>> la ciudad igualitaria <<

mayo 11, 2014 en RED DE INVESTIGACIÓN por davidfontcuberta

 

Hablemos de ciudad.

“Un día cualquiera en una calle cualquiera. Los peatones caminan por las aceras, los niños juegan delante de los portales, la gente está sentada en bancos y escalones, el cartero hace su recorrido con el correo, dos transeúntes se saludan en la acera, dos mecánicos arreglan un coche, algunos grupos conversan.”

Este es el comienzo de “La humanización del espacio urbano. La vida social entre los edificios”, libro escrito por el arquitecto y urbanista Jan Gehl, publicado en 1971. Y no es otra cosa más que la descripción de ciudad, un espacio en el que suceden una serie de actividades simultáneas realizadas por un colectivo de personas, donde convergen los recorridos laborales o de ocio de los ciudadanos, donde se producen pequeños espacios de encuentro fortuito y donde todos y todas hacen del espacio, un entorno amable y cómodo para su desarrollo diario. La ciudad no es sólo lo material que lo constituye, sino son las emociones, encuentros, experiencias, diversiones, relaciones que los usuarios de la ciudad, llamados ciudadanos, viven en ella.

Y es que cuando nos ponemos a hablar de ciudad igualitaria pensamos en un término que lleva adherido el concepto feminista. Pero no se queda solamente ahí. Afortunadamente hablamos de ciudad igualitaria para designar un concepto más diverso, inclusivo y complejo. El arquitecto Javier Ruiz, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, dice que la ciudad justa e igualitaria será compleja o no será (Artículo en La Arquitectura y el Urbanismo con perspectiva de género. María Elia Gutiérrez Mozo, coord., 2011). Y es que hablar de ciudad igualitaria nos lleva a tratar la sociedad con toda su complejidad, como un conjunto de diversos colectivos compuestos por niños y niñas, jóvenes, personas con diferentes capacidades, adultos, ancianos, etc.

Las teorías funcionalistas de la cultura moderna nos han dejado como herencia la simplificación del diseño de la ciudad. Convertir en una ‘máquina simple’ el complicado funcionamiento del hábitat del ser más complejo de la naturaleza, el ser humano. Y es por ello que la ciudad igualitaria no debe entenderse desde una simple sustitución funcionalista por otro más amable, sino que debe tratarse del trabajo de la diversidad ciudadana, sobre la diferencia de la sociedad. Javier Ruiz continúa diciendo en su artículo que la ciudad vista desde la perspectiva de género es un trabajo sobre la diferencia entendida tanto como valor, como proceso. La ciudad compleja es una ciudad en evolución abierta a futuros posibles, la incertidumbre como valor. Y esa incertidumbre es la que aporta el ciudadano.

En relación a la incertidumbre en la ciudad, el profesor de la Universidad de Nueva York, Steve Johnson nos habla en su libro “Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software” (2001) sobre lo que ocurre cuando un sistema de elementos relativamente simples se organiza espontáneamente y sin leyes explícitas hasta dar lugar a un comportamiento inteligente. Habla de la diferencia como valor positivo de la ciudad en el capítulo ‘En la calle’ al referirse al estudio del gradiente de feromonas que las hormigas dejan en el camino hacia un montón de semillas nutritivas. Si estudiáramos a la hormiga individualmente, no podríamos entender que ese camino que realiza se debe a un esfuerzo global de la colonia para realizar una cadena de distribución masiva hacia el hormiguero. Sólo a través de la observación del sistema completo en funcionamiento se hace evidente la conducta global. Traducido a la ciudad, es lo que entenderíamos por el conjunto de individuos que engloban y definen el conjunto de ciudadanos de una ciudad, todos con sus funciones y características individuales. Es lo que llamamos desarrollo bottom-up, que describe cómo pequeños elementos, acciones y experiencias que se producen en un pequeño rincón de la ciudad, pueden desencadenar transformaciones y comportamientos ciudadanos a una escala global. Pensar en el pequeño detalle, para dar servicio a todo el conjunto de la sociedad.

La ciudad igualitaria no es más que todo ello en su conjunto. Es el pensamiento de la ciudad como un espacio habitable, que quiere decir más amable, más inteligible, más confortable y más integrador, para todos sus ciudadanos y ciudadanas, prestando atención a las diferentes necesidades independientemente de su situación o condición.

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 David Fontcuberta Rubio es estudiante de Arquitectura y becario del proyecto CAMPUS ACCESIBLE CAMPUS IGUALITARIO.