Los esclavos en la ciudad

En la ciudad de Valencia encontramos un gran número de esclavos, a pesar del elevado precio de los mismos. Es por este motivo por el que los tenían a buen recaudo optimizando las medidas de seguridad y también para evitar la fuga de los esclavos mediante el uso de varias herramientas, como hierros.

Cuando un esclavo era comprado se le debía registrar en el Bayle General, aportando todos los datos necesarios para la descripción del individuo, como el nombre, la edad  y los rasgos más característicos, como puede ser el color de la piel. Además, también se determina las marcas o señales de fuego del esclavo. Estas marcas determinaban la condición del esclavo y la propiedad del amo. Estas marcas, en general, eran una “S” sobre una mejilla, y un clavo sobre la otra, haciendo referencia a “sclau”, aunque no son las únicas que encontramos.

En cuanto a la forma de vestir del esclavo, señalar que dispondría de entre 3 y 4 prendas, debido a los altos costos del tejido en aquella época. Básicamente, el vestuario estaría compuesto por unas alpargatas y un calzón ancho y corto conocido como “saragüells”.

Otro tema a mencionar, es el del nombre. El nombre del esclavo podía ser bien el que le dieron sus padres, o el que le pone el amo posteriormente. Lo normal, es que el nombre sea cristiano ya que todo esclavo es bautizado. Destacan los nombres de Joan, Francisco y Antonio para los hombres, y entre las mujeres María, Esperanza y Lucía.

Sin embargo, al parecer, entre los esclavos, no eran abundantes las mujeres en el Reino de Valencia. Esto se podría deber por una parte, porque las labores de los esclavos solían consistir en labores de peonaje, fuerza y resistencia, trabajos pesados donde una mujer no era tan efectiva.

Panel de azulejos, siglo XVIII (Valencia)

Panel de azulejos, siglo XVIII (Valencia)

En referencia a la edad, la gran mayoría oscilaban entre los 15 y los 25 años, ya que eran los años de mayor plenitud de la fuerza física. Aunque, esto no significa que no hubieran niños, o personas mayores de 50 años.

La mayor cantidad de esclavos que entraron en Valencia, eran de procedencia norte africana, sobre todo de Orán y Argel. Otra de las partes provenía de Granada, y de las sucesivas batallas de la época. También se encuentran turcos de las naves corsarias que navegaban cerca de la costa. El proveedor de esclavos más habitual fue Portugal, que suministraba a la mayoría que entraba en Castilla y también al Reino de Valencia. Otra de las proveedoras era Guinea.

Los trabajos desempeñados estaban relacionados con el trabajo del señor, aunque predomina el desarrollo del servicio doméstico. El trabajo más solicitado, seguramente sería el desempeñado en hornos y panaderías, debido a que son tareas duras y no muy aceptadas entre los hombres libres. Debían vivir con relativa libertad, ya que al realizar algunas tareas, deciden salir a dar vueltas confundiéndolos en algunos casos con fugitivos. Sin embargo, las condiciones de vida no eran buenas, y hacían su vida en cuadras y patios.

Tributos e Impuestos

Torre de Serranos, Valencia

Torre de Serranos, Valencia

En Cuanto a los pagos que la población estaba obligada a realizar, encontramos diversos impuestos ya sean para pagar al Rey, a los Magistrados Diputados o a los Magistrados Jurados.

En primer lugar, trataremos los impuestos con los que se pagaba al Rey. Encontramos el Peaje, la Quema y el Quinto del pescado y diezmo del mar.

–          Peaje: Es el tributo que se paga por las mercancías que se importan o exportan debido a una negociación. Se cobraba 4 dineros valentinos por cada 20 sueldos del valor de la mercancía.  Este impuesto aseguraba la seguridad del camino.

–          Quema: Fue impuesto para reparar la Casa Real, víctima de las guerras entre béticos y aragoneses. Sin embargo, tras haberla reparado se continuaba cobrando el impuesto. Se cobraba 3 dineros por cada sueldo de valor de las mercancías importadas o exportadas de Castilla.

–          El quinto del pescado y diezmo del mar: Era el pago por los gastos reales.

Para los Magistrados Diputados, encontramos dos impuestos para disponer sus pagas: el General y el Nuevo Impuesto:

–          General: Este impuesto deriva en un pago al rey, además de la fabricación de armas y municiones para la defensa del reino. También se destina a devolver los censos y pensiones anuales.

–          Nuevo Impuesto: Tributo impuesto sobre la seda para poder hacer frente a los gastos destinados a la defensa del reino mediante torres y la contratación de guardianes.

Seda Valenciana

Los Magistrados Jurados imponen unos derechos municipales privados conocidos como “sisas” para hacer frente a las necesidades privadas de la ciudad. Estas sisas se imponían en los artículos más consumidos para que así se pagara correctamente el impuesto. Un ejemplo, es el pan. Los horneros pagaban por cada medida una cantidad de seis sueldos. También la carne tenía el impuesto pero sólo al ser transportadas por el vendedor, quién paga por cada animal vivo.

Estos impuestos sirvieron para poder disfrutar de buenos edificios públicos donde poder negociar, también para mantener un buen suministro de alimentos necesarios para la población. Sin embargo, diversos estudiosos cuestionan hasta que punto eran justos estos tributos, que se impusieron con la idea de mejorar, pero que una vez resueltas todas las necesidades, ¿por qué debían seguir pagando? Esta cuestión se responde principalmente en la posible necesidad de volver a hacer uso de ese dinero.

Régimen económico de la Universidad

Fue el Magistrado de la ciudad quién promovió los costes desde sus propios fondos, para ensanchar el edificio de la universidad y costear los primeros pasos de la nueva institución. Pero, a pesar de lo costoso de este movimiento, no sería nada en comparación al compromiso económico posterior.

La ciudad de Valencia  era un municipio que siempre disponía de una gran cantidad de fondos que se podían aprovechar. Sin embargo, también presentaba grandes cargas a tratar. El arreglo de los gastos personales de la Universidad en los Estatutos de 1499, permitía ahorrar un poco en los gastos.

Desde la Universidad, la carga de estos gastos se intentaba suavizar con el precio de las matrículas y los grados, y desde el municipio se solventaba el resto de la cantidad. Lo que se desconocía era que los gastos pronto aumentarían de manera que sobrepasarían el presupuesto admitido. Además, en estos gastos también influirían los salarios de los profesores y del mismo Rector, que sería menor al trabajo realizado. En esos primeros momentos, nadie concebía que poco después se tuviera que duplicar las cátedras e imponer nuevas enseñanzas.

Virgen de la Sabiduria, Capilla de la Universidad de Valencia. Nicolau Falcó, 1516

Virgen de la Sabiduria, Capilla de la Universidad de Valencia. Nicolau Falcó, 1516

Estos factores promovieron la búsqueda de recursos en otros ámbitos, como es el caso de los arbitrios de la Ciudad, para que donasen anualmente una cantidad para poder solventar los gastos del Studi General. Esto se concedió, aunque no de la manera que esperaban ya que tan solo aumentaría unas 275 libras valencianas.

Con este nuevo donativo, la Universidad contaba con unas rentas de carácter fijo, como es el caso descrito en el párrafo anterior, o de carácter eventual, como son las matrículas y los grados. Con todos los gastos y los pocos recursos, se pasaron momentos de grandes dificultades, pero el afán por satisfacer esta necesidad pública predominó e hizo posible la continuación de la institución.

Es por ello que se decidió establecer el puesto de tesorero (en este caso, a dos tesoreros) el poder para estabilizar los gastos. Llevaban los libros de cuenta y razón, y si en las cuentas se anotaba la falta de recursos, debían usar los fondos del común y de esta manera suministrar lo necesario para cubrir las carencias. Todas las cuentas se presentaban ante el Síndico y  los Jurados de la ciudad para hacer notar que se seguían correctamente los pasos económicos.

Pero con los años, la Universidad llegó a generar sus propias rentas, sobre todo con Felipe II. Ello provocó un cambio: ahora se crearía una Junta de Electos, compuesta por el Rector y tres catedráticos de la Facultad con la posibilidad de acceder a los fondos de la Universidad. Ello repercutió notablemente, ya que ahora se dispondría de mejoras materiales para la enseñanza.

Valencia en el siglo XVI: Demografía

Las fuentes históricas de interés demográfico para la Valencia del siglo XVI son bastante inseguras e imprecisas, a pesar de que existe un gran interés en la historiografía por documentar la situación poblacional anterior a la expulsión de los moriscos del siglo XVII.

Portulano del Reino de Valencia

Portulano del Reino de Valencia

Un censo manejado por Capmany evalúa la población del Reino de Valencia en 272.775 habitantes, aplicando el coeficiente 5 al número de casas, daría un total de 54.555 casas, cantidad un poco baja si la comparamos con la población de 7.415.000 millones de habitantes en España, vendría a ser un 3,6% datos muy bajos.

Roque Chabás publicó un manuscrito de Jerónimo Muñoz de una fecha de entre 1565-72 que contiene una traza (mapa del Reino de Valencia con descripción de límites y relación de pueblos con el número de fuegos cristianos y moriscos, de realengo y de señorio), este documento sería criticado y reformulado por el excelente historiador de los moriscos, Lapeyre, fijando un total de 64.075 fuegos, de los cuales 20-30% son moriscos, lo que supondría un total poblacional de 289.000 habitantes, semejante la población del Reino a la del siglo XV.

La ciudad de Valencia tenía 11.776 fuegos, o sea entre 47.000-53.000 de población, y los arrabales junto con Ruzafa a extramuros contarían con 1.017 casas más, con un total poblacional de alrededor de 60.000 habitantes. De todas las comarcas, destaca por encima de todas las Huerta de Valencia, que entre la propia capital y los numerosos pueblos de su campo, engloban al 23,5% de la población del Reino, produciendo una densidad alta para la época, alrededor de 137 hab/km2.

El censo de 1609 de Caracena que publicó Tomás González en 1829 y que recoge el Vecindario de 1594 y que Boronat lo publicaría mejorado en 1901 así como Regla en 1953. Critica y corrige las cifras de Lapeyre, dando como resultado un total de 12.327 fuegos para Valencia y 84.404 fuegos para el resto del Reino, dando un total de 96.731 casas a comienzos del siglo XVII antes de la expulsión de los moriscos, y que viene a representar en coeficientes de 4-4,5 una población de 387.000 a 435.000 habitantes, alrededor pues de 400.000 como término medio, suponiendo un 5,9% de la población total del territorio español.

Reino de Valencia - Poblaciones moriscas y cristianas

Reino de Valencia – Poblaciones moriscas y cristianas

En el siglo XVI se pueden distinguir dos periodos, la mitad y la segunda mitad de siglo. En la primera se observa un estancamiento de la población, posiblemente se deba a la tónica descendente que acarreaba el final del siglo XV así como las grandes convulsiones caracterizadas por las revueltas de las Germanías en el Reino. La ciudad de Valencia que llegó a su apogeo durante el siglo XV, entra en decadencia durante el siglo XVI, de los 15.000 fuegos de 1483 pasan a 11.776 fuegos hacia 1570.

Pero en la segunda mitad de siglo el crecimiento poblacional es fuerte, en el periodo desde el 1565-72 a 1609, en esos 40 años, la población aumenta un 50%, lo que representa un crecimiento anual acumulativo del 1%  como promedio. Este aumento demográfico se produce en España en general y en todo el Mediterráneo como demuestran los estudios de Braudel, donde se aprecia esa expansión económica, la ciudad de Valencia sin embargo, se mantiene estacionaria.

Lapeyre hace hincapié en el mayor desarrollo de la población morisca, debido a una mayor natalidad, consecuencia de la nupcialidad plena, en contraste con los cristianos viejos donde la proporción de eclesiásticos y religiosos de ambos sexos es elevada.

Clasificación de los barrios de Valencia según las clases sociales

La nobleza valenciana se situaba en la parroquia de San Nicolás y en las calles periféricas a ésta de Santa María, San Salvador y San Lorenzo. Los Catalá-Valeriola residían en la actual Plaza de Nules (San Lorenzo); los Escrivá, en la actual Plaza San Luis Beltrán (Santa María); los Boïl en la actual Plaza de Manises (San Nicolás); los Almirante de Aragón en la actual calle Palau (Santa María); el Duque de Gandía en la calle de la Unión (San Salvador) lugar donde después radicaría el palacio de la Inquisición, Francés de Mompalau cerca de Calatrava (San Nicolás); don Giner de Perellós en la Plaza de la Bailía (entre San Nicolás y Santa María); don Francisco Centelles en Santa María; don Luis Pallas en el Portal de la Trinidad (San Lorenzo), aunque también viven nobles fuera del casco urbano citado como son los Duques de Segorbe, don Ángel Mercader y los Villaragut en Santo Tomás o don Pero Maxa y el señor de Bétera en San Martín. La dispersión es mucho mayor en lo que se refiere a caballeros y nobleza de segundo orden pues la toponimia de las calles así lo refleja.

El clero por su parte vivía codo con codo, con la nobleza, siendo su principal foco residencial la parroquia de Santa María.

Los labradores tenían como espacio monopolístico, la Valencia a extramuros, los quarters de la horta, habitaban en Campanar, Patraix, Benimaclet, Ruzafa cuyo núcleo parroquial era el de San Valero y dentro del recinto interurbano se distribuían de modo disperso por San Martín, San Andrés y San Esteban.

Plano de la Ciudad de Valencia de Antonio Manceli

Plano de la Ciudad de Valencia de Antonio Manceli

Los moros radicaban lógicamente en la morería, se cuenta un total de 45 moros en la Tacha Real como pagadores de impuestos y son en su mayoría sabaters. Respecto a los judíos, una vez desalojada la judería en 1492, se situaron predominantemente en la parroquia que ocupaba la antigua judería, la de Santo Tomás, allí vivían la mayoría de los judaizantes procesados por la Inquisición, destacar la familia Vives pero también Blanquina Rojals, Damiata Molina, Jaume Torres, Enrich Manrrana, Gabriel del Ort, Jofre Bosch, Jaume Salvador, Joan Vicent, la viuda del poderoso comerciante Luis Santángel y tantos otros que fueron condenados. Esta brutal represión les llevo a dispersarse en dos direcciones, hacia San Andrés donde vivían, Leonor Vives, Luis Castell o Francés Castellar entre otros y hacia Santa Catalina con nombres ilustres como Rafael Moncada, Beatriz Celma, Gaspar Jordi, Gaspar Alemany entre otros.

Como conclusión podemos distinguir una tipología de barrios en Valencia:

– Barrios del estamento feudal: San Nicolás, Santa María y sus prolongaciones en San Salvador y San Lorenzo.

– Barrios burgueses con predominio de burguesía mercantil y empresarial situados en una parte de San Martín y a la burguesía rentista en San Esteban y parte de San Andrés.

– Barrios burócrata-administrativos, de profesiones liberales y funcionarios en Santo Tomás y se prolongan hasta Santa María y San Andrés.

– Barrios populares y de actividad gremial: Santa Catalina, San Miguel, Santa Cruz y San Martín, de actividades comerciales en San Juan y de actividad campesina en San Martín, San Agustín, San Andrés y San Esteban.

Comercio valenciano

Como primer punto señalar, la necesidad de relación del comercio con el acondicionamiento de las infraestructuras de caminos y portuarias, además de la capacidad de obtención de recursos y el marco geográfico. Estos condicionantes, no solo permitieron la unión del Reino con el interior peninsular, sino que también pudo unir a todas las regiones mediterráneas, e incluso atlánticas.

En cuanto a la red de caminos no hay mucha información, pero sí que sabemos que la ruta más importante es la que une Madrid con Valencia pasando por Albacete. El resto de caminos se presentaban con más irregularidades debido a la orografía del territorio, y en peores condiciones. Sin embargo, esto no fue un problema mayor, ya que se generaron grupos de muleros y carreteros tanto en Valencia como en Alicante, para el transporte de mercancías. Estaban organizados de forma semejante al gremio y cobraban un costo suplementario. Hay noticias de la regulación de estas asociaciones que se llevaron a cabo desde las autorías municipales, como una en un municipio de Alicante en 1565 que prohibía entregar la carga a los carruajes castellanos que no hubieran transportado trigo para el consumo urbano de la ciudad.

Mapa de parte del antiguo Reino de Valencia , Abraham Orfelius-1584

Mapa de parte del antiguo Reino de Valencia , Abraham Orfelius-1584

Por otra parte, la infraestructura portuaria tuvo que enfrentarse a los grandes puertos catalanes y de Cartagena. Esto se debe sobre todo a la deficiencia geográfica, es decir, la orografía no permitía mantener un puerto de alto nivel. En el siglo XVI, se encontraba un simple embarcadero de madera que en la mayoría de los casos no se podía usar. Se realizaron varios proyectos para su mejora pero ninguno consiguió funcionar.

El Archivo del Reino conserva gran cantidad de información relativa al comercio, pero solo un pequeño porcentaje ha sido hasta ahora estudiado, a pesar de que es una de las más completas del mediterráneo.

Se conocen los impuestos por el comercio de mercancías gracias a los libros del “Peaje del Mar”, aunque no se han llegado a estudiar de manera exhaustiva. Por otro lado, encontramos los trabajos de varios investigadores (como Emilia Salvador y Álvaro Castillo), que permiten conocer el tráfico de la importación durante la época foral. En la primera mitad del siglo XVI se observa una crecida donde no influyeron las germanías.

Pero a mediados de siglo se produjo una crisis que desvió el comercio a Cataluña y Mallorca. Pocos años después, la crisis desapareció y hubo un momento de gran expansión llegando a duplicar las embarcaciones y ampliando a su vez las relaciones comerciales con el Mediterráneo oriental y el Atlántico.

En relación a los productos que se comerciaban, podemos encontrar como productos más importantes los textiles y el pescado salado, siendo este último de gran importancia ya que constituía la mayor parte del comercio gracias a su gran popularidad. De los textiles, sobre todo de la lana castellana, se conoce menos ya que no se han realizado estudios en profundidad.

Cultura gastronómica: La paella en el siglo XVI

El propio término paella, procede del valenciano para referirse a un modelo de sartén ancha, sin mangos pero a veces con asas, pero en realidad el término hace referencia a una receta de cocina con base de arroz cocinado con otras viandas, muy popular en la Ciudad de Valencia ya desde el siglo XVI, como así lo demuestran las primeras menciones encontradas en el recetario de Bartolomeo Scappi, cocinero del Papa Pio V en el siglo XVI, donde aparece el término asociado a esta receta de cocina, también aparece un grabado en su libro, Opera, donde se pueden observar la paella con sus características actuales.

Bartolomeo Scappi - Opera

Bartolomeo Scappi – Opera

Como receta, es un plano de orígenes humildes, propio de la Albufereta de Valencia. Se tiene constancia que la gran variedad de ingredientes utilizados para su elaboración y que enriquecen la receta de arroz, es propio del barroco valenciano, para hacerla mucho más vistosa en su disposición final en la presentación a los comensales.

La receta tradicional valenciana que procede del siglo XVI se componía de pollo, pato, conejo y caracoles aunque también hay variantes muy antiguas de la paella marinera con la combinación de pescado y marisco haciendo una paella denominada mixta, mezclando carne y pescado.

El origen de la paella se remonta al método de preparación de su ingrediente básico, el arroz, que su instalación desde Asia en la Península Ibérica fue tardío, pues su cultivo necesitaba de agua y de disposiciones especiales de riego, que con el tiempo se regularizarían en la vega de Valencia. Se tiene casi la certeza de la introducción del producto en Valencia por los árabes en el siglo VIII, los cuales lo cultivaron en grandes cantidades y se utilizaba para hacer pan junto con los otros cereales.

La Albufera, cultivo de arroz y origen de la paella valenciana

La Albufera, cultivo de arroz y origen de la paella valenciana

Estas mejoras introducidas en el área costera de levante español, se puso en practica con los tribunales de aguas en las comunidades, de esta forma se plantaba con regularidad el arroz en los meses de mayo, para recolectar en septiembre, los procesos posteriores eran descascarillar y pulir en el molino arrocero.

Durante el periodo Andalusí en España se mejorarían los sistemas de riego creados por los romanos en toda la costa levantina, esta nueva situación benefició al cultivo de arroz, aumentando su producción. La cocina típica de los árabes utilizaba como ingredientes habituales, productos traídos de oriente hacia territorio europeo, como es el caso de arroz, el azúcar, la berenjena, la sandía, el limón, melocotón, naranja, entre otros.

