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octubre 2020
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Escarmentar de la experiencia

Esta es mi (pen)última entrada de este mes de agosto, y por tanto será una especie de reflexión final, que recoja e integre todas las ideas plasmadas en las entradas de este mes.

Escarmentar de la experiencia es el título que le puse al apartado de conclusiones del artículo “La tecnología como motor de la innovación educativa. Estrategia y política institucional de la Universidad de Alicante” ya que cuando lo estaba escribiendo oía la canción de Antonio Flores “No dudaría”. Hay quien a las conclusiones finales les llama “lecciones aprendidas”. A mi me gustó el término “escarmentar de la experiencia” ya que de alguna manera da a entender que deberíamos aprender de los errores, nuestros y de los demás, para no volver a cometerlos. Así que he decidido retomar este título y ponérselo a esta entrada resumen de las reflexiones estivales a bote pronto 2013.

La profesión de profesor se puede (y se debe aprender), pero también hay mucho de actitud, de forma de entender la educación, de saber cómo aprendemos las personas, para de esta manera buscar la mejor manera de enseñar. Hay que tener en cuenta que cada persona tenemos un estilo de aprendizaje, unos somos más visuales, otros más textuales, y además existen distintas dimensiones de la inteligencia (la cognitiva, la emocional, la intuitiva, la espacial…), que aunque debemos cuidarlas todas, cada persona tiene más desarrollada unas que otras. Además, bien concebida y diseñada, la enseñanza es una labor muy gratificante, tanto para el que enseña como para el que aprende, ya que al aprender nuestro cerebro nos recompensa, porque somos “homo sapiens” y lo llevamos en nuestros genes. Pero lo más triste del caso es que todo esto se sabe desde hace mucho tiempo. Hay distintas corrientes pedagógicas, metodologías desarrolladas, estudios sobre educación, que es conveniente que conozcamos los profesores para aprender de ellos al desarrollar nuestra labor. Pero lo bueno es que ahora gracias a las tecnologías de la información es más fácil llevar al aula estas teorías. Hacer realidad una enseñanza más personalizada y autónoma. Existen ecosistemas tecnológicos de aprendizaje, que integran distintas herramientas y plataformas que nos pueden ayudar al profesor en la labor de enseñar y a todos en el objetivo de aprender. Podemos además recoger todos los datos que generan estas herramientas tecnológicas y mediante técnicas de inteligencia artificial sacar información relevante que nos permita reconducir el proceso de aprendizaje, sin tener que esperar a la evaluación final, cuando ya poco se puede hacer. Disponemos de gran cantidad de recursos educativos digitales en abierto. De forma que el papel del profesor debe ir cambiando para no limitarse a la transmisión del conocimiento y ser más un director del proceso de aprendizaje del propio alumno, que al fin y al cabo es él el que debe aprender (no lo podemos hacer los profesores en su lugar). Y lo mejor del caso, para mi, es que estamos transitando un territorio inexplorado, con lo bueno y lo malo que tiene, pero que para la persona que tiene iniciativa, le gusta experimentar con cosas nuevas, que no le tiene miedo a la tecnología, pero que sí que tiene muy claros los principios educativos, son momentos muy apasionantes. Nuestros jóvenes son lo mejor que tenemos, el valor más preciado y por ello tenemos que invertir (no solamente dinero) en ellos.

¡Con la educación no se juega!

Arqueología docente

En la entrada del 7 de agosto (Dieciocho años no es nada) recuperé el primer escrito sobre docencia que publiqué. Esto me hizo recordar que muchos de los principios por los que abogo, tienen muchos años, y aunque quiero ser un profesor que “está a la última” y me encanta la tecnología (soy profesor de Informática), la utilizo para poder hacer realidad, gracias a las tecnologías de la información, lo que estaba en la mente de los buenos pedagogos de hace años. Y he pensado en dedicarle algún tiempo a hacer arqueología docente, es decir, a buscar textos escritos hace muchos años, y que sean de rabiosa vigencia.

La primera vez que oí hablar de Francisco Giner de los Ríos y de la Institución Libre de Enseñanza fue a Francisco Michavila (desde entonces no he dejado de seguir los escritos de Paco Michavila y de ser un ferviente admirador suyo, y me siento orgulloso de su amistad). Con posterioridad, en el año 2004, mi amigo Cristóbal Pareja me regalo el libro “Escritos sobre la Universidad Española”, una recopilación de textos del propio Giner de los Ríos (Colección Austral). Lo he recuperado de la estantería y le he vuelto a releer. Por cuestiones de la época estival en la que estoy escribiendo esto, ahora voy únicamente a centrarme en los textos que hacen referencia a los exámenes y las vacaciones.

Creo que la clave y la llave de la innovación educativa está en la evaluación. Y cuando hablo de ello en mis charlas, pongo el siguiente fragmento de texto:
“Si por examen se entendiese la constante atención del maestro a sus discípulos para darse cuenta de su estado y proceder en consonancia, ¿quién rechazaría semejante medio, sin el cual no hay obra educativa posible? Pero, justamente, las pruebas académicas a que se da aquel nombre constituyen un sistema en diametral oposición con ese trato y comunión constante.”
Tras debatir sobre el mismo. Hago aparecer en la diapositiva el autor, el título del texto y la fecha en que fue escrito: Francisco Giner de los Ríos, O educación, o exámenes, 1894. Y ciento veinte años después aún estamos igual. ¿Por qué? Y lo que es peor, el ministro Wert quiere volver a las revalidas (pero de ese tema hablaremos en otra ocasión, no quiero amargarme las vacaciones pensando en la enésima reforma educativa, que de aprobarse llevará implícita la enésima+1).

Otra frase que he utilizado muchas veces, en esta ocasión al hablar de la labor del profesor es:
“el prurito cuantitativo del profesor, que confunde el inútil fárrago de pormenores con la profundidad y solidez (cuando, por necesidad invencible, calidad y cantidad está en razón inversa), y que imagina que todo lo que él dice, lo enseña; el rigor con la asistencia del alumno, inspirado en la preocupación de que una falta a cátedra supone una pérdida de cierta cantidad de doctrina, imposible ya de recuperar”
(Francisco Giner de los Ríos, Vacaciones, 1894)
Creo que no necesitan comentarios, cualquier cosa que yo pudiera decir, no lo diría mejor. Y seguimos con el papel de profesor como trasmisor de conocimiento, dictador de apuntes y, ahora, de forma más rápida gracias a las diapositivas. ¡Con la cantidad de buenos materiales, en múltiples formatos y en abierto que existen! Seamos conductores del proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes. Actuemos de guías expertos que les ayudemos a cubrir un camino que nosotros ya conocemos por haber pasado muchas veces por él. Pero hagámosle ver la belleza del propio sendero. Nuestro objetivo no es únicamente llevarlos al punto de destino, lo más rápido posible y con el menor daño. Todo lo contario, ellos deben enfrentarse a los peligros del camino, sufrir ciertas heridas (cometer errores), algunas veces no lo completaran en su totalidad… Pero esta es la única manera de que puedan recorrerlo en un futuro cada vez que lo necesiten y de que sean capaces de explorar caminos distintos, porque saben utilizar las herramientas de “navegación”.