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Reflexiones sobre qué podemos considerar innovación docente

El viernes pasado coincidí en la mesa redonda de las Redes UA con mi buen amigo Joe Miró. Y a la salida de la misma, en conversación informal, la Vicerrectora Cecilia Gómez nos preguntó si se sabía qué era la innovación docente. Como es habitual en Joe, la pregunta se le quedó rondándole en la cabeza y a los días nos envío un correo con unas reflexiones, que paso a transcribir. Como siempre Joe tan acertado.

Texto del correo de Joe Miró:


Este es un chiste que nos contó el cura (vasco) de nuestro colegio mayor:

– Patxi, para! ¿qué haces? ¿Por qué pegas a ese hombre?
– (con acento muy cerrado) Déjame. Es un judío! Los que matarón a Jesús!
– Eso fue hace 2000 años
– Pero yo me enteré ayer…

Cuando se habla de innovación docente, muchos lo contemplan desde un punto de vista individual. Por ejemplo, el puzzle de Aronson es una técnica de los años ’70. Gente que lo descubre 30 y 40 años más tarde y lo aplica en su aula cree que ha hecho innovación. La palabra adecuada en este caso no es innovación, sino “aprendizaje”: el profesor ha aprendido una técnica y la ha añadido a su arsenal.

Un caso muy típico es la introducción de tecnología. Algunos profesores creen que llevar sus apuntes a copistería es “lo de siempre”, pero colgarlas del Campus Virtual, es una innovación. Es como si escuchar “Yesterday” en vinilo no es una innovación, pero escucharlo desde un fichero MP3, sí. No es una innovación, es un cambio de medio.

Me acuerdo de un congreso de docencia de hace más de 10 años en el que un profesor explicaba como innovación su uso de transparencias. Este profesor explicaba la misma asignatura que yo, usaba el mismo libro que yo y sus transparencias eran los mismo diagramas que los que usaba yo. La única diferencia era que yo lo dibujaba en la pizarra y él los proyectaba en una pantalla. No veía la innovación en ninguna parte. Si hubiera aprovechado las nuevas posibilidades que le ofrecía el PowerPoint para crear nuevos diagramas, por ejemplo con animaciones, entonces sí que se podría considerar una innovación. Pero no lo hizo.

Un nuevo medio, aunque abre el camino a la innovación, no es en sí mismo una innovación.

Una innovación no es algo que sea nuevo para el individuo, ha de ser nuevo para la comunidad. Por lo tanto para que alguien pueda decir que ha hecho una innovación ha de estar al tanto de lo que pasa en la comunidad. Estamos muy acostumbrados a esto en la investigación: en la introduccción o en un capítulo aposta en cualquier artículo o en cualquier tesis hay que hacer una revisión del “estado del arte” del campo en cuestión. Estamos muy acostumbrados a hacer esto en todo… menos en docencia. Raramente una innovación es un cambio total, algo absolutamente nuevo. En general son alteraciones y novedades sobre algo existente. Pero es igualmente raro que algo se copie sin que precise alguna pequeña adaptación o novedad. ¿Cuándo deja de ser algo una “pequeña adaptación” y se convierte en una “innovación”?

Esto es subjetivo, pero también estamos muy acostumbrados en la universidad a esto: en las revisiones a artículos casi siempre hay un apartado en la que se pide al revisor valorar si lo que se aporta es suficientemente nuevo. Y no es raro que los revisores no coincidan.

Siendo prácticos, ¿cómo podemos establecer si una propuesta docente es una innovación? Se podrían exigir estos dos puntos:

– Debe haber un estudio detallado del estado del arte. Y este estudio debe englobar necesariamente lo que se ha hecho en el entorno directo del campo donde se va a actuar. Un artículo sobre una innovación en matemáticas de biología en la universidad española puede estudiar cuáles son las tendencias generales del estudio de las matemáticas a nivel mundial, pero debe describir qué se ha hecho en matemáticas de biología, o al menos en matemáticas en ciencias, en la última década y en España. Y uno debe desconfiar mucho cuando se dice que no hay ningún precedente o se omite la cuestión.

– Si la innovación se basa en un cambio de medio o el uso de una nueva tecnología, debe describirse qué posibilidades introduce esta nueva tecnología y cómo se ha hecho uso de ella. Salvo en el caso de que la tecnología en cuestión sea muy nueva y rompedora, el simple hecho de usar un nuevo medio raramente puede considerarse una innovación.

Si exigimos esto a los que solicitan un proyecto de innovación o escriben un artículo o ponencia sobre innovación ayudaremos a los profesores que quieren realizar una innovación a enfocar mejor sus esfuerzos, a los lectores de los artículos a entender el avance del área y a los administradores a asignar mejor los escasos recursos que tienen disponibles y así dirigir mejor su institución.