Con la conquista, Jaime I ordenó quitar los arrozales cercanos a la ciudad de Valencia, con objeto de que no propagasen enfermedades, limitando su cultivo a la Albufera. También fueron los árabes los que traerían un producto esencial para la paella como es el azafrán, por lo que para los investigadores en la materia, la paella es una mezcla de utensilios de tradición romana como la platina y la aegineta con productos que posteriormente conservarían los moriscos de esa tradición árabe en la Edad Moderna.

Con la Pragmática de los Reyes Católicos sobre la expulsión de los moriscos del 14 de febrero de 1502 de la zona costera, derivó a que la gran mayoría huyera a zonas del interior o que se convirtiesen al cristianismo y olvidasen sus tradiciones, pero lo cierto es que el nacimiento de los moriscos no impidió que el consumo de arroz se mantuviera durante el siglo XVI, sobre todo en las clases bajas, las cuales empleaban los granos todavía con la cáscara y se mantuvo la tradición en zonas rurales por la necesidad y demanda de campesinos y pastores de una comida fácil de transportar y cocinar con todo tipo de ingredientes a mano, o simplemente que fuera fácil adquirir en zonas cercanas.

Estos toscos arroces utilizados tienen poco que ver con la paella actual, no obstante el empleo del arroz mayoritariamente en la época era para fabricación de harina o en la elaboración de purés, así como en guisados con arroz donde aparece una receta de arroz y leche de almendras.

La llegada de noticias y obras de cocina, destacando al cocinero italiano, Bartolomeo Scappi que menciona el empleo de diversas recetas con arroz, da a entender no de una entidad cultural morisca, sino que el propio arroz, esta vez por venecianos, había recorrido y ampliado su radio gastronómico a todo el mediterráneo occidental en el s.XV y XVI, de esta época procede el risotto italiano, muy valorado el arroz en todo tipo de recetas culinarias especializadas por su capacidad a retener aromas como pueden ser el menjar blanc (mezcla de arroz con pechuga de pollo) o el morterol (arroz con menudillos cocidos en caldo).

Paellas, fallas y tradición en 1933

Paellas asociada a las fallas y a la tradición en 1933

Durante el reinado de Felipe II, se instala una embajada en el Japón imperial, dando como resultado que gentes orientales llegasen al puerto de Alicante y probaran los arroces valencianos en nuestras recetas de paella a la cual valoraron como excelentes platos dignos del mismo emperador, esto unido a la influencia de Francisco Martínez Motiño como cocinero mayor del rey que lo utilizaba en sus preparaciones. Franscisco de Paula Martí publicaría su obra en 1513, en un pequeño tratado de agricultura donde reseñaba el cultivo de arroz y su consumo y lo describía como:

“los valencianos tienen la vanidad, a mi parecer bien fundada, de que nadie sabe condimentar mejor que ellos las paellas, pues con cualquier cosa que guisan el arroz, sea carne, pescado o legumbres solas, es sin duda un bocado sabroso, han llegado pues au n grado de perfección, desconocido en las demás provincias, y ello es debido a ser el alimento casi eexclusivo con el que se mantienen muchas de sus gentes. En todas partes han querido imitarlos, pero lo suelen dejar a medio cocer, o lo llaman equívocamente arroz a la valenciana, pues los valencianos trataban con gran maestría y dejaban el arroz cocido pero casi crudo en sus paellas”.

Esta descripción demuestra que ya en el siglo XVI era famoso este plato en la ciudad de Valencia, y de como era replicado en distintas regiones peninsulares. Resulta pues curioso que en la documentación oficial se cite la palabra paella como “arroz valenciano”, son pues regiones del Reino las que dan nombre a sus arroces, “arroz a la zamorana” en Castilla. Los diez elementos básicos de los que contaba el plato tradicional eran ajo, alcachofa, pato, pimentón, caracoles o romero, pollo, conejo, judía verde, tomate, aceite de oliva, agua, azafrán, sal y como no, arroz.

Los agermanados desde la visión poblacional

El estudio poblacional tomando como base la característica ideológica agermanada, ha sido investigada en los propios fondos documentales parroquiales para localizar a los más destacados agermanados de la ciudad de Valencia.

El perfil socioeconómico de cada parroquia reflejaba en parte el terreno ideológico, por tanto se pueden entrever en ellas parroquias caracterizadamente revolucionarias y reaccionarias, por tanto la investigación de la Tacha Real de 1513 anterior a las Germanías nos ofrece unos registros poblacionales de ubicación urbanística de los revolucionarios agermanados únicos. El censo poblacional del cobro de impuestos nos da a conocer los barrios concretos de los agermanados.

Valencia en la obra Civitates Orbis Terrarum (1570) de Georg Braun

Valencia en la obra Civitates Orbis Terrarum (1570) de Georg Braun

Entre las parroquias con más número de agermanados localizados están la de San Martín, Santa Creu, San Juan, Santa Catalina, San Nicolás o Santa María entre otras. En la próxima Tacha Real realizada en 1528 y posterior a la revuelta de las Germanías, ya solo quedarán las viudas de los maridos muertos y es más complicado su seguimiento pues no conservan el nombre del marido.

También este recuento es del interior del recinto amurallado, es cierto que la gran participación de labradores agermanados en Ruzafa, Campanar, Patraix, entre otras parroquias extramuros no son citados pero también tuvieron un papel fundamental en el levantamiento urbano.

Como conclusiones podemos señalar:

– La evidencia de la gran dispersión urbanística de los agermanados, aunque lo cierto es que la gran concentración se realizaba entorno a las parroquias de San Martín, Santa Creu y San Juan que son las parroquias gremiales.

– Es paradójico que una parroquia como San Nicolás, de carácter señorial, fuera residencia de tal multitud de agermanados. La explicación reside en la gran heterogeneidad sociológica de los agermanados, pues la élite mesocrática dirigente de las Germanías se asentaría en San Nicolás, muy próximos a la vituperada nobleza, sujeto paciente e inquieto de las reivindicaciones agermanadas. Conocido es el papel de uno de estos potentes agermanados como era Caro, que sufragó los primeros gastos de las incipientes Germanías.

Por otra parte el análisis de la geopolítica interurbana de los agermanados revela que la concentración parroquial servía en realidad como una estratégica agrupación militar de agermanados en 5 plazas: de Tossal (junto a la morería, zona conflictiva por excelencia), de Pellicers (donde confluía el artesanado de San Martín, muy cerca de la casa de Peris), la de San Francisco, donde radicaba el Ayuntamiento y en cuya sala de Consejos se plasmaron los logros institucionales más brillantes de los agermanados, la de Predicadores (hoy Tetuán, se trata de la desembocadura del abundante campesinado revoltoso de Benimaclet) y por último la Plaza de la Catedral (centro neurálgico de la efervescencia agermanada).

Las primitivas fallas en la Valencia del XVI

La investigación sitúa el origen de las fallas en la tradición medieval, pero incluso anterior a ella pues ya en tradiciones muy antiguas, algunos lo retraen a las propias ibéricas con los rituales del fuego en los solsticios de verano y son tradiciones rituales ligadas a encender hogueras o fuegos y celebrar ese día en el que comienzan a sucederse días más cortos y se interpreta como “para dar más fuerza al sol que a partir de esos días se iba haciendo más débil”, así como una función purificadora para quien las contempla, transición de la noche al día, de la muerte a la vida es decir, la renovación, estos rituales paganos que fueron transformados por el cristianismo para dedicarse a los Santos, como San Antonio, San José, San Juan, etc.

Espiritualidad hacía el fuego

Espiritualidad hacía el fuego

La propia palabra falla de origen mozárabe, proviene de la palabra fala o fácula en latín, diminutivo de antorcha, relacionada con la palabra foguera, foc, con el elemento fuego, con ese salto a la luz. En tiempos de Jaume I están los primeros testimonios en Valencia que denominaba a las antorchas que iluminaban las casas de la ciudad, más adelante en la Torre del Micalet construida en el siglo XV, se encendía una hoguera que servía de guía para los marineros y habitantes de la ciudad sobre cualquier peligro.

Las pruebas documentales del origen son escasas, pero las líneas de interpretación e investigación han girado en torno a la posibilidad de que sea el origen de ellas en la Edad Media, cuando el gremio de carpinteros de la ciudad de Valencia encendía una hoguera en honor a su patrón, San José el 19 de marzo, a partir de la costumbre gremial de quemar frente a sus negocios las virutas y trozos de madera junto al “parot” o mástil sobre el que se colgaba el candil que les había estado iluminando a lo largo de largas y oscuras tardes de invierno debido a que la llegada de la primavera traía más horas de luz, quemaban ese palo para agasajar al santo y añadían objetos inservibles o trastos viejos del taller.

De Parot a Ninot, evolución de las fallas en Valencia

De Parot a Ninot, evolución de las fallas en Valencia

En algún momento, situado en el siglo XVI quizás en procesos de rivalidad, los carpinteros añadieron a la quema algún monigote representando al rival, sobre todo como críticas a las élites gobernantes y privilegiadas, llamados ninots así como la costumbre de quemarlas en el vecindario hizo de ello una fiesta popular, donde gentes participaban en la celebración y traían trastos viejos y esteras que habían utilizado en el invierno para quemarlas en la hoguera.

Vicente Blasco Ibáñez creía que las fallas procedían de una costumbre árabe, transformada y mejorada a través de los siglos que se convertiría en caricatura audaz y protesta de la plebe, según Ibáñez, los cristianos imitaron la costumbre mora de las grandes hogueras y de ahí nacieron las fallas que los carpinteros encendían a San Jose.

En el siglo XVI eran los propios vecinos ayudaban a confeccionar a los ninots, proviene de aquella tradición su sentido satírico, creando monigotes grotescos, formando una parodia donde vestidos y rostros eran caricaturizados, representando a personajes que merecían la vergüenza de ser caricaturizados y quemados en la hoguera publica, como fueron comerciantes, especuladores, acaparadores, alcahuetas escandalosas, etc.

Reproducción del origen de los ninots

Reproducción del origen de los ninots

Convirtiéndose pues en un medio de expresión popular de ideas culturales, sociales y políticas contra ciertos estamentos o grupos sociales privilegiados así como marginados por el común. La fiesta fue utilizada como medio también de aglutinación social y cohesión de la comunidad, en torno a estos gremios carpinteros que poco a poco se ampliaba la participación a los ciudadanos de Valencia de los distintos barrios donde bajo muestras de generosidad y apoyo mutuo se desarrollaban estas festividades que han perdurado hasta nuestros días y que sobre todo tras el siglo XIX y su popularización y conversión en arte se han potenciado a nivel nacional e internacional.

Configuración urbanística y poblacional de Valencia

Vista panorámica de Valencia en 1563 realizada por Anthonie van den Wjingarde.

Vista panorámica de Valencia en 1563 realizada por Anthonie van den Wjingarde.

Al hablar de urbanismo en Valencia debemos de hablar además de los estudios historiográficos de la toponimia callejera o de la arquitectura de la Ciudad, también de la distribución espacial de las diversas parroquias y del perfil socioeconómico e ideológico de los pobladores para comprender mejor la situación de la Valencia del siglo XVI.

Valencia en la época, ocupaba 141,75 Ha de superficie resultado de la ampliación de Pedro IV en 1356, ampliación que constituía el triple del espacio de la Valencia musulmana, distribuido el espacio en una subdivisión de 13 parroquias. Estas parroquias no solo tenían un sentido religioso, sino que se erigen en unidad para delimitar sectores urbanos para ejercer un control administrativo y recaudatorio de cada zona, aproximándose ya al modelo de ciudad conventual.

Plano parroquial de Valencia por Vicente Tosca

Plano parroquial de Valencia por Vicente Tosca

El origen de estas parroquias es diverso, algunas como Santa María, San Andrés o San Miguel fueron antiguas mezquitas reconvertidas, pero la mayoría de ellas fueron construcciones góticas de los siglos XIV y XV.

La ubicación de los oficios y profesiones valencianas en el siglo XVI siguió unos criterios bien delimitados en el orden urbano, en las Tachas podemos ver la localización de los gremios en parroquias concretas en los que cabe destacar sobre todo esa polarización urbanística socio-profesional.

Los mercaderes se ubicaban principalmente en San Martín, San Nicolás y San Andrés; los juristas en Santa María, los notarios en San Bartolomé y Santa María; los rentistas en San Martín, los libreros en San Andrés, hosteleros y tenderos en San Juan y Santa Catalina; la administración en Santo Tomás, San Martín y San Lorenzo.

Los artesanos vivían y desarrollaban su actividad fundamentalmente en 5 parroquias: Santa Catalina, San Martín, San Juan, Santo Tomás y San Miguel. La primera de ellas concentraba la mayor parte de los gremios del vestido (cinters, sombrerers, boneters, capussers, giponers, calceters, adreçadors) y de la piel (corretgers, blanquers, assanadors).

San Martín por otro lado agrupaba a una tipología gremial más heterogénea: al lado de la mayoría de los artesanos del textil de confección (texidors de lli, velluters, matalafers, sastres), reunía a otros del sector de la madera (carabaçers), del vestido (barreters, adressadors) y de otros ramos varios (flaquers, argenters, ferrers, carnicers, peixcadors) que se extendían también a la parroquia de San Andrés.

San Juan agrupaba a la mayoría de los gremios de la piel (aluders, blanquers, pellers), algunos textiles (carders, flaçaders) de la madera (fusters, capcers) y de la construcción (adoberia). Gran cantidad de perayres residían en esta zona de la parroquia aunque la cofradía la tenían en San Nicolás.

Santo Tomás reunía a los armers, guadamacilers y obrers de la vila, y San Miguel a los texedors de llana, tintorers y aluders. Mención especial la concentración de sabaters en San Lorenzo, traginers en Santa Cruz y de corders en San Esteban.

Estudio poblacional del siglo XVI en Valencia

En el presente artículo voy a intentar abrir la temática poblacional, siempre insuficiente debido a la carencia de datos estadísticos. Las fuentes para el estudio de la población de Valencia en el siglo XVI se reducen a los registros parroquiales, los fogatges de Cortes, registros de impuestos (especialmente el morabadí y maridatge-coronatge) que a pesar de sus limitaciones, son necesarios para evaluar un posible censo disperso. A pesar de ello, las fuentes son deficientes, nunca exhaustivas, no aparecen clases sociales exentas del pago, pero sirven para establecer una evaluación cuantitativa aproximada.

En Valencia sobresale el carácter negativo de las fuentes, en las que debemos de ceñirnos a la Tacha real o registro de habitantes de la ciudad entre los que se distribuye según su poder económico, la subvención real acordada en Cortes. Se conservan en el Archivo Municipal de Valencia los registros de Tachas de 1513, 1528, 1542, 1547 y 1552, todos ellos paralelos a las sucesivas Cortes del reinado de Carlos I.

El análisis de la Tacha real, nos da a conocer la distribución por sexo de la población en la Ciudad, destacando que hay una evidente superioridad numérica de las mujeres sobre los hombres, en 1513 era del 113%, en 1528 alcanza la superioridad fémina el 132% del número de hombres, aunque descenderá ostensiblemente en los años posteriores. La razón de esta inflación femenina de 1528 reside en el alto porcentaje de viudas de este año, situación traumática debido a la crisis de las Germanías y la incidencia demoledora de la Inquisición.

Red de parroquias urbanas de Valencia

Red de parroquias urbanas de Valencia

Estas viudas desarrollan en su mayoría actividades comerciales, abundan en las profesiones de tenderas, taberneras y hosteleras. La tasa de nupcialidad era bastante alta, dada la mínima representación en la Tacha de los solteros, posiblemente porque se les cargaba con más impuestos.

A través de los registros de la Tacha de 1513 puede matizarse una población impositiva de 4693 individuos (2352 maestros-artesanos, 254 notarios, 33 juristas, 512 mercaderes, 1686 no autónomos que podían ser artesanos-oficiales, no vinculados corporativamente a ningún gremio, labradores, mujeres.. y finalmente 143 rentistas o ciutadans).

Estos 4693 individuos anotados en la Tacha están muy lejos de la cifra que en el censo realizado con motivo de las Cortes de 1510 se atribuía a la ciudad de Valencia a intramuros: 9879 cases. La diferencia hay que buscarla en los que están exentos y evadidos del impuesto. La Tacha hay que tener en cuenta que solo incide sobre el Brazo Real (quedan por tanto exentos los nobles y el clero), y que dentro de este Brazo Real no constan en la Tacha la gran masa de oficiales y aprendices, sino sólo algunos de ellos, de manera dispersa insertos en el comú de la ciudad.

Los maestros-artesanos están distribuidos en los 46 gremios de la ciudad, la mayoría dedicados al textil con el 48% de los artesanos, la talla la pagaban por gremios mediante la cuantía demográfica de cada gremio.

Germana de Foix, Virreina y represora

Germana de Foix, es quizás el exponente político clave para entender el siglo XVI en la Ciudad y Reino de Valencia. Germana fue casada con Fernando II de Aragón o El Católico (viudo de Isabel un año) en 1505 contando con 53 años con la joven francesa de la Casa de Foix de apenas 18 años, en realidad la unión tuvo un eminente peso el acuerdo político que significaba el ratificar con un matrimonio los acuerdos de paz alcanzados en el Tratado de Blois con Luis XII de Francia, tío de Germana.

Desembarco en Valencia de Fernando el Católico y Germana de Foix - José Ribelles y Helip, Siglo XIX.

Desembarco en Valencia de Fernando el Católico y Germana de Foix – José Ribelles y Helip, Siglo XIX.

En el contrato tenía una interesante cláusula pues el monarca se comprometía a nombrar heredero al trono de Aragón a un posible hijo del matrimonio. El matrimonio levantaría las iras de la poderosa nobleza castellana, ya que vieron en él una maniobra política de Fernando para impedir que Felipe el Hermoso y su hija Juana heredasen la Corona de Aragón. El esperado hijo, Juan, nace en 1509 pero muere a las pocas horas de nacer, hasta que finalmente Fernando muere en 1516 obsesionado por obtener un heredero que lograra la separación de la Corona aragonesa y deja en su testamento a Germana una herencia de más de 50.000 florines anuales mientras fuera viuda y encomienda a su nieto Carlos que no la abandone pues: “no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos…”.

Germana de Foix, viuda de Fernando el Católico

Germana de Foix, viuda de Fernando el Católico

Fernando durante su mandato había contribuido a afianzar el poder regio en sus territorios creando la figura del virrey para Valencia, el cual fundía en una sola, las dos viejas instituciones medievales como eran la Lugartenencia General y el Virreinato, convirtiendo en permanente una institución transitoria y concibiéndola como el alter ego regio, acrecentando de esta forma el autoritarismo regio, representante del poder central frente a las Cortes como poder territorial. Germana desempeñó funciones políticas como Lugarteniente General de Aragón, Cataluña y Valencia, presidió las Cortes Generales de 1512 y en 1515 las Cortes Aragonesas.

Germana era una noble doncella cortesana, criada en la corte francesa, con gustos renacentistas influenciados por el ceremonial borgoñón y destacaba en las artes de la música, el canto y el baile, quizás ello junto con su belleza fuera lo que enamoraran al joven Carlos a su llegada a España en 1517 con apenas 17 años, que al conocer a su abuelastra, Germana de 29 años, se mostró caballeresco con ella, organizando juegos y banquetes en su honor y despertando una apasionada relación amorosa de la que nacería una hija, Isabel, aunque no fue reconocida oficialmente.

Germana acompaña como figura política destacada por la herencia de Fernando el Católico a Carlos I en la jura de los fueros en Zaragoza y Barcelona, pero  el continuo aplazamiento de la venida del Rey a celebrar cortes y jurar Fueros en Valencia, probablemente por el escaso interés que demostraba hacia el Reino de Valencia acompañado de su coronación en Aquisgrán como Emperador, supuso entre otros muchos factores, el inicio de la Revuelta de las Germanías en Valencia. A todo esto, Carlos casa a Germana en 1519 con Fernando, Marqués de Brandemburgo, guardia del sequito personal de Carlos I, ocultando así los escarceos amorosos con su abuelastra.

Con la extinción de la revuelta en 1522, entra en escena Germana, pues tras la entrada del Virrey, Diego Hurtado de Mendoza en la Ciudad, comenzó una moderada represión con el perdón generalizado a la población valenciana, con la excepción de las cabezas más visibles de la revuelta que eran en torno a unos 50 individuos. A la muerte del Encubierto y con el fin de las germanías en el Reino es nombrada en 1523 Lugarteniente y Virreina de Valencia junto al Marqués de Brandemburgo nombrado Capitán General, instalándose en el Palacio Real y ordenando desde allí la brutal represión contra los agermanados.

