consideradas como benéficas o maléficas, recibían constantemente ofrendas.

Otros aspectos destacables de la religiosidad inca eran el culto a los muertos y, en especial, a las momias de los soberanos, y la preferencia de los sacrificios de llamas a los humanos (solo para situaciones especiales -enfermedad o peligro de muerte del Inca, fertilidad-).

Urbanismo y arquitectura

La arquitectura es la manifestación artística más importante de los incas. Utilizaron los sistemas constructivos más impresionantes de los pueblos precolombinos.

La culminación arquitectónica y el centro del Imperio fue Cuzco, fundada hacia 1.100 y reformada por Pachacuti a mediados del siglo XV. Estaba dividida por razones de parentesco en dos partes: Hanan (Alto) Cuzco y Hurin (Bajo) Cuzco; y por razones cosmogónicas en cuatro (cuatro direcciones del mundo y cuatro suyus).

Los ayllus reales estaban en el centro (donde abundaban los palacios y edificios públicos, y se localizaba el Templo del Sol) y los demás en los arrabales. El trazado urbano era geométrico (calles largas, rectas y estrechas, y con un canal central de agua) y tenía dos plazas como principales puntos de referencia. En una de ellas, la de la Alegría, era donde tenían lugar las grandes ceremonias civiles o religiosas en las que intervenía el Inca. La población de la ciudad en el tiempo de la conquista podría ser de unos 150.000-200.000 habitantes.

Cuzco sirvió de modelo arquitectónico y urbanístico para las demás ciudades del Imperio.

Ciencia y arte

La inexistencia de textos escritos incas ha dificultado el conocimiento de estos aspectos, que se basan en las confusas ideas recogidas por los cronistas castellanos.

Los incas fueron herederos de la larga tradición científica andina.

Su calendario era más parecido al occidental que el mesoamericano. Se componía de 12 períodos o quilla y tenía como puntos de referencia los dos solsticios.

La medicina inca era la más avanzada del mundo en su época, especialmente en el ámbito de la cirugía. Las amputaciones, escisiones, trepanaciones, injertos o trasplantes de huesos fueron operaciones quirúrgicas relativamente frecuentes y con resultados asombrosos si tenemos en cuenta la tosquedad de los instrumentos utilizados. Así mismo, destaca el recurso a la sutura fórmica (con hormigas).

También utilizaron otras técnicas, como la dieta, las purgas, los masajes y las sangrías. Y aprovecharon una gran variedad de plantas medicinales (como coca, quina o tabaco).

Los procedimientos médicos se mezclaban con otros mágicos y religiosos (plegarias, sacrificios, ofrendas), ya que las causas de las enfermedades eran atribuidos a fuerzas sobrenaturales o a la mala voluntad de los dioses.

Los incas no fueron grandes creadores en las artes plásticas. Incluso su arquitectura destacó más por su solidez y perfección técnica, que por su estética.

Artes como la escultura o la pintura mural fueron ignoradas sistemáticamente por los incas. Su cerámica fue muy sencilla y puramente funcional.

Sí se distinguieron en el trabajo de la madera, en el que destacan los keros, vasos rituales de madera ricamente policromada, que eran utilizados en las ceremonias más importantes. Así mismo, fueron grandes orfebres. Recogieron la tradición moche y chimú y trabajaron el oro, la plata y el bronce con técnicas variadas (repujado, laminado, cera perdida), produciendo piezas de gran calidad (hachas votivas, agujas, máscaras de oro de momias, cabezas de maza). También destacaron como tejedores.

Área norandina

Entre Mesomérica y el Perú se extendía el Área Intermedia, una zona habitada por pueblos con desarrollos culturales propios, cuyo potencial de puente entre las dos regiones nucleares precolombinas se vio muy entorpecido por la dificultad de las comunicaciones.

Presentaron los siguientes rasgos comunes:

  • Organización política en señoríos o cacicazgos (etapa previa a la formación de estados).
  • Sociedad sin estratificación en clases, organizada en clanes, gobernada por un cacique que se apoyaba en su familia para la administración del pueblo.
  • Propiedad comunal de la tierra.
  • Religión de carácter animista, con culto a divinidades como el Sol y la Luna.
  • Presencia de chamanes o brujos (y posteriormente sacerdotes), encargados de la comunicación con los dioses, la adivinación y la curación de enfermedades.
  • Población agrupada en pequeños caseríos o aldeas dispersos, generalmente cerca de ríos, con dedicación agrícola extensiva (fundamentalmente, cultivo de maíz, yuca y mandioca).
  • Artesanía con técnicas muy especializadas: desarrollo de la metalurgia del oro, plata y cobre para fines suntuarios; de la industria textil -mantas y vestimentas de algodón-; de la alfarería -vasijas funcionales y ceremoniales; y figurillas relacionadas con rituales de fertilidad-.
  • Comercio de intercambio.
  • Frecuencia de guerras entre pueblos de la zona (más incursiones en busca de esclavos que grandes confrontaciones).
  • Cierta homogeneidad lingüística (lengua chibcha).

Las principales culturas de este Área fueron:

  • San Agustín.
  • Taironas.
  • Quimbayas.
  • Chibchas o muiscas.

Culturas periféricas en vísperas de la colonización

Extremo sur

El extremo sur es un área marginal de extensa superficie y escaso poblamiento. Podemos distinguir en él cuatro grupos de pobladores.