Al poco tiempo quedaría viuda y Carlos I, en otra maniobra política, le uniría en matrimonio a Fernando de Aragón, Duque de Calabria, nombrando a ambos Virreyes y Lugartenientes Generales de Valencia desde donde ejercieron la brutal represión con un gobierno autoritario y arbitrista contra los agermanados tras la pacificación de la revuelta, personalmente Germana reconoció en sus escritos haber ordenado ejecutar a más de un centenar de personas en la ciudad, aunque crónicas coetáneas elevan el número de ejecuciones a más de 800 individuos considerados afines a la causa agermanada.

Plano de la Horca en la Plaza del Mercado (Valencia)

Plano de la Horca en la Plaza del Mercado (Valencia)

No solo reprimió con dureza y mano de hierro a los agermanados, sino que hizo frente a varios sucesos conflictivos durante su reinado, como fue hacer frente al bandolerismo y las luchas internas de poder nobiliario, a la piratería berberisca del norte de África, el endeudamiento de los nobles por la falta de siervos y rentas (a los que ayudó con una vasta refeudalización y empobrecimiento de campesinos libres, labradores o trabajadores del gremio que llevó a generar una sociedad eminentemente sierva de los señores), así como aplacar rebeliones de moriscos.

Germana de Foix gobernó hasta su muerte en 1538 con un gran talante autoritario y una crueldad extrema contra todo tipo de oposición, las ejecuciones dictadas por Germana fueron de forma intermitente a lo largo de su reinado, también impuso una serie de multas astronómicas y una feroz persecución contra los agermanados, cuyos bienes y los de sus familiares fueron confiscados y se emprendió un proceso de refeudalización  de tierras incautadas en el cual colaboraron junto a Germana, los más altos nobles del Reino en apoderarse de las propiedades y tierras expropiadas.

Germana se excedió con las multas, algunas de entre 1-2 millones de ducados en conceptos de indemnización y daños causados, cantidades imposibles de pagar tanto a particulares como a gremios y gobiernos municipales implicados en la revuelta. Se dice en las crónicas que las propias horcas de madera de la Plaza del Mercado fueron sustituidas por horcas de piedra para soportar la macabra y abultada actividad represora.

Germana, muere a los 49 años de edad en una masía de Liria llamada el Espinar, que dejaba en manos de su marido, el Duque de Calabria, Fernando de Aragón, el virreinato de Valencia, todas sus posesiones y propiedades, así como a su hija Isabel, no reconocida por el Emperador, que dejó joyas y enseres de lujo como herencia.

Sus restos descansan en el Monasterio de San Miguel de los Reyes en Valencia, junto a los de su esposo, Fernando de Aragón, este grandioso monasterio fue mandado a construir por el propio Fernando tras la muerte de Germana para dar sepultura sus restos, la colosal obra comenzaron en 1548 y se prolongaron hasta el siglo XVIII.

La Tacha de 1542: tributación y estudio poblacional

La trayectoria de los pagos de la Tacha dejó entrever una tendencia al descenso de las contribuciones económicas sobre todo a partir de 1542, los gremios que rebajaron sus aportaciones económicas al rey son de manera clara, los corredors de coll, velluters, fusters, assunadors, pellicers, velers, texidors de llana, carders, corredors d’orella, pedrapiquers, moliners, mesurers, tirasanchs, tintorers y speciers. Aumentan en cambio sus aportaciones los gremios de boneters, çabaters, ferrers, blanquers, sparters, pellers, flaquers, corretgers e cinters, calçaters y sombrerers, mientras algunos otros como los perayres, armers, guanters, tapiners, argenters y carders, siguen una evolución muy discontinua en sus pagos.

Teniendo en cuenta que las cantidades estipuladas para cobrar por el rey en las diversas Cortes son constantes, se patentiza que los descensos y aumentos en la contribución no están fijados de antemano sino que dependía del poder económico del gremio especifico en un tiempo concreto. En conclusión podemos decir que la irregular contribución pecuniaria gremial es un reflejo más de la crisis del sistema gremial, que dejó tras de si el conflicto de las Germanías de los años 20 y la represión ejercida sobre los gremios por su actitud revolucionaria.

Para terminar, destacar los datos aportados por la Tacha de 1513 en la que nos indica datos de la población a extramuros de Valencia y su entorno, “fora los murs y llochs de la contribució de València”, aunque lamentablemente los registros no consiguen desprender el número exacto de habitantes, sino que solo conocemos las cantidades pagadas del impuesto, los datos exhumados por cabezas de familia destacan los barrios pedáneos a extramuros como el de Ruzafa con 114 familias y ya más de lejos el Camí de Morvedre con 69, Meliana con 40, Alboraya con 40, entre otras alquerías de un total de más de 30 localizadas.

Lo cierto es que si comparamos las cifras de población global de 1528 con la aportada por el censo de las Cortes de 1510, arroja un balance de 9879 casas a intramuros de Valencia, que en realidad supondría solo 1/3 de la población y por tanto 2/3 de la población, estaría compuesta de clases privilegiadas exentas de pagar la tributación real.

Tributación media por persona en cada parroquia

Tributación media por persona en cada parroquia

En este cuadro podemos observar las cantidades económicas medias que pagaba cada individuo por cada parroquia, situándose las cotas más altas como podemos ver en Santa María y San Nicolas, lo que resultaría expresivo del poder económico de los habitantes de esas parroquias, por otra parte significativo, dado que los nobles que residían en esta misma parroquia estaban totalmente exentos de la Tacha y no constan en los registros.

La Universidad de Valencia: “Studi General”

Retrato del papa Alejandro VI. Museo de Bellas Artes de Valencia

Retrato del papa Alejandro VI. Museo de Bellas Artes de Valencia

En Valencia se compuso una de las universidades que daría más apoyo al estudio de las ciencias. Sería establecida por el Papa Alejandro VI y confirmado por el rey católico D. Fernando. Este proyecto, fue ideado por el rey D. Jaime en 1238, para que todos los territorios de Valencia pudieran acceder al conocimiento, sin embargo no se pudo llevar a cabo en esas fechas tan tempranas.

No fue hasta 1492 cuando se vislumbraron las primeras opciones para poder constituir el Estudio General tan deseado. Esto fue así gracias a Don Rodrigo de Borja, quién obtiene los sufragios del Cónclave y sube al Sólido Pontificio, tras la muerte de Inocencio VIII. Con ello, el paso al siglo XVI significaría la formación de una Universidad en la ciudad de Valencia.

En 1499 se aprueban los estatutos que la Universidad deberá seguir, y al año siguiente Alejandro VI consiguió las bulas que permitirían la creación de la Universidad. El 13 de Octubre de 1502 se inauguró oficialmente en un gran acto ante todos los habitantes de la ciudad.

Grabado con estudiantes. Siglo XV

Grabado con estudiantes. Siglo XV

Se nombró como rector a Micer Gerónimo Dassio, y desde ese momento se trató de abarcar más ramas de enseñanza, además de mejorar la organización del centro. Finalmente, en 1520 se formó una Junta de Doctores de todas las facultades para revisar los estatutos y así formar las reformas que fueran convenientes. Sin embargo, eran malos tiempos ya que las guerras asolaban el país, lo que condujo a que se produjeran pocos cambios. Al mismo tiempo, la falta de recursos afloraba, y era difícil sostener la Universidad, hasta el punto de que se pidió su cierre en 1522.

Sin embargo, los valencianos no querían tirar la toalla, ya que habían luchado para su construcción, y es por ello que se continuó la labor e incluso pudieron añadir nuevas cátedras como es la de griego.

Finalmente, en 1561 se logran formar y publicar nuevos Estatutos, con algunos cambios con respecto a los anteriores, y así funcionar y colocarse al mismo nivel que otras universidades del país.

Los Catedráticos, tenían cierta libertad en sus asignaturas, pudiendo escoger los autores y libros que se usarían para impartir las distintas asignaturas. Tan sólo debían fijarlos junto al Rector, además de las horas de clase y el aula que ocuparían. Las clases consistían en la lectura previa del maestro de la materia acordada, tras ello exponer lo que el autor refleja y para finalizar, argumentar las ideas planteadas. Al no poder exponer en clase las dotes intelectuales, se organizaban disputas escolásticas para mostrar los conocimientos adquiridos.

En cuanto a la carrera, no tenía fijado un límite de asignaturas o años. Sí fueron especificados unos mínimos requeridos para la graduación, pero no un límite.

Señalar por último, que los estudios en la Universidad de Valencia llegaron a altos niveles, convirtiéndose en referencia para el resto, siendo nombrada por algunos autores valencianos como la Atenas Española.

Claustro del Estudio General engalanado con motivo de la celebración del IV centenario

Claustro del Estudio General engalanado con motivo de la celebración del IV centenario

Las visitas reales y los festejos en Valencia

La llegada de los monarcas suponía la mezcla de elementos religiosos  en una festividad pública y política, era destacable la ceremonia de las puertas de la ciudad, que era entendida como la entrada oficial de la persona real, simbolizando la renovación de los vínculos políticos existentes entre Ciudad y Monarquía, ceremonia que giraba en torno al acto de entrega de las llaves de la ciudad al Rey por parte de personas, habitualmente niños o cantores, disfrazados de ángeles o Santos patronos de la Ciudad, que descienden, mediante mecanismos de maquinaria aérea, desde cielos o nubes de decorado, en clara alusión a la vinculación entre religión y poder real, dentro de una concepción del monarca como delegado del poder divino.

Ceremonial religioso en las Puertas de Quart

Ceremonial religioso en las Puertas de Quart

Especialmente en la Corona de Aragón, tenía esta celebración antecedentes medievales, adaptada en el siglo XVI a la visión arquitectónica de estética renacentista de los arcos triunfales, con alusiones a temas mitológicos o gestas y triunfos de la monarquía, ceremonias a su vez revestidas con elementos religiosos como procesiones, ángeles o Santos patronos.

En 1507, para la entrada en la Ciudad de Fernando el Católico y Germana de Foix, se construyó un arco triunfal del que descendían dos niños vestidos de ángeles para entregar las llaves de la ciudad a los reyes, algo similar sucede en la ciudad de Valencia con motivo del recibimiento en 1528 de Carlos I, ordenó: “que sia feta una devotissima, solemne e celeberrima processo senblant de la ques acostuma fer en lo dia o festa de Corpore Christi, cascun any, ab les roques (Santos) e entramesos acostumats anar en senblant processo y altres ara novament ordenats”. Las Puertas de “Cuarte” se utilizaron para el recibimiento, construyéndose en ellas un arco triunfal unido a la puerta con dos galerías en donde se encontraban dispuestos los ministeriales y trompetas, desde cuya bóveda se representaba un cielo del  que descendían tres diputados vestidos de ángeles para entregar las llaves de la ciudad al Emperador. La festividad se organizó entorno a los carros previstos para el acto de acompañamiento a la procesión: “la festa del Corpus sia feta ab VIIII roques, ço és, Adam y Eva, San Jeroni, lo Devallament de la Creu, Infern, Sepulcre, Juhí, Sent Sebastiá, la Cena”.

Caricatura de Martín Lutero como la gaita de Satanás (siglo XVI)

Caricatura de Martín Lutero como la gaita de Satanás (siglo XVI)

Las siete cabezas de Martín Lutero de Hans Brosamer

Las siete cabezas de Martín Lutero de Hans Brosamer

Para la visita de su hijo, Felipe II en 1564, la Ciudad ordenó que se sacaran en procesión cinco rocas de contenido religioso: “la roqua de Adam y Eva, la Josephina, la del fill prodich, la de Job y la dels diables de l’infern”. Toda esta serie de espectáculos, carros, máscaras, trasladan una visión triunfal de la Fe católica unida a la Monarquía como institución. La celebración de Felipe II fue ultraortodóxa, un total fervor religioso extremista y fundamentalista, reafirmador de la fe. En ella un mancebo glorioso representaba a Felipe II con sus mejores galas, acompañado de guardas y tras él, un Lutero fingido sobre un asno, rodeado de diablos, con un pregonero voceando la muerte “de la falsa herejía luterana” a su lado sacaron un carro triunfal de la Fama, acompañada por niños cantores, disfrazados de virtudes, entonando villancicos de alabanzas de la victoria de la Fe católica y en elogio del Rey Felipe II que “convirtió al pueblo profano”. 

La Fe católica aparecía pues triunfante, caballeros de la ciudad se vestían de Cardenales, se disfrazaban de dioses mitológicos y ninfas, el mismo carro triunfal de la Fe estaba tirando por una serpiente que representaba la “humana sensualidad” cuya cerviz se inclinaba al triunfo de la Verdad católica, convirtiendo el escenario en una celebración apoteósica de Justicia, Misericordia y Paz.

La Valencia lúdico-festiva

En el presente artículo, voy a tratar sobre esa Valencia lúdica y festiva, esa Valencia tradicional que llega hasta nuestros días, donde el jolgorio y el despilfarro se convierten en norma. Para el estudio de la Valencia del siglo XVI es necesario seguir los parámetros propios del Barroco descritos por Teresa Ferrer o Josep Romeu y que tanto calado tuvieron en la sociedad peninsular, sobre todo tras la Contrarreforma y el Concilio de Trento. Ese espectáculo de fiestas públicas copadas a su vez de manifestaciones religiosas de fe, que entremezclados con elementos lúdicos-profanos, nutrían el calendario festivo de la ciudad.

Quiero centrar pues el análisis de este tipo de estudio, más social, costumbrista y generalizado tanto de los gobernantes como del trato hacia el pueblo llano, el cual cabe recordar, es la mayoría poblacional y se encuentra históricamente excluido tanto de la documentación oficial como de la propia historiografía.

La fiesta pública en Valencia, ya fuera motivada por circunstancias religiosas o profanas, buscaba ante todo perpetuarse en la memoria de las gentes, era un instrumento o medio propagandístico del poder dirigido y organizado tanto por los poderes civiles, políticos o religiosos en su relación con las nacientes sociedades urbanas modernas.

Procesión del Corpus en Valencia utilizada como elemento propagandístico de las élites actuales

Utilizada como elemento propagandístico de las élites actuales

Existe una dualidad en el siglo XVI entre las celebraciones religiosas y las profanas, ambas se entremezclan con distintos elementos para enriquecer la actividad lúdica pero también la espiritual, clave en un momento de combate contra las herejías. Es destacable la integración que se realiza en multitud de actos ceremoniales, acontecimientos políticos, procesiones, misas de Acción de Gracias conjuntamente a espectáculos de carácter profano con temas mitológicos de moda así como las danzas (muchas de ellas de gran complejidad, organizadas por compañías profesionales de actores), algunos de estos actos realizados incluso en la gran celebración religiosa del Corpus.

Actores actuales danzando en la procesión del Corpus

Actores actuales danzando en la procesión del Corpus

La procesión del Corpus era una plena imagen sintética y jerarquizada de la sociedad, donde participan autoridades civiles y eclesiásticas. Destaca el desfile de los oficios, cada cual vestido de gala, con sus imágenes, estandartes, banderas y símbolos, acompañados de música, danzas, disfraces y animales simbólicos (dragones o águilas).

Representaciones actuales de dragones y aguilas en el Corpus de Valencia

Representación actual de dragones y águilas en el Corpus de Valencia

Entre los acontecimientos religiosos extraordinarios unidos a festividad pública, se encuentra el traslado de reliquias, la entrada de personalidades relevantes de la Iglesia en la Ciudad, la inauguración de templos, las beatificaciones o canonizaciones frecuentes tras la clausura del Concilio de Trento, todo ello unido a diversas celebraciones públicas como los juegos de cañas, sortijas, espectáculos ecuestres, certámenes literarios, las encamisadas y desfiles de máscaras y carros con invenciones.

La Ciudad se engalanaba y transformaba para tales actos, con luminarias, tapices, túmulos y altares, arcos triunfales, todo ello para adornar a la Ciudad y especialmente a los edificios de poder público más relevantes en el trayecto de la procesión. Estas fiestas públicas se regían por unas pautas estrictamente establecidas por las autoridades en las ordenanzas municipales mediante las cuales regular la participación en la fiesta de los diferentes representantes sociales.

Ilustración del Corpus en Madrid (1623) en ella podemos ver la representación de los oficios con sus vestimentas y símbolos propios

Ilustración del Corpus en Madrid (1623)

Este posiblemente es el lado más oscuro de la bibliografía, pues no hay documentación del lado más lúdico y menos oficial de la fiesta popular que escapa al interés del cronista oficial, más atento a agradar a los promotores oficiales y a los poderosos organizadores de festejos que a los humildes y anónimos. Las manifestaciones más espontáneas e imprevisibles, surgidas tanto de la fiesta religiosa como de la profana, son una muestra liberadora de la fiesta, a pesar de las regulaciones y ordenaciones que se quisieran imponer para su control y forman la otra cara de las fiestas públicas, lamentablemente más silenciada en las relaciones sociales y difícilmente historiable, aunque crónicas de viajeros como la de Jerónimo Münzer indicaban que los mayores burdeles de toda Europa se situaban en la Ciudad de Valencia y era conocida desde tiempos medievales como “la ciudad del pecado”.

El alumbrado público y la vida nocturna en Valencia

Quiero dar a conocer en el presente artículo, una introducción ilustrativa a esa Valencia del siglo XVI, y uno de los aspectos sociales clave como es el miedo a una ciudad oscura y a la inseguridad ciudadana que conllevaba, en una etapa de inicio de la constitución de una red de alumbrado primitiva en la ciudad.

“El miedo era hijo de la noche” escribía Polidoro Ripa a inicios del siglo XVII, y es que es intrínseco en la naturaleza humana, tanto en el medio rural como en las ciudades, la noche dejaba al ser humano expuesto y vulnerable en un momento del día caracterizado por el reposo y la quietud que llevaba a un incremento del poder de lo imaginario e irracional.

Ilustración de la muerte acechando a la Ciudad

Ilustración de la muerte acechando a la Ciudad

Se intentó en la ciudad de Valencia lograr cierta iluminación artificial nocturna, pero de manera precaria, con la utilización de leña, cera, sebo y aceites, pero siempre para las clases más altas o edificios de poder, mientras que la vida cotidiana de la clase popular desfavorecida, quedaba totalmente limitado a la luz solar.

El temor entorno a la noche venía reflejado en el miedo subjetivo propio de la cultura y de la superstición, relacionado con espíritus, brujas y espectros del subconsciente, pero también del miedo real, que convertía la oscuridad en terreno para malhechores, marginados y prostitutas.

En la Valencia del siglo XVI, con la noche desaparecía el trasiego de gentes y vehículos, mientras que se teñían de oscuridad y silencio las estrechas calles de la urbe. Los espacios de socialización se reducían a tabernas y teatros de actividad restringida por las autoridades y especialmente a las tertulias privadas entorno a una fuente de luz o calor, pues la calle era terreno acotado para la inseguridad y el peligro.

Su uso se reservaba para casos de emergencia y siempre con la provisión de un candil o antorcha, muchas veces ni tan siquiera médicos, comadronas o posaderos accedían a atender sus obligaciones y era en las grandes ciudades como Valencia donde se ofrecían los mayores inconvenientes. Son repetitivos los testimonios de diversos viajeros que destacaban los problemas con la delincuencia y la prostitución, junto a pandillas de alborotadores, se llegó a contabilizar en la ciudad a más de 1.500 prostitutas distribuidas por sombríos callejones y vestidas de blanco para poder ser vistas en la oscuridad.

Ilustración de la sociabilidad en una taberna-mancebía

Ilustración de la sociabilidad en una taberna-mancebía

Durante la noche y a excepción de las fiestas populares, Valencia era un espacio bastante desaconsejado para transitar, hasta la llegada de la Ilustración y el nuevo urbanismo del siglo XVIII no se logró asegurar un alumbrado público acompañado de cuerpos de policías que aseguraran las calles, así como de sistemas de higiene público que aseguraran la salubridad de la ciudad.

La Valencia del XVI quedaba encorsetada en sus murallas, una ciudad insegura, desordenada e insalubre, donde se acumulaban cementerios, cárceles, hospitales, mataderos, muchas veces cercanos o colindantes a las propias viviendas. El tradicional alumbrado se conseguía mediante aceite vegetal, principal materia prima utilizada para ello, la cual resultaba costosa e inaccesible para la mayor parte de la población, únicamente ayuntamientos, templos religiosos, teatros y otros lugares públicos, junto a viviendas acomodadas y palacetes, disponían de un alumbrado escaso y de duración limitada que mantenía, junto a rondas nocturnas, el centro político y económico de la población con cierto sistema de iluminación independiente, carente de horario fijo y de distribución uniforme.

Duelo callejero (Escena de Alatriste rodada en las Calles Altas de Ronda)

Duelo callejero (Escena de Alatriste rodada en las Calles Altas de Ronda)

El resto de la ciudad, permanecía sumida en la oscuridad y el silencio, únicamente alumbrada por el farolillo de un particular que osaba circular por las calles, o por la tenue luz de las imágenes y capillas de santos distribuidas por el casco urbano, como era el caso de las más de 700 distribuidas por la Valencia del XVI, “alumbradas por mezquinos faroles, daban un aspecto más misterioso y triste a la ciudad”.

Relataban los cronistas de la necesidad de iluminación artificial en las calles: “Las tinieblas y la oscuridad de la noche es materia dispuesta para el ejercicio de las maldades e insultos nocturnos como la experiencia lo tiene acreditado; y en su precaución exige esta necesidad, la aplicación de los medios que en lo posible lo eviten. Sin perjuicio de las continuas rondas y otras operaciones dirigidas al intento no se acomoda otro que de la luz artificial, con el competente alumbrado de calles, pues la ciudad se convertía por las noches en un enjambre de prostitutas y ladrones, y desde que se instalaban alumbrados no se observaba ningún exceso, evitándose de este modo, robos y otras maldades que se cometen validos por la oscuridad de la noche”.

En este contexto, los espacios de sociabilidad mantuvieron su diversidad en función de una multitud de variables culturales, estacionales y socioeconómicas: la primavera y el verano siguieron siendo las estaciones predilectas para vivir en la calle, y el invierno lo fue para acogerse en el hogar, a excepción de las reducidas festividades en las que se engalanaba Valencia con iluminación complementaria.

Las parroquias y su filiación a las Germanías

Los incidentes más resonantes que se produjeron en la ciudad de Valencia durante la revuelta agermanada procedían en el mismo contorno, entre la Catedral, la parroquia de Santa María (punto de partida de los ataques anti-sodomitas y del asalto a la casa del Virrey), la Plaza Catalina (asalto a la casa del capotero, Pedro Malet); la Plaza del Mercado en la parroquia de San Juan (liberación de varios presos llevados a la horca) y varios escenarios en la parroquia de San Martín, así como en la Plaza de Penarrojas (hoy Benlliure) en el intento de ajusticiamiento del hijo de Jaime Trivinyo, uno de los líderes agermanados en la Ciudad, por último destacar las calles de Gracia y Fumeral (que fueron las que vieron dar muerte a Mateo Negro, así como el asalto de las tropas del Marqués de Cenete a la casa del agermanado Peris).

El núcleo de poder agermanado estaba entorno a las parroquias de Santa Catalina, San Juan y San Martín, esto lo confirman hechos como la llegada del Virrey a la ciudad, a la cual los agermanados le imponen un desvío de su lógica, prevista y cómoda trayectoria desde el Tossal, por calle de Caballeros en dirección a la Catedral, por tanto se le fuerza a un retorcido itinerario, que no tiene otro objetivo que hacerle ver el odio revolucionario del pueblo valenciano ante sus dirigentes.

Procesión del Corpus en Valencia (Gremios)

Procesión del Corpus en Valencia (Gremios)

Por ello se le cambia el itinerario oficial, se le fuerza a pasar por Bolsería, Mercado, San Vicente, la Vieja Corregería (entre Mar y Miguelete) para desembocar finalmente en la Catedral, este recorrido es totalmente intencionado, pues estaba recorriendo las fronteras de las parroquias más conflictivas y hostiles hacía el Virrey como son San Juan y Santa Catalina.

Las reuniones de los agermanados se realizaban en la Cofradía de San Jorge en la Parroquia de San Martín, cerca del Ayuntamiento, frente a las parroquias agermanadas limitaban con otras parroquias que apoyaban en gran medida al bando real, como pudo ser la de San Nicolás, escenario de alguna estridencia agermanada como la persecución y muerte de Francés, el salinero, como respuesta a diversas provocaciones nobiliarias, así como San Lorenzo y San Salvador. Otras parroquias tuvieron posturas ambiguas e indefinidas como la de Santo Tomás y San Andrés. En esta especie de parroquias neutrales se convocó una reunión entre Peris y el Marqués de Cenete, que no llegaría a celebrarse, programada en Santo Tomás.

Como conclusión, vemos como estas etiquetas ideológicas a las gentes de Valencia capital, son acordes para aplicar a cierta jurisdicción territorial de las diversas parroquias pues se aproxima a esa alineación ideológica o concentración de revolucionarios dentro de los sectores urbanos de Valencia, alineación que desde luego responde a connotaciones socioeconómicas como hemos visto.

La música en la Valencia del siglo XVI

Valencia cuenta con una tradición musical importante ya de tiempos de Alfonso el Magnánimo a principios del siglo XV, quizás sea en la obra maestra literaria de Joanot Martorell, Tirant lo Blanch, cuya impresión se produce a finales del siglo XV, en la cual se encuentran citas que nos muestran la gran maestría a la hora de agrupar instrumentos musicales dependiendo del lugar en el que se tañían: “… la música, partida en diverses parts per les torres e finestres de les grans sales: trompetes, anafils, clarons, tamborinos, xaramites e musetes e tabals, ab tanta remor e magneficiència que no es podien defendre los trists de molta alegria. En les cambres i retrets, simbols, flautes, mitges viules e concordades veus humanes que angelicals s’estimaven. En les grans sales, llaüts, arpes e altres esturments, qui donaven sentiment e mesura a les danses que graciosament per les dames e cortesans se ballaven“.

En la misma novela de caballería también se alude a la música del siguiente modo: “E és molt alegre ab sos amics donant-los delits: ab menistres dansen e ballen entre dones; és molt afable a totes gents e de cor molt fort, que no té temor de res. En les seues tendes los uns lluiten, los altres salten, e jugen los uns a taules, los altres a escacs; los uns se fan folls, los altres assenats; los uns parlen de guerra, los altres d’amors; los uns sonen llaüt, los altres arpa, una mitja viola, altres flautes e cantar a tres veus per art de música”.

Frescos de la Bóveda del altar mayor de la Catedral de Valencia

Frescos de la Bóveda del altar mayor de la Catedral de Valencia

Valencia se identifica como la cuna de un tipo de vihuela de arco específico de la Corona de Aragón, utilizado entre los años 1485-1510 y cuya representación más antigua del instrumento se encuentra en la Iglesia de Sant Feliu de Xátiva datada alrededor del 1475-85, también se puede encontrar otras muestras en la Iglesia de San Esteban o en el Museo de Bellas Artes de Valencia así como en la propia Catedral de Valencia, en un fresco de la bóveda del alta mayor realizado por Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano en 1474, en la misma Catedral, el año 1560, el Arzobispo Francisco de Navarro creó cuatro plazas para ministriles, que eran: “chirimía, sacabuig, flautes, cornetes, orlos e trompón”.

Vihuela de arco en la Iglesia de Sant Feliu (Xátiva)

Vihuela de arco en la Iglesia de Sant Feliu (Xátiva)

En 1575 se editaría en Valencia la obra Iesus Thesaurus Puerilis de Onophrio Povio en la que trata en un apartado de la “cantoría y de la música” donde encontramos abundantes referencias a instrumentos y definiciones de la práctica musical habitual de la época que entre los instrumentos más destacados se encuentran: “los orgens, harpes, manacort, clavicort, espineta, cimbol, viola, guitarra, llaut, citara, vila de arc, flautes, sacabucho, baxons y cornetes”.

Con la llegada de Germana de Foix y su matrimonio con el Duque de Calabria, Fernando de Aragón, supuso toda un florecimiento cultural de la corte virreinal, la virreina Germana citan las crónicas varios instrumentos de lujo: “una corneta de coral guarnida d’or o un clavisimbol de sa altesa ab sa caixa y son peus flamenchs”, y es que Germana sentía gran afición por la música, conociendo y practicando con varios instrumentos, como nos refleja el testimonio de doña Leonor, hermana de Carlos I y amiga de Germana que nos narra impresiones que tuvo cuando convivió con ella: “verla y oírla ya tocando instrumentos como el laud, el manicordio y cantar su parte con otras, bailar y conversar con unos y otros…”.

La segunda mujer de Fernando de Aragón, duque de Calabria, mandó inventariar sus pertenencias en su casa valenciana al morir su padre, el marqués de Cenete, en este inventario de 1523, encontramos: “dos arpas grans, la una daurada e l’altra sens daurar, ab caixes landades negres ab ses fundes de cuyro, un instrument que es diu claviórgano, cubert de vellut negre, e lo que es mostre a la part de dins forrat de brocat carmesí de esglesia, ab lo clavasó daurat ab letres que diu: laudo mia sorte”.

Todo ello nos da una idea de la riqueza musical existente en Valencia ya desde el siglo XV y que se mantendría todo el siglo XVI gracias a núcleos culturales clave como son la Catedral o la corte renacentista del Duque de Calabria y Germana de Foix como virreyes del Reino, así como otros centros musicales, eclesiásticos y nobiliarios de la ciudad, como iglesias, capillas y algunos palacetes de linajes valencianos aristocráticos.

Fuente de Fernando de Aragón, Duque de Calabria en Viver (Castellón)

Fuente de Fernando de Aragón, Duque de Calabria en Viver (Castellón)

Quiero destacar el papel de la Capilla Musical del Duque de Calabria, clave para entender el ambiente cortesano y renacentista que estableció el matrimonio en la Ciudad, pero no solo musical, sino en todos los ámbitos de las artes y el saber, destacando la poesía y el teatro.

Los cronistas describen esta Capilla como la más famosa y nutrida de su tiempo, no había en España otra que tuviese tantos y tan buenos músicos como la del Duque, Timoneda o Sigüenza la describen como: “… assi junto la mejor capilla de músicos, ansí de vozes naturales, como de todo género de instrumentos, que huvo en España ni la ha avido después acá tan buena, en número, abilidades y vozes, porque se junto allí cuanto bueno se hallaba en estos reynos y todos yvan a servirle con mucho gusto”.

Tanto la virreina Germana como Fernando de Aragón eran muy aficionados a la música, durante varios años, el maestro de la Capilla, Pedro Pastrana, organizaba a un gran grupo de excelentes músicos, concediéndole los virreyes el título de Abad del Monasterio de San Bernardo conocido más tarde como San Miguel de los Reyes. Entre capellanes y cantores eran 47 los que formaban la capilla musical. En el año 1550, a la muerte del Duque de Calabria, eran 37 minístrales y cantores, siendo maestro de Capilla, Juan Cepa.

La gran producción y maestría de la capilla musical, se vio reflejada en varias obras musicales, de la que se conserva una obra realizada por Pastrana y Cepa que se encuentran en el “Cançoner de Gandía” conservado en la actualidad en la Biblioteca de Catalunya.

Se encontraban en la Corte otros músicos, como Luys Milán, polifacético y humanista, todo un artista del renacimiento, que nos dejó entre otros, una obra titulada El Maestro de 1535, también otro artista como Mateo Flecha, que se supone que fue también maestro de Capilla y que estuvo en la Corte valenciana durante diez años (1534-44) dejando constancia con muchas de sus obras, en las que realiza una plena simbiosis entre el género literario y el musical siguiendo a figuras músico-literatos del siglo XVI como Milán, Timoneda o Fernández Heredia.

Los Mendoza ante las revueltas de las Comunidades y las Germanías

La Casa de Mendoza era una de las casas nobiliarias peninsulares más potentes de la época, los cuales ejercieron una notable influencia en las insurrecciones tanto en Castilla contra los Comuneros como en la Corona de Aragón contra los rebeldes agermanados apoyando y dirigiendo en muchos casos la causa del bando real de Carlos I. También hubo casos en la amplia familia nobiliaria de apoyos a estas rebeliones como Juan Hurtado de Mendoza, tercer hijo del Gran Cardenal Hurtado, Juan Bravo, hijo de María de Mendoza, hija a su vez del Conde de Monteagudo o María Pacheco hermana de Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco, aunque los apoyos a los sublevados fueron en gran medida menores que al bando real.

La familia Mendoza destacaba por tener a sus miembros en las más altas esferas políticas del Reino, figuras como Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco, tercer Conde de Tendilla y segundo Marqués de Mondéjar, hijo del “Gran Tendilla” Iñigo López de Mendoza, Capitán General de Granada, primero en mostrar fidelidad a Carlos I, la misma que mostró su padre a Fernando El Católico y evitó con sus tropas la extensión del conflicto de los Comuneros en el sur peninsular.

Otro destacado miembro de los Mendoza fue Diego Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, que apoyó militarmente al bando real desde sus dominios en Cuenca e informó al rey Carlos de la situación de la revuelta tras su vuelta de Aquisgrán a la península en julio de 1521.

En el bando real, combatió también Diego Hurtado de Mendoza y Luna, tercer Duque del Infantado, llamado “El Grande” que aun padeciendo la gravedad de la gota, defendió desde su Palacio del Infantado en Guadalajara y evita que su primogénito Iñigo, Conde de Saldaña, intente colocarse a la cabeza del movimiento popular comunero, para ello ejecutó al cabecilla comunero Pedro de Coca y alejó a su hijo, desterrándolo a Alcocer. Intentó intermediar con los sublevados y el poder real, lo que condujo a lograr para ellos el perdón real el 27 de abril de 1521 a la vez que se producía la sangrienta derrota comunera de Villalar.

El miembro de los Mendoza que más interesa en nuestro estudio es sin duda alguna, Diego Hurtado de Mendoza, segundo hijo del Cardenal Mendoza y Mencía de Lemos, que luchó en la Guerra de Granada y fue nombrado en 1506 Conde de Mélito (Nápoles) por su brillante actuación junto a las tropas del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, en la guerra de Italia.

D. Diego Hurtado de Mendoza y Lemos

D. Diego Hurtado de Mendoza y Lemos

Sería nombrado Virrey del Reino de Valencia en 1520, al poco de llegar al poder es sorprendido por la revuelta de las Germanías. Sus intentos por recuperar el poder en el Reino se saldaron con su propia derrota por los agermanados en Gandía el 25 de julio de  1521, lo que provocó su expulsión de Valencia, pero tras la llegada de tropas de refuerzo del bando real permitió al Virrey derrotar finalmente a los agermanados a finales de agosto y principios de septiembre, entrando en Valencia el 9 de noviembre de 1521.

Diego a su llegada a Valencia actuó moderadamente contra los derrotados, reconociendo la rendición y no reprimiendo en exceso a los sublevados y familiares, su hermano Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, Marqués de Cenete (Granada) y Conde del Cid, que fue nombrado Gobernador de Valencia con la llegada al Reino de Valencia, de su hermano Diego, su flexible y comprensiva actuación (hecho notorio a la vista de su turbulenta juventud y madurez caracterizada por su genio vivo y violento así como por sus continuos conflictos con los propios Reyes Católicos), permitió que a pesar de su actuación contraria militar y políticamente hacia las Germanías, fuera aceptado como mediador y en esta tarea mostró grandes dotes diplomáticas , actuando como mediador en diciembre de 1521 frente a los agermanados que resistían en Xátiva, fue hecho preso el 28 de enero por el Caudillo agermanado Vicente Peris y liberado finalmente el 9 de febrero de 1523 en Valencia por los propios valencianos, moriría el 22 de febrero de 1523 a causa de la tristeza por la muerte de su esposa María de Fonseca y Toledo, siendo enterrado ese mismo mes en el Convento de Santo Domingo de Valencia.

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza

Diego Hurtado actuó de forma moderada, pero la llegada de Germana de Foix, viuda de Fernando el Católico al Reino de Valencia como Virreina en 1523 provocó un endurecimiento de la represión política hasta el perdón final del 16 de mayo de 1528. La llegada pues de Germana y la orden del Emperador Carlos del matrimonio con Fernando de Aragón, duque de Calabria, en 1523, provocó el sucesivo nombramiento al matrimonio como virreyes y lugartenientes generales de Valencia, desde donde ejercieron un gobierno autoritario y represor, muy diferente al gobierno ejercido por los hermanos Mendoza.

Durante su mandato, se impulsó una feroz persecución contra los agermanados, cuyos bienes fueron confiscados, y se emprendió un proceso de refeudalización del territorio, apoyados por la nobleza para esta causa.

Jornales y salarios de funcionarios, agricultores y mujeres

Funcionarios. Eran aquellos oficios que intervenían en la dirección, el gobierno y la administración de la ciudad. Para poder exponer los jornales de estos empleos, es necesario formalizar agrupaciones.

En primer lugar, encontramos los altos cargos. Aquí encontramos al virrey y el capitán general, quienes cobraban altos salarios cada dos meses durante el siglo XVI. De la misma forma encontramos al “Portantveus” de general gobernador. En esta primera agrupación, también se engloban a todos aquellos trabajadores que sirven a los altos cargos y que en situaciones de responsabilidad trabajarían en la sección administrativa del Reino.

En cuanto a los cargos y empleados municipales y por otro lado, los encargados del abastecimiento,  formaban una plantilla fija, y cuyo salario y trabajo provenía de la Ciudad. Los salarios son fijos y en contadas ocasiones varían. Los salarios anuales más elevados los encontramos entre el grupo de abogados y notarios. Entre los más bajos, encontramos al procurador y síndico de la Corte. Por su parte, los encargados del abastecimiento debían controlar las entradas y salidas de los productos mediante el cobro de tasas.

Finalmente, encontramos otro tipo de empleos  tales como los encargados de mantener limpias las casa de las ciudad además de la basura acumulada, los trabajos realizados a extramuros como son las guardias, y otros empleos oficiales como puede ser el de pregonero y trompeta de la ciudad.

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Trabajadores del campo y afines. Los trabajos de campo que mayor ingresos producían, eran las huertas y los arrozales, y en menor medida la vid. Para conseguir el trabajo, los jornaleros se reunían en lugares determinados de la ciudad donde acudían los propietarios agrícolas a contratarlos. En el siglo XVI, este lugar hacía referencia principalmente a la plaza de la Seo, la actual Plaza de la Virgen que da a la Puerta de los Apóstoles.

Esta forma de trabajo venía a realizarse en forma de jornada diaria entre los meses de octubre y marzo, ambos incluidos, y el resto de meses con un horario más reducido: de seis de la mañana hasta las seis de la tarde. Si el trabajo se terminaba antes de acabar la jornada, se le asignaba un nuevo trabajo, ya que si no se perdía el jornal.

Sin embargo, no todos los salarios tienen el mismo valor, por lo que podemos encontrar distintas formas de pago:

–          Jornal: mediante cobro estipulado.

–          Jornal y comida.

–          A destajo: se asigna un precio por unidad de extensión si se habla de trabajos de tierra, y por viajes si el trabajo era de limpieza o preparación de vasijas.

–          “Estatgers” (encargado): cantidad global (por año o meses), teniendo en cuéntala edad, el estado de salud, y la cantidad de trabajadores.

Como último apartado, señalar el trabajo del sexo femenino. Está claro que las mujeres trabajaban a jornal en los oficios propios de su sexo. Estos oficios comprendías trabajos en las instituciones sociales que dependían de la ciudad y también en los mercados como vendedoras.

En cuanto al trabajo doméstico, éste estaba regulado mediante una serie de normas, y podemos distinguir tres modalidades:

–          Esclavas

–          Criadas o muchachas de servicio

–          Doncellas de cámara, para el servicio social de los señores.

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Las criadas sí que cobraban salario, y en los contratos se señalaban además los honorarios y el tiempo de servicio. Las esclavas, no está claro si cobraban un salario, y las doncellas de cámara parece que cobraban en forma de objetos o mediante el cobro de sus gastos por parte de los señores. Este jornal, también ampliado a los  hombres dedicados al servicio doméstico, dependía de la edad  y los años de servicio.

Jornales y salarios de oficiales, catedráticos y artesanos

capture-20131228-162230Los estudios realizados sobre los salarios de los trabajadores de la ciudad de Valencia en el siglo XVI, se apoyan en los libros de cuentas conservados en los Archivos Municipales y del Reino de la ciudad de Valencia. Sin embargo, en muchas de las cuentas solo determina el trabajo general, dando la idea de que el jornal se destinaba según la unidad del trabajo.

Con la investigación de estos documentos, se observan también incrementos en los salarios en algunas jornadas. Esto dependía según el trabajo a desempeñar y era solo una medida extraordinaria, ya que tras la realización del mismo, el jornal volvía a los niveles anteriores. Incluso se observa, que el pago del jornal no se realizaba por cargo desempeñado, sino que “no recibían tantas pagas como empleos”[1].