Mapuches

Llamados araucanos por los conquistadores castellanos, los mapuches o “gente de la tierra” ocupaban la región central de Chile, un territorio de clima templado, cruzado por numerosos ríos y más lluvioso hacia el sur.

Estaban divididos en grupos, según su ubicación geográfica: picunches (norte), huiliches (sur), pehuenches (montaña) y lafquenches (costa).

De ellos, los picunches estuvieron parcialmente sometidos a los incas y se integraron en el mundo colonial hispano. Tenían un gran desarrollo agrícola y cerámico, y conocían la metalurgia.

Los demás grupos vivieron al margen de la ocupación externa hasta finales del siglo XIX. Practicaban una agricultura extensiva de carácter comunal. La ganadería (llamas) tuvo cierta importancia (transporte, pago y lana), al igual que la cerámica, la cestería y la madera. Vivían en caseríos en grupos de parentesco. No tenían formas de organización social complejas, ni tampoco caciques o clases dirigentes. Únicamente se reunían en grupos más amplios en situaciones de guerra. Practicaban prácticas cruentas, como el canibalismo de los prisioneros de guerra, para amedrentar a sus atacantes.

Pueblos recolectores

Vivían pueblos recolectores en 3 áreas:

  • Chaco. Llanura al este de los Andes, hasta el Paraná-Paraguay. Poblaciones nómadas o seminómadas organizadas en bandas y dedicadas a la caza, la pesca y la recolección, con cultivo esporádico del maíz.
  • Pampa y Patagonia. Pueblos cazadores organizados en bandas, endogámicos y con filiación patrilineal.
  • Tierra de Fuego. Pueblos con un grado de desarrollo del Paleolítico Inferior, arrinconados por otros más desarrollados en una zona muy fría de gran pluviosidad. Eran recolectores de marisco y cazadores de aves y peces. Vivían en paravientos de ramas con fuegos permanentemente encendidos.

Área Circuncaribe

Esta región, formada por un rosario de islas de tamaño creciente desde la costa venezolana hasta Cuba, estaba ocupada por pueblos que tenían una personalidad claramente definida pese a la cercanía del foco azteca (con los que no tenían relación).

Estaba habitada por 3 grandes grupos étnicos:

  • Ciboneys. Cazadores-recolectores, sin prácticas agrícolas, descendientes de los primeros pobladores (siglo III a.C.), arrinconados al oeste y al sur de Cuba, al sudoeste de La Española y en alguna pequeña isla, en progresiva aniquilación por los arawacos. Vivían en cuevas cerca del mar.
  • Arawacos. Introductores de la agricultura (s. I d.C.), ocupaban parte de las Antillas mayores. Vivían en poblados de hasta 5.000 habitantes, cerca de las tierras de cultivo, bajo la autoridad de caciques, en una sociedad estratificada en la que había un grupo privilegiado de nobles y esclavos.
  • Caribes. Pueblo antropófago, muy agresivo y belicoso, de llegada tardía (en los siglos XIII y XIV). Expulsaron a los arawacos de las Antillas Menores (aunque integraron a la población femenina de esta etnia). Fue un pueblo agricultor y hábil en la navegación, que aprovechó los recursos pesqueros.

Norteamérica

De norte a sur, distinguimos 5 grandes grupos de pobladores:

  • Esquimales. Se extendieron por Alaska y Groenlandia, donde contactaron con los escandinavos y los acabaron aniquilando. Tenían una economía muy especializada, adaptada a las costas árticas, basada en la pesca y en la caza de mamíferos marinos.
  • Pobladores de la zona subártica (desde el límite septentrional de la tundra hasta la frontera sur de Canadá). Eran pequeñas tribus agrupadas en dos grupos lingüísticos: atapascos (oeste) y algonquinos (este; pies negros, arapahoes), que vivían de la caza (manadas de caribús) y la recolección. Fueron los primeros que entraron en contacto con los colonizadores ingleses.
  • Pobladores de los bosques orientales (desde la frontera sur de Canadá hasta el Golfo de México y desde el Mississippi hasta la costa atlántica). Pueblos organizados en tribus, con prácticas agrícolas extensivas, que complementaban con la recolección de recursos silvestres y la práctica de la caza.
  • Indios de las praderas. Ocupaban las extensas llanuras existentes de norte a sur desde la frontera central de los EE. UU. y Canadá hasta Texas y de este a oeste, desde los bosques orientales hasta las Montañas Rocosas. Podemos distinguir dos grandes grupos:
  • Pueblos agrícolas de los valles centrales y superiores del Mississippi, con conocimientos cerámicos, una actividad ceremonial importante, jefes claramente identificados, una incipiente diferenciación social.
  • Grandes cazadores nómadas de bisontes (sioux, omaha, dakota) situados al oeste de los anteriores, que utilizaban útiles líticos.
  • Pobladores del sudoeste. Vivían en una zona muy árida, con escasas tierras aptas para la agricultura (ríos Grande y Colorado). Vivían en aldeas. Tenían una división muy fuerte del trabajo (los hombres se encargaban de la agricultura y el tejido, y las mujeres de la cerámica y la cestería). Y su sociedad era matrilineal (todo era propiedad de las mujeres, que podían repudiar a los hombres, y tenían el poder económico de decisión).

Written by Antonio Carrasco Rodríguez

enero 28th, 2015 at 10:26 am

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