En cuanto al jornal, parte del pago se formaba en dinero, y la otra parte en especie, o bien facilitando comida y vivienda.

A continuación, se describen los trabajos y sus salarios:

Los Cargos Oficiales son ocupaciones de una duración determinada (entre uno y tres años) que dependen de una elección. Son salarios preestablecidos, aunque se encuentran variaciones puntuales, como puede ser una “subvención extra”. En este apartado, entran sobre todo los intelectuales que ejercen la enseñanza o cargos relacionados con sus carreras, ya que en la Valencia del siglo XVI existe cierto respeto por la vida intelectual. Dentro de este grupo, también se engloban:

–          Cargos en la Audiencia, haciendo referencia exclusivamente a los abogados.

–          Diputación de la Generalidad, con abogados y notarios que ejercen la labor  de formar la historia de la institución.

–          Municipio, cuyos trabajos están orientados al reino.

–          Cargos Eventuales que surgen según las necesidades.

En el Sector de la enseñanza, también encontramos distintos trabajos, sobretodo envolviendo a la figura del “Studi General” (Universidad). En este apartado, se engloban los oficios de rectores y catedráticos. Es el Consejo de la Ciudad quien determina la organización del estudio, las asignaturas, la distribución de las clases, y los días de clase. Además, también indica los salarios de los catedráticos, que variará según las asignaturas, viéndose incluso alguna suspensión de pago. Desde el Consejo también se determina el precio de matrícula y los requisitos exigidos.

capture-20131228-162250Finalmente, en esta primera parte incluiremos al Artesanado y el Mundo Obrero. Cabe destacar la creación de los gremios como medida económica de igualdad entre los trabajadores y la menor competitividad. En palabras de Rumeu de Armas, el gremio se define como: “… el gremio no es sino el “oficio” organizado”…; es decir, el oficio que está unido y reglamentado.

Como cualquier otra institución, los gremios también registraban su vida económica. Los asociados debían pagar una cuota de entrada, que variaba según el momento, el gremio y el grado de su jerarquía. Junto a esta, habían otras tres cuotas más: una semanal, otra mensual y una tercera anual. Otra forma de recaudar dinero, sobre todo para la caja común de la corporación, era a través de las multas o derramas. Algunos de estos gremios alcanzaban grandes fortunas, como es el caso de los gremios de la ciudad de Valencia. La finalidad de estos bienes era hacer frente a las subvenciones y gastos comunes, además de las necesidades de los miembros de la corporación.

En cuanto a los jornales, dependía del trabajo y de la cantidad de gente que lo realizara, y el oficial siempre será un asalariado. Hay un salario fijado por tanto para los obreros, lo que no se conoce bien es si los aprendices también cobraban, y de la misma forma, también se buscaban en ocasiones empleados simples para trabajos puntuales.


[1] Llop, Miguel. “Un aspecto económico de la Valencia del siglo XVI. Los Salarios.” Valencia, 1972.

Corte virreinal

Germana de Foix

Germana de Foix

Durante la primera mitad del siglo XVI el cargo de virrey de Valencia fue desempeñado por personajes ilustres, de sangre real que generaron en torno a su persona una actividad social y cultural que explica el surgimiento de una enorme actividad cortesana en la ciudad de Valencia. Simplemente por nombrar a estos virreyes emparentados con la monarquía, el cargo de virrey fue desempeñado por don Enrique de Aragón, quien era primo hermano del rey Fernando el Católico entre 1497 y 1505 y su hermana doña, Juana, que mantenía el título honorífico de reina de Nápoles, sería virreina entre 1505 y 1512. Seguidamente cabe hablar de uno de los personajes que más se ha estudiado dentro de la sociedad valenciana de la época, Germana de Foix, viuda de Fernando el Católico, que ejerció el cargo entre 1523 y 1536, fecha en la que murió, aunque desde 1525 ejerció el cargo conjuntamente junto a su tercer marido el duque de Calabria quien a la muerte de su esposa ejercería el cargo hasta 1550, fecha de su fallecimiento. El virreinato de Germana de Foix y el duque de Calabria fue especialmente largo y es dicha duración la que permite explicar la consolidación de un ambiente cortesano que en verdad recordaba bastante a una corte real, no cabe olvidar que Germana gozó del título de alteza real hasta su muerte por deseo de Fernando el Católico.

Duque de Calabria

Duque de Calabria

Esta actividad cortesana también estuvo vinculada con un amor por las artes dentro del sentir humanista de la época que al duque le llegó especialmente de su segunda esposa Mencíoa de Mendoza. Este interés por el mundo artístico  podemos verlo por ejemplo en la gran colección de libros que adquirió el duque de Calabria, quien fue además un gran aficionado a la poesía. Un aspecto que cabe destacar es que el duque fue además un gran amante de la música, siendo su capilla una de las más afamadas de su tiempo y a la que incluso recurrió Felipe II para que le cedieran algunos libros de cara al recibimiento del archiduque Maximiliano de Austria.

Pero lo que más nos interesa es ese surgimiento que se dio a la actividad cortesana es el impulso que supuso para el Humanismo y el Erasmismo ya que, especialmente a través de su esposa doña Mencía, el duque de Calabria llegó a entrar en contacto con los grandes humanistas valencianos de la época tales como Juan Ángel González y Miguel jerónimo Ledesma, ambos procedentes de la Universidad. La duquesa también fue gran seguidora desde su juventud de Erasmo, por lo que en la gran biblioteca que su marido constituyó no faltó la obra del mismo.  Así pues, durante esta época la corte virreinal supuso un verdadero detonante cultural en la ciudad de Valencia durante la primera mitad de siglo, a lo que cabe sumar el mecenazgo ejercido por las familias nobles de la ciudad.

Tras la muerte del duque de Calabria el cargo no volvió a ser vitalicio, no obstante siguió siendo un puesto altamente codiciado ya que fue ocupado durante la segunda mitad de siglo por la nobleza valenciana de primer rango. No sería hasta finales de siglo cuando el Palacio Real volvió a reactivar su actividad cultural y cortesana con la llegada al cargo de Francisco de Sandoval y Rojas, marqués de Denia. Aunque fue este un esplendor efímero, dado que en el siglo XVII la actividad cortesana se centralizaría en torno al monarca.

Palacio Real de Valencia

Palacio Real de Valencia

Cristianos viejos VS moriscos

bautizo moriscos

Bautizo de musulmanas

Los moriscos o cristianos nuevos eran muy distintos a los conquistadores o cristianos viejos que habían llegado a Valencia desde el siglo XIII. La convivencia entre ambas comunidades parece que no fue fácil dado que persistía el problema de su integración pese a la conversión forzosa tras las Germanías.

Los rebeldes agermanados de Valencia obligaron a escoger entre la conversión o la muerte a miles de moriscos, principalmente porque estos habían permanecido fieles a los señores y al Rey. La iglesia había fracasado en la evangelización, por lo que la conversión debía cambiarlo todo, unificar a la población valenciana bajo la fe cristiana. Pero lo que salió de esta conversión forzosa no fue una nación unificada, sino una brecha aun mayor ya que, si bien ya no eran moros, seguían siendo atacados y acusados de no seguir los preceptos cristianos.

No obstante, había una cierta contradicción entre lo que decía la religión, que todos habían de ser cristianos, y la estructura social del reino y ciudad de Valencia, basada en una división jerarquizada entre cristianos y moros primero, y entre cristianos viejos y nuevos después.

Pero el gran golpe para los musulmanes fue cuando se promulgó el 13 de septiembre de 1525 la orden real que obligaba la conversión, la cual fue preludio de la rebelión del Espadán donde los musulmanes se negaron a convertirse demostrando que la conversión no iba a ser algo fácil y que no iba a poder llevarse a cabo sin resistencias serias.

Grabado del bautizo de moriscos

Grabado del bautizo de moriscos

Los moriscos, que suponían un tercio de la población del reino de Valencia, fueron por tanto un grupo marginado acusado en la Valencia del siglo XVI desde usar vestiduras excesivamente baratas  y poco abrigadas, consumir hortalizas en exceso o ir en grupos por los campos. Aunque parezcan cosas comunes, eran generalidades utilizadas para resaltar el sentimiento de odio hacia aquellos que hasta entonces habían venerado a un dios distinto, a lo que contribuyeron las sucesivas rebeliones como la del Espadán que ya hemos mencionado.

Pero, ¿Cómo reaccionaron los moriscos ante una sociedad que los discriminaba y agredía constantemente? Cierto es que cada vez más los moriscos prefirieron vivir alejados, en el campo o las montañas, por lo que aunque la población morisca de la ciudad de Valencia siguió siendo alta dada la necesidad de campesinos para el cultivo de la huerta, su número descendió. Se creó así mismo un sentimiento de apoyo y solidaridad entre los moriscos valencianos, que sería la base de las revueltas que tendrían lugar a lo largo de la centuria para luchar contra los abusos de los cristianos.

Consecuencias de las Germanías para Valencia

La consecuencia principal del aplastamiento de la revuelta, fue la represión, que desde finales del 1521, con la caída de Valencia y la vuelta del Virrey a la Ciudad, inicialmente fue moderada, pues el Virrey Diego Hurtado de Mendoza, concede un perdón general para todos los agermanados, del que solamente quedaron excluidos los líderes más destacados del movimiento.

Mucho más dura fue la represión ejercida por la posterior Virreina, Germana de Foix nombrada en 1523, que en una crónica coetánea, el Llibre d’antiquitats, eleva a más de 800 el número de represaliados durante todo el periodo por el llamado “crim de germania e unió popular”. La misma Virreina reconocería haber ordenado expresamente la ejecución de más de un centenar de personas. El cronista Escolano cuenta cómo las horcas de madera del mercado eran sustituidas por las de piedra para aguantar la sangría, también fueron muy importantes las confiscaciones de bienes a los acusados de participar en la rebelión, que eran inmediatas en el caso de las condenas a muerte (tanto si eran ejecuciones como si no lo eran), así como las composiciones o multas a personas, poblaciones y oficios.

Similar represión sufrieron las Comunidades de Castilla tras Villalar por Adriano de Utrecht

Similar represión sufrieron las Comunidades de Castilla tras Villalar por Adriano de Utrecht

La nómina de los represaliados la encabezaba el jurista Bartomeu Monfort, con la astronómica cifra de 6.000 ducados, la misma cantidad al oficio de los terciopeleros (el más castigado de todos los gremios), seguidos de los pelaires y tejedores. Valencia como Ciudad superó las 100.000 libras; Xàtiva 36.000 ducados, Alcoy 12.600, Alzira 12.400, Morvedre 9.175… así hasta un total de 80 villas y lugares de todo el Reino.

El importe total de las composiciones subió a más de 380.000 libras (más de 360.000 ducados), las cantidades tardarían muchos años en poder pagarse, así como los daños sufridos durante la guerra, estimados en unos 700.000 ducados para la ciudad de Valencia y unos 2 millones para el conjunto del Reino.

Las pérdidas humanas del conflicto fueron de 12.000 combatientes en el campo de batalla, con las consiguientes repercusiones demográficas. Señala en su obra, García Cárcel, que además de la derrota de los agermanados y del triunfo de la nobleza y la oligarquía valenciana, se produjo también el triunfo de la alta burguesía mercantil italiana al acabar con los monopolios en comercio y ventas de los gremios así como la desestructuración o ruina de muchos de ellos, la definitiva marginación del artesanado en la administración municipal y un proceso de refeudalización en el campo paralelo al proceso de endeudamiento de la nobleza y a la consolidación del imperialismo de Carlos I que dejó como desastre final en lo demográfico, una cifra de 5.000 casas de cristianos y 1.000 casas de moros vacías a causa de la guerra y el exilio.

Otra de las consecuencias dramáticas para el Reino será la gran represión sufrida por los musulmanes, que son considerados los grandes perdedores del conflicto, pues sufrieron un hostigamiento por parte de los rebeldes enorme que les obligó a muchos de ellos a convertirse al cristianismo. El odio al moro, arrastrado desde antiguo en nuestra sociedad, se nutría de simples argumentos, no solamente los étnicos o religiosos. A la aversión religiosa, cultural o lingüística se añadía el resentimiento de las clases populares valencianas por la competencia laboral de los artesanos mudéjares, excluidos de las estructuras gremiales así como por la prosperidad de las pequeñas élites mudéjares.

Probablemente ello explica que fuesen los agermanados de procedencia urbana, menestral, los que más recrudecieron su violencia contra los mudéjares, acrecentada durante la guerra pues eran los siervos que utilizaban los nobles en sus pequeños ejércitos nobiliarios. El saqueo y represión ejercida por Peris a las poblaciones musulmanas de La Safor, La Marina y La Costera con bautismos forzosos masivos, esta oposición a los musulmanes, fue uno de los motivos de esa gran expresión antiseñorial.

Los moriscos como grupo social represaliado

Los moriscos como grupo social represaliado

Tras las Germanías se discutió la validez de estas conversiones forzosas, se creó una junta de teólogos y juristas ordenada por Carlos I en el 1525 en Madrid donde se pronunciarían a favor de las conversiones, pues tenían opción a no ser bautizados, la muerte y por tanto tenían libertad para elegir, una reafirmación de la ortodoxia llevada al límite como fue el mandato de Carlos I que tras el “cuius regio, eius religió” de la paz de Augsburgo de 1555, obligaría al resto de mudéjares del Reino a convertirse, acabarían con la oposición de señores y las revueltas de mudéjares, hasta la definitiva conversión total en moriscos a lo largo del siglo.

La moralidad del clero

Ya San Vicente Ferrer denunciaba la deshonestidad y pecado de la negligencia del clero. También testimonios de críticas al “clero pervertido” podemos verlas en autores como Roig o Joan Baptista Anyes. Precisamente este fue uno de los asuntos tratados en Trento, a partir del cual la Inquisición se dedicó a perseguir en mayor medida las flaquezas del clero en cuanto a su moral, como queda patente en los procesos inquisitoriales valencianos.

Abundaban en Valencia los casos de mancebías, es decir, de cohabitación de curas o frailes con mujeres, algo que estuvo bastante permitido hasta 1580. Los ejemplos del franciscano Rodrigo Rajol en 1566 o del clérigo Fortuny en 1579 son claros ejemplos que encontramos en la documentación. El Santo Oficio valenciano por este tipo de pecado solía condenar a unos cuatro o cinco años de galeras.

solicitacionPero la actividad sexual del clero se reflejó con mucha más frecuencia a través de coyunturales arrebatos de la libido, casi siempre utilizando el confesionario como lugar ideal para la seducción. Es lo que se conoce como solicitaciones, es decir, cuando el sacerdote impone a la confesada una pena consistente en mantener relaciones sexuales con él. Las solicitaciones en el confesionario tuvieron desde luego una frecuencia muy baja en Valencia en relación con otros tribunales inquisitoriales. Así pues, hubo apenas 15 procesos entre 1530 y 1609, muy por debajo de Barcelona, Zaragoza o Granada. Esto extraña hasta cierto punto, ya que el bajo número de solicitantes en la ciudad contrasta con una gran afición a la confesión por parte de los valencianos de la época.

Podemos ver en los procesos inquisitoriales que la agresión sexual no solía más allá de “tocamientos deshonestos” como por ejemplo tocarle los pechos a la confesada, aunque había también casos en los que el párroco imponía a las mujeres, que normalmente eran mujeres casadas, el tener que masturbarle y hay documentados algunos casos en los que si hubo sexo explícito. A la hora de defenderse, los confesores siempre alegaban una supuesta provocación de la mujer.

La delicadeza del tema llevó a que en marzo de 1586 y en junio de 1600 se recomendara llevar estos casos de solicitaciones con la mayor discreción posible, dada la ofensa que se podía causar en el honor de la damnificada. La mecánica procesal era compleja, una vez descritas por la solicitada las vejaciones a las que había sido sometida, la solicitada era preguntada si se habían confesado con otros y les había contado tal hecho. En caso afirmativo se le preguntaba si estos advirtieron a la mujer de la obligación de denunciar al confesor ante el Santo Oficio. Las principales penas por solicitación fueron la privación perpetua del derecho de confesar, el destierro del lugar donde se vivía o la reclusión en un monasterio de dos a cuatro años.

No obstante, hay casos en los que el solicitante era rico y se sustituyó la pena por una multa de entre seis mil y diez mil maravedís. En el caso de que el confesor hubiese solicitado a hombres en lugar de mujeres, hecho del que hay contados casos, la pena sería mucha mayor como por ejemplo diez años de encierro en un monasterio.

La Prostitución

burdelEl denominado “oficio más antiguo del mundo” fue en la Valencia del quinientos un oficio perfectamente asimilado y regularizado en el municipio. Esto podemos verlo en documentación como las ordenanzas del régimen del burdel de la ciudad del 12 de mayo de 1495 donde se indicaba “axí en la present ciutat de Valencia, com en altres parts, viles e lochs populosos son permesoso los publichs, e es permes e dispensat que les dones mundaries vixquen publicament en aquells, del quest perque per la avinentea e copia que ha de les dites dones, se stavien es scusen graus dans e scandals e axi es permes lo cual, per evitar lo maior e senyaladament en la present ciutat, en lo qual hi ha tan gran concurs de persones, car per permetre e disponssar en lo dit loch publich, cessen molts dans e scandels en aquella”. Así mismo se indicaba que las prostitutas habían de quedar recluidas y no ejercer su profesión durante la Semana Santa, Navidad y las fiestas de la Virgen María (Asunción y Concepción), así como en los jubileos.

Vemos así una asimilación total de que esta profesión se ejerza. La escusa o motivo de aceptar estas prácticas tan perseguidas por la iglesia, fue fundamentalmente la riqueza que proporcionaba a la ciudad, dado que como hemos dicho estaba regularizado y controlado por el gobierno municipal. Además se citaban los beneficios sociales del ejercicio de la prostitución ya que se tenía la creencia de que evitaba el amancebamiento o el adulterio, y se creía que el que se acostaba con una prostituta “legalizada” quedaba redimido del pecado de fornicar  con ella.

aseo prostibulo

La Iglesia obviamente no vio con buenos ojos ni aceptó la aceptación de la prostitución en Valencia y, especialmente tras el Concilio de Trento, se lanzó a perseguirla y erradicarla todo lo que pudo.

El principal problema del burdel eran las enfermedades que en él podían transmitirse, algo que en verdad era muy frecuente. El contagio de enfermedades venéreas era frecuente en estos lugares que muchas veces actuaban como foco de origen y, para evitarlo, había un cuerpo de cirujanos especializados que cuidaban la higiene del burdel y que las enfermedades no se propagaran a partir de él, algo que en verdad fue poco efectivo.

Sexualidad e Inquisición

El sexo, dada la rigurosa obsesión de la religión cristiana por la castidad, fue enormemente reprimido por el Santo Oficio en todos los territorios en que fue implantado, no solo en Valencia, dado que la Inquisición era la encargada de velar por la moral que establecía la religión. En Valencia cerca del 10% de todos los procesos inquisitoriales llevados a cabo tuvieron a que ver con asuntos sexuales (unos 600 casos entre 1530 y 1609).

Siempre han gustado temas como la homosexualidad, la prostitución, la bigamia o la vida sexual del alto clero carente totalmente de vocación. No obstante, la mayor parte de procesamientos inquisitoriales por motivos sexuales se debieron a la simple fornicación o práctica del sexo, dado el deseo de los inquisidores de erradicar la creencia de que el sexo no era un pecado moral. Pero, no será hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando sexocomencemos a encontrar este tipo de casos, en Valencia concretamente el primer caso es de 1566. Dada la cercanía del Concilio de Trento podemos relacionar que la influencia del mismo en esta nueva mentalidad represiva era evidente.

La “pureza” de las mujeres es algo que ha obsesionado a nuestra sociedad hasta hace bien poco. Estaba bastante extendida la creencia de que acostarse con una mujer casada no era pecado para el hombre, la culpa siempre era de la mujer. Si bien es cierto que en el reino de Valencia el adulterio era menos perseguido que en Castilla o Aragón, estipulando los fueros que los condenados por adulterio debían correr por todas las plazas de la ciudad desnudos, algo bastante “light” para la época. Esta forma de entender la sexualidad tan permisiva, choca con los principios más duros de la Inquisición que siempre defendió lo inmoral del adulterio siguiendo las recomendaciones de San Vicente Ferrer que, también haciendo culpable a la mujer, afirmaba por ejemplo que estas no debían maquillarse.

Por otro lado, la bigamia, ya castigada en la legislación foral desde sus inicios, rápidamente entro en la órbita jurisdiccional del Santo Oficio desde sus inicios. Si bien es cierto que la bigamia fue en Valencia un delito poco frecuente, o al menos poco juzgado, ya que a lo largo del siglo XVI disponemos de documentación de solamente 29 casos, lo cual viene a ser muy poco si lo comparamos con los 194 procesamientos en Barcelona o los 243 en Toledo. En Trento se trató de resolver la problemática de los matrimonios clandestinos, prohibiéndolos y penalizándolos, por eso la bigamia fue algo que siguiendo las premisas del Concilio era algo que se debía permitir.

La ciudad de Valencia no fue así un núcleo en el que se podía contraer discretamente matrimonio en segundas nupcias, como parece ser que fueron otras ciudades como Logroño. Entre los escritores de la época como Molina planteaban que la razón más probable por la que se producía la bigamia era el no haber tenido hijos en el primer matrimonio, algo de lo que culpaba obviamente a la mujer. Así mismo, este autor realiza una descripción del hombre bígamo como aquel tímido y dominado por la mujer brava, reñidora y loca.

Las víctimas de la Inquisición en Valencia

Desde finales del siglo XV operaba en Valencia el tribunal de la Inquisición. Hubo  más miles de procesados en la ciudad de Valencia por el Tribunal de la Inquisición entre 1530 y 1609, aunque estos también procedían en ocasiones de otras partes del Reino. Comparándolo con otros tribunales, podemos ver que el Tribunal valenciano era uno de los más duros, solo superado por los de Zaragoza y Granada.

Las minorías fueron las grandes víctimas del Santo Oficio valenciano durante el siglo XVI, con cerca del 70% de los procesados. Entre 1480 y 1530 fueron detrás especialmente de los judíos (dentro del contexto de la expulsión de los mismos), mientras que a partir de esa última fecha se cebaron especialmente con los moriscos. En cuanto al resto de las causas abiertas cabe figurara aquellas vinculadas con el sexo (bigamia, solicitaciones, sodomía, etc.), con cerca del 12% de los procesados, y luego las vinculadas con cuestiones ideológicas (luteranismo, herejía, blasfemia, etc.) que suponían el 18% de las causas. Sexualmente, los procesados fueron en su mayoría hombres, cerca del 85% a comienzos del siglo XVI, aunque esta gran diferencia se fue reduciendo conforme fue abarcando la centuria.

Entre las penas impuestas, si bien a comienzos de siglo nos encontramos con un estremecedor 45% de condenas a muerte de entre todos los procesos inquisitoriales en Valencia, a finales de la centuria vemos que estas se redujeron enormemente a cerca de un 4,06%. De esto podemos deducir que el Santo Oficio persiguió sobre todo a la comunidad judía, siendo más “benevolente” con los moriscos a los cuales solo se solía victimas inquisicioncondenar a muerte en caso de trato con Argel o a los inductores de prácticas musulmanas. Conforme a los casos que conocemos, podemos determinar que cerca del 44% de los procesados fueron penitenciados durante el siglo XVI.

La tortura, utilizada únicamente en un 5% de los procedimientos en los tribunales ordinarios, fue comúnmente empleada por la Inquisición valenciana y cerca del 30% de los prisioneros del Tribunal fueron sometidos a tortura. Las más usadas eran el potro y la garrocha, aunque también fue común enviar a los condenados a remar en galeras, La condena a muerte, aunque como ya hemos dicho era algo menos frecuente, era llevada a cabo normalmente por el brazo secular e iban desde la conocida hoguera hasta la llamada “muerte en estatua” que consistía en desenterrar el cadáver una vez ya muerta la persona (si esta había muerto y luego había sido condenada, como por ejemplo la madre de Luis Vives) y quemaban el cadáver.

El justicia civil, el justicia criminal y el almotacén en la ciudad de Valencia.

Para los cargos de justicia civil, justicia criminal y almotacén desde el reinado de Carlos V hasta la insaculación en 1633 estos cargos se elegían a partir de un listado de candidatos propuestos, en el cual debía haber tanto caballeros como ciudadanos, de las cuales debían extraerse tres nombres para estos tres cargos para cada una de las parroquias de la ciudad.

El justicia civil

Al justicia civil le competía atender todas las demandas presentadas dentro de su jurisdicción y amparar a aquellos damnificados en sus personas, bienes o derechos. En especial se encargaba del calificado como derecho de familia, donde se incluían las cuestiones relacionadas con el matrimonio, como contrato civil, y en cuanto a su disolución, asuntos de patria potestad, emancipación, tutela de los menores e inhábiles, así como las cuestiones relativas a testamentos y derechos de sucesión.

Entre los justicias civiles de la ciudad de Valencia destacan un largo número de familias a lo largo del siglo XVI dentro de estas listas de candidatos de la que hablábamos, destacando especialmente las de los Catalá, Beneyto, Cruïlles o Dassio entre muchas otras.

El justicia criminal

Entre sus tareas se encontraban la vigilancia en materia de censales, violarios y deudores, defensa de la salud pública mediante la aplicación de medidas sanitarias (especialmente en tiempos de epidemias), también en lo referente al vertido de basuras en las calles, inspección sobre el almacenamiento de mercancías peligrosas y el ejercicio ilegal de la medicina. Además era el encargado de la jurisdicción de temas de naturaleza sexual, mendicidad y era el encargado del orden público, siendo el represor de los delitos de orden públicos y contra la propiedad.  De nuevo destacan en el ejercicio de este cargo familias como los Beneyto, Dassio o los Catalá.

El Almotacén

Era una magistratura muy importante desde el punto de vista social y económico en la ciudad de Valencia, ya que era el encargado de la inspección de los mercados, siendo una autentica cabeza de la policía urbana que actuaba como inspector de pesos y medidas. También tenía atribuciones en materia de higiene dado que era el inspector anual de los boticarios, se encargaba así mismo de la verificación del buen estado de los alimentos y debía velar por la honestidad mercantil mediante el control de los espacios de venta y los precios en los mismos. Citar entre las familias más repetidas en estos cargos a la de los Catalá, los Beneyto, que ya veíamos destacar en los cargos de justicia civil y criminal, y a la de los Roca.

El Síndico

El síndico formaba parte del Consell Secret y entre sus competencias encontramos la buena administración y conservación del patrimonio, propios y derechos de la ciudad  de Valencia cobrando por dicho oficio unas 100 libras a principios del siglo XVI.  En definitiva era el encargado de cuidar de los intereses de la ciudad. Se le exigía para desempeñar este cargo vitalicio el haber sido previamente jurado. El Consell General era habitualmente el que se encargaba de su nombramiento.

Como hemos dicho era un oficio vitalicio, algo que no gustaba al estamento militar ni al eclesiástico que en las Cortes de 1510 denunciaron los abusos producidos por la perpetuación del cargo y propusieron una duración trienal del mismo para el mejor funcionamiento de la administración de la ciudad. Pero hasta el reinado de Felipe III el cargo continuaría siendo vitalicio, propiciado este cambio por el intento del monarca de ejercer un mayor control en la vida política de Valencia.

Desde finales del siglo XV este cargo fue ejercido sucesivamente  por miembros de la familia Dassio y, como se puede suponer, esta familia prosperó notablemente dada su vinculación con la administración municipal. El primer miembro de esta familia que encontramos en el cargo de síndico fue Tomas Dassio, quien estuvo en el cargo hasta las Germanías, y restituido en el cargo tras las mismas. Desde 1529 solicitó al rey poder desempeñar el cargo junto a su hijo, Francisco Luis Dassio, aunque no se aumentó el presupuesto para el cargo y por tanto se les siguió pagando 100 libras anuales a repartir entre padre hijo. Se estipuló además que quedaría en el cargo quien sobreviviera al otro.

Tenemos poca información, aunque tampoco se ha estudiado mucho, la labor del síndico en Valencia. Encontramos en el cargo desde 1546 a Juan Onofre Dassio, quien en 1566 sería suspendido de su cargo y detenido con la visita de inspección de Gallart y Arrufat fruto de las irregularidades cometidas en la administración de la ciudad. No obstante volvería a su cargo en 1569, habiendo cubierto su inhabilitación Bernardo Vives, dada la mediación de los magistrados de la ciudad quienes trataron de deshacer todas las medidas adoptadas durante la visita de Gallart y Arrufat. En fecha que desconocemos, a Juan Onofre Dassio le sucedió en el cargo su hijo Pedro Dassio.

Tras la muerte de Pedro Dassio la corona en 1599 aprovechó la ocasión para desdoblar el cargo de síndico en dos cargos con menos poder, siendo efectuado el nombramiento de ambos por la corona que elegiría el único cargo de la administración municipal valenciana que hasta ahora había escapado de su control. Uno de los magistrados, el renombrado como racionalato, se encargaría de todas las funciones relativas a la Cámara y la solicitud y dirección de los pleitos de la ciudad en los tribunales; y el otro asistiría a las juntas de los estamentos y a todos los negocios del racionalato. Ambos podrían asistir a las reuniones de los jurados, aunque cada uno de ellos solo tendrían voto cuando se trataran de materias de su competencia. El salario que se les asignó fue de 200 libras anuales a cada uno más otras propinas y emolumentos.

La escuela valenciana de pintura en la segunda mitad del siglo XVI

Fernando Llanos

La Flagelación, de Fernando Llanos.

La Flagelación, de Fernando Llanos.

Fernando Llanos será junto a Fernando Yáñez, con quien vemos una pintura totalmente renacentista en tierras valencianas, aparece documentado en Florencia, ya que se formó como pintor en Italia, Valencia y Murcia entre 1505 y 1525 aunque no conocemos sus orígenes dado que las referencias documentales a este autor son más bien pocas. Al igual que Yáñez la influencia de Leonardo en su obra será muy patente.

Este autor presenta ya una obra en la que no hay cabida para elementos propios de la pintura gótica. Podemos citar su obra la Flagelación en la que los rasgos que caracterizaban ya la pintura italiana desde el siglo pasado se hacen presentes en la escuela valenciana de pintura. Encontramos el uso de una arquitectura claramente renacentista con el uso por ejemplo de  columnas corintias y arcos de medio punto. Además hay claramente perspectiva y un mayor conocimiento de la anatomía humana en la Flagelación apreciable especialmente en la musculatura de Cristo y su obra tiene movimiento como podemos ver en el movimiento del hombre que está flagelando a Cristo. También sabemos que elaboró varias obras para la Catedral de Valencia como el retablo de los Santos Médicos.

Vicente Masip y Juan de Juanes

La Visitación, de Vicente Masip.

La Visitación, de Vicente Masip.

El Martirio de Santa Inés, de Vicente Masip.

El Martirio de Santa Inés, de Vicente Masip.

A diferencia de los Osona, los Masip (Vicente Masip y su hijo Juan, más conocido como Juan de Juanes) no realizarán obras de forma conjunta. Con ellos se impone en la escuela valenciana o levantina el estilo Rafaelesco, más naturalista, idealizado y dulzón. Vivieron durante la segunda mitad del siglo XVI.

En las obras de Vicente Masip como El Martirio de Santa Inés o la Visitación, que forman un díptico, ya vemos una pintura totalmente renacentista en la que por ejemplo la profundidad está ya muy lograda en las obras producidas por este autor.

De entre las obras de Juan de Juanes, quien se formó en Italia con Leonardo y Rafael, destaca La Última Cena (realizada hacia 1562) que recuerda claramente a la obra del mismo nombre de Leonardo da Vinci. La perspectiva es muy clara, Jesucristo en el centro y alrededor los apóstoles en una perfecta simetría. Juan de Juanes se basa claramente en la obra de Leonardo, hay perspectiva, hay simetría, hay arquitectura y hay centralidad.

La última cena, de Juan de Juanes.

La última cena, de Juan de Juanes.

Los inicios de la escuela valenciana de pintura

                                                     Los Osona

La Flagelación (hacia 1510) de Rodrigo y Francisco de Osona.

La Flagelación, de Rodrigo y Francisco de Osona.

Rodrigo (1440-1518) y Francisco de Osona (1465-1514), padre e hijo, nacen en Valencia y aquí desarrollaran su labor como primeros pintores del Renacimiento valenciano. Ninguno de los dos estuvo en Italia pero recibieron ciertas influencias desde tierras flamencas como la de Louis y Jordi Alincbrot o desde Italia con figuras señeras como Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano.

Los Osona realizan muchas de las obras de forma conjunta, y en ciertas ocasiones cuesta diferenciar las obras de uno y de otro por la similitud de estilos, por ello casi todas las obras se dicen que son de los dos salvo las que firmaban individualmente. De ambos es la obra titulada La Flagelación, uno de sus cuadros más famosos, y también  El Prendimiento de Cristo (ambas realizadas hacia 1500).

El prendimiento de Cristo, obra de los Osona.

El prendimiento de Cristo, obra de los Osona.

En cuanto a las características de sus obras, podemos observar que no hay un gran realismo, objetivo fundamental de la pintura renacentista italiana, se conoce la anatomía humana pero no es tan perfecta como la desarrollada en Italia. En definitiva, aunque en la pintura de los Osona comienzan a verse algunos de los rasgos propios de la pintura renacentista todavía conservan muchas características propias del estilo gótico como esa falta de realismo de la que hablábamos o el uso de esos tonos dorados tan llamativos.

 

Santa Catalina, de Fernando Yáñez de la Almedina.

Santa Catalina, de Fernando Yáñez de la Almedina.

Feranando Yáñez de la Almedina

Con quien realmente se consolida la pintura renacentista en la ciudad de Valencia es con Fernando Yánez de la Almedina (1505-1537) que, aunque natural de Ciudad Real, desarrolló gran parte de su obra en Valencia destacando por ejemplo sus trabajos para la Catedral de la ciudad. Se formó en Italia con Leonardo, el cual influiría mucho en su obra ya que, al igual que Leonardo, trataría de dotar a las figuras de esa belleza idealizada tan propia del maestro italiano. Esta búsqueda del ideal de belleza queda perfectamente plasmado en su obra Santa Catalina (1510) en la que la santa presenta ese aspecto tan dulce y delicado. También influyen en él otros autores italianos como Rafael Filippino Lippi y Perugino.

De las características principales de su obra cabe destacar el logro de ese realismo que dota de naturalismo a sus obras y que no habían conseguido los Osona así como un total abandono de los modelos goticistas.

Humanistas en Valencia

Muchos humanistas, tanto del siglo XV como del XVI, se veían obligados a depender de un mecenas para poder desarrollar sus trabajos intelectuales, y a su vez estaban ligados a los príncipes y gobernantes para mantener su trabajo. Esta relación entre los humanistas y los mecenas, no consistía solo en poder subsistir, sino que también garantizaba la difusión del pensamiento. Con ello, el mecenas ganaba prestigio y esplendor a sus casas.

Sin embargo, en la ciudad de Valencia, este concepto es algo que no se llevó de la misma manera que en Italia, siendo así casos excepcionales. En este caso dependían de la universidad, los ambientes eclesiásticos o la corte tanto virreinal como nobiliaria. Otros se vieron obligados a salir de la ciudad a otros países de Europa o a la corte pontificia para poder desarrollar su trabajo. Solo unos pocos llegaron a establecer una estrecha relación con la corte imperial.

Escudo de armas del Ducado de Gandía de los Borja.

Escudo de armas del Ducado de Gandía de los Borja.

Uno de los mecenazgos más importantes será el nobiliario, representado por familias como los Borja o los Cenete. Esto se debe a que ninguna otra entidad se dispuso a ayudar al trabajo intelectual de estos humanistas valencianos, ayudas que podrían haber motivado un mayor dinamismo en los trabajos. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVI, esta situación cambió ya que muchas de estas casas nobiliarias no tuvieron continuación en su mecenazgo, lo que llevó al fracaso de los humanistas en Valencia.

Algunos de estos intelectuales consiguieron mantener una relación duradera con las cortes reales, como pueden ser Juan Martín Población, Honorato Juan y Fabrique Furió Ceriol. Juan Martín Población, llegó a conseguir un acomodo cortesano tras una época de cierto nomadismo. Honorato Juan mantuvo un gran vínculo con la corte imperial, imposible de comparar a la relación de otros humanistas con la corte imperial. Fabrique Furió Ceriol tuvo que abandonar Valencia para poder conformar sus obras a lo largo de diversos países europeos, hasta que finalmente obtuvo el apoyo de la corte hasta la muerte del emperador.

Los humanistas valencianos, durante la primera mitad del siglo XVI estaban ligados a

Guerrero del palacio de los Centelles, s. XVI. Escudo con motivo heráldico de la familia.

Guerrero del palacio de los Centelles, s. XVI. Escudo con motivo heráldico de la familia.

la Universidad, pero al querer publicar sus obras, necesitaron de la ayuda de nobles valencianos, es aquí donde entra el papel de las cortes locales. Para ello, dedicaban sus obras a los mecenas, quienes les correspondían con una ayuda económica o protección. Sin embargo, algunas de las ocasiones se desarrollaban en fraudes a pesar de las dedicatorias. Algunas de estas cortes nobiliarias que ayudaron mediante un mecenazgo cultural fueron los Centelles de Oliva, los Borja de Gandía o los Duques de Segorbe.

Este mecenazgo conlleva la publicación de las obras intelectuales de estos humanistas, y que en ocasiones destacarían por la ausencia de reflexiones sociales o de pensamiento en sus obras. Pero eso no quita valor, ni afecta al mecenazgo, aunque solo fuera aportado de forma exclusivo en Valencia por unas pocas casas nobiliarias. Además, hay que destacar el gran papel difusor de algunas de estas obras, ya que englobaban una gran tarea de traducción de otros trabajos.

El Racional

La elección del cargo de racional fue cuanto menos un asunto polémico. Tras el periodo entre el Fallecimiento de Fernando el Católico y las Germanías, y al igual que pasaba con la elección de los jurats, la ciudad aprovecho ese momento de conflictividad para nombrar este cargo por parta del Consell General. No obstante, tras el fin del movimiento agermanado el rey volvió a ser quien nombraba a quien iba a desempeñar el cargo de racional.

Pero las diferencias entre la monarquía y el Consell General no acabaron aquí. Cierto es que desde 1523 fue el rey quien decidió quien debía desempeñar el oficio de racional, pero los miembros del Consell trataron de influir en la decisión e incluso lograr que el rey les cediera la competencia de designar dicho cargo, algo que expresaron al virrey cada tres años, que era el plazo establecido para ejercer el oficio. El monarca como era de esperar no aceptó perder esa competencia fundamental para mantener su poder en la ciudad capital del reino. La actitud de los monarcas españoles, en especial la de Felipe II, no fue tal vez la más apropiada ya que cuando concluía el periodo del racional transcurridos los tres años de ejercicio del cargo, el rey pocas veces informaba a los miembros del Consell quien había de ser el nuevo racional, y estos debían pedir sucesivamente instrucciones al virrey hasta que el rey se dignaba a enviar la misiva con el nombre correspondiente.

El racional, oficio consolidado durante el reinado de Alfonso el Magnánimo, tenía como principal función el velar por el buen funcionamiento del las finanzas municipales y que hasta 1633 tuvo un gran poder en la ciudad de Valencia dado que controlaba la elección de los jurados. A nivel económico, podía embargar y subastar los bienes de los deudores con el municipio que incluso podían ser encarcelados, ceder el cobro de los impuestos a particulares. Junto a los jurats formaba el Consell Secret, lo cual le permitía decidir también en la administración de la Ciudad.

El poder del racional se fortaleció cuando Carlos V decretó accediendo a la demanda de los magistrados municipales en 1542 a que los deudores a la Ciudad o los contratos hechos con el síndico fueran atenidos exclusivamente por el racional de tal forma que ni el rey, ni el lugarteniente, el gobernador, el portantveus ni cualquier otro oficial pudiera interferir en su labor. Posteriormente, Felipe II en la década de los setenta fortalecería el poder del racional impidiendo la interferencia de la Real Audiencia dando así vía libre al racional en cuanto al pago de deudas y contratos en el síndico que mencionábamos anteriormente.

Para finalizar enumeraremos los oficiales que ejercieron el cargo de racional durante el desde 1516: Nicolás Benito Alpont (1516-1519), Vicente Çaera (1519-1520), Juan Caro (1520-1523) siendo estos elegidos por el Consell General y siendo el último desposeído de su cargo y detenido por el rey tras sofocar el movimiento agermanado, Nicolás Benito Alpont (1523-1526), Baltasar Granulles (1526-1529), Benito Vidal Honorato (1532-1535), Juan García  (1535-1542, dos trienios), Baltasar Granulles (1542-1545), de nuevo Juan García (1545-1548), Guillermo Ramón Çaera (entre 1548 y 1557, tres trienios), Hornato Figueroa (1557-1560), Bernardo Simó (1560-1566, dos trienios), Bernardo Luis Albert (1564-1567), Vicente Honorato Vidal (1567-1569), de nuevo Bernardo Luis Albert (1569-1572), Miguel Juan Camos (1572-1574), por tercera vez Bernardo Luis Albert (1574-1577), Miguel Juan Camos de nuevo (1577-1580), Francisco Sanfeliu (1582-1583) quien no duró ni un trienio dada la oposición del Consell General, Arcisio de Mompalau (1583-1586), Onofre Martorell (1586-1589), Jaime Beltrán (1589-1592), de nuevo Onofre Martorell (1592-1595), Marco Ruiz de Bárcena (1595-1598) y Jaime Beltrán por segunda vez (1598-1601).

Los Jurados

Grabado de 1672 representando a los Jurats de Valencia.

Grabado de 1672 representando a los Jurats de Valencia.

Tras la muerte de Fernando el Católico (1516) y el estallido del movimiento agermanado, la oligarquía municipal de la ciudad de Valencia aprovechó para introducir importantes modificaciones al sistema de elección de los jurados o jurats con vistas a incrementar la autonomía municipal frente al poder regio.  No obstante, tras las Germanías tres de los jurados se negaron a aceptar los cargos y se manifestaron servidores del rey por lo que se abrió una crisis que fue aprovechada por Carlos I para imponer sus designios a través del virrey, que controlaría el nombramiento de los nuevos jurados.

Los miembros del estamento eclesiástico y militar eran los más interesados en que se introdujeran cambios en cuanto al nombramiento de los jurados, por lo que solicitaron en cortes de 1542 que dichos cargos fuesen elegidos mediante insaculación, es decir, tras un sorteo en el que además solicitaban que pudiera incluirse la nobleza. No obstante, durante todo el reinado de Felipe II la designación de los cargos municipales más importantes siguió realizándose mediante el sistema de la ceda o lista de 12 candidatos de los diferentes estamentos que el mestre racional impuesto en 1426 y que solo se dejó de utilizar durante las Germanías.

Los jurados eran concebidos como gobernantes encargados de ejercer con eficacia la gestión municipal. Desde principios del siglo XVI, anualmente, en la vigilia de Pentecostés eran elegidos como jurados dos caballeros y cuatro ciudadanos a los que se les exigía tener 25 años, ser casados o viudos y haber residido en la ciudad de Valencia al menos durante veinte años, siendo el oficio de aceptación obligatoria.

Entre sus variadas competencias podemos destacar en primer lugar el avituallamiento de la ciudad, es decir, el aprovisionamiento de la ciudad de trigo o grano; además funciones políticas a nivel normativo siempre que no interfirieran con las leyes vigentes;  también facultades fiscales dado que podían imponer sisas o impuestos directos, emitir censales o deuda pública; y funciones económicas como la jurisdicción para regular las tierras destinadas a cultivo o a pasto. Además los seis jurados formaban junto al racional el Concell Secret que únicamente servía como órgano representativo para las clases pudientes y no para las populares únicamente representadas en el Concell General.

Por el desempeño de sus funciones su sueldo a comienzos del siglo XVI era de unas 100 libras anuales que Felipe II aumentaría a finales de siglo que pasó a ser de unas 500 libras dado que los jurados manifestaron las muchas horas que habían de dedicarle a sus muchas funciones, que cada vez eran más, y la necesidad de renovar constantemente su vestuario que les ocasionaba enormes gastos.

Entre las familias valencianas más frecuentes en los cargos de jurado encontramos a los Abella, Albert, Artes, Beneyto, Berenguer, Cas, Catalá, Climent, Cruïlles, Çaera, Figuerola, García, Juan,  March, Martí, Miquel, Navarro, Pallarés, Penarroja, Pertusa, Roig, Solanes, Tagell y Vidal. Aunque dentro de estas familias hubo casos en que solo un personaje tuvo una participación muy notoria como es el caso de Bartolomé Martí que estuvo en el cargo en 1522, 1525, 1528, 1533, 1539, 1543, 1547 y 1553, aunque fue incluido en las listas o cedas muchas más veces.

El encubierto como desenlace de las Germanías

La revuelta de las Germanías quedaría reducida a los territorios de Alzira y Xàtiva donde se refugiaron los últimos agermanados dirigidos por un enigmático personaje llamado “el Encubierto”, que se autoproclamó nieto de Fernando el Católico y encabezó la resistencia contra el bando real, relevando a Peris como líder carismático del movimiento.

Su mensaje mesiánico, director de la rebelión por mandato divino, lo que parece probable es que este personaje conociera la obra de Joan Alemany “De la llegada del Anticristo” reeditado en Valencia en 1520, que según la obra, un Mesías vendría pronto y este llevaría una nueva Cruzada hacia Tierra Santa, aniquilando a los musulmanes y luchando contra el Anticristo, como se pronostica en el Libro de la Revelación. Esta ideología tenía gran aceptación por parte de la amplia masa social de la época, y por ello utilizó esta forma discursiva, para colocarse como el salvador del pueblo, sus seguidores le veneraban y le concebían como una visión sagrada con verdaderos poderes, todo un ángel con forma humana, un mesías que levitaba mientras meditaba.

La base de su pensamiento giraba en torno a la teología de las Cuatro Religiones y Cuatro Juicios, proponía una Trinidad de Cuatro Estados, propuesta similar al joaquimismo, muy extendida por Valencia, que seguía fuentes más antiguas que decían de la Trinidad como cuatro elementos, Padre, Hijo, Espíritu Santo y Sacramento Sagrado, aunque otras fuentes afirman que se trataba del Diablo como cuarto elemento e hijo de Dios.

Sobre esta figura se ha especulado mucho, García Cárcel considera que es Antonio Navarro, en cambio Vallés considera que es Enrique Manrique de Ribera. A su muerte, asesinado por un grupo de sicarios en Burjassot en mayo de 1522 fue sucedido por nuevos “encubiertos”, decir que después de su muerte, fue procesado por la Inquisición por hereje y quemado (el cuerpo ya que la cabeza se la quedaron las autoridades locales para colgarla en la puerta de entrada a la ciudad). Lo cierto es que el también conocido como Rey Encubierto o el Hombre de Bernia, se decía Antonio Navarro y era probablemente de procedencia castellana y pobre.

Antonio Navarro se hizo especialmente famoso por su discurso político-teológico pronunciado en castellano en Xàtiva el 21 de marzo de 1522, se presentaba a si mismo con el hijo del príncipe Juan y nieto de Fernando el Católico y Germana de Foix (esta versión es falsa pues el príncipe nace y muere en 1509), siendo víctima de las intrigas de Felipe el Hermoso con el Cardenal Pedro González de Mendoza, que se quedarían con el poder y lo desterrarían a Gibraltar, criado por una pastora y se consideraba como un enviado de Dios para liberar al pueblo hermanado y al mundo en general. Algunos historiadores consideran que fue un judío-converso impostor y ermitaño, lo cierto es que a pesar de la fugaz aparición, desde marzo-mayo, el mito persistió y dejó paso a nuevos encubiertos, se cuenta que hasta cuatro personajes más se hicieron pasar por esta figura.

Conversiones forzosas de mudéjares

Conversiones forzosas de mudéjares

El carácter mesiánico de estos personajes, especialmente intenso para los grupos conversos, generaba un halo de aspiraciones de cambio social del estrato más pobre del campesinado, protagonistas de los últimos conatos de violencia en la revuelta de las Germanías, revuelta que tuvo mucho más protagonismo de los prósperos y clases medias que de los miserables. A pesar de ello también se le unieron élites locales y agricultores ricos atraídos por su discurso mesiánico y bajo su dirección se embargó propiedades y dinero a la Iglesia y a la nobleza que se oponían a su movimiento.

Los protagonistas iniciales del movimiento del Encubierto, trataron de realizar cambios políticos recortando las competencias señoriales y reduciendo el poder de las oligarquías de enfiteusis y acomodadas en los gobiernos municipales, sin embargo este proceso moderado y reformista fue rápidamente sustituido por protagonistas más radicales, que desbordaron el carácter político de las reivindicaciones por otras de naturaleza social y elevaron el tono antiseñorial.

La guerra prácticamente de guerrillas que se establece en el sur montañoso de Valencia, hacía difícil localizar estos ataques por parte del ejército real, ya que aunque no tuvieran las tropas que tiempo antes llegaron a cosechar los agermanados iniciales, se valían de esa sorpresa para sacar réditos a sus saqueos y conversiones de musulmanes.

El Encubierto de Valencia - Vicente Boix

El Encubierto de Valencia – Vicente Boix

En esta segunda fase de las Germanías, los pequeños campesinos de la Huerta de Valencia, último escenario de las acciones del Encubierto, saquearían las tierras de señorío vecinas, asaltando castillos y poblaciones y obligarían a los musulmanes a bautizarse. Reivindicarían de forma violenta la abolición de los censos y rentas señoriales, ello determinó en la movilización masiva de la nobleza autóctona, que dirigida por el Duque de Gandía y el Conde de Oliva, así como el apoyo de la aristocracia catalana y castellana, mediante el cual pudieron vencer a los últimos agermanados del Reino.

Estos agermanados combatieron hasta el final, muchos de ellos buscaron apoyos fuera del Reino, mediante contactos con los agermanados mallorquines y catalanes, así como con los escasos comuneros castellanos que quedaban, pero no recibieron prácticamente apoyos, finalizando la revuelta en diciembre de 1522.

El giro hacia el radicalismo de las Germanías

Este proceder en el incremento de las tensiones, vino motivado en parte por la presión ejercida por el Virrey Mendoza así como la situación de Carlos I en la Corte Imperial de Aquisgrán esperando su nombramiento como Emperador. El 25 de agosto de 1521, los jurados de valencia emitieron una protesta formal ante el monarca porque Diego Hurtado de Mendoza había ordenado a todos los nobles del Reino que se armasen para intervenir en Valencia.

El inicio de la guerra contra el bando real, propicia la radicalización del movimiento agermanado y con ella la sustitución de los líderes moderados por caudillos engendrados en la dinámica bélica como fueron Urgellés, Estellés, Vicent Peris y Borrell, entre otros. Todos ellos partidarios de una acción más revolucionaria y agresiva contra el orden imperante, estas disputas internas en el movimiento popular derivaron en que llegaran líderes poco preparados y crearan serias disputas internas entre los jefes militares.

Los primeros líderes representaban a sectores más acomodados de la menestralía, Caro por citar un ejemplo, era un azucarero rico que financió a la organización agermanada; Monfort era un jurista que conectaba con los profesionales del sector, como notarios, mercaderes, boticarios, tenderos… incluso había ciudadanos honrados como el propio Ros, también lo era Urgellés.

Los moderados fueron sustituidos por esta ala radical agermanada, que la formaban maestros más pobres, aprendices, jornaleros y asalariados urbanos, asi como una amplia masa de vagabundos. Con la subida al poder del terciopelero Vicent Peris en 1521, la revuelta se radicaliza, se suprimen los impuestos sobre la producción textil y el comercio, se abolen los censales y se suceden los enfrentamientos armados, conquistando Xativa y venciendo en Gandía y Biar al bando real dirigido por el Virrey Diego Hurtado de Mendoza y sus caballeros, fue seguida de la represión y conversión de los mudéjares que apoyaron a los nobles del bando real (implicación como cuerpos armados de sus siervos).

Pedro de Fajardo, Marqués de los Vélez

Pedro de Fajardo, Marqués de los Vélez

Los moderados por otras vías intentaron una salida negociada al conflicto, ya en junio de 1521 los jurados de la ciudad pidieron al hermano del Virrey, el Marqués de Cenete, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, que aceptase el cargo de Gobernador, cosa que hizo, dimitiendo pues la Junta de Los Trece y entregándole el poder para que mediara en el conflicto.

Tras la llegada de Vicent Peris a Valencia después de la dolorosa derrota sufrida contra el Marqués de los Velez en Orihuela, no consigue reavivar el movimiento agermanado y la ciudad de Valencia se rinde al ejército real el 9 de noviembre de 1521 ya abatida la ciudad se rendía ante las tropas del Virrey. Peris al caer Valencia, sale hacía Xàtiva donde se hace fuerte y volvió para recuperar Valencia, pero la traición de sus seguidores que dos días antes le habían aclamado al entrar en Valencia, derivó en la pérdida de apoyos y  tras un combate que duró toda la noche por las calles de la ciudad derivó en el asalto de su casa por las tropas del Marqués de Cenete, incendiaron su casa y finalmente Vicent Peris se entregó al capitán Diego Ladrón de Guevara, sería ejecutado el 3 de Marzo de 1522, cuando definitivamente entran las tropas reales a Valencia, sería decapitado y expuesta su cabeza en la Puerta de San Vicente junto a sus más directos colaboradores.

Con la muerte de Vicent Peris, se esfuman las posibilidades utópicas de un cambio social para la Valencia del s.XVI y por extensión de la sociedad peninsular en detrimento de un inmenso y creciente poder absolutista y autoritario propio ya de las monarquías modernas que inaugura Carlos I y que continuará hasta verse acrecentado este dominio con la llegada de los borbones en el siglo XVIII que demolerán definitivamente el régimen foral valenciano.

El estallido de las Germanías en Valencia

Se dice que “un pueblo armado es un pueblo respetado” o que “no hay mayor valor democrático que las armas para un pueblo”, en este caso, debemos de aceptar esas afirmaciones, el estallido social de las Germanías como revuelta armada fue producto de ese armar a las milicias gremiales para defender las costas contra la piratería berberisca.

Carlos I de España y V de Alemania

Carlos I de España y V de Alemania

Tras la huida de la oligarquía y de los nobles de la Ciudad, estas clases medias y gremiales se hicieron cargo de regir la capital valenciana desde verano de 1519. Las primeras manifestaciones de la Germanía fueron la exhibición del poder de los oficios a través de vistosos desfiles armados y alardes, así como la constitución el 25 de noviembre de 1519 de un comité ejecutivo integrado por trece síndicos (formada por un representante de cada gremio) denominado la Junta de los Trece, creada a imitación de la veneciana y con un contenido de hermandad recogiendo esa tradición cristiana de Jesucristo con sus apóstoles y liderada por Joan Llorens, que con una composición de representantes de los oficios de Valencia y con periodicidad anual, ejercían de particular Consejo de Estado de la Ciudad que se apresuró en rescatar un privilegio de Pedro el Grande por el que se excluía a la nobleza del gobierno municipal y tras una dura pugna, en la primavera de 1520 la ciudad es regida por un núcleo de jurados populares excluyendo a la nobleza del poder.

Los inicios del movimiento agermanado, destacar que se trata de un movimiento urbano y moderado, el programa de los agermanados (pequeña burguesía y clases populares) en el gobierno de Valencia consistió en medidas reivindicativas como una mayor participación de la base popular y un control del gobierno municipal para aplicar unas medidas como abolir algunas cargas e impuestos a las clases populares y a los gremios, control de la importación del trigo (para evitar sobrecostes y hambrunas), abolir las deudas de la ciudad con los caballeros y ciudadanos honrados. El gobierno agermanado se enfrentaba a graves problemas de deuda municipal, el abastecimiento de trigo, así como los censales que acabarían siendo abolidos.

Presionado por la nobleza, Carlos I da marcha atrás en algunas de sus concesiones a los agermanados, a la vez que prohibirá el agermanamiento de los oficios y el uso de armas por parte de los gremios, aboliendo Carlos, la legislación de su abuelo Fernando el Católico en lo referido a la posibilidad de armarse ante el peligro berberisco. La tensión aumentó en las filas agermanadas con el nombramiento como virrey de Diego Hurtado de Mendoza por su condición de extranjero al ser un noble castellano.

El “golpe de Estado” o toma de poder agermanado se produce cuando se imponen dos representantes populares, un cirujano y un terciopelero, entre los 6 jurados y acaparan cargos importantes del gobierno municipal como fueron el Maestre Racional Joan Caro o Bertolomeu Monfort, abogado y jurista.

Lo Crestià - Francesc Eiximenis

Lo Crestià – Francesc Eiximenis

La extensión de la revuelta por todo el Reino de Valencia se produjo gracias a la llegada del armamento a los oficios así como la constitución de juntas locales de trece miembros a semejanza de la de Valencia y controlada de manera centralizada por esta. En Valencia se expresaron de la siguiente manera: “Respetamos la autoridad real y deseamos el bien para la Ciudad, que ha sido abandonada por las autoridades”.

Este gobierno agermanado en esta primera etapa de las Germanías, abogaba por el moderantismo a pesar de que la guerra inminente con el bando real era un hecho, consiguieron grandes progresos en sus políticas, con líderes como Llorens como instigador e inspirado en las Repúblicas italianas basado en los textos de Eiximeniç, Caro como líder militar, Sorolla como síndico y Monfort como abogado que luchó por la ampliación de la participación popular en el poder.

Los moderados aspiraban a tener representación política en el gobierno de la ciudad y una vez conseguida introducir importantes reformas en la administración municipal, desde el sistema de elección de cargos al saneamiento de las finanzas públicas. Existía cierto espíritu puritanista y una concepción más abierta del ejercicio del poder y pretendían acabar con la especulación ligada al abastecimiento del trigo en la ciudad, el arrendamiento de las imposiciones y la emisión de deuda pública.

Con la huida del Virrey Mendoza, de la Ciudad, el autoritarismo de Carlos I impuso la nulidad de las elecciones de los jurados de 1520 y amenazó con mandar 3.000 tiradores germanos sino se disolvía el gobierno agermanado. Rápidamente la Junta de los Trece y los conselleres realizaron una frenética actividad legislativa, clave del primer periodo agermanado, nombrando diversas comisiones para regular la vida política de la ciudad (en áreas como sueldos, administración pública, reapertura de la Universidad…) y buscando sobre todo apoyo popular frente al estamento nobiliario para poder negociar en trato igualitario una pacificación social.

Durante todo el 1520 y los primeros meses de 1521 se dispusieron diversas reformas que implicaban cubrir los vacíos de poder que se habían producido en el periodo, que implicaban nuevos nombramientos en el Quitament de censales, en la Clavería comuna, en la Taula de Canvis y en los demás órganos de la vida pública y económica de la ciudad. El hito más destacado fue cuando durante febrero de 1521 la ciudad estuvo gobernada por jurados y consellers de mayoría agermanada, y se tomó la decisión de suprimir toda clase de impuestos (regios, municipales o Generalitat) que no hubieran sido aprobados de antemano por la Junta de los Trece.

Algunos Erasmistas Valencianos

EL BACHILLER JUAN DE MOLINA

Juan de Molina no era valenciano, nació en Ciudad Real en 1485, pero se afincó en Valencia cerca de una fecha imprecisa anterior a 1517, siendo en la misma ciudad de Valencia, donde desarrollaría todo su trabajo intelectual, basado en gran medida en la traducción de textos de Erasmo. Además de a la traducción, también se implicó en la escritura y la edición de obras propias y ajenas.

El trabajo de Molina se conocía ya en Valencia desde 1528  tanto en castellano como en latín. Es además hasta este año, cuando trabaja traduciendo las obras de Erasmo. A partir de entonces, se dedicará a crear sus propias obras.

Pero a pesar de esta actuación, no se conoce realmente la filiación de Juan de Molina al erasmismo, hasta el punto que incluso J. Fuster lo duda. Sin embargo, es un autor todavía bastante desconocido, y es por ello por lo que todavía hoy no se puede conocer realmente si es partidario o no del erasmismo. Hay datos que desconciertan a los investigadores, como el caso de la denuncia de Juan de Vergara hacia Molina ante a la Inquisición, que fue juzgado por motivos que parecen no ser reales. Sin embargo, sólo son hipótesis ante los pocos conocimientos de los hechos.

Incunable. Dichos y hechos del rey Alfonso V.

BERNARDO PÉREZ DE CHINCHÓN

Bernardo Pérez de Chinchón es otro de los grandes traductores de las obras de Erasmo en Valencia. Sin embargo, éste no crea ninguna duda a cerca de su filiación al erasmismo, convirtiéndose además en el mayor difusor de Erasmo en la Monarquía

Antialcorano y Diálogos Christianos. Adaptación moderna.

Antialcorano y Diálogos Christianos. Adaptación moderna.

Hispánica. Además de traductor también fue escritor, encontrando entre sus obras algunas como Antialcorano y Diálogos Christianos, que trataban la conversión y evangelización de los moriscos, dado que él era nieto de conversos.

Algunos de los temas que trata en sus obras, da lugar a pensar que además de erasmista era también un gran humanista, por tratar temas de paz, ser contrario a la guerra… hasta el punto de arremeter contra los musulmanes y sus propios contemporáneos cristianos, con una dura crítica a los valores del momento.

PEDRO JUAN OLIVAR

Trabajó de forma activa para conseguir que la doctrina de Erasmo no fuera condenada, sobre todo durante su estancia en Valladolid. Más tarde, se trasladó a Valencia con el objetivo de dedicarse a la docencia y promover el estudio de las letras. Olivar era un humanista comprometido con las ideas reformistas de Erasmo. Esto fue lo que le llevó a querer conseguir una cátedra en la Universidad de Valencia y así poder exponer sus conocimientos.

Sin embargo, sus pretensiones ante la cátedra le llevarían a tener grandes problemas, en concreto, con el rector Juan Celaya. Finalmente, no se llegó a entender con la sección humanista de Valencia, lo que llevó a la frustración de sus planes de ser catedrático en 1530. Esto derivó en la marcha de Valencia de Olivar en 1530, aunque también sus malas condiciones económicas fueron un factor decisivo.

La Taula de Canvis

Representación de la actividad de la Taula.

Representación de la actividad de la Taula.

Desde el siglo XV las operaciones mercantiles tenían un carácter totalmente particular, sin intervención alguna de ninguna institución municipal. Todo ello ocasionaba numerosos inconvenientes, quiebras de los cambistas, desajustes en el cambio de la moneda, morosidad en los pagos, devolución de los depósitos, usura, etc. Por ello que los magistrados de la Ciudad acordaron el 15 de octubre de 1407 solicitar al rey la constitución de un organismo que sirviera de control financiero, cambio de moneda o depósito de fondos públicos.

Así, el 20 de Octubre de 1407 se autorizaba por privilegio del rey Martín I El Humano la fundación de la institución conocida como la Taula de Canvis e Deposits de la Ciutat de València que vendría a ser una especie de banco público de carácter municipal. El nombre le viene de que las operaciones se realizaran sobre una mesa de madera que inicialmente se ubicó en la Lonja Vieja y desde 1482 en la Lonja Nueva. Actualmente esta mesa se conserva en el Palacio de Cervelló con parte del tapete original en el que aparece el escudo de armas de la ciudad.

Pero, tras muchos tropiezos, la institución fue liquidada en 1419 debido la quiebra de sus depósitos y al todavía fuerte poder de la banca privada. Ya en el siglo XVI, el que a nosotros nos interesa, nos encontramos ante una  segunda fase de la Taula de Canvis. Entre 1517 y 1649 entró en funcionamiento la que sería conocida como Taula Nova. El funcionamiento y facultades de la misma era similar a la Taula primitiva, pero los fondos aumentaron considerablemente y la institución empezó a funcionar de una manera razonable, y por tanto se consolidó lo que podríamos considerar como la banca pública del momento. No obstante en 1614 y 1634 se tuvo que proceder a la suspensión de pagos, por lo que finalmente la Taula se disolvió por segunda vez.

En cuanto a su funcionamiento, la Taula de Canvis era gobernada por dos regidors elegidos por dos años por los Jurats y Consell General de la Ciutat. A su vez estos nombraban a dos escrivans encargados de la contabilidad. El dinero era guardado en una caja de madera conocida como Caixa de gros, bajo la protección de tres clavaris que se renovaban cada dos años. Además existía otra caja conocida como la caixa de menut que administraba un mercader y servía para cobrar y pagar cantidades pequeñas de diario. Citar también al Verguer, que era el responsable de custodiar el transporte de las cajas, los libros y el tapete donde se realizaban las operaciones, y al Bastaix que era la persona que transportaba la caja con el dinero.

Este organismo tuvo una tercera experiencia entre 1658 y 1719, bajo el nombre de Taula Novisima, finalizando cuando Felipe V suprimió los fueros del reino de Valencia y sus instituciones, siendo sustituida la Taula por una Depositaría General.

La Taula de Canvis conservada en el Palacio de Cervelló.

La Taula de Canvis conservada en el Palacio de Cervelló.

Las visitas de inspección en los primeros años del reinado de Felipe II

Felipe II

Felipe II

Durante el reinado del llamado Rey Prudente las visitas de inspección a la ciudad de Valencia tuvieron como gran objetivo en tratar de paliar el contexto de crisis financiera en que estaba sumida la capital del Reino y que la imposibilitaban para hacer frente al pago de los censales al monarca.

Por ello, en mayo de 1564 envío a la ciudad al Virrey de Valencia, Lorenzo de Villarrasa, para que diagnosticara cuales eran los principales problemas que imposibilitaban su buen funcionamiento y que adoptara las medidas que considerara. Entre estas medidas podemos citar la aplicación de nuevas sisas o la prohibición a los jurados de hacer uso del dinero depositado en la Taula de Canvis, aunque fueron insuficientes dado que no se actuaba frente al principal problema de la crisis, la corrupción de los gobernantes.

El virrey recomendó a Felipe II en sucesivas cartas desde 1560 el realizar una visita de inspección. Ante tal insistencia, el monarca aceptó en mayo de 1564 hacer efectiva dicha visita y envió a la ciudad de Valencia a Pedro Clavero y a Juan Antonio de Ancora quienes habrían encargarse de observar la labor de los gobernantes de la ciudad y proponer las medidas que consideraran óptimas para la mejora de su funcionamiento.

La duración de esta visita fue corta, ya que en febrero de 1565 el rey entregó continuar con la labor de analizar a los gobernantes de Valencia a Agustín Gallart, regente de la Cancillería, y a Jerónimo Arrufat, doctor de la Real Audiencia. Una vez detectadas las irregularidades en los oficiales (que iban desde el sobrecargo de censales a la ciudad al uso fraudulento de los fondos de la Taula de Canvis) debían suspenderlos a estos de sus cargos y castigarlos conforme a la gravedad de su transgresión. Se les encargó especialmente el vigilar de cerca al racional de la ciudad, puesto que existían dudas desde época de Carlos V de que los sucesivos personajes que habían desempleado este cargo se habían beneficiado de las claverías o habían cometido irregularidades en el arrendamiento de las mismas.

Por otro lado, tendrían potestad para adoptar todas  aquellas decisiones que consideraran oportunas para mejorar la situación financiera por lo que se tomaron medidas con el objetivo de crear un mejor sistema impositivo, para que la ciudad pudiera hacer frente a los censales, y se sustituyeron algunos impuestos en cuanto a las mercaderías de paños y lienzos por el arrendamiento del derecho de comerciar dichos productos para favorecer el comercio.

No obstante, el rey no quedó satisfecho con la labor de estos visitadores especialmente en cuanto a sus intentos de acabar con la corrupción de los gobernantes, como les recriminó en sucesivas cartas, y  desde finales de 1565 les instó a que fuesen más severos y desde 1567 les instaba a que fuesen pensando en terminar la visita ante las crecientes quejas a la Corona de la ciudad por el rechazo de las medidas que venían adoptando Gallart y Arrufat. La visita finalizó hacia mediados de 1568 cuando estos dos visitadores acudieron a la Corte para proporcionar al rey sus conclusiones sobre el estado de la ciudad de Valencia.

No obstante, pese a los intentos de Felipe II por mejorar la situación de la ciudad, las medidas aplicadas no surtirían efecto llegándose a una complicada coyuntura económica en la época de los noventa de esta centuria.

Las visitas de inspección en época de Carlos V

Carlos V

Carlos V

Las visitas en la ciudad de Valencia se inician ya en tiempos de los Reyes Católicos, desde 1482, cuando surge la imposibilidad de hacer frente a la deuda pública de la ciudad y tras la agudización de la crisis financiera en 1503, cuando Fernando decide enviar allí a hombres como Juan Tort o Luis Joan para que investigaran exhaustivamente las finanzas y exigieran informes de todas acerca de todas las claverías (arrendamiento de la recaudación de determinados impuestos a un particular).

El principal objetivo de la primera visita de inspección a la ciudad de Valencia durante el reinado de Carlos V fue el deseo tras las Germanías de apartar de los principales cargos de gobierno a los denominados agermanados. Por ello en 1523 se envió al mestre racional Nicolás Benet Alpont para que destituyese a aquellos que lo mereciese y nombrase en su lugar nuevos cargos.

pedro de la gasca

Pedro de la Gasca

Pese a que hubo demandas por parte de los síndicos de la ciudad para que se celebrasen nuevas visitas, demandadas en las Cortes de 1528 y 1533 por los síndicos de la ciudad, no sería hasta 1543 cuando se retomaran las visitas de la mano de Pedro de la Gasca y la comisión dirigida por Granulles, mestre racional del Reino de Valencia. El principal logro de esta inspección fue el descubrimiento de numerosos deudores a la ciudad así como importantes desfalcos en la Taula de Canvis.

La siguiente inspección de la que ha quedado constancia es la de Miguel Puig desde 1547, obispo de Elna, nombrado por el rey a petición de la propia ciudad ante las dificultades de la ya mencionada Taula de Canvis y para hacer pagar a los deudores con la ciudad. El Obispo elaboró su Memorial de las sentencias promulgadas por el obispo de Elna, juez de residencia en el reyno de Valencia a instancias del procurador fiscal y otros en 1548 en cuyas sentencias se veían afectados numerosos miembros de la oligarquía local que, asustados, pidieron al rey que cesara la visita.

Pero, frente a las demandas de la oligarquía local, el obispo de Elna solo abandonó Valencia cuando fue requerido para otra misión por Carlos V llegando a la ciudad a mediados de 1553 para sustituirle Hernán Pérez. La labor que el rey pidió al nuevo visitador no era tarea sencilla, dado que debía en primer lugar dar cuenta al monarca de cuál era la situación de la Taula de Canvis, como se administraba el trigo y la carne, como se gastaban las rentas de murs y valls, como se gestionaban la recaudación de los censales y llevar a cabo tantas otras tareas como él considerara necesarias. Se le instaba además a realizar una inspección específica sobre el racional y de cómo gestionaba el cobro de las claverías o si había percibido dinero de estos arrendamientos, dado que había llegado a odio a noticias de la corte que estas claverías eran arrendadas muchas veces por algunos oficiales, lo cual no estaba permitido, que utilizaban nombres falsos.

Esta visita sabemos que se prolongó por poco tiempo, ya que en 1555 sucedió a Hernán Pérez como visitador de la ciudad de Valencia Don Diego de Cardona. De esta visita apenas tenemos información, ni siquiera sabemos cuándo concluyó. Solamente hay constancia de una carta de los jurados de la ciudad al todavía príncipe Felipe, futuro rey, denunciando que Don Diego les acusó de no desempeñar correctamente sus oficios.

Erasmismo Valenciano

     No se conoce exactamente como se adentró el erasmismo en las tierras valencianas, ya que esto conforma un periodo todavía bastante desconocido en la historia de la Comunidad Valenciana, pero sí que podemos identificar la corriente gracias a los autores que en ese momento redactaron sus obras en base al erasmismo. Este hecho fue posible sobre todo  gracias a la importancia que tuvo el humanismo en la ciudad de Valencia en el siglo XV.

     El Erasmismo, según las fuentes escritas, triunfó en la ciudad de valencia a principios del siglo XVI. El problema es que se desconoce cómo se llega a producir esta proliferación. Autores como Ricardo García Cárcel, distingue dos etapas en el erasmismo valenciano: en primer lugar, lo que denomina como “erasmismo periférico”, es decir, con un carácter discreto y con pocos problemas ante la Inquisición; la segunda etapa sería el “erasmismo académico”, etapa en la que destacaron grandes profesores universitarios.

Grabado que representa una imprenta del siglo XVI

Estuvo en contacto con otros ámbitos europeos además de las Coronas de Castilla y Aragón. La importante labor de las prensas valencianas y la presencia de erasmistas en las cátedras y en las cortes de nobles valencianos, fueron también importantes para la caracterización de esta nueva corriente. Además, tuvo gran importancia la implantación del erasmismo en la Universidad, donde los erasmistas alcanzarían las cátedras. Pero esto no sería apoyado por todos, ya que se concibió un recelo absoluto por parte de algunos humanistas, como fueron Quevedo y Saavedra durante el siglo XVI, y Mayans en el siglo XVII, a pesar de sus principios donde acoge las obras de Erasmo e intenta imitar su estilo.

     Uno de los factores clave en el caso valenciano que ayudó a que se difundiera con mayor precisión y recorrido, es la impresión de las obras de Erasmo, además de la divulgación mediante el mismo método, de las obras de los erasmistas valencianos. Es por ello, que Valencia se convirtió en el más importante centro impresor, entre los siglos XV y XVI, de la Monarquía Hispánica.

     Además, investigadores contemporáneos, como Joan Fuster y Anotnio Mestre, contemplan esta etapa de una forma demasiado optimista para lo que en realidad fue, por lo que es necesario llevar a cabo una nueva investigación percibida desde otros puntos de vista. Hasta hace unos años, se conocía más bien poco acerca de las obras y las biografías de estos autores erasmistas, y de personajes contemporáneos a ellos.

     Actualmente, ya se empiezan a realizar estudios y a publicar sobre estos personajes, lo que indica que se está activando el estudio de este periodo de la ciudad de Valencia, buscando así comprender el porqué de su repentina aparición a través de una gran aglomeración de publicaciones en el año 1528, y de su final tan abrupto que, en términos generales, finalizó en 1535. las obras de Erasmo, y de la posibilidad de divulgar las obras de los erasmistas valencianos, convirtiéndose así Valencia en el principal foco de impresión erasmista en la Corona de Aragón.

Causas y factores coyunturales de las Germanías

Las causas principales fueron:

– Políticas: exclusión de las clases populares del gobierno municipal, que dio como resultado una oligarquía endogámica de las élites y un monopolio del poder en la ciudad, la propia legislación obligaba a que de los seis jurados, dos fueran caballeros y cuatro ciutadans.

– Económicas: desigualdad enorme en la distribución de los beneficios y del crecimiento económico generado en la Valencia bajomedieval.

– Introducción del capitalismo: pérdida del monopolio corporativo del trabajo y de la producción gremial, llegada de competencia de mercaderías extranjeras y explotación de nuevas técnicas de producción por parte de empresarios mercaderes que utilizaban a mano de obra poco cualificada y no integrada en la estructura gremial, la cual creaban una superproducción, una bajada global de la productividad, una disminución de la calidad de los productos y una inflación de maestros.

– Crisis del sistema gremial: un excesivo número de maestros artesanos, acompañado de escasas expectativas de ganancia por la regulación y fijación de precios, producción y venta. En las Cortes de 1510 se llega a presentar un memorial por parte de los pelaires y tejedores de Valencia emitiendo quejas contra la participación en el sector textil de los empresarios mercaderes, en esta queja tuvo una participación destacada Joan Llorens, el que muchos historiadores contemporáneos señalan como el ideólogo y fundador de la Germanía. Entre las demandas de Llorens estaba el reforzamiento de los oficios así como la participación de las clases populares en el gobierno de la ciudad.

– Importancia de la cultura y la intelectualidad: La obra de Francesc Eiximenis, “Dotzè del Crestià (Doceavo del Cristiano)” editada en 1484 que seguramente contribuyó al pensamiento utópico de los agermanados, sobre todo en lo referido a ir contra las jerarquías así como por la hermandad entre los cristianos, pero siempre respetando a la monarquía y la legalidad foral, enviaron embajadas al rey esperando su aprobación, con consignas como “viva el rey y muerte al mal gobierno”.

Como factores coyunturales destacar:

– La riada de 1517 y la peste del verano de 1519 que creó un vacío de poder en la ciudad por la huida de la mayoría de los nobles y oficiales reales, incluso del propio Gobernador.

– Retraso por la venida del rey Carlos I a celebrar Cortes y  jurar los fueros del Reino, pues otorgó prioridad absoluta a la elección imperial en Alemania y ello unido a la acumulación de agravios por parte de los estamentos valencianos.

– Contexto económico desfavorable, pues se había producido un endeudamiento de la Ciudad al emitir títulos de deuda a prestamistas particulares, lo que generó una dependencia hacia ellos y una elevación de su poder político. A ello unir las crisis de subsistencia continuas que ocurrían en la práctica totalidad del Reino.

Ilustración de un navío berberisco

Ilustración de un navío berberisco

– Exigían un estatuto de unidad, participación de las clases populares en el gobierno y gobernar bajo la justicia popular una ciudad libre similar a lo que ocurría en muchas de las repúblicas italianas, aunque siempre con reticencias pues la obediencia al rey y al régimen foral era máxima.

– La decisión real en el verano de 1519 para armar a los gremios y así poder autodefenderse de las constantes amenazas de la piratería berberisca (decisión aprobada ya desde 1515 por Fernando el Católico, pero interrumpida por la oligarquía local que temía revueltas) constituyó el chispazo final para que los gremios tuvieran la fuerza con la que imponer sus reivindicaciones.

Introducción a la revuelta de las Germanías

Quizás el acontecimiento político más importante del siglo XVI en Valencia, sea la conocida como Revuelta de las Germanías (1520-22), la cual fue una rebelión armada que se produjo tanto en el Reino de Valencia como en Baleares durante el Reinado de Carlos I.

En resumidas cuentas y a modo de introducción, decir que según la historiografía, se ha interpretado la revuelta en un encuadramiento con lo que sucedía en otras partes de Europa, que marcaban todas ellas la crisis del régimen feudal y la implantación progresiva del capitalismo en occidente. Similares connotaciones encontramos en las jacqueries francesas, la insurrección inglesa de 1381, los Ciompi italianos, los Irmandinhos gallegos, las Comunidades en Castilla o las guerras campesinas alemanas del s.XVI.

Mapa de las Germanías y las Comunidades

Mapa de las Germanías y las Comunidades

Los analistas de la época muestran discrepancias al señalan a la Guerra de las Germanías como una “primera revolución moderna” o por otro lado, como un intento del alzamiento retardatario y feudal hacia el europeísmo moderno que implantaba Carlos V. Esta complejidad de análisis proviene de las múltiples luchas existentes dentro de la revuelta como la de los artesanos y pueblo llano contra la oligarquía urbana valenciana, la de campesinos siervos contra señores feudales y la del uniformismo cristiano contra la singularidad morisca.

Ciñéndonos más al contexto que vivía Valencia en la época, es necesario ambientar la situación refiriéndonos a su pasado más cercano, la prosperidad alcanzada durante la segunda mitad del siglo XV por la ciudad era inmensa, destacan en ella el incremento demográfico y la económico producto de la riqueza generada por el comercio.

Valencia desbancó a Barcelona como puerto peninsular aprovechando la crisis catalana del XV, a finales de la centuria, Valencia doblaba en población a Barcelona. La capacidad financiera de Valencia se denota en los continuos préstamos realizados a la Corona, pero también a la construcción de grandes edificios emblemáticos como la Lonja, las Atarazanas, el Palau de la Generalitat, Las Torres de Serranos y Quart, el Micalet, la Universidad, así como una amplia actividad cultural y artística en la que destacarían la producción de libros.

Sin embargo, existían grandes desequilibrios estructurales en la riqueza valenciana, donde en la Ciudad de Valencia vivía una élite formada por la clase nobiliaria y burguesía mercantil con grandes fortunas empleadas en gastos suntuarios, mientras que las condiciones de vida para el resto del Reino descendían vertiginosamente, provocando ello el primer factor de ruptura: la crisis agraria, con el encarecimiento progresivo de la producción de grano entre 1474-1500.

A ello cabe añadir las continuas oleadas de peste endémicas, con virulentos rebrotes en los años 1474, 1478, 1489 y 1508, a las que había que sumar las violentísimas luchas de bandos (bandositats) entre la aristocracia valenciana, que se habían recrudecido especialmente en los últimos años del reinado de Fernando el Católico.

Tantos eran los pleitos entre las diferentes familias que la justicia se encontraba colapsada, a lo que se unió una relajación de costumbres que derivó en toda clase de inmoralidad y corrupción pública, cohechos en asambleas de representación como la Generalitat y el Consell.

Por último, señalar específicamente, por su tremenda importancia en el desarrollo de las Germanías, las tensiones en el ámbito de la organización gremial del Reino de Valencia, con luchas entre maestros, oficiales y aprendices, que a su vez tuvieron nefastas consecuencias para la economía municipal.